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Mostrando entradas de noviembre, 2006

PUBLICIDAD

Hablando con un amigo editor, se me pasa por la cabeza (y la suelto, tal cual) esta ocurrencia respecto a la eterna dicotomía entre el éxito de público y el éxito de crítica. Supongo que éste último -le digo- se mide por las reseñas conseguidas por el libro en cuestión. Y el valor de cambio de una reseña bien pudiera tasarse, en fin, en lo que valga un anuncio del mismo formato que ella publicado en las mismas páginas. Así, una reseña en Babelia , pongo por caso, debería aportar a la teórica cuenta de beneficios del libro el precio de un anuncio del mismo tamaño publicado en ese medio. Al fin y al cabo, eso es lo que el público ve: el espacio ocupado y el tamaño de la foto. Y se ha dado el caso de algún libro que, habiendo cosechado muy malas críticas, ha llegado a ser un éxito gracias, imagino, al efecto que la mera existencia de esas críticas (del espacio que ocupan) tiene sobre el público que hojea (quién va más allá) los suplementos. Claro que este cálculo deja fuera las, en

PASEO MARÍTIMO

From hell with love ("Desde el infierno con amor"), leo en una de las pintadas que afean el murete que sirve de barandilla al paseo marítimo. Lo de menos, en fin, es que el mensaje esté en inglés, o que la pintura con la que ha sido trazado amenace con ser más duradera que la propia pared que le sirve de soporte o, ya que estamos en ello, el propio paseo marítimo, tan baqueteado por los últimos temporales. Lo que verdaderamente ofende de este bárbaro acto de escritura es... su cursilería. Qué cursis, qué relamidas, qué redichas suelen ser, la mayoría de las veces, estas manifestaciones presuntamente marginales o radicales. Qué poco "maldito" es, casi siempre, el malditismo juvenil. Qué infierno ése tan poco infernal, en el que hay pinturas de colores, como en las guarderías, y estafeta de correos. *** Ese gato no lee las pintadas. Se ha quedado dormido panza arriba sobre uno de los bloques de la escollera. Envidia uno esa especie de abandono sin edad: esa blandu

NADERÍAS

Claro que también estaba aquella otra cafetería que, a apenas unos metros del restaurante de marras, te permitía demorarte más de una hora en el mostrador, mientras comías un par de tostas bastante apetitosas, acompañadas de una generosa copa de vino (del Bierzo, por más señas), y leías los periódicos de la casa. Un detalle: a un par de ruidosos ejecutivos, trajeados de azul marino, que llegaron después les dijeron que la cocina ya estaba cerrada, justo cuando a ti acababan de tomarte el segundo pedido. *** El verdadero misterio no está en quienes comen solos, un poco cansados de sí mismos, sino en esas parejas o tríos de mujeres bellísimas que almuerzan naderías (ensaladas, bocadillos vegetales, refrescos sin azúcar), hablan y ríen muchísimo y se sacuden las miradas de los desconocidos a golpes de melena rubia. *** Y esa lluvia higiénica, lavando la ciudad y los malos pensamientos.

SOLITARIOS

¿No da la impresión de que el trajín que se traen los políticos se está trasladando a la vida cotidiana? Llama la atención la prontitud con la que, al menor desacuerdo en el ámbito que sea (laboral, vecinal, amistoso), unos se apuntan al bando arrogante de los que se creen bendecidos por la razón histórica y otros, con igual celeridad, se cierran en banda a toda posibilidad de cambio razonado y razonable. Noveleros insufribles y reaccionarios recalcitrantes. Y ay de quien no deje lo suficientemente clara su filiación. *** También esto es literatura: "Terrorismo -dice José Luis García Martín en A decir verdad , la última entrega de sus diarios- es la utilización de la violencia al margen de la legalidad para conseguir objetivos políticos que no compartimos " (el subrayado es mío). Literatura, en fin, por lo que tiene de sutil manipulación de una formulación jurídica para, mediante la ironía, marcar distancias y dejar traslucir un malestar personal... que muchos sí compartim

HAZAÑAS

(Me salió moralista el artículo de la semana. En fin.) Raro es el día en que la prensa no trae una nueva historia de éxito fulminante: el adolescente X ha ganado el campeonato del mundo de tal o cual modalidad deportiva, la jovencita Y ha firmado un jugoso contrato con una conocida marca de productos de belleza, el imberbe cantante Z inicia una nueva gira triunfal… Quiere uno pensar que los derroches retóricos con los que se da cuenta de estas hazañas no son del todo inapropiados: sin duda, tanto el deportista como la modelo o el cantante han hecho grandes esfuerzos para llegar a donde han llegado, y el éxito no es sino la justa recompensa que merecen. Intuye uno también que estas historias fulgurantes encubren no pocos fracasos menores: con todos sus millones, X aún no ha tenido tiempo ni reposo para terminar la secundaria, Y lucha con un demonio que la tienta a comer chocolatinas, Z mira ya a los entrevistadores con la mirada extraviada de quien hace años que perdió la sensación de

BAROJA

He publicado en El Cultural esta reseña del último tomo de la edición de las Memorias de Baroja que acaba de sacar Tusquets. Como creo que el contenido de dicha reseña tiene que ver con algunas cuestiones que ya se han discutido en este "blog", me parece oportuno reproducirla aquí .

INFILTRADOS

Lo que a muchos no les gusta de Infiltrados , la última de Scorsese, es que el desenlace no deje vivo ni al apuntador. Entiendo el reparo, pero no sabría decir quién saca las cosas de quicio: si el director, con ese final propio de película juvenil pasada de rosca, o la amplia parroquia cinéfila que siempre le ha sido incondicional, y que ahora se ve en apuros para justificar una película con tan pocos asideros. Por supuesto, quien necesite coartadas terminará encontrándolas: el elemento étnico, esta vez irlandés; el crudo retrato de la corrupción policial; la sorprendente y eficacísima banda sonora... Pero no hace falta llegar tan lejos: lo mejor de la película es, precisamente, su falta de pretensiones. Jack Nicholson interpreta un gángster claramente paródico; también lo son los policías, con ese lenguaje chulesco que, más que hacerlos parecer más duros, les presta una sorprendente y originalísima aura de inmadurez: así sólo hablan los niñatos. He ahí la cuestión: esto es un juego

MADRID, OTRA VEZ

Hay realidades que parecen estar ahí, a la espera de que alguien se las apropie. La luz otoñal de Madrid, por ejemplo, a media tarde, cuando un sol cegador, de un amarillo intenso, enfila la calle Alcalá y dificulta notablemente recorrerla en dirección ascendente, hacia el centro. Esa luz fue de Goya cuando en estos parajes había otros elementos y otras posibilidades de mirar, y ahora pertenece a Antonio López: no puede dejar uno de pensar en los cuadros de éste al contemplarla. Aunque ni siquiera te guste mucho Antonio Lópéz. *** Boda de gaditanos en Madrid. Ligero ambiente impostado de emigrés que mantienen un culto a las cosas de la tierra más atento y mejor informado que el que puedan pretender quienes nunca han salido de ella . Eso sí, sin renunciar al distanciamiento irónico que los de allá cultivamos como recurso de defensa propia; sólo que ellos no tienen ya necesidad de defenderse de nada, salvo de las trampas de la nostalgia. Con lo que el efecto es demoledor: vuelve uno

ENSAIMADAS

Finalmente las autoridades aeroportuarias han tenido que transigir: pese a lo estricto de las normas que prohíben llevar líquidos de cualquier clase en las cabinas de los aviones, se permitirá que los viajeros porten las ricas ensaimadas que venden en el aeropuerto de Mallorca, a pesar del relleno viscoso que las caracteriza. Puede que algún terrorista haya tomado nota y ande ya urdiendo una ensaimada rellena de explosivo líquido… Todo es posible en este desquiciado mundo, y lo único que no lo es, digan lo que digan las autoridades, es la pretensión de seguridad absoluta. Más que el cine, es la propia vida cotidiana la que nos ha enseñado que cualquier cosa puede convertirse en un arma asesina. No hace falta mucha imaginación para idear crímenes que pudieran cometerse con un calcetín, una patilla de gafas, la hebilla de un cinturón o una horquilla para el pelo. Incluso pudiera darse el caso de que tres o cuatro hombres fornidos, sin necesidad de ningún arma, y utilizando su mera fuerza

NEORREALISMO

Fellini, mejor que Visconti. De Sica y Rossellini, mejores que Fellini (aunque De Sica, ay, termine pareciéndose a De Santis). La gran trilogía de De Sica ( Ladrón de bicicletas , Umberto D. , Milagro en Milán ), insuperable. *** Arroz amargo es, básicamente, un soft . Utiliza el mismo repertorio: mujeres sorprendidas en su intimidad o en posturas de abandono, mujeres relajándose sensualmente entre mujeres, mujeres entregadas al gallo del corral. Llama la atención que la crítica se haya tomado tan en serio esta película. Tan divertida, por otra parte. A ciertos críticos, de entonces y de ahora, se les daba la crítica hecha con decirles que la película trataba de la dura vida de las arroceras del Po... Levitaban de emoción con el dato, y ya podían tomarse el cóctel con la conciencia tranquila. Ah, el neorrealismo... *** Dos mujeres , de De Sica, utiliza los mismos trucos que Arroz amargo : morbo, exhibición corporal, intimidad entre mujeres. Y, después de saturarnos de satiriosis

VISCONTI/GARNETT

Como todo en esta vida tiene sus partidarios y detractores, entiendo que haya quien proclame la superioridad de Obsesión ( Ossessione , 1943), de Luchino Visconti, sobre El cartero siempre llama dos veces ( The Postman Always Rings Twice , 1946) de Tay Garnett, ambas basadas en la conocida novela de James M. Cain. La verdad es que, desde más de un punto de vista, la del italiano es mejor película, más sutil, más desnuda y elegante que el muy abigarrado y retorcido drama que pone en escena Garnett. Pero esto no es decir nada: las cuestiones de paladar se deciden de otro modo, y sobre ellas tienen poca jurisdicción los veredictos críticos, por bien fundados que éstos puedan estar. Y hay algunos factores, en este particular, sobre los que tiene mucho que decir el paladar. La pareja protagonista de la película de Visconti, a pesar de estar encarnada por un actor y una actriz de convincente atractivo (aunque ese requisito no es del todo necesario, en fin, para hacer creíble una historia

POLÍTICA

Dentro del propio marxismo, no es lo mismo tener como referente a Lenin que a Walter Benjamin. El verdadero progresismo -si es que esa palabra significa algo- debería consistir en asumir la duda, la crítica, el desamparo que supone no acogerse a las soluciones prefabricadas o al rebaño uniformado. Por desgracia, no suele ser esto lo que dan a entender muchos que se definen "de izquierdas". El adanismo, la peligrosa creencia en que lo ideal sería comenzar a partir de cero, no es de izquierdas. Y, sin embargo, es una tentación a la que la izquierda se ve abocada constantemente, quizá por falta de discurso o de recursos para captar la complejidad de la realidad y encontrar el modo de incidir críticamente en ella, con la esperanza de hacerla más habitable y justa. El nihilismo, ay, no es, no puede ser de izquierdas. Digan lo que digan los nihilistas. Aunque, en esto de la política, las palabras son de una imprecisión espeluznante: llamar "conservadores", por ejemplo

LA BALANZA

Cuando se vuelve a la rutina después de unos días de inactividad por enfermedad o accidente, lo reciben a uno como si volviera de un viaje. Largo o corto, según. Pero los comentarios y preguntas que te hacen apuntan siempre a lo mismo: "¿Cómo se estaba allí?" *** Cheever, de nuevo. Acaso los buenos escritores de relatos no deberían esforzarse nunca por escribir novelas. Se les nota demasiado la tentación a dar de mano cada vez que aciertan a cerrar adecuadadamente un capítulo. Pasa en Bullet Park : lo mejor de la novela es el episodio en el que se cuenta la reacción de la familia Nailles a un lance amoroso del hijo. Un magnífico relato, digno de figurar en la más exigente antología del género. Insertado en esta novela, en cambio, constituye casi una invitación explícita a abandonar la lectura de la misma. Para qué seguir, si ya ha quedado todo dicho respecto a esta familia, a esta historia. *** Si A y B son enemigos entre sí y no te gustan ninguno de los dos, no te conf

COARTADAS

No estar con unos no significa, necesariamente, estar con los otros. *** Desde la carretera . Dos jornaleros pisando la montaña de algodón que llena la cuba de un camión de carga, supongo que con el propósito de aplanarla o compactarla. El procedimiento parece un tanto bárbaro, sobre todo aplicado a una materia prima tan ligera y delicada. Y, sobre todo, sucio, tanto por lo que respecta a la materia que lo sufre como a los hombres que lo aplican: qué aprensiones no le asaltarán a uno al hundir las piernas en esa montaña de borra. Te sientes incómodo desde tu posición de espectador desocupado. La necesidad de buscarle un significado a la escena se plantea con la misma urgencia con que a veces buscamos una coartada. Y es curioso que se me venga a la cabeza este cuaderno, la idea de trasladar aquí esa desazón. La coartada perfecta. *** Qué difícil explicarse ante quienes mejor te entienden.

JÓVENES (Y NO TANTO)

Lo más preocupante de los incidentes que tienen lugar casi todos los fines de semana en las zonas donde se concentran los jóvenes es lo que tienen de reto violento al mundo adulto. No es una cuestión de educación, como dicen los ingenuos y los biempensantes, o como repiten hipócritamente las autoridades. Los jóvenes (o no tanto, porque en esas concentraciones cada vez son más los que rozan e incluso sobrepasan la treintena) saben perfectamente cómo deben comportarse, qué perjuicios causan sus actos, qué consecuencias legales podrían tener éstos si alguna vez se les aplicara la ley. Pero deciden, libremente y fiados al poder del número, saltarse estos preceptos. ¿Que hacemos ruido? Que se fastidien los vecinos. ¿Que ensuciamos? Que limpien. ¿Que damos lugar a situaciones violentas? Allá el que le toque ser víctima… Pasa con esto lo que sucedía antes con los preceptos religiosos: sabíamos que no había que cometer “actos impuros”, o que había que ir a misa los domingos. Pero la fuerza del

GUIÑAR UN OJO

Y, hablando de americanos: aprovecho estos días de baja laboral (una lesión de codo, producto de una mala caída) para leerme un par de novelitas de John Cheever que tengo por ahí: Falconer y Bullet Park . He empezado por la segunda: una de tantas crónicas ácidas sobre la clase media que vive en urbanizaciones periféricas. Es un género con truco: halaga el instinto masoquista de un sector de esa misma clase media, al que le gusta verse reflejado en estas historias de ricos alcóholicos, adúlteros y propensos a la depresión. La cantera es interesante. Pero, como en toda literatura, la clave reside en encontrar el punto de vista adecuado. Lo ideal, como nos enseñó Cervantes, es ponerse a la altura de los acontecimientos, no elevar el tono, no ensañarse con los personajes. Y quizá Cheever, pese a su logrado tono distante, se pasa un poco de listo: se le nota que sabe mucho de sus personajes, que los tiene calados, como decimos por aquí, y que no está dispuesto a enternecerse por sus debili

ANTIAMERICANOS

Nunca he entendido por qué los progresistas de aquí se alegran tanto de las victorias demócratas en Estados Unidos. Cómo si les fuera algo en ello. O como si al Partido Demócrata americano le importara lo más mínimo esa simpatía gratuita y, a menudo, tan poco fundamentada. *** En realidad, a la izquierda europea lo que le conviene es una nueva victoria ultraconservadora en Estados Unidos, que confirme todos esos tópicos que tantos réditos electorales producen a este lado del océano. *** Sólo hay una cosa, en fin, que no perdono al antiamericanismo profesional: que, en mi adolescencia, cuando empezaba a rechazar -interesadamente- toda idea de pecado, me convencieran de que ver películas del oeste era un pecado. Y de que John Wayne era algo así como la encarnación del mal. *** Esos progresistas de salón, antiamericanos ellos, que viven en barriadas donde se celebra Halloween.

INCONGRUENCIAS

Goethe citado por Baroja: "Nada más ridículo que un radical con el pelo blanco". Y si tiene el pelo largo, no digamos. Claro que un conservador con coleta tampoco es para tirar cohetes. *** Dice Montilla que va a formar un gobierno "libre de la tutela de cualquier partido". Pero da la casualidad que, con el actual sistema electoral, los ciudadanos votan partidos, y no otra cosa. Claro que, cuando se es el cabeza de lista de un partido perdedor, todo se entiende. *** Nada más atractivo que el toque de incongruencia que unas gafas añaden a un rostro hermoso de mujer. Sobre todo, si también lo es el cuerpo, para el que las gafas pertenecen a otra dimensión del ser.

A VECES

La tentación de hablar de política cuando no se tiene otra cosa que decir, o no se quiere hablar de otra cosa. Qué silencio en los periódicos, en las tertulias radiofónicas, en las charlas de café, si cesara la cháchara política. Y, por otra parte: qué insoportable, qué ominoso resultaría ese silencio. *** En una cosa, en fin, se equivoca Fernando Savater en su magnífico artículo de hoy en El País: si en el País Vasco no ha surgido un partido político equivalente a Ciutadans de Catalunya, no es por miedo. Los movimientos ciudadanos que se han opuesto al terrorismo han demostrado poseer un coraje cívico más que notable, y sus integrantes no correrían un riesgo mayor del que ya corren si dieran el paso de constituir un partido. El error reside, más bien, en que estos movimientos han confiado en que los partidos políticos tradicionales (léase, el PSOE y el PP) serían los que, en un momento dado, tomarían la iniciativa de contestar al nacionalismo. Cuando ambos (unos más que otros, en f

TAMBIÉN

Diario de campo. En este pueblo los nombres de las calles suelen aludir al edificio más característico que se ubica en ellas o al paraje al que conducen: Calle de la Tenería, del Tejar, de la Fuente... No las hay dedicadas a personajes ilustres. A lo mejor, porque no hay ninguno (pero es raro: ya se hubieran postulado para ello alcaldes, maestros, notarios, médicos, cronistas locales...). A lo mejor es por discreción. O quizá por ese extraño consenso igualitario que, en algunos lugares, dicta que no ha de haber nadie destacado. O porque quienes destacan se guardan mucho de hacerse notar. Y es raro. *** Esas yeguas sí: ramonean en la ladera como si posaran para un pintor de escudos. *** Una peña de amigos anuncia que va a asar un cordero para celebrar la festividad de Todos los Santos. Todo el mundo está invitado (como todos lo estamos, parecen querer decir, a la silenciosa comunidad festejada en la fecha). Detrás de la iniciativa, me aclara un lugareño, está un francés. Y aposti

MESAS, PASILLOS

He empezado a tenerles cierto respeto a las mesas y a los pasillos. Hasta ahora, la verdad, no les había prestado la atención que merecen. Las mesas, sí, son útiles, pero pertenecen a ese limbo pretecnológico del que han surgido los objetos más obvios que nos rodean, ésos que no tienen inventor reconocido, ni nadie reivindica como origen de cambios trascendentales en los destinos de la humanidad. Una tabla y cuatro patas, vaya cosa. En cuanto a los pasillos, siempre los he tenido por el espacio más inútil de las casas. Pero la prensa viene ahora llena de acontecimientos que suceden alrededor de mesas o en pasillos, e incluso de algunos que no han llegado a suceder por no contar con la mesa adecuada o con los pasillos oportunos. Se dice, por ejemplo, que el llamado “proceso de paz” del País Vasco depende de que se constituya no sé qué “mesa” de partidos. Y se dice que tal acuerdo que parecía inalcanzable (por ejemplo, el logrado entre las principales fuerzas políticas andaluzas sobre la

GRUPO SALVAJE

Para algunos, Grupo salvaje ( The Wild Bunch , de Sam Peckimpah) no es siquiera una película seria. A mí me fascina, y es de las pocas películas que no me han decepcionado al verlas por tercera o cuarta vez (sí me ha pasado, en cambio, con otras que consideraba más sólidas y "respetables": la última vez que vi Cabaret , por ejemplo, pese a las inmejorables expectativas con que la abordaba después de algunos años, se me derrumbó por completo; y llegué a bostezar con Uno de los nuestros , de la que también guardaba muy buen recuerdo...). Lo importante de Grupo salvaje no es el tratamiento de la violencia: que las muertes y las caídas se filmen a cámara lenta resulta, a la postre, indiferente. Más enjundia tienen las simultaneidades; durante la fracción de segundo que tarda en desplomarse un ventanal roto, parece querer decirnos Peckimpah, pueden estar sucediendo decenas de cosas interesantes. Esas "burbujas de tiempo" aisladas del curso principal de la acción pos

QUE NO CAMBIE

Es lo que dice Baroja: "En estos países todo necesita de antecedentes, hasta el crimen y la estupidez. Es la vuelta eterna de lo malo". *** ¿Emociones relacionadas con la política? Es como si alguien que lleva siendo impotente diez años se excitara ante una mujer. Y, sin embargo, el milagro ha ocurrido: esos tres diputados de Ciutadans de Catalunya, abriendo brecha en el coto cerrado de la política catalana... No sabemos qué darán de sí; ni si, como todos, acabarán decepcionándonos. De momento, nos han hecho sentir un cosquilleo... casi sensual. *** Que no cambie la moda. Al menos, en lo que a escotes se refiere.

SÍNDROMES

Quizá convenga decir -oídos Boadella, Espada y demás debeladores y críticos del régimen nacionalista imperante en Cataluña- que el síndrome particularista no es exclusivo de esa comunidad autónoma. Basta escuchar el acento amanerado y sospechosamente uniforme de los locutores de Canal Sur para constatar que los pruritos de diferenciación lingüística no afectan sólo a quienes poseen una lengua propia distinta al castellano. La redacción tortuosa del nuevo proyecto de estatuto de autonomía andaluz indica un difícil equilibrio -más bien, una esquizofrenia- entre los sentimientos de pertenencia a un espacio cultural y político compartido y la reserva de que, pese a todo, tenemos tantos títulos identitarios como el que más. Aunque estos títulos se reduzcan a unos pocos episodios extraparlamentarios y anecdóticos hasta ahora olvidados, confundidos en el agitado panorama político español de principios de siglo. En ese magma, que lo mismo da para un roto que para un descosido, hemos encontrad