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Mostrando entradas de enero, 2007

MISERIA

Después de ver tantos viejos en pijama en los últimos días, la imagen de Castro en chándal me resulta extrañamente familiar. Como todos los viejos en su circunstancia, Castro parece vestido por una de esas hijas abnegadas y sufridas que hacen de la higiene del padre una cuestión de honor, y se arreglan para tenerlos peinados y presentables para las visitas. Chávez es la visita: parece el yerno animoso que, sabiéndose incluido en el testamento, ni siquiera tiene demasiada prisa por recibir la herencia. Tal vez porque sospecha que la finca está más que hipotecada, y que los únicos que van a cobrar son los acreedores. *** Lo primero que se aprende en ciertos ambientes es la ley del silencio. Ante una sospechosa concentración expectante de jóvenes a la puerta de un instituto, algunos adultos preguntamos qué pasa. Nadie contesta, o lo hacen con evasivas. Por fin, a la vista de que los adultos no se van, la concentración se disuelve. Nadie se ha ido de la lengua. El chico o chica al que e

VAMPIRISMO

Sólo hay un modo de quedar por encima del corrector de estilo: encontrarte errores que él no haya detectado. Como en esas películas en que el secreto del bueno, y la fuente de su ventaja moral, es haber sido, en el pasado, más malo que el propio malo. *** El pecado de Drácula no es el vampirismo, sino el noctambulismo. Velar mientras otros duermen crea un extraño resentimiento contra el resto de la humanidad. Que se agrava, en fin, cuando vuelves a casa y compruebas que el atasco de tráfico de todos los días está, esta vez, en el carril de sentido contrario. *** Vistas desde las azoteas (¿la perspectiva del vampiro?), todas las ciudades son barrios de chabolas.

LLUVIA

Ella, la enferma, lee una novela de Ken Follett; él, el acompañante, un libro de Anagrama, no consigo ver cuál. Saber que las personas con las que hemos de compartir unas horas en la habitación del hospital tienen el civilizado hábito de la lectura me tranquiliza un poco. Sólo un poco. Esta noche, cuando saque el libro con el que ando distrayendo estos ratos, supongo que emitiré una señal tranquilizadora del mismo signo. O no, quién sabe. Con los libros pasa lo que con las personas: basta un cruce de miradas para sellar simpatías o antipatías viscerales. *** Pero aquí lo importante es organizarse. Cuestiones de intendencia, sobre todo. Al anochecer, coincide uno con un verdadero ejército de hombres y mujeres silenciosos que, de uno en uno, acuden a las habitaciones donde han dejado a sus respectivos enfermos. Todos llevan la bolsita de plástico con el bocadillo, el botellín de agua o la lata de refresco, la manta de viaje (a cuadros, cómo no) y el cojín; muchos, la mayoría, en chán

URGENCIAS

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En el hospital. Previsible aparte sobre el sex-appeal de las enfermeras. Esa especie de pijama que visten, esa estremecedora familiaridad con los pormenores de la fisiología, esa servicialidad entreverada de autoridad... Y, sobre todo, su oportuna presencia en un lugar donde las urgencias de la vida han sido postergadas a mejor ocasión, y son por tanto añoradas con imprevista intensidad. *** No han sido puntuales a la cita, pero, como todos los años, se las han arreglado para llegar a la vez. Y ahí están, mirándose de reojo, como dos mujeres que han ido al mismo modista y llevan un traje idéntico. La nieve y los almendros en flor. (Y C., que no había visto nunca la primera ni reparado en los segundos, y anda como embriagada ante esta imprevista eclosión de lo blanco.) *** Una repugnante, pero certera, descripción de algunos de los síntomas de la resaca, en palabras de Kingsley Amis: era como si un bichejo hubiese usado su boca como retrete y luego como maus

BELIZA

Un funcionario del Registro Civil de Majadahonda, leemos, impide a unos padres colombianos inscribir a su hija de ocho meses con el nombre de Beliza, por ser éste, según dicho funcionario, un nombre inexistente y que no corresponde a ningún sexo. El hecho ha producido indignación en Colombia, donde ha sido ampliamente comentado en la prensa, que ha aducido poderosos argumentos a favor del deseo de los padres: primero, que el nombre sí existe, puesto que es el de la abuela de la niña; segundo, que cuenta con los más ilustres precedentes literarios en lengua española, desde Lope de Vega, que lo utilizó en sus comedias Los melindres de Belisa y Las bizarrías de Belisa , hasta Federico García Lorca, que lo sacó a relucir en su Amor de don Perlimpín con Belisa en su jardín ; y, tercero, que si el inconveniente se reduce a que el nombre no se escribe con Z, igual de caprichosa es la grafía del nombre de Doña Letizia Ortiz, la mujer del Príncipe… De todo eso ha hablado la prensa colombiana,

HOTELES BARATOS

De noche, los hospitales son como los hoteles baratos: ruido de cañerías, voces en el pasillo, un teléfono que suena. Y la sensación de que, sea cual sea el motivo por el que estás allí, seguro que es algo malo. *** Da confianza saber que una editorial cuenta con un buen corrector de estilo. Pero ¿quién aguanta que le corrijan el estilo? (Entre otras cosas porque, si éste es defectuoso, no tiene corrección posible.) *** Contar "algo" no es lo mismo que contar un cuento. Sin embargo, a mí me gusta que me cuenten cosas, aunque no sean cuentos. Y debería haber un nombre para ese género.

EL JUEVES

La generalización es tanto más injusta y abusiva cuanto más certera. No podemos renunciar a ella: es la única manera de extraer una verdad de los hechos particulares. Aun a costa de muchas mentiras. Ese esfuerzo patético que hacemos, a veces, por acogernos a la única excepción que nos protege de que alguna de las muchas generalizaciones abusivas que nos afectan pueda tener verdadera vigencia sobre nosotros. Como cuando nos dice el jefe: llega usted siempre tarde; y le contestamos: eso no es cierto: el jueves llegué a mi hora. Y, sin embargo, tenemos la halagadora convicción de que lo que uno es está mejor expresado en la excepción que en la norma. Al menos, ésa es la ley que aplicamos a los artistas y a los poetas: haber acertado unas pocas veces nos hace perdonarles que hayan errado muchas otras. (Claro que ese juicio suele ser siempre póstumo.)

LO SUYO

Cada uno va a lo suyo. Y, en los hospitales, "lo suyo" de cada uno es la enfermedad que lo ha llevado allí. Qué manera de andar todos ensimismados y obsesionados con el mal propio, qué extraño blindaje el que practican los parientes y allegados con "su" enfermo particular, qué desinterés por el mal ajeno, aunque educadamente finjamos escuchar los padecimientos del compañero de cuarto. Si los hospitales, desde Thomas Mann hasta los modernos telefilmes de sobremesa, son imagen y metáfora de la sociedad y de la condición humana, qué poco favorecida salen ambas en este retrato. *** El egoísmo, como el dolor, tiene un fundamento orgánico. *** La desnudez, decíamos ayer. Y olvidábamos una de sus vertientes: la forense.

EL SABOR DE LA MANZANA

La desnudez. Bañarse desnudo, tomar el sol desnudo, pasear desnudo por la playa... Actos sencillos, que no cuestan dinero y tienen algo de derroche libérrimo. Por eso son tan placenteros, y por eso se han impuesto a los prejuicios generales y han venido a ganarse un espacio y un derecho a existir, a la vez que una indiscutible pretensión de naturalidad, ante uno mismo y ante el prójimo. Pero no hay que confundir esa naturalidad con la inconsciencia o la indiferencia, como hacen tantos "naturistas" desde una hipocresía que, en el fondo, me parece muy puritana. Pretender que quienes van desnudos no se miran, no se atraen, no gozan con la contemplación de la desnudez ajena y con la exhibición de la propia me parece bastante ingenuo. Más bien es todo lo contrario: se acepta la convención civilizada de que cada uno se guarda para sí esas emociones, a cambio de la ganancia cierta de mantener un derecho adquirido y libremente ejercido, que trae aparejados esos gozos y esas compensa

DESNUDECES

Llama la atención que dos de las noticias más destacadas de la semana pasada tengan que ver con desnudos. Tal vez sea cosa de los fríos invernales: ante la necesidad de ir cubiertos y embozados, la constatación de que alguien se desnuda en público en alguna parte nos hace pensar en horizontes más amplios, en playas soleadas, en modos de vida más relajados y libres. Aunque la protagonista de una de estas dos noticias, la gallega Ana María Ríos, ha podido comprobar en carne propia que esos climas soñados no excluyen la posibilidad de una pesadilla kafkiana: fue a Cancún de luna de miel y la detuvieron (se supone que por error) por presunta posesión de explosivos… Y ahora, para resarcirse del mal trago, y para sacar algún partido de esa extraña fama sobrevenida, posa desnuda para las páginas de una revista, sobre un fondo de palmeras y vistas tropicales. Pocos días después, una concejala de Lepe, María Dolores Jiménez, del Partido Popular, posa desnuda para una revista municipal, que se c

ESTRAGOS DE LA EDAD

No equivocarse nunca en cuestiones que entran en la jurisdicción del enemigo: es poner la cabeza dentro de la soga y esperar, vanamente, que el verdugo decida no accionar la palanca. *** Una mujer más joven que yo le indica a su hijo que no moleste "al muchacho" que hace cola tras ellos en un cajero automático. El muchacho soy yo. Por alguna razón demasiado fácil de explicar, en fin, me alegra que me hayan aludido de esa forma. Aun sabiendo, ay, que en Andalucía esos giros vienen dictados por la propia benevolencia del lenguaje, y no por la realidad. (Aunque la verdad es que, puestos a comparar, esa joven madre acusaba más marcadamente que yo los estragos de la edad.) *** Pese a lo afirmado ayer, no creo que Ken Park sea una película convincente. ¡Esos calzoncillos blancos con pretina, que ya no usa nadie! Y es que hay obras artísticas en las que se nota demasiado, en determinados párrafos o escenas, que quien se lo está pasando en grande, en primer término, es el auto

PORNOGRAFÍA

La obsesión de John Cheever por el triunfo literario: repetidamente, declara soñar con tal o cual premio, con tales o cuales honores y agasajos. Es una opción, claro. No menos fantasiosa que la opuesta: el fracaso como triunfo moral, la mística de la bohemia y la marginalidad, etc. Está, por último, la tercera vía: la idea, igualmente fantasiosa, de que el trabajo literario se puede encarar como una tarea burocrática rutinaria. Sentarse diariamente ante el ordenador, de ocho a tres. Cobrar a fin de mes. Llevar los textos al editor como quien entrega un informe en la copistería. Esta última actitud, de entrada, parece la menos dañina. Pero no la más fácil. *** Sí, Ken Park encaja en la definición habitual de pornografía. Pero esta película de Larry Clark es también la demostración de un par de cosas que los detractores de la pornografía no siempre sospechan: primero, que, en determinadas ocasiones, ésta no es más que la expresión desaforada de un tipo de ternura frecuentemente inexp

ALMODÓVAR vs. EASTWOOD

Que Letters from Iwo Jima , la coproducción japonesa de Clint Eastwood, haya ganado el Globo de Oro a la mejor película extranjera, modalidad en la que también concurría la española Volver , ha sido interpretado por la prensa nacional como una victoria de Clint Eastwood sobre Pedro Almodóvar. Y la verdad es que, visto así, no sé de qué se extrañan. *** Volver : la mirada de un niño curioso (el propio Almodóvar, suponemos) sobre un gineceo. Ese olor a faldas. Esa sensación de que hay que abrir las ventanas y ventilarlo todo, no sin antes mandar al niño a jugar a la calle, con los otros niños. *** La verdad es que en España no sucede nada en los últimos tiempos que no se interprete en términos de oposición binaria: blanco o negro, progresista o reaccionario, derecha o izquierda, Almodóvar contra Eastwood. Hasta los estrenos cinematográficos participan de ese juego: en su día, películas como La mala educación o Mar adentro fueron recibidas como gestos de beligerancia ideológica. E

LOS NOMBRES DE LOS PÁJAROS

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"Sólo sabe ver la naturaleza quien conoce por sus nombres a las flores y a los pájaros y sabe dónde y cuándo encontrarlos y por qué están en tal lugar en tal época del año", asevera Aquilino Duque en El mito de Doñana . De ahí la superioridad, sobre el terreno, del hombre de campo sobre el de ciudad: para el primero, cada rumor, cada agitación de la espesura, cada huella, cada matiz del verdor es un elemento reconocible que aporta su significación al sentido del conjunto; para el otro, en cambio, el conjunto apenas tiene sentido, o éste se reduce, en el mejor de los casos, a la impresión abrumadora que causa en los espíritus sensibles; y, en el peor, a la penosa sensación de opacidad y monotonía que deja en los más obtusos. Los lugares comunes en que incurren unos y otros son, lógicamente, de distinto signo, aunque igualmente previsibles y vacuos: los primeros, los abrumados, los ebrios de sentimentalismo, incurren inevitablemente en la cursilería; los otros, en la

LA CABRA

En medio de la trocha, un hato de cabras. Ante nuestro avance, se van alejando prudentemente; pero con dignidad, y no como los cerdos asilvestrados que nos hemos cruzado hace poco y han huido monte arriba con un trote entre angustioso y ridículo, de peña en peña, haciendo gala de esa agilidad a destiempo que caracteriza al cobarde de raza. Las cabras no: se apartan, se confunden con el monte, se hacen invisibles; pero siguen a lo suyo. Todas, menos el gran macho cabrío que parece ostentar la máxima autoridad del hato. Que se rezaga, se vuelve a mirarnos e, inopinadamente, se alza sobre sus patas traseras para ramonear entre las ramas bajas de una encina. Todo eso, sin apartar de nosotros ese mirar miope al que tan bien sentarían unas antiparras decimonónicas, en consonancia con el hocico barbado. Es un animal imponente, con sus patas de fauno, su vientre lustroso y obsceno, su pelaje negrucio. Ahora somos nosotros los que nos detenemos, los que buscamos el modo de sortear no sólo su pr

INVISIBLES

Creo que fue Ortega y Gasset quien dijo que, a partir de cierta edad, no es que las mujeres no te miren: es que no te ven. A ello contribuye, supongo, ese aspecto característico de percherón jubilado que adquieren muchos hombres maduros, y que parece proverbial en los casados: barriguita, calvicie incipiente o declarada, conformismo y arrugas. De lo que resulta que, en una sociedad bobamente rendida al prestigio de la juventud, una de las grandes preocupaciones del hombre maduro es disimular esas taras. A ello se une la molesta presión que, so pretexto de cuidar nuestra salud, ejercen sobre nosotros las autoridades. En eso, ningún gobernante anda lejos de las fantasías raciales que rigieron el Tercer Reich: a todos les gustaría gobernar sobre una masa de chicos y chicas altos, sanos y atléticos, aptos para ser buenos deportistas, soldados resistentes y trabajadores incansables. Pero resulta que no es ése el camino de la especie. A cierta edad, sí, un cierto número de individuos puede a

EL QUESO

Ante la confusión generada por el atentado de Barajas, no cabe más remedio que concluir que los causantes del mismo han obtenido una rotunda victoria política, con el regalo añadido de que han podido constatar, sin lugar a dudas, que los dos principales partidos políticos del parlamento español son incapaces de ponerse de acuerdo en algo tan elemental como debiera serlo la respuesta de un estado de derecho al terrorismo. El peso de la culpa del atentado, de las víctimas causadas, de los daños materiales y de la ruptura de la tregua, recae sobre los terroristas. Pero en la situación resultante el gobierno y la oposición tienen también su parte, y no pequeña, de responsabilidad. *** ( Reflexiones de un abstencionista empedernido : llevo años deseando dejar de serlo, como llevo años deseando superar mi aversión al queso; pero en ambos casos, en el momento decisivo, me ocurre lo mismo: me pueden las náuseas.)

LA REALIDAD

La realidad más inmediata suele ser, también, la más inescrutable y confusa. Suben los compañeros del desayuno y cuentan que, a la vuelta de la esquina, un hombre se ha tirado de la azotea. Al poco, algunos añaden que, antes de hacerlo, el hombre había apuñalado a su mujer. Minutos después, otros comentan que se trataba de un viejo homosexual al que acababa de abandonar su pareja. Ha sucedido ahí al lado. Y, sin embargo, no sabremos qué ha ocurrido de verdad hasta que no compremos el periódico mañana. *** Pero la realidad se ha empeñado en volverse extravagante. "¿Te acuerdas de X, la que tiene una página web pornográfica de tendencia sadomasoquista?", me dice M. No, no recordaba semejante cosa. Pero hay más. "Pues resulta que ha escrito una novela. Me lo ha dicho esta mañana". *** Y este mueble de baño que, de pronto, se ha cuarteado misteriosamente, como la mismísima casa Usher, y nos obliga a salir con urgencia a comprar otro, antes de que nos veamos sin un

RUTINAS

La vuelta a la rutina nunca es gradual, como no lo es, imagino, la incorporación a un tren en marcha. La rutina te arrastra a su turbión en cuanto te sitúas a la distancia adecuada, y ya no hay vuelta atrás. A la media hora, es como si el tiempo durante el que lograste sustraerte a ella no hubiese existido nunca. *** Sí, supongo que también a los escritores, como a todo el que está inmerso en un determinado cursus honorum , les llega el momento de dar "el paso". Lo importante es saber qué paso se va a dar, y a dónde conduce. *** La gran pregunta respecto a la literatura entendida como ejercicio intimista o introspectivo: ¿a quién puñetas le importa esto?

ENHORABUENA

Merecidísimo premio Nadal a Felipe Benítez Reyes: por una vez, incluso en la prudente línea de este prestigioso certamen, está uno seguro de que se ha premiado el buen hacer literario, y no el exotismo o la extravagancia del escritor, ni la oportunidad política o periodística de su novela. Y hay que felicitarse por ello, y felicitar al galardonado. Y no dejarse arrastrar por la melancolía cuando oímos a los locutores de la radio decir, como ayer Ángeles Barceló en la SER, que no habían leído nada de este autor, o repetir la muletilla, elaborada por algún poco informado redactor de agencia, de que éste era hasta ahora conocido sobre todo como poeta (lo que quiere decir que quien redactaba esta noticia seguramente tampoco conocía la poesía de FBR y se atenía a reproducir frases cogidas al vuelo). Lo que, de un plumazo, condena al limbo de la rareza literaria novelas tan notables, y tan bien acogidas en su momento, como Chistera de duende , El novio del mundo o (mi favorita) El pensamie

ETCÉTERA

La felicidad no existe... Restaurante La Albarizuela, de Puerto Real: la cocina, más que aceptable; el personal, atento; y el ánimo, después de días de engorro doméstico, más que predispuesto a dejarse agasajar y servir; no por golosina (impensable, después de tanto exceso navideño), sino por mero afán de abandonarse, de dejarse sorprender, tras los demasiado previsibles rituales impuestos por la fecha. Pero uno no aprende. Primer error: tomar una copa de aperitivo, "mientras pedimos". Hora y cuarto después, cuando los comensales estamos al borde de la desesperación, llega el primer plato. Devoramos, más que comemos. Van llegando los otros platos, hasta sumar lo siete que componen el menú-degustación. Con el quinto, justo cuando es de suponer que la capacidad crítica de los comensales comienza a decaer, empiezan los problemas. El "cerdo al estilo asiático (¿?) con gnocchi " no lleva gnocchi . Se lo decimos a la camarera, quien, a su vez, consulta a la maître . Media

ES POSIBLE

"Otra Navidad es posible", leo como titular de uno de esos beneméritos reportajes que imitan los lemas y el lenguaje de las ONGs. Hoy, mirando el panorama, pienso que, en cualquier caso, otra Navidad fue posible, y no hace tanto. Cuando yo era niño, sin ir más lejos, la mañana de Reyes se llenaba de niños y niñas vestidos de estreno que paseaban sus flamantes bicicletas, sus muñecas, sus patines; de padres ufanos y orgullosos que los seguían a distancia, en la mañana casi siempre soleada, y lucían el "detalle" regalado por sus cónyuges: una bufanda nueva, unos guantes, un broche de bisutería... Miro a mi alrededor, en el mismo paseo marítimo en el que antaño contemplaba ese panorama, y no veo más que adultos afanosos arrastrando paquetes o buscando aparcamiento. Muchos de ellos, con el gesto entre abrumado y aturdido de quien cumple un deber penoso. Ninguno parece contento por haber recibido el regalo esperado. Niños, ni uno. Deben de haberse escondido en alguna p

¿Y SI...?

Lo pensé el 11-M y lo pienso ahora, después de lo de Barajas: ante un atentado contra la comunidad, lo que esta comunidad debe hacer (y lo único que, en buena ley, puede hacer) es cerrar filas en torno a las instituciones y autoridades que esa comunidad se ha dado. Ya habrá tiempo para críticas y reproches. Ya habrá ocasión de renovar o retirarles a esas autoridades la confianza otorgada en su momento. Ya habrá ocasión, incluso, de examinar la actuación de esas autoridades ante la crisis, y de exigirles responsabilidades. Lo contrario es oportunismo y falta de generosidad, o quizá algo peor. Y un modo de concederles a los criminales un rédito inesperado (o no, quién sabe) por su crimen. *** El triste espectáculo de ver a manifestantes de uno y otro signo insultándose en la calle: hasta hace unos días, creía que eso era privativo del País Vasco. Pero ya veo que no. En eso los vascos (algunos, los que increpan y amenazan) han sido más españoles que el resto: en mantener vivo ese espír

AÑO NUEVO

En realidad, lo que hacemos en la noche del 31 no es recibir el Año Nuevo, sino despedir el antiguo. Y eso incluye también las horas que siguen a las campanadas: aunque oficialmente pertenecen al año recién nacido, en la práctica no hacen más que consumar las expectativas incubadas a lo largo de las últimas semanas del que muere. Nada más cansino que los preliminares de una fiesta, ese largo periodo en el que el glotón anticipa el gozo del hartazgo, el presumido planea su vestuario, el promiscuo baraja sus posibilidades de culminar la noche con un lance erótico… Porque lo cierto es que esa primera noche del año se ciñe siempre a las pautas de un plan antiguo; de un plan que, estrictamente hablando, no obedece a los deseos e intenciones que regirán la vida nueva que nos prometemos, sino a las viejas querencias del año que damos ya por concluido. Todo es viejo en la Nochevieja; todo, estrictamente hablando, es del año anterior; y hasta la mujer que abrazamos, en caso de que la fiesta hay

SOBRAS

Las sobras, hemos de reivindicar las sobras. El asado que con tanto esfuerzo hemos probado hoy, hartos ya de entremeses y aperitivos, estará mucho más apetitoso mañana. Será entonces cuando celebremos la verdadera fiesta. La verdadera fiesta, que es la ausencia de fiestas.