lunes, octubre 22, 2018

QUIET DESPERATION


El viaje a... Anoto aquí un todavía dudoso futurible -depende, entre otras cosas, de que los organizadores del evento en el que me han invitado a participar encuentren patrocinadores-. Pero lo anoto aquí por eso de que quizá un diario personal deba incluir, no sólo lo que realmente le sucede a uno, sino también las expectativas, esa especie de no-vida en que consiste el vivir a la espera. Bueno, ya veremos.

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Otras personas cercanas hacen también sus planes, algunos realmente ilusionantes -C., por ejemplo, ha concertado ya lo que será su primera exposición-. Tenemos que vivir así, por adelantado, porque la aspiración a vivir sin expectativas en una especie de presente perpetuo no conduciría a otra cosa que a esa quiet desperation que Thoreau consideraba lo normal en la mayoría de la gente. Y lo único malo  de vivir en la ilusión permanente de lo que ha de venir quizá sea la sensación de que, como las expectativas son muchas y se ajustan a distintos tiempos y, en la medida en la que dependen de otras muchas cosas también fiadas al futuro, nunca se cumplen del todo, lo que efectivamente va dejando uno atrás son... flecos, jirones de vida por realizar, planes a medias, logros que podrían mejorarse en un segundo intento, etcétera. Como esos escritores que, al morir, dejan un baúl lleno de papeles en los que habían esbozado decenas de obras que quedaron sólo en eso, en esbozos. Muchas de esas obras, lo sabemos ya,valen mucho más que las que otros, más decididos y valientes, dieron por terminadas y lanzaron alegremente al mundo. Pienso en mis propios escritos inéditos. Por fortuna, no los guardo en un baúl, sino en el limbo informático. Cuando uno no esté, nadie se molestará en buscarlos en esa nada. Eso salimos ganando. (21/10/17)

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