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Mostrando entradas de junio, 2007

CANASTILLAS

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Cuando se pasa revista a los cambios sociales habidos en España desde la muerte de Franco, se olvida siempre hablar del canapé. Hubo una época del canapé; es decir, del trocito de pan sin corteza, untado con alguna sustancia viscosa (normalmente, mahonesa o foie-gras) y coronado por una anchoa, un trozo de queso o cualquier otra porción de alimento sólido. Esa época pasó, y ahora estamos en la de la canastilla, que es un concepto distinto: la canastilla admite sustancias más líquidas: salmorejo, por ejemplo, o cremas, o “espumas” de esto y aquello, y no necesita justificarse con la presencia de ningún alimento sólido. A golpes de canapé hicimos la Transición, atravesamos la “movida” musical y artística de los ochenta, llegamos a los fastos del 92. Los gobiernos y administraciones de entonces presentaban sus logros y promesas entre bandejas de canapés, acompañadas a veces de un bebistrajo que llamaban “cóctel de champán”… Éramos pobres. En esos mismos años, centenares de personas se h

GASOLINERA

En algún momento, misteriosamente, desaparecieron los orinales de debajo de casi todas las camas. Claro que un país más limpio no es necesariamente un país mejor. *** Hace aproximadamente un mes que reparé en esta empleada de gasolinera. El autobús disminuye siempre la velocidad en ese tramo de la avenida, donde el tráfico se espesa. Levanta uno la vista del libro y estudia las aceras con cierta curiosidad indebida: las multitudes atareadas de primera hora de la mañana constituyen un espectáculo cuanto menos interesante. Y allí estaba aquella empleada: morena, con una densa cabellera ondulada, de estatura mediana y complexión robusta, como corresponde a una mujer que hace un trabajo que exige cierta fuerza física. La falda corta deja ver unas piernas fuertes y bien torneadas. Se mueve con decisión entre los vehículos que hacen cola, maneja los artilugios de su oficio con precisión y dominio. Por un momento, quisiera uno no estar en este autobús, hacer cola en ese surtidor, oírla des

PICORES Y CALAMBRES

Qué onerosa, qué inoportuna resulta la condición de escritor cuando, en la vida cotidiana, constatas (y constatan) algún penoso fracaso expresivo por tu parte. Cuando no aciertas, por ejemplo, a explicarle al médico los síntomas exactos de alguna dolencia más o menos difusa. Como si temieras que éste fuera a pensar: "Sí, sí, escritor; y no sabe distinguir un picor de un calambre". *** Claro que más grave, e inconfesable, resulta constatar que tampoco has sabido expresar, en algunos momentos, lo que sientes exactamente hacia personas muy próximas a ti. *** Acaso al escritor le pase lo que a esos inválidos que, una vez instalados en su silla de ruedas, a fuerza de constancia consiguen convertirse en campeones de alguna especialidad deportiva adaptada a su condición.

DETONACIONES

La doctora de pronto enmarca el rostro entre sus manos, en uno de esos gestos inexplicables que sólo pueden permitirse (en público, al menos) las mujeres. Y le sale una inesperada cara de niña. Se lo digo, cambiando por unos segundos el sentido del interrogatorio: hasta ahora, era yo el blanco de todas las preguntas, de todas las observaciones. Sospecho que mi comentario le ha gustado. Pero, por si acaso, mantiene las manos en la mesa el resto del tiempo, en un circunspecto gesto profesional. *** Cheever, sobre su mujer: "El dolor de la muerte empalidece junto al dolor de compartir la cafetera con una mujer malhumorada". *** Oído a las seis de la mañana: un coche se detiene en la calle, a pocos metros del pie de mi balcón. Oigo una detonación, como de un petardo. Luego, a los pocos segundos, otra. A continuación, el coche arranca violentamente, haciendo chirriar los neumáticos sobre el pavimento. "¿Qué ha sido eso?", dice M., desvelada. "No sé, me han pa

EN ONDÁRROA

Pongo la radio esta mañana justo cuando están dando las noticias regionales, y por ellas me entero de que "un soldado andaluz" ha muerto en el Líbano... Sin embargo, los detalles hablan de "cuerpos", en plural, con lo que algo no cuadra. Hasta que no vuelven a dar los titulares nacionales no termino de enterarme: son seis los soldados muertos. Lo que pasaba es que en el bloque de noticias andaluzas sólo contaba el nacido en Sevilla... Y luego nos extraña que en Ondárroa, como leí ayer en El País, le espeten al que declara no entender el vascuence: "¡Apréndelo, pues!". *** El autobús iba lleno de viejos. Y todos se bajaron en el hospital. Yo fui el único que continuó hasta el final del trayecto, con el corazón encogido y, también, por qué no decirlo, con una cierta alegría malévola. *** Y esa cigüeña que sobrevuela el campus con una zapatilla en la boca.

UN OBSEQUIO

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Hay quien atesora sus libros queridos y hay quien, por el contrario, los regala alegremente, como si el mejor homenaje que se le pudiera hacer a un título apreciado fuera darlo a leer a otros. Me ocurrió el otro día: hablando de libros con ese amigo al que no veía desde hace veinte años, me menciona éste la vieja antología universitaria ("for college students") de poesía inglesa de Cleanth Brooks y Robert Penn Warren. A este último lo conocía yo como autor de All the King's Men , la novela que llevó al cine Robert Rossen (aquí la película se llamó El político , si no recuerdo mal), y que trata de la ascensión y caída de un político populista sin escrúpulos; una película, por cierto, que debería emitirse en televisión en vísperas de todas las convocatorias electorales. En cuanto a Brooks, me dice mi amigo que éste fue tutor suyo en la universidad; buen porte, corbata de lazo, traje de mezclilla, pelo blanco, modales irreprochables, buen humor: la típica estampa del man of

TREINTA AÑOS

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Se celebró con la pompa prevista el treinta aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. Con poco calor popular, todo hay que decirlo, y la previsible reiteración de imágenes e iconos muy vistos ya. Con todo, hay motivos para la satisfacción y el orgullo: nunca antes habíamos logrado un periodo de estabilidad democrática tan prolongado; nunca antes, tampoco, habíamos conseguido dotarnos de un sistema de gobierno que no engendrase su correspondiente bolsa de represaliados y exiliados. Lo que no significa que lo sucedido entonces no merezca, como cualquier otro acontecimiento relevante, un examen crítico, aunque sólo sea para entender algunas de las cosas que suceden hoy. Algo menos de autocomplacencia, en fin, y una reflexión sincera sobre lo que se debe a los méritos de cada cual y lo que debemos, en general, a la coyuntura internacional, a nuestro entorno geográfico y al buen sentido de la población. Y es que uno de los aspectos más sorprendentes de

LATET ANGUIS...

En medio del feo y decaído complejo universitario, con su arquitectura envejecida prematuramente y sus interiores de paredes sucias y bancas derrengadas, un rincón tranquilo; feo, como todo lo circundante, pero capaz de aunar unas cuantas circunstancias, digamos, atenuantes de la fealdad general: unas golondrinas revoloteando, un cuadrado de césped, un pico de sombra fresca, oreada por una brisa convenientemente encauzada por los perfiles de los edificios inmediatos, un puñado de imágenes más o menos insólitas (la algarabía de los albañiles africanos en la cafetería cercana, la chica que habla por teléfono en la azotea del edificio de enfrente, encaramada a la barandilla y con las piernas colgando en el vacío, la súbita aparición de esos seres blanquecinos, apocados, de mirada huidiza, que uno sólo encuentra en estos entornos...). Han puesto allí dos o tres mesas, procedentes de la cafetería. Llevamos a una de ellas nuestros bocadillos, nuestras cervezas, nuestra conversación... Hace u

MIRABA SIN VER

Conocidos a los que no ves desde hace veinte años. Recuerda: el tiempo ha obrado en ti los mismos estragos que en ellos. También te ha mejorado en algunas cosas (lo mismo que a ellos). Por eso lo que no les perdonas es que, tras cinco minutos de conversación, te devuelvan al lugar que ocupabas, respecto a ellos, hace veinte años. Y ni siquiera les vale la excusa de que eso es justo lo que tú has hecho con ellos desde el momento mismo en que los reconociste. *** Tropiezo con esta hermosa definición de abstracción , debida a María Zambrano: un modo de mirar que ya ha dejado de ver las cosas. Y caigo en la cuenta de que más de una vez he justificado una distracción diciendo: "Ya ves, estaba abstraído en mis cosas". En ellas, sí, pero sin verlas. *** Lo que sería una buena respuesta, en fin, a ese gallito que va por la calle del brazo de una mujer despampanante y, de cuando en cuando, se encara con quienes no pueden evitar quedarse mirando a su hembra: "Miraba, sí. P

CERDOS, CABALLOS

Los dos cerdos corrían alegremente cuesta abajo, entre los comentarios burlones de los pocos vecinos que, a esta hora tan temprana, se habían asomado a sus portales. Debían de haberse escapado de alguna de las muchas corralizas de piedra que confunden sus perfiles ruinosos con los restos del Barrio Nazarí, en la parte alta del pueblo. Ahora enfilaban la calle, entre los coches aparcados, hasta llegar al otro extremo: el inicio de la senda, también flanqueada de corralizas, que conduce al Salto del Cabrero. Fue tal vez la proximidad de otros animales lo que terminó desconcertándolos. Y cuando su evasión parecía ya consumada, volvieron sobre sus pasos, contritos y algo aturdidos. El espectáculo, por lo insólito, había resultado bastante cómico. Pero su desenlace nos pareció más melancólico que otra cosa. Vuelta a las corralizas, al redil, al pienso seguro, al matadero. *** El día antes, en Puerto Real, se consumó lo que ya parecía inevitable: el viejo alcalde populista de izquierdas,

EL CHICO AQUEL DEL ANUNCIO

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El hecho de que el coche siga siendo uno de los bienes más deseados por los consumidores explica, imagino, que los anuncios de automóviles sean los que mejor reflejan la mentalidad del ciudadano medio. Todavía recuerdo uno de hace años en el que se veía a un chico al que habían castigado a copiar en la pizarra no sé qué sandez que había dicho sobre la envidia que el cochazo de su padre despertaba en el pobre y resentido profesor. El anuncio reflejaba bastante bien el estado de ánimo de un país que había alcanzado la condición de “desarrollado” sin haberse tomado nunca en serio la base esencial de cualquier desarrollo sólido: la educación. No sé si las cosas han cambiado algo desde entonces. Quiero creer que sí: la publicidad, en general, ya no difunde ese menosprecio tan claro hacia la escuela. Ahora son otras instancias las que parecen concentrar los cínicos diagnósticos de los creadores de anuncios. El civismo, por ejemplo. Coincidiendo con una de las campañas oficiales más severas

LLUVIA

Lluvia preveraniega: más una especie de neblina líquida que una verdadera lluvia. Emborrona los perfiles de la bahía, y el resultado es un paisaje nórdico, un litoral de siluetas grises, de grúas, de edificios ambiguos en los que cuesta creer que haya actividad alguna que no sea dejarse corroer por la neblina salitrosa. Luz apropiada a mi estado de ánimo, después de unos de esos días pseudofestivos que nos procuran a veces los compromisos laborales. Comida copiosa, expansiones tan inmotivadas como excesivas, alcohol. Remordimientos extemporáneos. Hace veinte años era más realista y más cínico: a días como éstos les exigía siempre algo , aunque no supiera bien qué. Hoy las motivaciones son tan borrosas como los perfiles de las edificaciones portuarias, vistas desde el autobús de regreso que cruza el Puente Carranza.

LOS MANN

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El culto a los valores de "la tierra y la sangre", la acentuación malévola de los valores biológicos a costa de los espirituales, la sobrevaloración del instinto y de la intuición, y la correspondiente devaluación de la crítica, todos estos síntomas de la infección fascista se podían constatar no sólo en la prensa radical de derechas, nacionalista, sino también en el lenguaje exigente de filósofos y literatos de moda. Leo estas palabras en Cambio de rumbo , las memorias de Klaus Mann. Se refieren al periodo inmediatamente anterior a la toma del poder por los nazis. Pero el caso es que, si suprimimos la especificación "prensa de derechas, nacionalista" y ponemos "medios de comunicación" en general, el diagnóstico podría aplicarse perfectamente a nuestra época. ¿Qué me dicen de la "sobrevaloración del instinto y la intuición", que hoy es prácticamente un dogma de la moderna pedagogía? Donde dice "fascista" pongamos, como solía hacer Jü

INSOMNES

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He recibido algunos ejemplares de mi traducción de Lucky Jim , la famosa novela de Kingsley Amis hasta ahora inexplicablemente no traducida al castellano. Cualquiera que haya pasado por una universidad reconocerá a muchos personajes y muchas situaciones. Y, también, ese vago romanticismo nihilista del joven bien informado y sin perspectivas. Quién no ha pasado por esa fase. Quién no arrastra irrestañables heridas de ese tiempo. *** Y, hablando de mis libros (el que acabo de citar lo es, aunque sólo sea vicariamente): me cuentan que una de las presentaciones de mi Sexteto de Madrid , grabada por una televisión local, ha sido repetidamente retransmitida en horario de madrugada. Me lo comenta un amigo insomne, de esos que se pasan horas cambiando de canal y navegando entre canales de teletienda y emisiones pornográficas con un número de teléfono sobreimpreso. Curioso contexto para mi monólogo sobre los actos literarios en el Círculo de Bellas Artes, las románticas incomodidades de los

DONCELLA GADITANA

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Siguen llegando mariposas a morir a nuestro patio. Supongo que un entomólogo se reiría de nuestros asombros, pero la verdad es que el fenómeno no deja de resultarme llamativo. Esta vez son tres ejemplares de Melitaea Aetherie o "Doncella gaditana". Leo en mi ya sobada Guía de mariposas que esta especie sólo es visible en abril y mayo, de lo que deduzco que los tres especímenes que nos han llegado este fin de semana (machos los tres, por cierto) han agotado ya su ciclo biológico y, después de haber fecundado a sus hembras y libado las flores y cumplido todos los requerimientos de la naturaleza, vienen a morir con la buena conciencia de quien no ha dejado ninguna cuenta pendiente en este mundo. Con todo, el espectáculo no es lo que se dice tranquilizador. El primer ejemplar lo descubrimos nada más llegar, el viernes por la tarde: estaba sobre el escalón que hay en la puerta de acceso al patio. Al verla inmóvil y con las alas extendidas, creímos que estaba muerta: pero, cuand

CORTES DE LUZ

" Nadie debe morir por no pagar la luz”, ha dicho el jefe de la oposición neozelandesa. Y no porque en su país exista aún alguna de esas leyes que condenaban a duros castigos a los morosos, y que tantos argumentos proporcionaron a los novelistas victorianos. Lo que sí hay en su país, como en casi todos, es esa característica insensibilidad del estado y de las grandes empresas de servicios hacia las circunstancias particulares de los ciudadanos o abonados. La de la luz detectó que en determinado domicilio no se pagaba la factura. Y envió a un operario a cortar el suministro. A éste le dijeron que allí vivía una mujer conectada a un respirador mecánico. “A mí qué me cuenta usted. Yo cumplo con mi deber”, diría el empleado. Dicho y hecho: el suministro quedó cortado, el respirador dejó de funcionar, la mujer murió. Es un caso extremo, claro. Lo normal, ante un corte de luz, es que a uno se le eche a perder el pescado congelado que guarda en el frigorífico, o el propio frigorífico,

ALBÓNDIGAS

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De todos modos, que hagamos más caso de nuestros cambiantes estados de ánimo que de la digestión, por ejemplo, no deja de ser una más de las muchas arbitrariedades por las que nos regimos. Ayer el desánimo, hoy un sentimiento de exultación igualmente poco fundamentado... Como decir: ayer digerí mal las alubias, hoy he comido unas sabrosas albóndigas que me han contagiado su amenidad, la humorada de su forma, el principio de autoindulgencia que rige su consistencia y su cómodo tamaño. *** Todo ha sido dicho, todas las películas posibles han sido ya filmadas. Veo Almas de metal ( Westworld , 1973), de Michael Crichton. Robocop , Parque Jurásico , Terminator y demás no son más que variaciones más o menos estridentes de los temas enunciados en esta película barata y un tanto elemental, pero filmada con cierto convencimiento. Que dos adultos acudan a lo que ahora llamamos un parque temático para sumergirse en un remedo de western , en el que está permitido matar a los figurantes (aqu

AL TERCER DÍA

Al tercer día de levante, el mar, de tan revuelto, tiene un color verde sucio, como de agua de fregar. Y el aire es tan liviano, tan falto de sustancia, que no llena. *** Extraño ánimo el que nos procuramos a fuerza de intercambiar desánimos. A E. la primavera, alguna reciente vicisitud dolorosa y su condición de personaje cuasi público caído en desgracia lo han convertido en un alma en pena que pasea su inquietud por esta especie de antesala donde todos se cruzan que constituyen las calles céntricas de la ciudad. Yo le cuento mis penas, no tan fundadas como las suyas. Instintivamente bajamos la voz: las paredes oyen, y no es bueno ventear ciertos agravios en un escaparate. Me pregunto si este equipararnos en el desánimo no es una especie de deferencia mutua: sería hasta de mala educación, ante las circunstancias del otro, alardear de logros y triunfos, en el caso de que los hubiera. Por suerte, nos conocemos lo bastante bien como para no tomarnos del todo en serio. Y esa risa fina
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La última presentación. Mañana. Pinchar imagen para leer detalles.

IQUINO

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Intuyo que el plano-secuencia que tanto me ha llamado la atención en Los ladrones somos gente honrada (1942), de Ignacio F. Iquino tiene truco, pero no tengo la opción de hacer marchar la película hacia atrás para examinarlo con más detenimiento. La toma comienza en el interior de la lujosa casa de los señores de Arévalo, donde el Melancólico (Manuel Luna) y sus secuaces de disponen a perpetrar un robo durante una concurrida fiesta; después de registrar lo que ocurre en el interior, la cámara se aleja hasta salir, literalmente, por una pequeña ventana con cortinas, para desplazarse libremente por el jardín y detenerse ante un ventanal donde el Melancólico (que, como su nombre indica, se dedica al crimen para escapar de un inconcreto pero muy mundano tedio vital) aborda a la señorita de la casa (amparito Rivelles), de la que se enamora. Sospecho, ya digo, que el truco está en la ventana que sirve de transición entre las dos partes del falso plano: como Hitchcock en La soga , el direc

NICHO ECOLÓGICO

La delincuencia, como ciertas formas de vida animal y vegetal, no depende tanto de voluntades como de condiciones: si se dan las necesarias para que un tipo de delincuencia se perpetúe (tolerancia social, debilidad de las autoridades, fomento interesado de ciertas coartadas y excusas, existencia de un beneficio claro e inmediato para las acciones delictivas), ésta se perpetuará, independientemente de que algún que otro cabecilla de los delincuentes anuncie la posibilidad de abandonarla o de que, desde el lado de la autoridad constituida, se agiten determinados señuelos para atraer a los delincuentes que añoran su retiro. Porque si tal o cual cabecilla se desmarca, surgirán otros que aprovecharán el hueco dejado, la cantera por explotar. La única opción es trabajar por reducir ese "nicho ecológico" en el que prosperan determinadas clases de delincuencia. Hacer la vida muy difícil en ellos. Y aguantar el tirón. Lo demás: cháchara. *** También: cuando todo el mundo habla de lo

ANSIEDADES

Ah, esas voces rioplatenses que lo consuelan a uno de su torpeza ante los vericuetos de la informática; que te van guiando, casi como a un niño, por el laberinto de los problemas aparentemente irresolubles, hasta que ("pulse aquí, abra esta pestaña, déle a Aceptar ") todo se aclara, y uno se siente indeciblemente agradecido a ellas, a su mera existencia, a su infinita disponibilidad. *** Aquí el verano no llega como tiene que llegar, sino a empellones, como un reo traído a un campo de trabajos forzados por un esbirro poco paciente. Quienes han experimentado la llegada de las primeras calores de la mano del viento de levante saben lo que quiero decir. *** Qué mal lo deben de pasar los tímidos en las ambulancias. (Yo me entiendo.)

ENTRETIEMPO

Nuestros abuelos, que eran algo más previsores que nosotros, guardaban en el armario un juego completo de lo que ellos llamaban “ropa de entretiempo”; que venía a ser como la de invierno, pero confeccionada con telas más livianas y alegres. Cuando empezaba el buen tiempo no renunciaban, por ejemplo, a llevar abrigo; pero éste no era ya la prenda pesada y oscura que habían usado en invierno, sino que tenía el grosor de una chaqueta y era de color claro. A mi madre le llegué a conocer un abrigo de verano blanco, con brocados del mismo color, que le daban a la prenda una apariencia tornasolada. Lo usaba poco, la verdad sea dicha, pero su sola presencia en el armario era una prueba de que entonces no se sentía que las diferencias entre el verano y el invierno fueran tan acusadas; que también el clima tenía grados y matices. Nosotros somos todo lo contrario: ansiosos, impacientes, extremos. Brilla el sol dos días seguidos y nos creemos autorizados para arrumbar, no ya los abrigos, sino i