lunes, diciembre 31, 2018

PROSOPAGNOSIA


Aprendo en el libro de AT la palabra que designa mi dificultad para recordar las caras de la gente: prosopagnosia. Y como en internet no hay manía o aprensión a la que no se dé pábulo, encuentro enseguida una benemérita página de la BBC que incluye un test para diagnosticar en qué grado padece uno el susodicho trastorno. Lo hago y saco una puntuación de 45 sobre 50, lo que la página en cuestión califica discretamente como "alto", aunque ahora pienso que quizá yo he exagerado un poco en las respuestas que he dado. ¿De verdad pienso que, como me pregunta el test, ofendo a la gente porque no recuerdo quiénes son? Nada que no pueda arreglarse con una sonrisa y una disculpa a tiempo.... En fin, ya tengo una nueva palabra con la que adornarme, como ya antes tenía "turófobo" -que padece aversión al queso- y alguna más. Ahora sé que también soy algo prosopagnósico, ma non troppo. De qué poca cosa estamos hechos.


***

Último día del año. Quizá convenga anotar que lo he comenzado encendiendo el fuego a partir de alguna brasa escasa que había sobrevivido entre las cenizas del de ayer. No lo he forzado, no he usado cerillas ni metido papeles, que dan mal olor... Y me da por pensar que este modesto logro de la maña y la paciencia bien puede servir como símbolo de lo único necesario que hay que recordar cuando se afronta, como hoy, un rito de paso: la esencial continuidad de la vida. (31/12/17)

No hay comentarios: