domingo, diciembre 02, 2018

EN SACO ROTO

Este ser querido vive ya en ese limbo en el que las personas pierden incluso la conciencia de quiénes son, o de quiénes han sido. Toca ocuparse de él. Y lo de menos son las noches mal dormidas, los ajetreos que nos impiden atender como es debido nuestras obligaciones y compromisos, la impotencia ante la maraña de problemas acumulados, la casi total ausencia de asistencia pública para estos casos... Todo eso se sobrelleva más o menos bien, e incluso con cierta secreta alegría que nace de no sé qué sensación de devolver con ello sólo una pequeñísima parte de lo recibido de esa misma persona en particular y de la vida en general, que es la que arma estos laberintos del afecto. Lo peor es lo otro: la evidencia, ante el deterioro ajeno, de que ése es quizá el destino que nos aguarda a todos, si vivimos lo suficiente. Y de que quizá, cuando llegue esa terrible ocasión, nos pille incluso más desasistidos.


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Una parte de la vida se va en juntar cosas; otra, en aprender a desinteresarse de ellas.

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Revisando las casi ochocientas páginas de la novela triple que me dispongo a reeditar, me doy cuenta, ahora que casi estoy convencido de que no volveré a escribir más novelas, de cuánto debí disfrutar escribiendo éstas. Cuánto puse de mí en ellas. Cuántas de esas cosas serían ahora irrecuperables si no hubiese escarbado en mí durante aquel proceso de escritura para que afloraran. No me arrepiento del esfuerzo, a pesar de la evidencia de que entonces, como quizá vuelva a ocurrir ahora, cayó en saco roto. Pero eso fue lo de menos. (2/12/17)

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