lunes, septiembre 14, 2020

THE BOOK OF EVIDENCE

13/9/19

Termino de leer The Book of Evidence de John Banville. La confesión de un asesino, sí, pero ¿a qué efectos? La idea general parece ser que ciertos actos que atribuimos sin más a la mera maldad, y que, por tanto, nos hacen sentir justificados al posicionarnos al otro extremo, diríamos, del espectro moral, son fruto de una serie de inadvertencias y omisiones en las que todos podemos incurrir. Es una vieja tesis; la misma, quizá, que animó a Dostoyevski a escribir Crimen y castigo. "La maté porque podía", concluye el protagonista. Y pudo matarla, añade, porque, cuando se cruzó con ella, en el curso de un robo desastrosamente planeado, no consiguió verla como lo que era: como un ser humano vivo, inmerso en sus propias circunstancias, y no una simple discordancia en esa especie de universo solipsista en el que habitamos cuando perdemos -y suele suceder- la plena conciencia de la entidad del prójimo.

La novela está espléndidamente escrita, e incluso podría decirse que demasiado bien escrita: asoma por todas partes la voluntad de estilo, los alardes de lucimiento, incluso cuando el autor juega a que la voz del personaje que articula su monólogo suene cínica o vulgar. Ocurre en la otra novela suya que he leído, El mar, que es también la historia de un crimen absurdo cometido por una persona presentada bajo una luz tan comprensiva como desfavorable. No sé. Tienen estas novelas algo de artefactos diseñados para satisfacer las exigencias de determinados lectores, pero quizá carentes de ese plus de legitimidad que asiste a las historias que realmente urge contar, así como de esa verdad esencial que nace de la realidad bien observada. ¿Es Banville un buen observador de la realidad? Coincide mi lectura de estas novelas con mi frecuentación de algunos de sus escenarios más caraterísticos: los suburbios de Dublín, y notablemente los barrios y pueblos ricos que se extienden al oeste de la ciudad, circundando la bahía: Dún Laoghaire y otros. Y no acierto a discernir si la percepción que tengo de estos escenarios en estas novelas se debe a la capacidad del autor para sugerirlos o a mi propia experiencia de los mismos.. Ocurre incluso en El mar, en el que este escenario juega un papel tan importante: tal como es presentado en la novela, no deja de ser un entorno abstracto, impersonal, que podía ser el que yo creo que es pero también podría ser otro o no ser ninguno en particular...

Pero quizá eso sea intencionado: si los personajes de Banville son básicamente autistas morales, incapaces de percibir la plena realidad de la vida ajena, tiene su lógica que habiten también en un paisaje fantasmal, y no en ese detallado puzle de sensaciones que percibimos los turistas cuando frecuentamos un lugar.

Ay, Irlanda.

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