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Mostrando entradas de agosto, 2006

BUENOS DÍAS, PLUTÓN

Lo primero que deben hacer ustedes cuando tengan en sus manos los libros de texto del curso que está a punto de comenzar es mirar el de Ciencias Naturales. Si dice que hay nueve planetas en el sistema solar, malo: les han dado a ustedes un libro anticuado; o, por lo menos, un libro que no preveía algo que todo el mundo sabe, pero que, al parecer, no suelen tener en cuenta quienes se ocupan de la divulgación científica: que los destinos cambian, que lo que antaño era blanco, hogaño es negro; y que lo que ayer era planeta, y tenía nombre de dios del Olimpo y figuraba en la exclusiva nómina de nueve que aprendimos en la escuela, ya no lo es; y, si bien mantiene su nombre de dios (Plutón, el de los infiernos), ahora comparte categoría con una cohorte de cuerpos extravagantes, entre los que figura uno llamado Xena, como la princesa guerrera de la tele… Lo dicho: como es imposible que ninguna editorial haya podido adelantarse a este cambio, aprobado por la Unión Astronómica Internacional h

UNITED 93

Acudo a ver Vuelo 93 ( United 93 , de Paul Greengrass) por motivos casi profesionales: el año pasado di una conferencia sobre el cine de catástrofes, que luego convertí en ensayo para la revista Zut , y me sentía obligado a confrontar las opiniones vertidas en ese texto con lo que, a primera vista, parecía una nueva entrega del género “catástrofes aéreas” y una oportuna piedra de toque sobre la que examinar algunas de las tesis contenidas en ese ensayo. Después de ver cómo el cine nos había familiarizado con todo tipo de desastres, podía merecer la pena ver cómo se ocupaba de una de las pocas catástrofes reales que han desbordado ampliamente todas las previsiones del género. Nos referimos, claro está, a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Digamos ya que esa actitud distanciada por mi parte duró poco. Los preliminares de un vuelo doméstico, captados por la cámara de Greengrass con el nervio, la inmediatez y la inseguridad con que los hubiera captado un vídeoaficionado, no tar

LANZAS ROTAS

Leo hoy en El País una carta de alguien que aprovecha el affaire Grass para romper una lanza a favor del noruego Knut Hamsun , también premio Nobel, que apoyó la invasión nazi de su país y, consiguientemente, sufrió en la posguerra la postergación de su persona y el olvido de su obra. Olvido relativo: en España los libros de Hamsun figuraron en muchas colecciones de literatura popular hasta bien entrados los setenta, y hoy son fáciles de encontrar en las librerías de viejo a precios irrisorios (sé de una en la que toda la colección Reno se liquida a sesenta céntimos el ejemplar). Lo que me hace pensar si, en este como en otros casos, el problema no es tanto los errores políticos que perjudican la estimación futura de determinados autores, como el hecho de haber recibido un premio que, está comprobado, promete siempre más de lo que da y, por tanto, coloca a quien lo recibe en la incómoda posición de ofrecer a la posteridad un modelo permanente de integridad moral, cuando ya sabemos

DECADENCIAS

Una ciudad decadente incluso puede resultar un buen atractivo turístico. Una sociedad decadente, en cambio, invita a huir, a plantar los reales en otra parte donde se respire mejor. Por lo mismo, un camarero con aires de hidalgo venido a menos puede aportar su pizca de pintoresquismo a una terraza. Lo malo es cuando empieza a tirarte los platos. Cuánto se esfuerza uno, a veces, por caerles bien... a los camareros.

ESTUPIDEZ

Hay estúpidos natos, dice Camba, para añadir seguidamente que "la estupidez que deprime y que desmoraliza es esa estupidez trabajada, elaborada, cultivada artificialmente: esa estupidez impura, sin espontaneidad, que, más que una cosa positiva, más que verdadera estupidez, parece un fracaso del talento" . Hay trayectorias intelectuales fatalmente abocadas a este resultado. Es más: nadie puede descartar que sus desvelos y trabajos no puedan llevarle a la estupidez, es decir, al fracaso de su talento. Lo que no significa que se fracase en otros campos: cuántas trayectorias de éxito no se basan sino en la pura exhibición de la estupidez, cuántas satisfacciones se deben a ella. A veces, hasta se premia. Quizá lo más parecido a la estupidez, en el campo artístico e intelectual, sea el empecinamiento. Hay quien obtiene reconocimiento como poeta, músico, novelista o experto en canarios simplemente por haber insistido durante años en que tenía las cualidades necesarias para ser a

MANIFIESTO

Curioso este manifiesto sobre el que llama la atención el impagable Arcadi. No es sólo un desahogo o una mera declaración de intenciones y deseos. Es, sobre todo, una denuncia directa de determinadas prácticas pedagógicas más o menos rousseaunianas (aunque muchos de sus cultivadores estén más próximos a las ideas de Pol Pot, pongo por caso, que a las del propio Rousseau).

POUND

Ezra Pound: posiblemente, no el poeta que uno se llevaría a una isla desierta, pero sí un magnífico maestro de poetas. Acabo de leer su Homenaje a Sexto Propercio , uno de sus ejercicios de "traducción creativa". Pound subraya las discontinuidades y lagunas que presentan los textos del autor latino, lo aligera de retórica, cambia de sitio, e incluso de poema, párrafos enteros, introduce anacronismos, interpela al lector... Y el resultado es más Propercio -más nervio, más sentimiento agónico, más cinismo e ironía- que cualquiera de las desmañadas traducciones literales que debemos a los filólogos. Más Propercio, incluso, que el propio Propercio.

REPAROS

Siempre me ha llamado la atención la incapacidad de reacción de la ciudadanía ante ciertas agresiones cotidianas, en las que el verano suele ser especialmente pródigo. Pongamos que una pandilla de juerguistas decide ocupar una plazoleta y pasarse la noche bebiendo, cantando y dando voces. Alrededor hay edificios en los que, presumiblemente, centenares de personas desean dormir. Nadie protesta, nadie dice nada, ni siquiera es probable que alguien se moleste en llamar a la policía. A pesar de que –y esto es lo curioso–es muy posible que, en esa pequeña plazoleta, sean más quienes intentan dormir. Pero aquí la lógica numérica no cuenta: en la intimidad de sus dormitorios, cada uno de los vecinos que desea y no puede dormir está solo, desamparado, incapacitado para hacer valer su derecho, mientras que quienes vociferan en la calle, sean cinco o cinco mil, se amparan unos a otros en el anonimato de la masa, que les exime de toda responsabilidad y les presta una presencia de ánimo de la que,

UN MENÚ PERUANO *

Ceviche Amo al pescado, el plateado monarca que se agita en mis manos. Yo lo escucho y lo miro vibrante en mis sentidos, tal vez como en las costas libres de alguna gran bahía donde no hay pescadores que sumerjan sus redes. (Pablo Guevara) *** Anticuchos de corazón No era maná del cielo pero había comida para todos y amor de Dios (Antonio Cisneros) *** Papa rellena …llegan los indios -que lagrimean con los mosquitos hechos unos zonzos y toda la noche sienten reptar víbora como si hubieran tendido sus bayetas sobre un nidal - a cambiarnos papas, ollucos o cualquier cosa de la altura, por la coca, ají, plátanos y todas las frutas que aquí abundan ... (Ciro Alegría) *** Lomo saltado …y de pronto la vida en mi plato de pobre un magro trozo de celeste cerdo aquí en mi plato (Blanca Varela) *** Calamares fritos con yuca sancochada Una sartén dorada con un retrato de mi madre (César Moro) * Basado en la lectura del artículo "Lima está servida", de Toño Angulo Daneri,

CAMALEONES

Quizá lo verdaderamente interesante del caso Gunter Grass sea la luz que arroja sobre tantos presuntos agitadores de conciencias. Obliga, por lo menos, a la modestia. Y a la consideración, en fin, de unos cuantos agravios comparativos cometidos con muchos escritores cuya consideración posterior se ha visto muy condicionada por el grado de connivencia, o simple convivencia, que tuvieron con el régimen nazi. En esto, claro, como en todo, la cuestión del grado es importante: desde la militancia exhibicionista de un Guy de la Rochelle (que, dicen, vestía uniformes nazis para acudir a su despacho de director de la Nouvelle Revue Française ) hasta el silencio alimenticio del filósofo Heidegger, la bobería nacionalista y antibritánica del hoy olvidado premio Nobel noruego Knut Hamsun (véase la excelente película que sobre él hizo Jan Troell) o el rancio conservadurismo tradicional, mal comprendido, de Ernst Jünger. A todos ellos se les juzgó duramente desde las posiciones ideológicas de q

LA GUERRA DE LOS BOTONES

Hay películas que uno ha visto diez veces y olvidado otras tantas. No porque sean malas (si lo fueran, no volvería uno a verlas), sino porque la materia de la que están hechas es como ciertos alimentos: satisfacen y se digieren bien, pero, al cabo de dos horas, ni siquiera recuerda uno haber comido ese día. En cambio, hay películas que uno vio una sola vez, de niño, hace, pongamos, treinta y cinco años, y se recuerdan con una precisión y una nitidez absolutas. Volver a verlas es como explorar un ignoto rincón de nuestra memoria y tomar conciencia de que lo que allí se guardaba, sin que lo supiéramos, estaba gobernando nuestra sensibilidad y proponiendo una escala, una vara de medir, con la que contrastar otras situaciones (y no sólo películas) que pudieran tener algo que ver con la película en cuestión. Es una experiencia vertiginosa, una de las pocas que establece una continuidad clara entre el niño que fuimos y el adulto que somos, entre la edad intuitiva y receptiva y la edad analít

PANTOMIMAS (MÁS SOBRE LO MISMO)

No hay época perfecta, ni juventud sin errores (lo que no significa que no los haya también en la madurez). Los mejores superan discretamente, sin aspavientos, las limitaciones de su época y los errores de su juventud. Otros persisten en ellos. Y hay incluso quien explota hábilmente el espectáculo de la retractación. Los peores, con todo, son quienes llegan a la edad madura dispuestos a poner en pie una pantomima de los ideales que tuvieron en la juventud. Y a engañar a todos desde un autoengaño que, no hay que dudarlo, tampoco es inocente. (Conozco ejemplos, ay.)

G.G. y S.S.

Lo de G.G. es como lo de los alcóholicos en las películas americanas: me llamo G.G. y he pertenecido a las S.S. (aplausos por la confesión) . Muy aburrido todo. Como la literatura del propio G.G.

FINALES

Finales de agosto: una tarde de domingo que dura quince días.

UNA FOTO

Imagen
Chéjov y Gorki en Yalta, en 1900. No me gusta dármelas de fisionomista, y la verdad es que suelo hacer poco caso de la apariencia física de los escritores que admiro. No tengo ese fetichismo, y me irritan no poco esas biografías que intentan adjudicarle a algún retrato más o menos conocido del biografiado los rasgos morales que el biógrafo de antemano ha decidido que lo caracterizan. Sin embargo, debo reconocer que, por alguna razón, me han llamado mucho la atención las fotos de Chéjov que he encontrado a lo largo de la relectura de sus obras que ando haciendo este verano. Ese aspecto de hombre desengañado, sonriente en medio de su pesimismo, elegante en su desaliño, seguramente modesto y capaz, como muchos tímidos, de alternar la discreción más absoluta con alguna que otra salida de tono tan memorable como certera... Quiero decir que, en este caso, las imágenes verdaderamente aciertan a poner rostro a una obra literaria que tiene precisamente esas características. Pero me

EL INDECISO

No es fácil decidirse. Dice uno “playa” y la mente evoca de inmediato alguna tarde aislada del verano anterior en la que, con el sol ya bajo sobre el horizonte, uno no se animaba a recoger los trastos y volver a casa. El sol y el aire te habían fortalecido, el ocio y la compañía te habían infundido la certeza de haber ganado ese tiempo para una vida mejor, dos o tres baños te habían devuelto a la infancia, un bocadillo devorado con verdadero apetito (el apetito del niño que acaba de salir del agua) te había devuelto la fe en los placeres elementales, igual que la proximidad de algunos cuerpos semidesnudos (e incluso desnudos del todo) evocaba la posibilidad de un paraíso inocente, donde el cumplimiento de los deseos no fuese más que una cuestión de acortar distancias. Dice uno “playa” y eso es justo lo que quiere evocar: la idea de playa en su perfección, como suponemos que existe en el universo de las ideas, cerca de otras afines: la de verano, la de felicidad. Pero llega

ATAJO

"Era lo que parecía" (Chéjov): un atajo descriptivo. Y un insulto.

TRÍO (3)

(Después de volver a ver Eyes Wide Shut ) Una prueba de que el diablo debe de andar bastante ocupado es que casi nunca está disponible cuando uno está dispuesto a venderle su alma. *** De vez en cuando, Arcadi Espada se despacha con un aforismo impagable. Véase éste, de ayer, a propósito de un deshilachado editorial de El País: "Un etcétera es una petición de confianza. Hay que ganársela." *** El pesimismo extremo de Chéjov: una impecable doctrina literaria, una impracticable solución vital.

TRAYECTORIAS

Hojeo con placer, como siempre, el último número de la revista Númenor . Y, como siempre, me asalta la misma idea: estos jóvenes (los mayores deben de andar por los treinta y pocos) se han nutrido de lo que muchos lectores de mi edad descubrimos tardíamente y leímos con no pocas prevenciones: Tolkien, Chesterton, C. S. Lewis ... Para nosotros, fueron un punto de llegada, una llamada a la reflexión y una reconciliación con algunas cosas que habíamos ido dejando de lado en una trayectoria formativa forzosamente marcada por los prejuicios de una época especialmente pródiga en ellos. Es decir, empezamos leyendo a Hauser, a Adorno, a Reich (los habíamos heredado, vaya, de nuestros mentores y nuestros primos mayores, que eran los que nos prestaban los libros) y hemos acabado sintiendo una honda simpatía por las ideas de, pongamos, C. S. Lewis. Toda generación, supongo, ha de recorrer un camino parecido, hecho de renuncias y rectificaciones. Y eso es lo que me pregunto siempre que hojeo la be

SE RESPIRA MEJOR

Un director de cine decide hacer una película de denuncia social, cargada de mensaje y simbolismo… Pero sus jefes, los empresarios de la industria, le hacen ver que no sabe nada de eso, que ha tenido una vida acomodada y feliz, y que lo único que puede aspirar a transmitir es la suave intrascendencia que tópicamente se asocia al cine de Hollywood. El director, entonces, decide vestirse como un vagabundo y lanzarse a la carretera, para experimentar por sí mismo cómo viven los pobres. La primera parte del experimento va bien: a pocos metros de distancia le sigue una autocaravana (“un yate de tierra”) conducida por sus criados, que le sacan constantemente de apuros. Pero el azar interviene y el director experimentará en carne propia, y sin que nadie pueda ayudarlo, lo que es ser un desecho social. Y, desde esa condición, no me pregunten cómo, llega a la conclusión de que la risa, la evasión que proporciona el cine, es el único consuelo que tienen muchos desheredados. Con lo que estamos an

GESTOS

También los medios afines al gobierno le reprochan a su presidente que no haya interrumpido antes sus vacaciones con motivo de la oleada de incendios que azota Galicia. Bueno. La verdad, no sé en qué puede influir en la resolución de la catástrofe que ese hombre siga o no en su lugar de veraneo. Le basta con tener un teléfono a mano y llamar un par de veces al día al responsable sobre el terreno para preguntarle cómo van las cosas. Pero aquí la prensa es la primera en exigir gestos populistas. Lo hizo con lo del Prestige, estentóreamente. Y lo hace ahora de nuevo, forzando un paralelismo que, por lo menos, resulta de mal gusto.

PALADARES (Cuento de agosto)

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Alarmado por la presencia de unos bichitos de caparazón duro y crujiente, corrió a comprar un potente insecticida. De nada sirvieron las advertencias de su mujer: “Son bichitos de la fruta, no hacen nada”. Él tenía otras ideas al respecto. En sus años de estudiante en Madrid, había vivido en un piso interior atestado de cucarachas. Subían del patio de luces, salían de detrás de los muebles, brotaban del azucarero. Pequeñitas e insidiosas, alguna vez habían trepado a su cama.... “Déjalo, no tiene importancia”, le dijo su mujer. Pero él ya había abierto la puerta, sin siquiera molestarse en vestirse decentemente para bajar a la calle. En calzonas, arrastrando unas chanclas de goma desgastada, recorrió un tramo de acera, dobló una esquina y entró en el supermercado como quien entra en un dispensario en el segundo justo antes de desmayarse. Más calmado, examinó el estante de los insecticidas. Al otro lado del pasillo, un hombre de aspecto elegante hacía lo propio con el de los vinos. Los

LA IMPORTANCIA DE LAS PREPOSICIONES

No, no es miedo a la oscuridad; es miedo en la oscuridad. ¿A qué?

ESTE...

Este sentimiento de... saturación.

COSAS DE MINISTRO

Empieza uno a tener cosas de ministro... Quiero decir que, si hacemos caso de las entrevistillas veraniegas, muchas de las cosas que los ministros mencionan entre sus aficiones y referencias personales pertenecen al acervo de mi generación (un acervo mezclado y heteróclito, todo hay que decirlo, con muchos préstamos y herencias de las generaciones anterior y posterior). Siguiendo la teoría de las generaciones de Ortega, esto quiere decir que ya ha llegado uno a ese intervalo de edad en el que se supone que pertenece a la parte de la humanidad que realmente influye y toma decisiones, ya sea en el ámbito familiar, en el laboral, en el vecinal, etc..., ya que no (en mi caso) en el político o social. Tengo evidencias más bien de lo contrario: en todos esos ámbitos, tengo la sensación de que, apenas se ha retirado la generación precedente, otros más jóvenes que yo han tomado el relevo. Para ser del todo exacta, la teoría de Ortega debería prever estos saltos: algunas generaciones son, sen

SÓLO TIENEN

Juventud, melancolía. La futilidad, la inconsistencia de las vidas ajenas sólo tienen un inconveniente: te hacen ver la futilidad, la inconsistencia, de la propia. (Indigestión.)

CUERPOS EXTRAÑOS

La gente rica siempre tiene a su lado algún parásito; las ciencias y las artes, también. No creo que exista en el mundo ningún arte ni ciencia que se vean libres de "cuerpos extraños"... (Chéjov, en "Una historia aburrida"). Totalmente cierto. Pero también lo es que, estrictamente hablando, el único modo de acercarse a la ciencia o al arte es en calidad de "cuerpo extraño". Todos somos intrusos o impostores, hasta que el tiempo, el juicio ajeno o la evanescente conciencia propia de estar empeñados en algo consistente demuestren lo contrario, o nos absuelvan de esa sospecha. Una absolución que, en todo caso, es también y sólo temporal. Claro que lo ideal sería trabajar sin estar pendientes de ese veredicto. Mientras los impostores tratan de ganarse desesperadamente (algunos, incluso después de muertos) el favor del jurado.

A MÁS DE UNO

Con la agonía de Castro, a más de uno que yo me sé se le debe de estar poniendo cara de viuda.

SERPIENTES DE VERANO

Con una nueva guerra declarada en Oriente Medio, varias crisis humanitarias abiertas y alguna que otra convocatoria electoral inminente, no parece que este agosto vaya a necesitar “serpientes de verano”; es decir, esa clase de noticias superficiales y sensacionalistas que permiten llenar los periódicos cuando no pasa nada, o cuando las redacciones tienen a la mitad de la plantilla de vacaciones. De hecho, muchas noticias típicamente agosteñas han sido ya dilapidadas, como si quienes se dedican a esto anduviesen sobrados de material y hubieran decidido no hacer reservas. Podría haberse guardado para agosto, por ejemplo, la conmemoración del sesenta aniversario del bikini: hubiera dado para más de una contraportada y para un sinfín de reportajes dominicales en los que repetir la foto de Raquel Welch en “Hace un millón de años”, o la de Ursula Andress saliendo del agua con un cuchillo engarzado en el elástico de la parte inferior de su dos-piezas. Había materia, incluso, para un poco de

LA SELVA

A propósito de las películas que mencionábamos ayer, quedó pendiente la cuestión de por qué nos resultan tan atractivas, por qué han contado siempre con el favor del público. Supongo que, primariamente, por apelar a la nostalgia de la infancia, que es un campo sentimental en el que es relativamente fácil concitar simpatías. Y, más específicamente, por aludir a una mezcla un tanto contradictoria, pero poderosamente atractiva, de valores que cuentan -o han contado hasta ahora- con el favor de las sociedades occidentales: la formación dentro de un espíritu de clase o grupo que dé sentido de pertenencia, el aprendizaje de códigos objetivos de conducta, la admiración por el saber, encarnado en los profesores... Claro que también hay, dentro de este género, una corriente que invierte esos valores, y en la que se destaca la capacidad del individuo para sustraerse a la presión de la institución y del grupo. Es la otra cara de la moneda, igualmente halagadora para el público, que encuentra en e