martes, febrero 05, 2019

UN PAR DE DETALLES

Como estoy solo en casa, se me trastocan los horarios y por primera vez en mi vida permanezco levantado ante el televisor para ver en su totalidad la ceremonia de entrega de los premios Goya. Ya se sabe lo que estos actos tienen de pequeño teatro de vanidades: la actriz Marisa Paredes, a la que daban este año un premio por la totalidad de su carrera. aprovechó para soltar su pulla sobre lo que más le dolía, que era el hecho de no haber sido premiada antes por ninguna de sus interpretaciones. Es lo habitual y no deja de causar cierto embarazo en el público ajeno a los entresijos de ese mundo . 

Pero hubo un par de detalles que me llamaron la atención en otro sentido. Primero, la mención en el recuento de fallecidos en el año -uno de los momentos reglamentariamente emotivos de la ceremonia- del escritor y divulgador Javier Coma, al que debemos algo todos los que hemos escrito libros de cine en este país, y más cuando lo hacíamos sin tener la cobertura de internet para solucionar lapsos de memoria o carencias de datos. Me gustó el detalle, aunque también he constatado, al comentar el hecho, que el personaje suscitaba sus recelos en algunos, quizá por la amplitud de asuntos sobre los que escribió -no sólo cine, jazz y cómic también- y la imposibilidad de contentar con sus opiniones, a veces apresuradas, a todo el mundo. Sea: al enterarme de la noticia de su muerte, no estaba yo en disposición de hacer un juicio ponderado de los logros y carencias del personaje. Y lo que sí hice fue hojear el libro suyo que tenía más a mano y que todavía me gusta: La Brigada Hollywood, un repaso del compromiso de algunos cineastas norteamericanos con la causa republicana en la guerra civil española.

Y el otro detalle que me llamó la atención fue la mención, no exactamente elogiosa, que un portavoz de la Academia hizo del programa de televisión Historia del cine español, que a mí tantas alegrías me ha dado y al que entiendo que muchos aficionados al cine deben agradecer la ocasión de ver algunas películas que muy pocas veces o ninguna se han puesto en televisión y entre las que hay verdaderas joyas. El portavoz vino a decir que sí, que bueno, que bien estaba, pero que habría que emitir más cine europeo y recuperar los viejos ciclos de clásicos de siempre... Como si lo uno quitara lo otro. No hace mucho, un amigo bien informado tampoco se mostró muy comprensivo con mi entusiasmo por ese programa, del que dijo que estaba enriqueciendo a cierto productor y distribuidor que desde hace unos años ha tenido la vista de hacerse con los derechos de todas esas películas olvidadas y ahora cobra lo suyo por permitir que se emitan en televisión... En eso no puedo entrar: me faltan datos. Otras veces, la emisión de ciertas películas de los años 40 y 50 que respondían a la ideología imperante en ese momento ha suscitado airados comentarios periodísticos, que no han reconocido que esas películas podían ser interesantes también por otros motivos. 

Pero la verdadera razón de fondo de esa animadversión sospecho que es otra: la evidencia de que el programa es, ante todo, un doloroso recordatorio de la inmensa cantidad de talentos que alguna vez tuvieron su ocasión de hacer una película o dos y no obtuvieron otro reconocimiento -del público, por supuesto, pero también de la crítica y de la industria- que el silencio y el olvido; y el hecho, creo que incontrovertible, de que el relato esquemático y maniqueo que suele hacerse de la historia del cine español es muy inexacto; que las tres o cuatro glorias nacionales que salen favorecidas en ese retrato no son quizá las únicas de las que vale la pena hablar. Y es posible que el reproche implícito en esa evidencia moleste todavía a algunas figuras del establishment cinematográfico patrio. Digo yo. (4/2/18)

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