Otoño avanzado


18/11/2019

Desarrolla uno la mayor parte de su jornada frente al mar; y, por eso, ver cómo contiene sus humores a pocos metros de donde nosotros desplegamos el precario decorado en el que nos desenvolvemos impresiona no poco. Se revuelve, se agita, paga consigo mismo un furor cuyo motivo se nos escapa; y, por eso mismo, es como si nos absolviera de una culpa que nosotros tampoco acertamos a adivinar y cuyo castigo sería, por su parte, la mera renuncia a esa contención que nos salva.

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A diferencia del calor, que suele llegar de modo gradual, los fríos invernales llegan siempre de sopetón y como precedidos, por nuestra parte, de una cierta incredulidad, de la que ellos se aprovechan para hacer más efectivo su impacto. Sales a la calle con una chaquetilla de entretiempo, porque todavía no crees que las crudezas del otoño avanzado hayan tenido margen para consolidarse, y el frío se ensaña contigo con la redoblada furia de quien, además de hacerse notar, quiere hacerte pagar cara la desconsideración de no haberle concedido hasta hoy ningún crédito.




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