sábado, febrero 02, 2019

SUBLUNAR

También hoy le he dedicado mi saludo y enviado mi oración: qué bien pensada estaba aquella concepción del mundo que consideraba "sublunar" todo lo que ocurría en esta esfera, y que lo verdaderamente importante, lo que reduce todo lo nuestro a mezquinas pequeñeces, empezaba más allá... Pero no es eso lo que venía a contar, sino que, una vez en faena, en una de las muchas vueltas que doy de acá para allá, paso ante un ventanal y noto que la ya crecida luz del día todavía no la ha borrado del todo: que sigue ahí, ya casi transparente y como agrandada por esa sobrevenida condición gaseosa, un globo ígneo a punto de estallar. Tienen quizá demasiado prestigio las puestas de sol: cuánto más hermosa esta discreta, casi imperceptible disolución de la luna en la luz rabiosa de la mañana.


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Que nos hablen de "estado de bienestar" a quienes, pasada la cincuentena, asumimos ahora el cuidado de nuestros mayores, con todo lo que ello supone: renuncia absoluta a la vida personal, gastos sobrevenidos, falta de tiempo y solapamiento de estas nuevas obligaciones con las que ya suponía la atención a los hijos todavía no emancipados... Entran ganas, literalmente, de echarse al monte y atrincherarse tras una peña para recibir a trabucazos a cualquiera que venga a hablarnos de la obligación de pagar impuestos y de todo aquello que se supone que el estado nos ofrece a cambio. Jamás mi desafección ciudadana ha sido mayor. Me consta, además, que no soy el único que se siente así por esas mismas razones. Pero lo curioso es que, mientras la prensa y los políticos no hablan más que del sainete catalán, nadie parece ocuparse en dar respuesta a los verdaderos problemas de los ciudadanos: yo votaría al primero que pusiera esta cuestión al frente de su programa electoral.


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De vez en cuando alguien viene a ofrecerte las migajas de un banquete en el que otros previamente se han saciado. Y todavía uno duda sobre si sentirse agradecido y aceptar o quedarse en casa a saborear, ya no las migas, sino ese regusto áspero que deja en la boca el mero paladeo del orgullo. (1/12/18)

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