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Mostrando entradas de julio, 2007

FESTIVALES DE VERANO

Naturalmente, no tiene uno nada contra el festival de Benicàssim. Pero, claro, es tanta la publicidad que se le ha hecho desde los medios de comunicación, públicos y privados, y es tanta la complacencia que algunos comentaristas han gastado en elogiar lo que consideran el acontecimiento cultural del verano, que uno empieza a sospechar. Para algunos, al parecer, la cultura se mide por su eco mundano, por las multitudes que mueve, por el grado de "novedad" que pueda atribuírsele. Y no es eso. O, mejor dicho, no es sólo eso. Lo digo después de haber pasado unos días en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, que ha cumplido este año su trigésima edición. La propia villa manchega parece haber vivido estas jornadas con característica placidez: a la espera de que abriesen los diversos locales en que se representaban las obras de teatro, uno podía ver a los asistentes a las mismas tranquilamente sentados en la Plaza Mayor, degustando las sabrosas especialidades de la gastronom

MURCIA

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La imagen y la voz de Ramón Gaya en el documental de la Universidad de Murcia que exhiben en el museo que lleva el nombre del pintor, en su ciudad natal. Desgrana monótonamente, como una letanía, el rosario de experiencias y principios que repite constantemente en sus escritos y entrevistas: el nulo crédito que concede a la "modernidad" ("estaba más vivo un cuadro de Tiziano que el que pintó Paul Klee la tarde anterior", cuenta de su estancia parisina, en los años veinte), su idea de que pintar es más bien quitar que añadir, desvelar que crear una ilusión óptica, su fidelidad a amigos y maestros... La empleada que atiende el museo ha tardado varios minutos en encontrar el disco que contiene el documental, tal vez porque hace días, o semanas, que nadie solicita verlo. Tampoco yo sé muy bien por qué la he molestado: tal vez porque fuera cae un calor aplastante, y este remanso de serenidad y lucidez intelectual es también, ay, un sitio fresco. *** Fuera, ya digo, el

TEATRO

Mientras nos tomábamos una copa en el porche de nuestro bungalow , ya de madrugada, vemos pasar la poca airosa desbandada de una familia que ha terminado de cenar en el cercano restaurante. Los hombres van borrachos, alguno haciendo eses; los niños parecen desconcertados y temerosos; las mujeres van cabizbajas. Oímos portazos de coche y la puesta en marcha de varios motores. Menos mal que el pueblo está a menos de un kilómetro, por lo que las posibilidades de accidente en el trayecto de vuelta, suponemos, no son muy altas. Y ya nos creemos otra vez a solas, cuando percibimos una voz de mujer, bisbiseante y machachona, que parece recitar una larga lista de agravios. Acertamos a oír alguna que otra frase entrecortada: "Y es que luego quedo yo como la mala de la película...", "No, no, déjame terminar", "¿Y quién fue la que le puso las cortinas a mi madre?"... Al poco, asoma por la vereda una mujer madura, de mediana estatura, bien vestida, y un hombre bajito

RUGIDOS

Una de las sensaciones más gratas que nos depara la prensa veraniega es la constatación de que, cuando callan los políticos, habla el resto de la sociedad. O, mejor dicho, que sólo cuando amaina la cháchara política, tan áspera e infructuosa casi siempre, puede uno oír lo que hacen, dicen y piensan otros actores sociales. Unos científicos, por ejemplo, han encontrado una cría de mamut perfectamente conservada en los hielos de Siberia; otros han descubierto las zonas del cerebro relacionadas con el olvido de las malas experiencias; de China nos llegan imágenes de plagas bíblicas de ratas; y en Málaga han encontrado a un león encerrado en una furgoneta… Si uno atribuyera cuanto aparece en los periódicos a las divagaciones de una mente observadora, tendría uno la impresión de que, en verano, libre de responsabilidades, esa mente campa por donde verdaderamente le apetece, y es más receptiva a la enorme variedad de fenómenos interesantes, divertidos o, simplemente, curiosos que produce la r

CUENTOS

Piscina de agua salada, martinis en copas de campana servidos al filo mismo de la piscina, tumbonas, césped, conversación cínica y divertida, mujeres maduras y mundanas, en ese punto de sazón en el que un simple retoque de labios o un modo peculiar de atarse el pareo son como pinceladas maestras a un cuadro acabado... Estos amigos nuestros se han venido a veranear a un cuento de Cheever. Mientras que nosotros, por contraste, parecemos llegar de uno de Aldecoa. Pero nos adaptamos rápido, y a las pocas horas siento ganas, no sé, de nadar todas las piscinas de la urbanización y darle a ese imaginario río un nombre de mujer.

DIOSAS MARINAS

Esta mujer que avanza por la orilla, algo encogida, como por timidez, sin mirar a nadie, precedida por sus pechos bamboleantes, adornados con argollas en los pezones. *** O esa otra que, ante un espejito colocado en el repecho de una roca, decoraba su cuerpo desnudo con pinturas de guerra. *** O la que, después de quitarse el salitre con una garrafa de agua dulce, procedió a arreglarse como para una fiesta, allí, delante de todos, en un strip-tease inverso, demostrando de una vez por todas que el acto de vestirse es infinitamente más sugerente que el de desnudarse.

APÓCRIFOS DE PLATÓN

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Apócrifos de Platón (de una versión muy adulterada y algo anacrónica de La república ) .- "La situación de la religión en la Atlántida es la siguiente: las clases ilustradas profesan el ateísmo radical, pero no hacen alarde de ello; y el pueblo practica una religión sencilla, abundante en figuras ejemplares de santos y profetas y en relatos de las hazañas de éstos, amorosamente transmitidos de padres a hijos. Tanto las clases ilustradas como el pueblo comparten una misma moral, sólo que los primeros la acatan en virtud de un imperativo categórico de origen filosófico y los otros la deducen instintivamente de sus creencias religiosas". "La situación se parece algo a la que, en algunos momentos de la Historia, se ha dado en algunos países de Oriente. Tanto el confucionismo como el sintoísmo son religiones... ateas, sin que nadie vea contradicción en ello. Para las clases cultas, la religión se traduce en prácticas de meditación; para las populares, en un sinfín de super

TURISTAS

Todos somos turistas: basta con poner el pie fuera de nuestro barrio, de nuestro pueblo, de nuestros “paraderos habituales” —por decirlo en lenguaje policial—, para que sintamos la tentación de mirar a las alturas, predispuestos a admirar la monumentalidad de los edificios, de vestir pantalón corto y camisas floreadas, de sentir que la primera necesidad del día es localizar un restaurante acogedor y no demasiado caro donde almorzar… Eso es un turista: alguien que pasea su curiosidad y su apetencia de novedades por un entorno extraño, y hace votos para que esa extrañeza no se le ponga en contra. Porque un turista es básicamente un ser vulnerable: si le roban la cartera, si extravía el pasaporte, si se le avería el coche en un lugar extraño, se sentirá desprotegido y abrumado, por muchos esfuerzos que hagan (si los hacen) los empleados del hotel o de la agencia de viajes por animarlo y solucionar sus problemas. Pero esa desprotección del turista tiene, además, una dimensión simbólica: ex

Qué

¿Qué compra uno cuando compra un perfume? *** Que este pub de hace treinta años -papagayos, peces de colores- tenga clientela a las seis de la tarde no deja de ser curioso. Y más todavía que quienes contribuyen a esta ilusión de intemporalidad no tengan ni idea de que reproducen lo que hacían sus predecesores -sus padres, e incluso sus abuelos- hace treinta años. *** Ponemos fin a las juergas porque, en realidad, no sabríamos cómo terminarlas si no les impusiéramos un final. Yo me entiendo.

RIGMAROLE

Algún meteorólogo, o geógrafo, o físico (no sé a qué rama de la ciencia compete este fenómeno) sabrá explicar por qué la coincidencia de marea baja y amanecer produce este momento de aire limpio y calma, que se termina en cuanto el sol está lo bastante alto para hacernos sentir su calor. Uno no necesita de estas exhibiciones para ser partidario de los amaneceres: lo he sido siempre, a despecho de mi proclamado (y no del todo convincente) noctambulismo juvenil. Pero sí agradece uno que la naturaleza muestre su lado mejor justo en el momento del día en el que se necesitan buenas razones para levantarse. Y no por pereza. *** Ayer unos parientes y yo quedamos para hacer unos ripios para celebrar cierta efeméride familiar. Siempre me cuesta mucho ejercer en público las habilidades que se le suponen a quien escribe regularmente poesía. Pero estos ejercicios no dejan de tener su utilidad: revelan que la mera manipulación rítmica del lenguaje resulta tanto más placentera cuanto más insignif

MAREA BAJA

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Cuando Cheever dice que la casa de un enfermo huele a camas sin ventilar y a medicinas, estamos dentro de lo previsible; pero cuando añade el olor "a corazones de fruta" aporta un detalle que, sin resultar del todo inesperado, certifica la autenticidad de la descripción; o, mejor dicho, le da la vuelta: lo que era un proceso de naturaleza deductiva (del conocimiento general de las circunstancias de una enfermedad se deduce que hay poca ocasión de ventilar las camas y que se consumen medicinas) se transforma en un proceso inductivo: el observador constata que esos enfermos, además de todo lo que se espera de ellos, consumen fruta fresca, quizá porque no pueden comer otra cosa; y que quien los cuida no tiene tiempo, o la diligencia necesaria, para eliminar los restos de esa fruta. El proceso inductivo tiene, a efectos literarios, una clara ventaja sobre la deducción: sitúa al observador ante los hechos, le permite redescrubrirlos en toda su gama de circunstancias y detalles. *

THE STUFF OF POETRY

Por dos veces, al volver de la piscina municipal al mediodía (por este insólito camino que implica recorrer la larga calzada empedrada que vertebra las ruinas del "barrio nazarí"), la misma sensación de reconocimiento, de dejà vu : el olor a hierba quemada por el sol , el recóndito perfume de la higuera silvestre brotando de un cauce seco, una nota acre de frutos podridos. Una pared blanca, un cielo de un inmaculado azul intenso, un silencio absoluto, en el que apenas inciden pequeños rumores de rutina doméstica que surgen de lo hondo de las casas cerradas a cal y canto. Y la sensación, ya digo, de haber estado allí antes y haber experimentado esta misma sensación de intensa felicidad en la que, por su misma intensidad, apuntan ya las raíces mismas de su necesaria fugacidad. Días en los que el calor y el cansancio son síntomas de vitalidad apurada al máximo, de feliz consumación de todas las posibilidades de una mañana de verano. Felicidad que es mayor, precisamente, por conl

9,99

Leo con una mezcla de simpatía y melancolía las noticias referentes al madrileño que ha sacado un 9,99 en la selectividad. Simpatía porque, aunque en las novelas y películas concedamos este sentimiento al chico guapo que escapa con impunidad del castigo merecido, al delincuente con buen fondo o al bandido que se redime por un gesto, en la realidad todavía somos muchos los que nos congratulamos cuando tenemos noticia de alguno de estos poco escandalosos, y hasta poco celebrados, triunfos del trabajo y la constancia. La ficción tolera mal los ejemplos edificantes; pero la realidad sería demasiado poco soportable si, de vez en cuando, no supiéramos que un valiente se ha arrojado al mar para salvar a alguien que se ahogaba, o si no celebrásemos los triunfos de un chico estudioso. Y melancolía, decía, porque, aunque la prensa ha concedido un hueco a este infrecuente logro académico, sabemos de sobra que no es precisamente el tipo de hazañas que esta sociedad estima y celebra; y, también que

AUTOBÚS

A última hora de la tarde el sol pega de lleno bajo la marquesina, por lo que quienes esperan el autobús han de situarse detrás de ésta, a unos pasos de distancia, para aprovechar el rectángulo de sombra que la estructura proyecta a su espalda. Coincido allí con un matrimonio mayor, que también espera. Al poco se les une una mujer joven. No es guapa: la excesiva delgadez la carga un poco de espaldas, y las pecas de los brazos y el escote la envejecen. No obstante, tiene una sonrisa amable y ojos alegres, que le dan vivacidad al rostro y, en medio del panorama desolado, lo convierten en la única referencia visual grata. El viejo le pregunta cómo va todo. Y la chica se embarca en una extraña historia que tiene que ver con un encierro, y con algo o alguien que se niega a abandonarlo. "No le des de comer", dice el viejo. "Ya verás cómo sale en cuanto tenga hambre". La chica se encoge de hombros y la bondad de su rostro se acentúa. Yo todavía no tengo claro de qué se

GREASE

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Recopilo las reseñas recibidas hasta ahora por mi Sexteto de Madrid : dos de ellas favorables, una tercera más bien fría, la cuarta abiertamente negativa. El lector puede acceder a ellas desde los márgenes de este cuaderno. Uno las agradece todas, porque todas implican que ha habido personas que han dedicado su atención al libro y han creído conveniente transmitir sus impresiones de lectura. Lo que no tengo tan claro es si a mí me sirven de algo: unas elogian lo que otras censuran, tanto en lo referente a ciertos rasgos de estilo y constantes temáticas como a la plasmación de éstos en determinados cuentos, que unos destacan y otros consideran fallidos... No sé. A uno le gustaría que la primera premisa para plantear una reseña fuera la aceptación más o menos implícita de las reglas de juego por las que se rige el libro. No se puede juzgar un poema épico desde las expectativas, digamos, que se le suponen a la poesía lírica. Por lo mismo, no se pueden juzgar historias que se quieren cotid

BIBLIOPISCINA

Una mesa de plástico venida a menos, maltratada por el sol y la intemperie. Un par de carteles escritos con rotulador : un elogio algo tópico, pero sentido, de la lectura, firmado por un tal "Mateo", y una advertencia: los libros allí expuestos no pueden salir del recinto de la piscina y deben ser tratados con cuidado (aunque la mayoría de ellos están tan deteriorados como la propia mesa). Un eficaz resumen, en fin, de la normativa vigente en cualquier biblioteca pública. Porque de eso se trata: de una "biblioteca" mínima, formada por una treintena de libros, puestos a disposición de los veraneantes que acuden diariamente a la piscina en este pueblo de la sierra. Una idea digna de ser imitada. Más curiosa aún es la selección de títulos (la mayoría, deduzco por alguna que otra inscripción a bolígrafo, propiedad del mismo "Mateo" que firmaba el elogio a la lectura antes mencionado): La conjura de los necios , alguno de Delibes, algún volumen de arqueología