sábado, diciembre 08, 2018

DOS A LA VEZ

El sol ha tocado una esquina de la mesa llena de papeles -se han juntado la corrección de exámenes trimestrales y la revisión de los textos de mi Trilogía-. Y K., con ese tino para estas cosas que solamente tienen los gatos, ha intuido de inmediato que ése es el único punto cálido en toda la casa recién amanecida y sumida todavía en el helor de la noche; y, ni corta ni perezosa, ha saltado sobre los papeles y se ha acomodado en esa esquina. Dos veces la he quitado, en vano, porque las dos ha vuelto impertérrita a su bien hallado lecho de sol. Y allí la he dejado, a pesar del estorbo que supone, y feliz en el fondo porque en la casa haya quien, después de todo, no padece la incomodidad y el frío como una agravante más del castigo bíblico que nos obliga a trabajar.


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He empezado a leer dos libros a la vez: uno por placer, otro por obligación; uno, ameno y divertido hasta decir basta, el otro más bien predecible y aburrido. Y ni decir tiene hacia cuál se me va la mano cuando, entre tarea y tarea, me apetece leerme una paginita o dos para desintoxicar. (7/12/17)


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