viernes, julio 31, 2020

RISAS

30/7/2019

La comicidad natural del amigo PS. No es de los que tienen un repertorio de chistes y gracias que va encajando según la situación: más bien, lo que realmente divierte al verlo y oírlo es su admirable capacidad de invención e improvisación, que a su vez es reflejo de una inteligencia rápida y desbordante que no tiene inconveniente en prodigarse, que no se guarda nada para sí, a diferencia de lo que haría quien dedicara la suya a otras cosas de más alta cotización en el mercado de los productos del intelecto: pensemos en un músico, un novelista, un poeta, celosamente anotando sus ocurrencias en una libreta más o menos secreta, con vistas a reelaborarlas convenientemente y convertirlas en obras acabadas y, por tanto, listas para ser puestas a disposición de un público. 

PS es también pintor; y, por lo que he visto de su obra, es minucioso y delicado. No así su humor, que es fino sin ser rebuscado, que se inspira directamente en el entorno y la ocasión particulares, y que por ello resulta irreproducible (y por eso no traigo aquí ninguno de sus chistes) en cualquier otro contexto. Anoche fue, como siempre, el centro de la reunión; y no porque impusiera de ningún modo su protagonismo o no dejara meter baza a otros: por el contrario, escucha atentamente a cualquiera que diga algo y sabe esperar a que la conversación cree las ocasiones convenientes para sus chistes, sus gesticulaciones, sus parodias. A su lado, cualquier obstinado cuentachistes no es más que un pelmazo. Y qué bien duerme uno después de unas buenas risas no manchadas de burla o de sarcasmo hacia nada ni nadie, nacidas simplemente del hecho de que hay personas que saben ver la comicidad natural de la existencia y transmitirlo a otros.

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La pregunta habitual del desconfiado: ¿De qué te ríes?, rara vez admite respuestas convincentes o tranquilizadora. Y nos hace sentir siempre culpables, aunque no sepamos de qué.

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No he olvidado las razones de mis dos últimas -y ya lejanas- ocasiones de llanto: una, por una gran alegría; otra, por una gran tristeza. En cambio, he olvidado ya la razón concreta, más allá de la ocasión, de  mis risas de ayer, quizá porque el motivo era lo de menos; y porque la alegría, cuando se desborda, es porque ya estaba dentro y no depende exactamente de causas externas.

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Siempre hay secretas razones egoístas en esa risa o llanto que creemos que ha provocado en nosotros la risa o llanto ajenos. Que, contra lo que suele decirse, nunca son contagiosos.

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