viernes, octubre 05, 2018

MONTENEGRO

Todavía comentamos en el grupo de gimnasia la actuación, el otro día, de un sustituto que vino a suplir una ausencia de la monitora habitual. En vez de los calculados ejercicios que ésta nos propone, el susodicho nos obsequió con una frenética sesión de entrenamiento, pautada con voces de mando y acompañada de música hortera... Nos mirábamos y nos daba la risa, mientras el musculoso instructor se paseaba entre nosotros a grandes zancadas, dando voces y, de cuando en cuando, sumando la suya a la del cantante melódico que sonaba de fondo... Acabamos simplemente cansados, pero ni mucho menos tan equitativamente exhaustos como nos deja la sesión habitual. Se ha corrido el rumor de que el chico es militar y se dedica a esto por las tardes, para redondear el sueldo, lo que me recuerda que el profesor de gimnasia que tuve en el colegio tenía también esa condición e invariablemente me obsequiaba todos los trimestres con una nota raspada, que en alguna ocasión se convirtió en suspenso, los únicos que he tenido en toda mi vida. Ni que decir tiene lo poco que aquello me animaba a hacer el menor propósito de mejorar. Hoy las ínfulas de sargento de instrucción de este pobre hombre nos han hecho reír. Ahí queda otro viejo trauma de la infancia.

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Ha aparecido en el tablón de anuncios una airada protesta de alguien que se indigna ante el hecho de que el asiento del váter común aparezca salpicado. Todo el mundo, por supuesto, ha entendido que se refiere al de hombres y que la queja se debe a que alguno de nosotros no tiene el pulso todo lo firme que sería de desear, o quizá le falla el sentido de la puntería. En cualquier caso, sí parece haber acuerdo en que la desconsiderada protesta no se ha hecho en el lugar más adecuado, donde normalmente se advierte de cambios de horario u otras incidencias de carácter funcional. En todo caso, ha puesto el dedo en la llaga: aquí casi todos tenemos ya la edad en que aumenta la frecuencia de las visitas al baño. Y ya se sabe que uno no se esmera mucho en lo que hace por mero automatismo, sin pensar. 

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Y una ocurrencia del otro día, al hilo de los sucesos en Cataluña y mientras esperaba a M.A. en una plaza en cuyo centro ondeaba una enorme y quizá algo enfática bandera blanquiverde: Como cunda el ejemplo, me veo viviendo en algo parecido a Montenegro. (5/10/17)

(Imagen: óleo de Antonio López)

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