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Mostrando entradas de julio, 2006

COMBINATORIA

Nada más ver las escenas iniciales de Adiós, Mr. Chips ( Goodbye, Mr. Chips , 1939), de Sam Wood, mi hija exclama: ¡Es Hogwarts! Y, efectivamente, el colegio de trazas góticas en el que tiene lugar la trama de esta película es el antecedente directo, no ya del colegio de Harry Potter, sino de todos los colegios privados ingleses que han aparecido en el cine desde entonces. Pero hay algo más. La película de Sam Wood narra la historia de un profesor (Robert Donat) que dedica más de sesenta años de su vida a enseñar en un colegio privado inglés. Durante unas vacaciones en el Tirol conoce a la que será su mujer (Greer Garson), sufragista y "moderna", que morirá de parto al poco tiempo de contraer matrimonio. El profesor encuentra consuelo en su trabajo y, al final de su vida, sentirá que el hecho de no haber tenido hijos queda plenamente compensado por haber contribuido a formar a varias generaciones de chicos. Una historia sencilla y edificante, que hoy vemos con cierta con

NO HUBO

No, no hubo anoche otra edición del Dreams Telegraph . Lo que resulta tranquilizador. En verdad, la única garantía de que la realidad -la realidad real, valga la redundancia- no se asienta a ese lado del espejo es el hecho de que los espacios y circunstancias que encontramos en los sueños carecen de continuidad espacial y temporal: desaparecen de un día para otro, no hay modo de volver a ellos (aunque ellos, en determinadas circunstancias, sí pueden volver a nosotros). Mientras que lo de este lado sigue tercamente ahí, esperándonos, cuando abrimos los ojos. Lo que tampoco es que sea para tirar cohetes.

LEÍDO EN SUEÑOS

He soñado por vez primera con este "blog". Indirectamente. En un periódico fantasmal (eso sí, inconfundiblemente local), leído en sueños, un columnista airado, cuya firma no consigo leer en medio de una tipografía confusa y absurda (y creo que cambiante), acusa a los bloggers , en general, de no haberse ocupado de no sé qué maremoto o catástrofe que acaba de suceder. Y esa especie de segunda conciencia espectadora que se tiene en los sueños se siente aludida por la acusación y la acepta. Este apunte, de algún modo, liquida esa deuda contraída en sueños. Tengo ganas de volver a quedarme dormido para ver qué dice la edición de mañana de ese periódico onírico.

TRÍO (2)

Consejo confianzudo de las autoridades a los conductores: "No tenga prisa, no se señale horas de llegada. ¿También en vacaciones va a ponerse horarios?" Toda una manera de entender el mundo; con resultados contraproducentes, a mi entender. Porque supongo que serán más imprudentes quienes, en vez de en los horarios y en la planificación, confían en la potencia de sus vehículos y en su presunta pericia y tratan de compensar con carreras y adelantamientos los inevitables retrasos e imprevistos. Acaso fuera más sensato recomendar que se planificasen cuidadosamente los viajes, teniendo en cuenta las contingencias. "Despacito y buena letra...", que decía don Antonio. Pero eso no va con el espíritu juvenil y desenfadado de los tiempos, tan grato a quienes mandan. *** Lo dicho sobre Picasso y las Meninas, hace unos días, vale también, salvando todas las distancias, para Brian de Palma y Hitchcock. Después de ver Vestida para matar , llega uno a la conclusión de que nadi

SEÑOR CONDE

Fue muy comentada hace años una viñeta humorística, creo que del afamado Mingote, en la que, al hilo de una de las primeras campañas de prevención de incendios forestales, podía leerse: “Cuando el bosque se quema, algo suyo se quema… señor conde”. Bastaba el añadido de esas dos últimas palabras para que el lema oficial de la campaña quedara completamente desvirtuado: ese “suyo” ya no quería decir “de todos ustedes”, sino que introducía en el mensaje a un innominado latifundista que, por no escapar del tópico, incluso se adornaba con un título de nobleza. Los españoles siempre hemos tenido este problema de percepción de los intereses generales. Aquí el gran sueño emancipatorio de la izquierda campesina no consistía en constituir grandes explotaciones agrícolas comunitarias, sino en repartir las tierras y asignar a cada uno su parcelita. De algún modo, la actual clase media surgida de ese proletariado irredento sigue albergando el mismo sueño, sólo que ahora éste se materia

TRÍO

Después de un día de calor, pararse junto a la ventana abierta y percibir el aire fresco de la noche, denso y cargado de humedad, en contraste con la atmósfera volatilizada de la casa. El aliento de un inmenso animal dormido. * El perfil ideal de un político: una persona que, después de haber ejercido una profesión con éxito o con probada eficacia durante años, es requerido por alguna entidad social a que se postule para ocupar un cargo representativo. Ser alguien antes de ocupar el cargo, y no, como ocurre ahora, no ser nadie hasta que la mera acumulación de años en los círculos de poder se convierte en un sustitutivo natural de toda esa experiencia no acreditada, y ya inacreditable. * Y sin embargo, amigo M., pasarán muchos años antes de que una situación como la arriba descrita parezca normal. Hoy por hoy, el profesional prestigioso que se pasa a la política resulta inevitablemente sospechoso. Entre otras cosas, porque nuestra ética no formulada no perdona de ningún modo el sa

INCLUSO

Salas de espera: imprescindibles; en ningún otro sitio el tiempo pasa tan despacio, como si alguien hubiese echado arena en sus engranajes. En ningún otro sitio es tan cierta la ilusión de que, a nuestro requerimiento, el implacable mecanismo incluso podría llegar a detenerse.

FLOR DE CACTUS

Maravillosa Ingrid Bergman madura en Flor de cactus , de Gene Saks. Película rara, puro teatro filmado (al fin y al cabo, no es sino la adaptación cinematográfica de una obra de éxito en Broadway), con una cierta estética de "comedia de situación" televisiva avant la lettre : protagonistas caracterizados por su oficio (dentista y enfermera), amplia galería de secundarios en papeles arquetípicos, escenarios con aire inconfundible de decorados de estudio... Y algo a lo que ya hemos aludido, a propósito de Billy Wilder : ese aire inconfundible que tienen las películas hechas en Nueva York y sobre Nueva York. Todo un género, que quizá hemos aprendido a identificar gracias a las películas de Woody Allen (y no sólo Manhattan ; veáse por ejemplo Broadway Danny Rose ), pero que puede rastrearse a lo largo de toda la historia del cine. En el caso que nos ocupa, una de las escenas más significativas, y más típicas de este género todavía sin acotar, es la siguiente. La pareja formada

PLACERES

Quizá parte del placer de comer en compañía provenga del hecho de ser éste uno de los pocos placeres que se pueden compartir de ese modo, sin necesidad de establecer la clase de entendimientos y pactos explícitos o tácitos que requieren otros. Sin que la soledad o la intimidad compartida sean imprescindibles (aunque pueden ayudar). Y sin renunciar ni por un instante a la inteligencia alerta, al placer concomitante de la buena conversación y a ciertos usos y cautelas de la vida social que facilitan no poco un entendimiento que no sea demasiado oneroso. Y al recuerdo instantáneo, y gustosamente compartido, de otros momentos igualmente placenteros. No diría que es el mayor placer asequible a los sentidos, porque en esto, como en tantas otras cosas de la vida, prima la ley de la oferta y la demanda, y hay placeres (todos sabemos cuáles) en cuya consecución es mucho lo que empeñamos y mucho lo que, consiguientemente, esperamos conseguir a cambio. Pero posiblemente sí sea uno de los más comp

PIRATAS

No sé cómo se llamará la clase de asalto informático que acabo de padecer, pero seguro que tiene un nombre: una de esas empresas de pega que se anuncian mediante correos basura ha adjuntado nada menos que 47 comentarios a esta bitácora en cuestión de segundos. Cada uno de ellos contiene un elogio tópico ("excellent blog", "nice colour scheme", etc), seguido de un enlace con una sospechosa página. He perdido un buen rato rastreando esos comentarios fantasma y borrándolos: me niego a que este "blog" sea la plataforma publicitaria de nadie. Como medida cautelar, he restringido la posibilidad de adjuntar comentarios y ahora sólo permito los de usuarios registrados. Lo siento. En un plazo prudencial retiraré esta restricción, y será un placer seguir recibiendo comentarios de cualquiera.

SÍMBOLOS

Y es que con los símbolos pasa lo que con todo: envejecen, se gastan, se degradan, se descontextualizan. Cuando los rockabillies madrileños de los años ochenta hacían ondear en los conciertos la bandera confederada, seguramente no eran conscientes (¿o sí?) de que estaban haciendo uso de un símbolo de la esclavitud de los negros y la discriminación racial. El póster del Che que teníamos todos en nuestra habitación pasó al trastero o a los altillos, donde se apolilla tan orgullosamente como otros sueños revolucionarios que ahora, con más precisión, identificamos con otras tantas pesadillas. ¿Y el dichoso pañuelo palestino que tanta polvareda está levantando? La pregunta es la misma siempre: ¿a qué palestinos representa? ¿A los que sueñan con una sociedad democrática con posibilidades de desarrollo, una vez alcanzado alguna clase de entendimiento con Israel? ¿A los eternos irredentos? ¿A los corruptos? ¿A los fanáticos? A veces no sabe uno lo que se echa encima cuando se echa encima dete

ETC.

Digamos que un oportunista de derechas es todo aquel que espera que un oportunista de izquierdas haga cualquier tontería a partir de la cual se pueda iniciar una larga y encendida polémica que, a su vez, dé pie a todos los oportunistas de izquierdas para repetir sus latiguillos y sus gestos de superioridad moral. Etc., etc. (Cuándo habrá en este país un verdadero partido socialdemócrata y un verdadero partido liberal.)

ENVOLTORIOS

Al gobierno le preocupa lo exagerado de algunos envases y envoltorios y anda preparando una ley para limitarlos. Con razón: se compra uno un paquete de madalenas, pongo por caso, y, antes de mojarlas en el café (¿o era té?) y que acudan a tu memoria los recuerdos de tu proustiana juventud entre muchachas en flor, tienes que deshacer primero el envoltorio externo y luego las bolsitas individuales de cada una de las madalenas, en medio de un descorazonador crepitar de celofanes arrugados… O te enteras de que han empezado a reeditar, pongamos, las historietas completas del capitán Trueno, y vas al quiosco a pedirlas y el quiosquero te mira con lástima antes de endilgarte la enorme panoplia multicolor en la que están engarzados, envueltos en sus respectivos plásticos protectores, las dos primeras entregas. Con lo que no te cabe otro remedio que ir por la calle sosteniendo con las dos manos el enorme cartón, como un hombre-anuncio, o deshacer el envase en el mismo quiosco. Podría poner más

INADAPTADOS

¿Por qué esta certeza de que quienes asistimos a esta clase de reuniones llamadas "actos culturales" pertenecemos a una notoria secta de inadaptados? Y sin los posibles timbres de gloria que a veces se asocian a esa calificación. Es decir, no inadaptados por rebeldía, o por superioridad intelectual, o por habernos afiliado voluntariamente a una esfera espiritual más o menos alejada de la realidad cotidiana; sino inadaptados, simplemente, por un exceso de afectación que apenas disimula no pocas taras afectivas e incluso intelectivas. Henos aquí, aplaudiendo lo que nos aburre, sonriendo a quienes no quisiéramos tener al lado en ninguna otra circunstancia de la vida, yéndonos a casa sin haber denunciado la inanidad de todo este montaje. Y dispuestos a volver al próximo. En momentos así, envidia uno a los analfabetos.

MUNDO PORTÁTIL

–¿Le importaría echarle una miradita a nuestras cosas mientras nos damos un baño? Levanté la vista del libro. El hombre sonreía y señalaba con los ojos el conjunto casi cubista que formaban su sombrilla, de la que pendía una vistosa tela verde limón movida por el viento, una mochila, dos taburetes plegables… Asentí, no tanto al hombre como a su compañera, que lucía un topless tembloroso y vagamente mal avenido, como si cada pecho apuntase a un punto cardinal distinto. Noté cómo mi mujer enarcaba una ceja por encima de la revista tras la que eludía toda responsabilidad en mis tratos con los extraños. Éstos ya se alejaban hacia la orilla: él, con un trotecillo pseudoatlético, como esos turistas animosos de hace cien años que tomaban baños de mar por prescripción médica; ella, de puntillas y a pasos cortos, como si caminase por el borde de un volcán, la mancha dorada de su cuerpo partida en la cintura por el cordoncillo oscuro de su tanga. El declive terminó por borrármelos, o al menos

CORRE EL AIRE

Vargas Llosa hoy en El País: La abolición de los matices facilita mucho las cosas a la hora de juzgar a un ser humano, analizar una situación política, un problema social, un hecho de cultura, y permite dar rienda suelta a las filias y a las fobias personales sin censuras y sin el menor remordimiento. Pero es, también, la mejor manera de reemplazar las ideas por los estereotipos, el conocimiento racional por la pasión y el instinto, y de malentender trágicamente el mundo en que vivimos. Decir "matices" es decir "juicio propio", libre de esquemas impuestos, de ideologías prefabricadas. Y no es fácil. Ni cómodo. Hay una especie de cogollo donde, si uno comulga acríticamente con los tópicos de la corrección política imperante, los voluntarismos de buen tono, las versiones angelicales de la Historia, etc., uno puede sentirse como pez en el agua, aceptado, apoyado, tenido en cuenta. Fuera de ese núcleo campan, cierto, los lobos, los pirados, los extravagantes, lo soli

LIMPIEZA VERANIEGA

Una mano de pintura y... ya está. Todo reluce, la vida comienza de nuevo. Tal vez ése sea el sentido de estos zafarranchos de limpieza veraniegos. Y un poco de narcisismo, quizá, como cuando pasamos el plumero por el techo del coche (ese acto que algunos califican de onanista). Nos prolongamos en las cosas, tratamos de redimirnos en ellas. Lo decía J.RJ.: Qué quietas están las cosas / y qué bien se está con ellas... Y cuánto exigen de nosotros, cabría añadir.

MALOS TIEMPOS

Contratos millonarios, dignos de un futbolista, y beneficios igualmente espectaculares. Para algunos, una señal indiscutible de la excelente salud de la que goza nuestra industria del libro. Bueno. Pero pasa en esto lo que en cualquier otro sector productivo: semejante concentración de inversiones en unos pocos "productos-estrella" supone el abandono de infinidad de líneas de producción secundarias; léase: autores y colecciones minoritarias. Y lo curioso es que incluso las editoriales pequeñas, que no dependen de ningún grupo mediático o de la industria del entretenimiento, empiezan a regirse por esta política de jugárselo todo a unas pocas cartas, conseguir el máximo beneficio y renunciar a la apuesta propia. Malos tiempos. (Resistir.)

PICASSO Y LA RISA

Si le pidiésemos a un estudioso de Velázquez que nos explicase la complejidad de "Las Meninas" valiéndose de una pizarra y una tiza, o de un lienzo y unos pocos colores elementales; si éste estudioso resultase ser, además, un dibujante excepcional, especialmente dotado para la composición y las relaciones espaciales; y si, por último, el experto en cuestión fuese un partidario decidido del humor, el resultado sería parecido a alguna de las versiones del cuadro que nos deparó Picasso, y que ahora están expuestas* en El Prado, en una sala desde una de cuyas puertas puede contemplarse, a la distancia justa, el original velazqueño. Es de suponer que los responsables del Prado no han dejado el modelo a la vista para poner en evidencia su abrumadora superioridad sobre las versiones picassianas. Visto, ya digo, desde la abertura dispuesta al esfecto en esta exposición de Picasso, el de Velázquez es lo que tópicamente se ha dicho siempre: no un cuadro, sino una ventana abierta a otr

TERCERMUNDISTAS

Creo que el español es el único idioma en el que el adjetivo “tercermundista” tiene un valor peyorativo y se aplica libremente a cuestiones internas. Lo que, seguramente, tiene su explicación. Hemos sido “tercermundistas” hasta hace poco. O, al menos, hemos funcionado con los recursos y esquemas de un país subdesarrollado. No hace mucho conmemorábamos el veinticinco aniversario del fraude del aceite de colza. Cómo han palidecido las fotos de ese pasado cercano, cómo transparentan la realidad de un país que, en su fibra íntima, seguía acumulando décadas de retraso con respecto a Europa. Esa evidencia crece conforme retrocedemos en el tiempo y nos vamos adentrando en un país retrospectivamente cada vez más destartalado y precario, donde la gente gastaba trajes entallados y cabían ocho en un “Seiscientos”. Llevamos el tercermundismo a flor de piel, lo tenemos tan presente como el nuevo rico sus años de pobreza. E intuimos que todos los aditamentos que nos convierten en un país avanzado

UNA SEGUNDA VIDA (MOYANO, CALOR)

Ola de calor también en Moyano (o, mejor dicho, en el Paseo del Prado, que es donde está ahora provisionalmente ubicado el mercadillo de libros, a la espera de que terminen las obras en su emplazamiento original). Los libreros repiten los tópicos al uso en estos casos; las mujeres beben agua y se abanican. Pocos curiosos. Encuentro, en un montón de desecho, un ejemplar casi nuevo de Lolita en inglés, en una bonita edición de pastas duras, con prólogo de Martin Amis y epílogo del propio Nabokov. Me cobro la pieza y doy por buena la batida, pese al calor. Y ya voy de vuelta cuando reparo en un montoncito medio escondido tras una de las columnillas que sostienen el techo de uno de los puestos. Libros de poesía, siempre despreciados en este negocio, y puede que con razón: qué esmirriados, qué redichos en sus portaditas de cartulina mate, aristócratas venidos a menos o palurdos con pretensiones de esquisitez tipográfica y literaria. En fin. Pero la sorpresa viene cuando ojeo el montón y

HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE

-Adelante, señor López. -De ninguna manera, señor Otegui, usted primero. -Muchas gracias. -¿Qué le pido? ¿Un café? ¿Un croissant? ¿Un carajillo? -Como se nota que es usted españolista y castizo, señor López, ja. -Ja, ja, qué gracioso es usted, señor Otegui. ¿Sabe que empieza a resultarme simpático? -Yo también le quiero, señor López. -Bueno, a lo nuestro. ¿Cuándo dejan ustedes el pistolón? -No sé a qué se refiere. El único pistolón que conozco es el Magnum de Clint Eastwood en Harry el sucio . -Ahora es usted el que me ofende, señor Otegui. -¿No le gusta Clint Eastwood? -Creí que era una indirecta. -¿Creyó que me refería al...? No, hombre, eso está olvidado. -Uf, qué alivio, señor Otegui. -Qué alivio, señor López. Y, en justa reciprocidad, ¿no estarían ustedes dispuestos a olvidar también...? (continuará)

SUBRAYADOS

La primera vez que mi hija me vio aplicar un lápiz a un libro que estaba leyendo me gritó, escandalizada: “¡Papá, que los libros no se pintan!” Era lo que yo le había enseñado. Se ha dicho muchas veces que un niño al que no se le ponen límites ni obligaciones no se siente feliz, y que ése es el motivo de la infelicidad que aqueja a tantos niños malcriados. Bueno. Mi hija asumía con naturalidad uno de los pocos preceptos sagrados por los que me rijo: el respeto a los libros. Hubo que explicarle, naturalmente, que subrayar los libros no violaba sustancialmente ese precepto básico; que lo hacía para destacar ideas o frases que me parecían importantes. Pareció convencida. Otro signo de maduración moral es la aceptación de que las reglas tienen matices y excepciones. Y yo me sentí satisfecho de haber impartido un poco de doctrina práctica en uno de los campos que más me interesan. Por supuesto, en el colegio no tardó en aprender la utilidad de esta técnica. Con ing

FLACO FAVOR

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Acaba de reeditarse Haciendo de República , la recopilación de artículos de crítica antirrepublicana que Camba publicó por vez primera en 1934. La nueva edición, leo, mezcla los textos originariamente recopilados por Camba con otros escritos durante la guerra y jamás incorporados por el periodista gallego a libro alguno (y, significativamente, no representados en Mis páginas mejores -1952-, el mejor barómetro para medir sus preferencias). Con lo que creo que se le ha hecho un flaco favor a la memoria de su autor. En efecto, no es lo mismo poner en valor un valiente ejercicio de crítica del poder vigente (el libro de 1934), que acarrear con todo lo que parezca antirrepublicano para hacer del escritor gallego un puntal de la nueva y creciente guerra civil retrospectiva que se libra desde algunos medios. El libro del 34 es valioso por sí mismo, sin añadidos. Y está escrito por un escéptico convencido, que aplica a la República los mismos parámetros críticos con los que se había burlad

LAS MAÑANAS

Las mañanas arreglan el mundo. Y las tardes lo desordenan. (Claro que, a veces, es al revés)

POR PUNTOS

En realidad, el principio del carné por puntos -es decir, que uno cuente con determinada puntuación de partida, y vaya perdiendo puntos conforme comete errores o infracciones- podría aplicarse a casi todas las facetas de la existencia: el amor por puntos, la valía profesional por puntos, la paternidad, la buena vecindad, la ciudadanía, la amistad por puntos. Cuántos inhabilitados para casi todo lo importante habría entonces. Y sin posibilidad de redención.

EL MINUTO DIGNO

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Leo que, en su día, algún crítico puritano se despachó contra El aparta- mento diciendo que "trataba de una buscona a la que le iba mal, y que encima pretendía que la compadeciésemos". Y el caso es que, en cierto modo, tenía razón. Los personajes de Wilder no son nada ejemplares. El tipo que pone su apartamento a disposición de las juergas de sus jefes, el compositor de poca monta que pretende vender los favores de su mujer a un cantante mujeriego a cambio de que éste se interese por sus canciones, el borracho irredento que utiliza la compasión que inspira en las mujeres para sacarles unos dólares, todos ellos representan lo más bajo, lo más ruin de la naturaleza humana. La sabiduría de Wilder consiste en hacernos ver que, en el fondo, no son tan distintos de cualquiera de nosotros; que su comportamiento se ajusta a una moral egoísta más o menos homologada por la práctica social; y que esa ruindad no impide que aflore en ellos, en determinadas circunstancias, algún que otro