domingo, diciembre 23, 2018

LAS TORNAS


M.A. se levanta a las seis, o puede que antes. No ha esperado a que sonara el despertador, quizá para no despertarme. Pero a mí me ha servido de poco la delicadeza, porque mi despertador, que ayer olvidé desactivar, sí que ha sonado a la hora acostumbrada y ya luego no he sabido conciliar el sueño. Así que, por no renunciar del todo al calor de la cama, me he puesto a leer y luego me he levantado y me he sentado a escribir en este cuaderno, mientras el día poco a poco se me va dibujando en la cabeza. 

Es curiosa esta manera mía de cargar de obligaciones una jornada en la que podría permitirme el lujo de no hacer nada. He pensado en el artículo sobre F. Q. que me han encargado con motivo del aniversario de su muerte. Quise mucho a F. Q., de quien fuimos casi vecinos durante años y a quien nos acostumbramos a ver aparecer por casa casi a cualquier hora del día, a veces simplemente para dejar una esquelita en el patio, recordándonos alguna invitación o compromiso al que quería que asistiéramos. Otras veces venía a consultar algo en nuestros libros -los suyos los tenía en su piso de Madrid-. También en ocasiones nos leía un cuento recién terminado y nos pedía opinión, aunque no sé si le serviría de algo lo que pudieran decirle dos veinteañeros un tanto abrumados por la confianza que nos otorgaba... En fin. Cómo meter todo eso en la media docena de folios que me han encargado escribir, y en los que además parece que debo de estar muy atento a no infringir ninguna de las indicaciones formales que me han dado los responsables de la publicación de marras, y que ocupan un folio y medio... Supongo que lo que quieren es ahorrarse el trabajo de editar el texto recibido. Y aquí anda uno un tanto empantanado con la búsqueda de comillas tipográficas, guiones largos y otras minucias escondidas en alguna recóndita pestaña del procesador de textos. No es extraño que la escritura del artículo en cuestión se me esté haciendo un mundo.

¿Es esta una buena manera de empezar las vacaciones de navidad? No sé. C., que ha venido a pasar las fiestas con nosotros, no se ha levantado todavía. Pongo mis esperanzas en que, cuando lo haga, quizá me convenza para que demos un paseo por la playa o los pinares cercanos. Le gusta cargar pilas de ese modo. Luego, en su lejana Barcelona, pinta unos paisajes llenos de neblinas que son otras tantas recreaciones exaltadas de los que recorremos en estos paseos, o los que recorrimos en otros similares hace años, durante los fines de semana en la sierra, que ella detestaba porque le impedían hacer lo que habría querido hacer entonces sin ninguna restricción, que era pasarse el día encerrrada en el cuarto de baño, acicalándose, y luego salir con sus amigas. En cambio ahora ha idealizado aquellos melancólicos paseos a desgana por la sierra y con ellos alimenta la nostalgia que trasluce su pintura.

¿Será ella ahora quien me obligue a dejar el ordenador por unas horas y a salir a tomar el aire? Han cambiado las tornas. Por lo mismo, ahora ya no se acicala tanto, mientras que a mí me ha dado por dejarme crecer una barba que requiere algunos cuidados un tanto narcisistas. En fin. (22/12/2017)

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