viernes, enero 11, 2019

HORMIGAS

La pesadilla de las erratas. Con las prisas y la vista cada vez más cansada, no hacen más que multiplicarse. Lo llevo mal: me parece un signo de imparable decadencia. Y aun así, lucho con ellas con la paciencia de quien, asediado por una marea de hormigas rojas, mata una aquí, otra allá... 


***

Agotado después de una de esas subidas de adrenalina que siguen a una sucesión de pequeños logros encadenados. Las satisfacciones me dejan tan maltrecho como las contrariedades. La clave está en el sueño: todo aquello que me lo dificulta o arrebata acabo percibiéndolo como un elemento intruso. O quizá es que uno está hecho de un tejido que se estremece ante cualquier cosa y al que luego le cuesta mucho reponerse de la menor conmoción. Una mezcla de Des Esseintes y el Licenciado Vidriera.

***

Oigo de labios de la gentil Bettany Hugues, en un documental de la BBC, que, según muestran los registros genéticos, entre un cincuenta y un noventa por ciento de la población masculina de la antigua Britania romana pereció durante el periodo que llaman "de las invasiones". Y otro exterminio de proporciones parecidas siguió a la invasión normanda: cada uno de los monumentales castillos de entonces que todavía dominan muchas ciudades inglesas es un recordatorio de un ominoso periodo de saqueo y crueldades sistemáticas dirigidas contra la población local. De lo que cabría deducir, quizá, que los actuales británicos -y lo mismo podría decirse de casi cualquier país europeo- no son sino los descendientes de la última oleada de asesinos que asoló su territorio. Bonita perspectiva. Y bonita herencia con la que apechugar. (10/1/18)

No hay comentarios: