martes, diciembre 25, 2018

RUINAS



¿Dónde estaría ese "mirador del paraíso de la Puerta de Atocha" desde el que, según consigna Cansinos-Assens. se veía, después de las lluvias, "un arco iris magnífico y clemente"? Lo deja consignado en la "anteportada" que precede la colección de cuentos que tituló El llanto irisado, que publicó en 1924 (he mirado la fecha por hacerme una idea de qué podría verse desde Atocha en esas fechas: una panorámica, imagino, de los campos y poblados dispersos que se extendían al sur de Madrid). Queda ahí esa nota realista, contrapuesta a toda la cursilería que destilan estos cuentos deudores de cierto modernismo... diríamos, infantilizado, en la estela de las prosas que Rubén Darío incluyó en Azul. Pero no hemos venido aquí, a este cuaderno, a hacer crítica literaria, sino a consignar una línea que, por motivos que sería largo de explicar, me ha tocado la fibra sensible.

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El libro lo he comprado en el mercadillo dominical; que hoy, por coincidir el domingo con la nochebuena, está muy de capa caída. Se ve que tampoco quienes se dedican a esta ocupación tan bohemia se libran de la pulsión burguesa de celebrar esta fiesta como es debido, lo que seguramente ha hecho que hoy estén comprando o cocinando, y no atendiendo el negocio. Por eso, quizá, quienes sí lo hacían parecían más aburridos que de costumbre. En cuanto me vio, la chica que atendía el primer tenderete ante el que me paré se apresuró a apartar el cartel de "2 por 1 euro" que había puesto sobre su magra mercancía, para que yo la pudiera ver mejor, e igualmente se esmeró en ir ordenando un poco la de la siguiente tanda, que estaba un poco revuelta, como si cuando la desplegó, a primera mañana, la muchacha no hubiera tenido ánimos para disponerla mejor. Me azora que se esfuerce tanto por quien, en principio no tenía intención de comprarle nada. Pero entonces veo el librillo de Cansinos Assens, publicado en una de estas feas colecciones promocionales que regalaban los periódicos hace tres lustros para "fidelizar" -así se decía- a quienes todavía los comprábamos, antes de que cayéramos también en la costumbre de conformarnos con ojear los titulares en internet... No he leído esos cuentos y me da por pensar que quizá no estén del todo mal. Pero, ay, no encuentro ningún otro libro con el que completar la oferta. "No importa -me dice la chica-, llévese uno solo por 50 céntimos. Rebusco en el monedero y le doy la cantidad estipulada en calderilla. Y todo esto me ha puesto muy triste, como cuando cedes al impulso de dar una limosna y apenas tienes suelto y el propio mendigo, cuando ve la miseria que le has dado, es quien se compadece a ti.


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Y ya para completar el panorama melancólico: las casas más hermosas de este pueblo son las que están en ruinas. (25/12/17)

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