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Mostrando entradas de febrero, 2006

A VISTA DE PÁJARO

Y, hablando de aves, pongo aquí un interesante reportaje fotográfico de la Bahía de Cádiz a vista de pájaro, que me envía Adolfo Etchemendi.

PÁJAROS

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Fuera de las granjas y los cotos de caza, las relaciones entre hombres y pájaros parecen regirse por un benevolente pacto de no agresión: nos ignoramos, pero compartimos un mismo espacio y nos observamos con una cierta curiosidad mutua. No sé qué pensarán los pájaros de nosotros. Al parecer, los polluelos que se crían en cautividad, sin haber conocido a sus madres, suelen “improntarse” de sus cuidadores; es decir, acaban creyéndose como ellos, y atacan a otras personas por juzgarlas competidores o rivales. Lo que no deja de ser, por otra parte, un error bastante humano: creer ser quien no se es, exigir un trato no merecido ni apropiado. Más allá de ese mal de muchos, no veo que los pájaros nos hagan demasiado caso. Picotean nuestros desperdicios, nos dan la serenata en las mañanas de primavera, ponen una nota de alarma en los atardeceres, nos distraen la vista y la imaginación cuando se alinean para cruzar el firmamento hacia otros climas. Nosotros les pagamos con la mism

MÁS SOBRE CÉSAR SIMÓN

Poeta de estilo sobrio, sí, incluso seco. Pero no tanto como para no permitirse una greguería: "el viento, esa ópera del campo" Jugar con el idioma de este modo siempre es síntoma de una cierta alegría interior. Por eso conviene no ponerse campanudos a la hora de hablar del pesimismo, la desolada lucidez , etc. de este intenso poeta. En sus poemas también alienta un raro sentido de la felicidad.

LOS DONES

"(CONTRA EL POEMA DE LOS DONES) Un poema puede enumerar los beneficios que el poeta cree haber recibido de la suerte, del destino, de Dios, y hasta mostrar alguna clase de agradecimiento por ellos. Pero hay que estar prevenidos contra el típico “poema de los dones” (y no me refiero ahora al de Borges, que es básicamente una constatación irónica de su ceguera): no se puede dar por bueno el mundo porque éste nos depare, pongo por caso, un puñado de caras bonitas o algún que otro amanecer esplendente, a cambio de un sinfín de contrariedades. El procedimiento, sin embargo, ha demostrado ser capaz de engendrar un buen número de poemas efectivos. O efectistas, más bien: Gracias, señor, por concederme estas caras bonitas, o este amanecer sin resaca, que bastan para absolver la irredimible fealdad de la vida y el mundo... Y a ver quién contradice esa incontestable aritmética, tan consoladora por otra parte." Encuentro esta nota entre los borradores de Cuatro nocturnos . Justo desp

UN CUENTO

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Mete uno la mano en Internet, ese lago de aguas turbias, y emerge la extraña historia de John Titor*, viajero en el tiempo. Hace unos años hubiéramos dicho que este asunto consume ríos de tinta; pero hoy no hemos encontrado aún la metáfora adecuada para describir ese mismo dispendio cuando se efectúa en caracteres de ordenador. Cascadas de píxeles negros, quizá. Sea como sea, la historia de Titor es curiosa. Durante 2001 y 2002, antes de sumirse en un enigmático silencio, Titor se presentó en Internet como un viajero venido de un futuro no muy lejano; en concreto, del año 2036. Desde su perspectiva, pues, el devenir del mundo en los próximos años no tenía secretos. En el 2008, afirmó, Estados Unidos estaría sumido en una guerra civil, cuyos primeros síntomas se manifestarían entre 2004 y 2005. Y en 2015 el mundo conocería un devastador conflicto nuclear, que no supondría la pérdida del actual nivel de desarrollo tecnológico, pero sí sumiría a la mayor parte de la población en formas de

CORRECCIÓN DE PRUEBAS

La corrección de pruebas supone la primera ocasión de enfrentarse a ese producto ajeno que llamamos “libro”. Ya no son las palabras manuscritas o tecleadas por uno mismo, dispuestas en un formato casero: parecen escritas por otro, y lo poco de nosotros que aún reconocemos en ellas (los remiendos del texto, esas aparentes soluciones que sabemos que son renuncias, o los descuidos que ahora advertimos por ver primera, delatados por la letra impresa) no hace sino avergonzarnos. Pasa con esto lo que con las fotos: nos reconocemos en ellas sólo a medias, y nos avergonzamos íntimamente de lo que consideramos nuestros defectos. Sólo el tiempo les devuelve, a los textos como a las fotos, su pertinencia. Para bien o para mal.

EL ORGULLO

El orgullo exige una cierta confianza en la fortaleza de la propia soledad. Si hay dudas al respecto, malo: entonces es que uno ha dejado la puerta abierta, conscientemente o no, a toda clase de concesiones.

ESE ASPECTO...

Ese aspecto de reunión de gángsters que tienen ciertas bodas.

EL DECLIVE DEL IMPERIO AMERICANO

El declive del imperio americano (1986), de Denys Arcand: más que un diagnóstico, un ejercicio de complacencia. Recuerda algo al cine de Woody Allen (a películas, pongamos, como Deconstruyendo a Harry ). Pero los personajes infieles, libertinos, inmaduros de Woody Allen a menudo acaban tropezando con un fondo de nostalgia sentimental que, por inasumible, conduce a la desesperanza más absoluta. Simpatizamos con ese nihilismo lúcido y razonado, abierto a la duda salvadora. Pero no con la complaciente vulgaridad de los personajes de Arcand, para los que el sexo es, antes que nada, un atributo de poder. Los de Allen, intuimos, también practican el sexo anal o el menage à trois , como todo el mundo. Pero saben que la moral privada que rige esos rituales placenteros no da sentido al resto de sus actos, y aspiran a una explicación más amplia y ambiciosa, que a menudo no aciertan a encontrar. Los de Arcand, en cambio, parece que han hecho carrera en la universidad sólo para poder acostarse co

SARGENTO YORK

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En todas las reseñas de Sargento York (Howard Hawks, 1941) se destaca el carácter pacifista de su protagonista, interpretado por Gary Cooper. Y lo cierto es que, en cuanto se deja margen al olvido, que tanto hace por redondear el recuerdo que tenemos de las películas que hemos visto, Sargento York se decanta hacia el razonado pacifismo de su primera parte: el de un hombre de mente simple que, asustado de sus propias inclinaciones violentas, decide aferrrse sin ambages a la fe sencilla, de fundamento bíblico, que le ha enseñado el predicador local. Eso es lo que recordamos de la película, su mensaje esencial. Las exigencias del guión, en cambio, retuercen ese sencillo planteamiento y nos muestran cómo el pacifista Alvin York, que incluso ha intentado ser eximido del servicio militar y es mirado por ello con recelo por sus superiores, pronto toma conciencia de los valores que defiende su país en la guerra inminente y se convierte en un héroe. Lástima que esa heroicidad se muestre de

SENTIDO COMÚN

Se habla tanto y tan gratuitamente de “sentido común” que uno acaba dudando de qué sea esa cosa. Hay quienes, frente a cualquier discreta llamada al sentido común, apelan a la autoridad o a la fuerza. Pero también hay (o quizá sean los mismos) quienes se aferran al “seamos sensatos, pidamos lo imposisible” sesentayochero como una especie de ensalmo para conjurar las exigencias del buen sentido. Últimamente he podido oír incluso una justificación "científica" de ese peculiar punto de vista: la física, me dicen, no obedece a los postulados de la lógica. Bueno. También Hitler y Stalin se apoyaban en razonamientos presuntamente "científicos". Lo que me lleva a plantearme si quienes niegan el sentido común desde ese particular punto de vista no están negando toda la tradición occidental que pone al hombre como medida de todas las cosas. Si, frente a la individualista apelación a la sensatez de juicio, a la esperanza de que el propio juicio nos proporcione la herramienta

EL PARAÍSO

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Los científicos que han explorado las montañas de Foja, en la Papúa indonesia, afirman haber descubierto un paraíso . Un paraíso sin serpiente escondida, habitado por seres disparatados y encantadores, tales como el canguro arborícola, el zagloso de Bruijn (una mezcla, dicen, de ornitorrinco y erizo, de unos tres metros de longitud) o el pájaro comedor de miel. Algunas de estas extrañas criaturas, como salidas de una miniatura medieval, se acercaban a los exploradores sin dar muestras de miedo: nunca habían visto a un ser humano, no tenían la noción de que ese extraño animal desvalido que anda a dos patas es el mayor y más cruel depredador del planeta. Así que siguieron a lo suyo: los canguros, trepando absurdamente a los árboles; los pájaros, comiendo miel; los zaglosos, devorando ingentes cantidades de gusanos para mantener su considerable envergadura. Dicen los exploradores que incluso vieron algún ejemplar de la mítica ave del paraíso, de cuya existencia sólo se tenían

NUEVA SECCIÓN

La vida imaginaria , en la columna derecha de este "blog". En ella iré agrupando textos sobre cine, publicados aquí y en otros lugares.

LAS ZAPATILLAS ROJAS

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¿Lo confesaré? No me gusta el ballet (en líneas generales, aunque puedo disfrutar con tal o cual estampa coreográfica más o menos armoniosa). Y he aguantado Las zapatillas rojas (1948), la película de Powell y Pressburger (canal Cinematk), con cierta impaciencia. Ha envejecido todo: el technicolor, las localizaciones de moda (un Montecarlo de postal), las pretensiones artísticas, el argumento melodramático, etc. Sin embargo, la película sigue resultando inquietante; es más: es posible que ese elemento inquietante se haya ido decantando en ella con el tiempo, como el bouquet de ciertos vinos. El empresario que fuerza a la protagonista a elegir entre el amor y el arte, y provoca involuntariamente su suicidio, tiene algo de psicópata de teatro, en la tradición del villano de El fantasma de la ópera . Desde su siniestro despacho, rodeado de cortinajes y muebles oscuros, y enmarcado siempre por un extraño ventanal en arco, este energúmeno antipático exuda un persistente rechazo a la vid

LA VECINITA

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Quienes se felicitaban hace años por el imparable avance de la “globalización” –palabra estúpida donde las haya, cuya etimología apenas responde al significado que se le quiere dar–, poco podían figurarse que la consecuencia más inmediata y evidente de ese fenómeno iba a ser la conversión del mundo en una mala casa de vecinos. Una casa de vecinos como las que había en España hasta hace apenas treinta años, en las que la vecinita “moderna” que salía con hombres, el solterón que vivía solo, la pareja mal avenida, etc., estaban en el punto de mira de todos y con frecuencia acusaban la franca hostilidad que sus conductas despertaban en el vecindario. Al resto del vecindario, en fin, lo que le fastidiaba era que hubiera uno o dos o tres vecinos que desafiaran abiertamente la medianía. Y si, insistimos, había una mujer joven que se arreglaba mucho y salía sola, todos daban en tildarla de fulana; y si había un vecino que levantaba poco la voz y entre cuyas costumbres figuraba escuchar ópera

APACIGUAMIENTO

Díganme: después de que el gobierno danés haya presentado oficialmente sus excusas a los creyentes musulmanes, después de que Estados Unidos y Gran Bretaña hayan considerado "inaceptable" la publicación de las caricaturas presuntamente ofensivas, después de que Zapatero y Erdogan hayan dicho que la publicación de éstas puede que sea legal, pero no moral... ¿no sienten un poquito de miedo? ¿No creen que se han hecho concesiones irreversibles a quienes nunca han creído en la libertad de expresión? ¿No les parece que otros credos religiosos exigirán a partir de ahora el mismo trato? ¿Qué argumentos esgrimirán los defensores de la libertad artística cuando el Scorsese o el Godard de turno afronten campañas como las que surgieron a raíz del estreno de La última pasión de Cristo o Je vous salue, Marie ? Tiempos oscuros éstos, como todos los que se entregan sin rebozo al apaciguamiento. Como los meses que siguieron a la firma de los acuerdos de Munich, que no consiguieron parar a H

"Munich", de Steven Spielberg

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Munich , de Steven Spielberg, sobre el secuestro y posterior matanza del equipo olímpico israelí a cargo del grupo terrorista palestino “Septiembre Negro”, en las Olimpíadas de Munich, en 1972, y las posteriores represalias del servicio secreto israelí contra algunos activistas palestinos afincados en diversas naciones europeas. A primera vista, pues, una película sobre el conflicto arabe-israelí, de la que se desprenden las lógicas reflexiones bienintencionadas sobre la inutilidad de la violencia, la necesidad de comprender y asumir el punto de vista del adversario, etc. Al menos, eso es lo que quisieran los espectadores que no se sienten cómodos si no identifican rápidamente la moraleja de lo que están viendo. A la salida pude oír comentarios como éstos: “Claro, a los terroristas palestinos los engañó la policía. Por eso mataron a los rehenes”. ¿Eso es lo que quería decir Spielberg? Ante cuestiones de esta clase la equidistancia no suele ser la mejor postura. A lo largo de la pelícu

AUTOEDICIÓN Y OTRAS PERLAS

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Interesante reportaje en El Cultural de hoy sobre el resbaladizo mundo de la autoedición (es decir, la publicación de libros sufragada por los propios autores) y la edición subvencionada. La situación descrita la conocen bien todos los escritores, pero quizá es la primera vez que se pone en letra de molde, y la primera en la que, elegantemente, se relacionan esas prácticas con determinadas editoriales, a las que se les brinda la oportunidad de justificarse. Naturalmente, del reportaje no se desprende que estas prácticas (la edición subvencionada o bajo la garantía de que el autor compre un determinado número de ejemplares) sean por sí mismas condenables. No lo son. Pero sí queda la sospecha de que su mera existencia distorsiona gravemente la política de las editoriales. Una editorial, cierto, es una empresa comercial. Pero, como toda empresa, debe dedicar una parte de sus beneficios a la innovación y renovación del mercado (eso que los economistas llaman I + D). Hoy día, sin embargo,