jueves, septiembre 12, 2019

CASSAVETES




11/9/18

La compañera joven nos muestra con ufanía la cacharrería electrónica que lleva consigo y pondera la utilidad y eficacia de sus artilugios. Miro a mis otras compañeras, todas ellas más o menos de mi edad y, como yo, muy poco dispuestas ya a aprender trucos nuevos, como los gatos viejos. Y recuerdo la misma escena hace ¿diez años tan sólo?, cuando era yo quien, a mis cuarenta y tantos, acababa de llegar y pretendía sacudir con mis ideas la mentalidad asentada de mis compañeros al filo de la jubilación. ¿Ocupo yo ahora la posición que éstos ocupaban entonces? ¿Doy esa impresión de desinterés y rutina? Creo que no, no todavía al menos. Pero tendré que vigilarme.


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Leo una biografía que acaba de publicarse de la pensadora y reformista social española Concepción Arenal. Los españoles, desde luego, tenemos razones para el pesimismo. La lúcida obra de esta singular mujer cayó en saco roto: las razonables reformas que proponía han llegado, si acaso, de la mano de los tiempos y de la necesidad de homologarnos en algunas cuestiones a otros países europeos, pero nunca porque una voz esclarecedora alcanzara a hacerse oír en un entorno de sordos contumaces. Para colmo, ni siquiera ha pasado a formar parte del venerable panteón progresista al que pertenecen, por ejemplo, Giner de los Ríos y otros pensadores contemporáneos: su estricto apoliticismo, sus hondas convicciones cristianas (no exentas de sonoras discrepancias con la Iglesia oficial y algunos de sus dogmas) y su personalidad austera y puritana, ajena a toda veleidad de las que a la larga aseguran un buen pasar ante la posteridad, le han vetado ese lugar prominente, sin asegurarle otro similar en el lado contrario, donde, por otra parte, más bien la detestaban. Le habría ido mucho mejor, qué duda cabe, alineándose con unos o con otros. Pero eso le habría impedido ser quien fue: un anticipo nativo de esas otra mujeres lúcidas que, como Hannah Arendt, han sabido interpelar a sus contemporáneos desde su propia experiencia de la compasión ante los horrores circundantes. Además, por los textos que se citan de ella, no parece mala escritora, todo lo contrario, a pesar de que su biógrafa, en fin, en ese y otros aspectos le perdona un poco la vida...


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Y este chotis cinéfilo que se me ha metido en la cabeza: "La chica del 17 / se ha vuelto loca por Cassavetes,,,".

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