jueves, noviembre 08, 2018

COCINA NAÏF


Tenía una cita importante y la he olvidado por completo. Y a toro pasado, esa posibilidad abolida se agiganta a mis espaldas como si perteneciera a la vida de un desconocido hacia quien sintiera una bien fundada curiosidad nunca del todo satisfecha.

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Hitos de mi vida de hombre solo: mis invenciones culinarias, como esta tostada con verduras que me he zampado en la cena. Pongo aquí la receta, para un futuro libro de cocina naïf: untar en una rebanada de pan tostado -mejor, pan de hogaza o gallego- una mezcla de mayonesa y mostaza a partes iguales; pasar por la plancha rodajas finas de berenjena, calabacín y tomate y ponerlas luego sobre la tostada, espolvorear con lascas de cebolla frita y añadir unos pepinillos; rematar con unas escamas de sal Maldon. Deja el estómago lleno y en el ánimo una especie de predisposición narcisista a la melancolía. Y se va uno a la cama preguntándose: ¿y si en vez de pepinillos hubiera puesto alcaparras? Lo que no es la peor pregunta que puede hacerse un hombre que se acuesta solo en una cama de matrimonio.


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El frenesí como mero despilfarro de energía: veo El mundo está loco, loco, loco de Stanley Kramer. Y me pregunto si pretende ser una película divertida o más bien una alegoría de la humanidad desquiciada y abocada al desastre. Puede que las dos cosas, pero siempre a expensas de lo primero; y debe de ser porque yo no estoy de humor, pero la verdad es que estas tres horas de persecución desquiciada me han dejado más maltrecho que otra cosa. (7/11/2017)

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