Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2006

DE QUÉ

Estudios "de género", sí. Pero ¿de qué género?

PINTURA

Un pie de perchero; un vídeo en el que se ve a su autor cantando, disfrazado de vaquero; unos cuadros pintados con mierda de elefante… La famosa Tate Gallery londinense ha pagado, respectivamente, 600.000, 151.000 y 880.000 euros por estas presuntas “obras de arte”. Es el propio museo el que ha revelado el dato, al parecer sin sonrojarse. Y al leerlo, no puedo dejar de pensar en algunos amigos míos pintores; ninguno de los cuales, como podrán ustedes imaginar, ha cobrado jamás una cifra así por una obra suya. No le he preguntado a ninguno qué piensa al respecto. Por experiencia sé que son gente de criterio amplio, que no se asusta de nada, y a quienes, por tanto, no creo que sorprenda que un colega suyo vaya al zoo de Londres a abastecerse de materia prima para unos cuadros que luego venderá como si fueran de Velázquez, o que otro haga pasar por arte uno de esos trastos que las personas normales arrumbamos al trastero, o un vídeo de aficionado… No, no se asustarán de nada. Pero el caso

C'EST MOI

X. acaba de publicar el tercer tomo (seiscientas páginas, creo) de lo que llama "su trilogía del siglo XX", y dice que ha tomado como modelo Guerra y paz ... Qué pretensiones, Dios mío. Incluso para un hispanoamericano. La verdad es que esto de la novela se ha desbordado. Ya no vale eso de "Madame Bovary, c'est moi", que dijo Flaubert. La novela es ya cualquier cosa antes que un trozo de discurso vinculado a una sensibilidad activa, hecha lenguaje... Es decir, cualquier cosa antes que literatura. Hay excepciones (parciales, casi siempre). Y el resto es eso: ambición desmedida, oportunismo, mercadotecnia... y jeta.

IDOMENEO

Los responsables de la Ópera de Berlín deciden suspender las representaciones programadas de la ópera Idomeneo de Mozart por temor a que el montaje pudiera ofender a quienes profesan la religión islámica...; y, de paso, supongo, a quienes profesan el paganismo, el budismo y el cristianismo, ya que la presunta ofensa reside en el hecho de que este montaje muestra las cabezas cortadas de Mahoma, Neptuno (en realidad, la única divinidad aludida en el original mozartiano), Buda y Cristo. Los fieles de todas estas religiones, en fin, pueden considerarse de enhorabuena: se han hecho respetar, aunque sólo sea por el temor que inspiran los partidarios de una de ellas. Una vez más, la única feligresía que puede considerarse ofendida por el desenlace de este asunto es la que forman los fieles de la más desasistida de las divinidades, la única que actualmente puede ser escarnecida impunemente, sin que nadie mueva un dedo: la diosa Razón. *** Como el valor al soldado no fogueado, así el amor a

RANAS Y REYES

Todos están convencidos -o eso dicen- de estar contra "el sistema". Ello les proporciona, incluso, una coartada estética: visten de manera poco convencional, se retuercen bajo los guitarrazos de los grupos de rock "radicales", profesan la difusa ética de la marginalidad urbana. Eso dicen. Pero salen al escenario unos encapuchados enarbolando una ametralladora y los aplauden a rabiar. Sin pensar que esos encapuchados, si alguna vez llegaran a gobernar, lo primero que harían sería afeitarles las greñas, enjaular a sus músicos preferidos y hacerles marcar el paso a todos. Todo por la patria, que no quiere vagos, ni marginales, ni ruido disonante. Y aplauden, y sueltan ese españolísimo grito de "Vivan las caenas". Como contaba Esopo de aquellas ranas que pidieron a Júpiter un rey, y éste les mandó un dragón que se las comió a todas. (Claro que, primero, les mandó un tronco que no hizo otra cosa que flotar en la charca.)

ARQUITECTURA

Sobre la religiosidad de algunos: "Más que amor a Dios, era amor a la arquitectura gótica" (Chesterton).

MISTERIOS

Detiene el coche a las siete de la mañana de un domingo frente a la ventana de un amigo con el que ha quedado, pongamos, para ir a pescar. Para llamarlo, toca el claxon tres, cuatro veces. Calculo que unas quinientas personas han oído la llamada. De las cuales, se puede deducir que un noventa o un noventa y cinco por ciento -reservemos un cierto porcentaje a los insomnes, a los incontinentes, a los madrugadores insobornables- dormía plácidamente. Y nadie se asoma a protestar, nadie le arroja una maceta, nadie llama a la policía. Y él, con la conciencia tranquila, sin imaginarse siquiera que haya podido cometer un crimen de leso civismo. Lo veo acelerar calle abajo, extendiendo un poco más la infecta nube de ruido y humo que lleva consigo. Un hombre sin complejos. Un hombre feliz. *** Sí, hay niños que vienen de París o que los trae la cigüeña. No cree uno posible que pudieran haber tenido otro origen. *** Aquí no tenemos prisa, parece decir esa tendera, mientras atiende el menude

Z.

El "caso Zenobia": no conozco otro ejemplo en que la constatación diaria de las debilidades humanas del cónyuge (en este caso, una neurosis con la que no debía de ser nada fácil convivir) no suponga merma alguna en el reconocimiento de su valía intelectual y artística, ni impida una colaboración leal en todas aquellas tareas asociadas a la actividad de una mente así, incluyendo la gestión de ciertos asuntos prácticos. Los hechos son tan elocuentes que ni siquiera admiten la tergiversación maliciosa. Y se ha intentado. Vaya que si se ha intentado.

LA HUELLA

En un bar al que solía ir hace años, recuerdo, tenían la costumbre de anotar con tiza las deudas de algunos parroquianos. De vez en cuando, sobre aquellas sartas de cifras aparecía una tachadura redentora, con la que quedaba saldada la deuda. Algunas jamás se saldaban, y crecían y crecían hasta cubrir la distancia que iba desde donde alcanzaba el brazo del tabernero hasta el mismo suelo. Había una, en concreto, que ya había echado raíces cuando empecé a frecuentar el local. La coronaba, como era costumbre, el apelativo del deudor: un tal Maline. El hecho de que la cuenta permaneciera inalterada indicaba, tal vez, que el tal Maline ya no iba por allí; e incluso que quizá hubiera muerto. Pero ahí estaba su historia, escrita en enigmáticas cifras de dos o tres dígitos, algunas moderadas, otras no tanto: tras unas cuantas anotaciones comedidas, digamos, las siguientes seis o siete cuadruplicaban o quintuplicaban la cuantía de las anteriores. Al verlas, se preguntaba uno si no sería el prop

INAPELABLE

La exhibición corporal suele responder a un código tan estricto como el que rige el pudor. Y lo que verdaderamente molesta, o inquieta, de ambas conductas es que las más de las veces presuponen un juicio de valor precipitado, y con frecuencia inapelable, sobre el espectador. *** Tardo cuarenta y cinco minutos en recorrer unos pocos cientos de metros en el centro de la ciudad. Encuentros con gente, cada uno portador de sus historias. Y algunas conclusiones que se imponen por sí solas: a) aquí todos nos conocemos demasiado; b) aquí todos dependemos demasiado de los otros; y c) si fuera al revés, daría exactamente igual. *** Esa indiferencia que sientes hacia gente que, con el reloj y el calendario en la mano, comparte contigo más tiempo que tus allegados más inmediatos. Veinte, treinta años sin intercambiar otra cosa que unos "buenos días". Y que, al menor altercado, se convierten en veinte o treinta años de testimonios inapelables (es la segunda vez que aparece esta pala

UN ASUNTO LOCAL

He publicado hoy esta "tribuna libre" en Diario de Cádiz, sobre Alcances, la muestra cinematográfica que se celebra anualmente en nuestra ciudad. NO ES ESTO Es cierto que Alcances, como declaraban sus responsables a este periódico en vísperas de la actual edición, ha tenido que variar sus planteamientos varias veces a lo largo de su andadura. Estos cambios, habría que añadir, se han hecho siempre en aras del realismo, para consolidar la Muestra y asegurar su supervivencia. Así sucedió, por ejemplo, en 1993, cuando la Sección Oficial, de carácter competitivo, y hasta entonces abierta a películas de todo el mundo, quedó limitada al cine español. El propio Fernando Quiñones, fundador de la Muestra y todavía entonces, ya retirado de responsabilidades organizativas, animador y defensor de la misma, asumió el cambio con pragmatismo: lo importante, decía, era que se proyectase en la ciudad el cine que habitualmente no tenía cabida en las pantallas comerciales. En ese sentido, el

VIAJAR SOLO

Nada más inquietante que la derecha cuando hace política presuntamente de izquierdas. Lo llamamos "populismo" o "demagogia". Nada más tranquilizador, en cambio, que la izquierda haciendo política de derechas. Lo llamamos "moderación". *** Conversación sobre los atractivos de viajar solo. Doy la razón a todo lo que me dicen. Y me guardo una cosa. Esos instantes en que uno, encerrado en la habitación de un hotel o más o menos perdido en la sala de espera de un aeropuerto, cree percibir un olorcillo a azufre alrededor. Y le falta poco para decidir que lo que tiene que venderle al portador del olorcillo ni siquiera admite grandes regateos. *** El mar ya no está para turistas.

UN PAVO CON UN HIGO CHUMBO EN EL PICO

No soy dado a sentimentalizar sobre los animales. Pero a veces, reconozco, llega a conmoverme el punto de incongruencia y de absurdo que aportan, por mero contraste, a la seriedad impostada de los actos humanos. La nula dignidad (y ni falta que les hace) con que una piara de cerdos se apelotona tras un vallado al paso de unos excursionistas. El gesto de desdén (tan parecido al de algunas mujeres feas) con que te mira una cabra encaramada a un pedrusco. Los aires de suficiencia que rezuma un pavo que se te atraviesa en la carretera llevando en el pico (absurdo de los absurdos) un higo chumbo... Imágenes captadas ayer mismo, y que todavía me hacen sonreír. Y uno con sus prisas, con su exceso de autoconciencia, con su dignidad tan fácilmente herida por un adelantamiento indebido o por las desatenciones de un camarero...

EL CARRO

El amor, sí. Este modo de llenar el carro de la compra como si fúésemos a pasar una semana perdidos en un refugio de montaña.

GIGANTES

Imagen
Recibidos ayer los primeros ejemplares de este nuevo libro mío, del que he dado algún anticipo en esta "bitácora".

IL PLEUT

Ayer no se podía estar en mi terraza habitual del mediodía. Un viento desagradable, molesto, cargado de humedad y malas intenciones, castigaba las mesas y los periódicos. El otoño irrumpe sin avisar. La utopía veraniega se desbarata. Los camareros, poco dispuestos y de mal humor. Il pleut dans mon coeur . Bueno, todavía no es para tanto. Pero llegará. *** No te enfangues en asuntos locales. Pero, si uno no se enfanga precisamente en estos asuntos, ¿en qué otro charco se iba a meter? *** También los pechos sonríen, como decía ayer de las nalgas. Pero de otro modo. Como mirándote con ojillos puntiagudos.

DETRITUS

El libro-objeto de arte sobre Bacon que lady Forster -nuestra televisiva Elena Ochoa- acaba de publicar se titula Detritus . La vocación excrementicia del arte moderno, desde el urinario de Marcel Duchamp a las latas de merda d'artista que custodian las benditas vitrinas del Reina Sofía... Está uno de acuerdo en pocas cosas con Margaret Thatcher. Pero no me parece mal del todo su definición de Bacon: "ese hombre horrible que pinta cuadros horribles". Frase, por cierto, que parece hacer mucha gracia a los defensores de Bacon. *** Nuestra administración se declara abiertamente roussoniana: desde una directora de prisión, de la que leo una entrevista en una revistilla femenina, a las altas instancias educativas, que se defienden de los vergonzosos datos sobre nuestro sistema escolar aportados por los informes internacionales diciendo que no es bueno suspender tanto y hacer que los niños repitan de curso. Rousseau puro: los niños son buenos, es la escuela irredenta e inf

LÓPEZ EN SINGAPUR

Una de las anécdotas que más se reiteran en estos primeros días de septiembre es la que refiere inesperados encuentros con conocidos en los lugares más improbables. Va uno a Singapur, pongo por caso, y en el aeropuerto, mientras hace cola para facturar las maletas, repara en una nuca que le resulta familiar. El dueño de esa nuca se vuelve, o hace un gesto inconfundible, o pronuncia unas palabras, y uno no da crédito a lo que ve u oye: ¡López en Singapur! El mismo al que dejamos sentado en una mesa de la oficina, rumiando su desidia y sus rencores. O el que procuramos evitar en la escalera, por no oírle referirnos por enésima vez sus razonadas protestas contra la comunidad de vecinos. O el que habíamos olvidado ya en esa bruma espesa en la que ocultamos lo que también deseamos olvidar de nosotros mismos: los pecadillos de juventud, las pifias del inexperto, las complicidades no buscadas. Ese López, que ahora recompone su gesto de sorpresa y lo sustituye por la más cordial de las sonrisa

LITERATURA

Después de responder durante un buen rato a las preguntas de mi hija sobre algunos libros visibles en las estanterías del pasillo, le digo que es una de las pocas personas con las que puedo hablar de literatura. Sorprendida, me pregunta: ¿de qué hablan entonces los escritores cuando se reúnen? ¿De qué va a ser? De dinero, como todo el mundo.

COMO HOY

Era, como hoy, vísperas de comienzos de curso. De un curso que se anunciaba malo, y que encarábamos sin muchas ganas. Esa mañana habíamos discutido agriamente sobre el reparto de grupos y horarios. Llegaba uno a casa con su cantinela quejumbrosa. La radio no atendida sonaba como rumor de fondo. De pronto, la certeza de que lo que estaba contando era decididamente raro , y la intuición de que la verdadera noticia estaba en la televisión. Dejamos el almuerzo a medias y nos sentamos frente al aparato. Desde los acontecimientos de Ermua o el golpe de Tejero, no habíamos tenido esta sensación de que sólo la contemplación, entre fascinada y horrorizada, de los acontecimientos te mantenía unido al pulso histórico, y que apartar la mirada era quedarse fuera. También estaba mi hija de seis años. ¿Cómo explicarle lo que estaba pasando, cómo explicarle nuestras propias reacciones? No sentimos miedo. Más bien, una curiosa mezcla de fascinación, conmiseración, horror. Y, también, la melancólica con

YO SÍ

Cuando la semana se te presenta por delante en forma de agenda llena de encargos y obligaciones, vivirla no es exactamente entregarse al libre fluir del tiempo. Vivir una semana así es, más bien, zanjarla. *** Yo sí pude acabar Rayuela , amigo Baltanás. E incluso releerla en un par de ocasiones. No por entusiasmo hacia sus rarezas técnicas (bastante obvias y previsibles, por otra parte), sino por una especie de ingenua y desinformada y bisoña simpatía hacia su mundillo. Tan falso (y tan verdadero) como, pongo por caso, el de las novelas de Sissi. Sólo que había una cierta correspondencia entre ese mundo y determinadas expectativas, digamos, juveniles. El desaliño, el sentimentalismo desbaratado y nihilista, la pedantería más o menos autoparódica, la coquetería del desorden vital asumido, el jazz . Alguna vez estos ingredientes nos proporcionaron coartadas o redundaron a favor de nuestro ego más o menos maltratado (incluyendo, en fin, el ego literario en ciernes). Por eso ahora sí q

TRÍO (5)

Cada vez que encuentro un error de sintaxis o vocabulario en la prosa de un hispanista, tengo la impresión de estar escuchando una de esas imitaciones de extranjeros hablando español que hacen los humoristas. Como la Doña Croqueta del incalificable Juanito Navarro o los americanos de los Morancos. *** Siempre he estado contra la pena de muerte, por la misma razón por la que estoy contra cualquier abuso de poder por parte del estado. Pero no creo que la oposición a la pena de muerte gane partidarios por el procedimiento de contar la vida y milagros de ciertos condenados cuyo "perfil delincuencial" -por emplear una expresión oída a algún ministro del interior- responde claramente al tipo de lo que los folletinistas llamaban "carne de horca". *** Me devuelven el saludo. Y yo sólo estaba espantando una mosca.

CLARO QUE

Claro que también resulta hasta cierto punto consolador constatar que todo sigue igual. Lo que, de nuevo, justifica nuestra necesidad de atenernos a un tiempo circular y recurrente. Por duro que parezca comenzar un nuevo ciclo, cuenta a nuestro favor la evidencia de que hemos sobrevivido más o menos airosamente a todos los anteriores. Quizá por eso la vida pasa tan rápida para los adultos: siempre estamos anticipando el final del periodo en el que estamos, ya sea la semana, el mes, el curso o el año. Deseando que termine algo, que llegue la deseada tregua. Y en eso somos como el rey Midas: nuestros deseos fatalmente se cumplen.

SÍNDROME

Eso de que el tiempo es circular es una chorrada. Las estaciones, los ciclos del año, las recurrencias de la vida son modos de segmentar, de hacer más manejable, esa horrorosa línea continua de tiempo acumulado que se inicia con nuestro nacimiento y termina donde todos sabemos. Pero la circularidad es también una ilusión confortadora: deseamos reinventarnos al inicio de cada ciclo, ser tan nuevos como la cuenta nueva que se abre cada vez. Deseamos presentarnos ante quienes ya nos conocían de ciclos anteriores como si fuésemos otros; o, al menos, como si nos hubiésemos renovado sustancialmente, y fuéramos algo así como una versión mejorada de nosotros mismos. Y, claro, no resulta. Es como cuando nos reencontramos con un pariente al que no vemos desde la infancia. Aunque hayamos llegado a ser, pongo por caso, prestigiosos ciéntificos, o estimados profesionales, o consumados hombres de mundo, este pariente no verá en nosotros más que al niño que se cagaba en los pantalones. Algunos lo l

PUNTOS

Recuerdo a una medio novia mía que, cada vez que yo revelaba alguna faceta de mi carácter que no casaba con sus expectativas, me decía: “estás perdiendo puntos”. Como quiera que muchas de esas expectativas suyas se referían a la vigencia de ciertos tópicos entonces en boga, esta salida de tono me causaba una impresión ambigua: me desesperaba, por una parte, porque no veía el modo de recuperar los “puntos” perdidos; pero, por otra, me llenaba de un secreto orgullo: el de la disidencia. En cierto modo, no he hecho otra cosa que “perder puntos” desde entonces. Casi se podría decir que escribo para perder puntos; y que, si algo le debo a esa chica, y a otras, es esta voluntad algo suicida de tirar puntos por la borda a cambio de reafirmarme en mi modo de pensar. Por eso me ha llamado tanto la atención que el balance de incidencias de tráfico de este verano incluya también el total de puntos perdidos por los conductores en las infracciones detectadas: consecuencia lógica de la implantación

INSOMNIOS

A veces la actividad intelectual (e imaginativa, y resolutiva) es tan intensa durante los insomnios, que al día siguiente uno está agotado; no por no haber dormido, sino porque la cabeza no da para más. Lástima que no quede constancia de ninguna de las decisiones tomadas a esas horas.

TRÍO (4)

Cada vez que el cine español se empeña en hacer una "superproducción" histórica, resucita el fantasma de Cifesa. ¡Esa batalla de Rocroi rodada con cuatro extras! ¡Esos barcos de cartón que ni se menean! Tan españoles, en fin, como la melancólica bravuconería del capitán Alatriste. *** Stendhal, citado por Camba: "Los celos no son sentimientos de mujer rubia". Cada uno cita lo que le conviene. Por eso Camba cita a Stendhal (o a Heine, o a Daudet) y yo, en fin, al propio Camba. *** Solución para una tarde de domingo: The Crowd (1928), de King Vidor. Un título más para ese género de películas "sobre Nueva York" que he preconizado en alguna otra entrada. Y, sobre todo, una espléndida indagación en lo irreductible de nuestra soledad, en la imposibilidad de comunicar nuestro dolor o nuestras preocupaciones a la multitud que nos rodea, en la necesidad de defender el pequeño espacio íntimo que las circunstancias nos hayan deparado, por precario que éste sea

ARROZ CALDOSO DE BOGAVANTE

Imagen
La receta, que leo en un suplemento dominical atrasado, empieza así: "Verter vinagre en la cabeza del bogavante para que se muera..."

FISIOLOGÍA Y SUEÑOS

A ver cómo lo explico: cuando uno tiene ganas de orinar y, por no levantarse de la cama y renunciar definitivamente a ese estado de semiconsciencia en que los sueños se mezclan libremente con percepciones reales, se aguanta hasta que no tiene más remedio que ceder a la urgencia y acudir al baño. Y es como si los sueños se desaguasen por la taza.