miércoles, enero 30, 2019

EXOTISMOS

Ha aparecido en la mesa de la sala común una cesta de frutas exóticas, entre las cuales hay una que me dicen que se llama "ojo de dragón". Es muy sabrosa; pero, como veo que el aspecto -algo así como una cereza envuelta en piel de patata- suscita algún recelo, explico a quien me quiera escuchar que en las selvas de Borneo los nativos utilizan el jugo de esta fruta para untar las puntas de las flechas envenenadas con las que cazan los monos, cuya carne aprecian mucho... Y hay quien, teniendo ya el fruto en la mano y a punto de llevárselo a la boca, lo vuelve a dejar en el plato. Ha sido uno de mis mayores triunfos, creo, en el campo de la ficción. Y con un toque conradiano que no dudo que la crítica sabrá apreciar.

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En general la gripe es favorecedora: quienes acaban de superarla regresan al trabajo con las facciones suavizadas de quienes han disfrutado por algún tiempo de una vuelta a la infancia, a los cuidados maternales y a la caprichosa falta de apetito usada como arma de presión emocional. Todos adelgazan y a todos se les agranda la mirada, lo que les presta una inusitada expresión de renovado asombro ante la realidad, que no es otra cosa que el milagro de estar sanos y fuertes a pesar del frío y de las miasmas que flotan en la atmósfera.


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A la vanidad -me refiero a la propia, por supuesto- le duelen más las rozaduras superficiales que los puntazos bien dados. De estos últimos sabe cómo defenderse: como un cazador que, sabiendo cómo dar cuenta de un elefante furioso, no sabe quitarse de encima una mosca. (29/1/18)

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