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Mostrando entradas de octubre, 2007

ENAMORADOS

Él la llamaba “Azúcar”, y ella a él “Príncipe de la Satisfacción”. Extraños apelativos, que quizá en serbocroata suenen mejor que en nuestro desencantado español; o tal vez, simplemente, pertenezcan al intransferible idioma de los enamorados. El caso es que “Azúcar”, leemos, era una esposa insatisfecha, y “Príncipe…” un hombre de ésos que se confiesan incomprendidos por su mujer. Se conocieron en un “chat” (no me pregunten qué es eso: yo nunca he estado en ninguno), y en ese extraño lugar inexistente, en esa ilocalizable coordenada del ciberespacio, se enamoraron… Otros hubieran dejado que ese amor perviviera en esos espacios intangibles, donde nada puede enturbiarlo. Pero ellos decidieron conocerse. Se citaron (quiero imaginar que en algún rincón discreto de alguna ruidosa cafetería de Belgrado, por ejemplo) y descubrieron, horrorizados, que “Azúcar” era la esposa desabrida de la que él andaba huyendo, y el “Príncipe” no era sino el marido al que ella ya no soportaba. Si esto hubiera

PÁGINA EN BLANCO

Seguramente la página en blanco (o su equivalente contemporáneo, la pantalla en blanco) tiene más prestigio del que merece: ante ella, se supone, la mente del escritor experimenta ciertas innominadas expansiones, que se traducen en una súbita explosión verbal. Pero la pantalla en blanco (o su arcaico predecesor, el folio) las más de las veces no es más que un espejo, que refleja el vacío de la mente a ella enfrentada. Cuántas hinchazones de vanidad creativa no se desinflan ante ella. Cuántos insomnios poblados de verborrea circular no quedan en nada en cuanto uno se levanta y se dispone a traspasar a la superficie blanca el discurso que le quita el sueño. Y lo peor de todo: la mera pretensión de tener una conciencia siempre alerta, cargada de razones y argumentos, qué desacreditada queda ante la constatación de impotencia que supone no tener nada que decir. *** A ciertas personas les basta un acento levemente distinto, la apariencia de haber frecuentado otros aires, o la mera necesi

COMIDA PARA LEONES

Lo que más llama la atención de La gloria de los niños es lo que se parece, en tono y atmósfera, a las historias que cuentan los testigos directos de la guerra y la posguerra: imprecisas, borrosas, inexactas, pero dotadas de una luz y una intensidad que les es peculiar; con algo (con mucho) de cuento, embellecido incluso, pero con indelebles trazos de dureza que resisten a cualquier intento de mixtificación. Así son, por ejemplo, los relatos de la infancia de mi padre. Los datos aportados por historiadores y periodistas sirven para contrastar esos relatos y situarlos en la perspectiva adecuada, pero nunca bastarán para desmentirlos o desacreditarlos: son la verdad vivida, con sus deformaciones e imprecisiones, frente a la frialdad del dato histórico o el testimonio forense. La verdadera "memoria histórica" no puede ser más que la desmemoria del testigo que ha vivido y olvidado. Y esa desmemoria, que preserva lo vivido en relatos más próximos a la ficción y a la leyenda que

CALOR

En la sierra, el frío se hace sentir dentro de las casas antes que en el exterior. Primer fin de semana frío: ha habido que sacar las mantas y encender la chimenea. Satisfacción: la presencia en la calle, el otro día, de una castañera, mientras todos paseábamos en manga corta, nos dejó una desazonadora sensación de incongruencia. Ya no: las aguas vuelven a su cauce, las temperaturas se adecuan a la fecha. Que dure. *** Sobre la chimenea, el cuadro de J. A. Martel que me ha regalado M. A.: la fachada de una vieja casa semiabandonada, cercana a la nuestra. Un lienzo de pared, una puerta, un ventanuco. Pero el verdadero asunto del cuadro es la increíble riqueza de colores y texturas de esa puerta remendada, de ese muro parcheado. Y un golpe de sol sesgado, que recorta una L invertida de sombra sobre la puerta y el ventanuco. Magia de la pintura, del instante atrapado: también ese sol contribuye lo suyo a caldear la casa; casi tanto, en fin, como el propio fuego que arde en la chimenea

GÉRMENES

La tentación de opinar... Como todas las tentaciones improductivas y abocadas a la insatisfacción, mejor vencerla. No decir, por ejemplo, qué piensa uno del premio Nobel a Al Gore, ni de los políticos populistas españoles que andan paseando su nombre y su figura de acá para allá, ni del menguado líder opositor que ha creído que los tópicos biempensantes se combaten con un exabrupto de café... No entrar en esto. Para qué. *** Pero no contener tampoco la indignación: la que produce, por ejemplo, pensar que el personaje que arreó por las buenas dos patadas y algunos golpes a una chica que viajaba en el metro barcelonés va a convertirse, de la noche a la mañana, en una "figura mediática", e incluso va a ganar dinero a costa de su deleznable acción. Sería interesante saber qué medios han pagado esos dineros. Para no concederles jamás, a partir de ahora, el menor crédito. *** El cansancio se parece mucho a una enfermedad. Una enfermedad producida por gérmenes bien conocidos.

RUIDOS, OTRA VEZ

Leo con verdadera consternación que el Gobierno ha terminado de desarrollar su Ley del Ruido con un decreto cuya aplicación costará ocho mil millones de euros; y la consternación se debe, no a que me parezca mal que se intente atajar esta plaga , sino a la constatación de que la distancia entre gobernantes y gobernados es tan grande que es posible que los primeros crean sinceramente que con una disposición legislativa y un aumento del gasto se solucionan los problemas. Palabras y dinero, la fórmula mágica. Pero el caso es que no veo cómo esas palabras, inscritas en el Boletín Oficial del Estado, y ese dinero van a cambiar la realidad. Porque ese decreto habla de aislamientos, de materiales de construcción estancos al ruido, etc. Y de qué servirá todo eso, pienso yo, si, en una de estas madrugadas todavía calurosas de mediados de otoño, como las de ahora, yo mantengo entreabierta mi ventana y por mi calle siguen pasando, con absoluta impunidad, decenas de motocicletas con el escape roto

EL HILO

Pequeñas odiseas cotidianas. Esta mañana, justo cuando el autobús estaba entrando en la ciudad, oímos un tremendo crujido en su base, como si algo se hubiese roto o aplastado. Miramos con preocupación por la ventanilla, temiendo ver una moto chafada en el asfalto o un coche empotrado en la barandilla. Pero no hay tal. Unos metros más adelante, el autobús de detiene y queda semiatravesado en medio de la carretera, provocando un atasco monumental. Tras algunos intentos fallidos de volver a ponerlo en marcha, el conductor se baja y detiene a otro autobús de la misma compañía, y nos dice a los pasajeros que nos traslademos al mismo. Así lo hacemos: nos atestamos en el pasillo del nuevo autobús, que ya iba lleno, lo que provoca alguna protesta entre quienes viajaban en él y alguna réplica destemplada por parte de los recién llegados. En cada parada, para que puedan bajarse quienes así lo desean, han de hacerlo antes todas las personas que se interponen entre aquéllas y la puerta... Temiendo

COMIDA DE TRABAJO

En la barra. Alguien hace un chiste sobre la corbata de no sé quién. Y un tipo encorbatado que come en el otro extremo levanta la mirada, como dándose por aludido. *** Lo que ponen de comer aquí no es comida propiamente dicha, sino... chucherías. Y quienes venimos a almorzar a este lugar no lo hacemos tanto por calmar el apetito como por procurarnos alguna gratificación. Y, sin embargo, no deja de ser una comida de trabajo: esta autoindulgencia no es sino el otro lado de la moneda, lo que nos da fuerzas para digerir otras cosas. *** La verdadera vida interior es la que está fuera. Dentro no hay más que viento. O algo peor aún: aire enrarecido.

ECHAR EL RATO

En realidad, esto de los blogs no puede obedecer a otra cosa que a la iniciativa particular y a cierto impulso desinteresado. Los patrocinados por periódicos resultan, a la postre, un pobre sucedáneo de las columnas de opinión que publican esos mismos periódicos, un vano intento de plantar una pica en tierra de nadie. Seguramente, en este fenómeno hay mucho de novelería, y su dependencia de plataformas informáticas sobre las que el usuario apenas sabe nada y sobre las que no ejerce el más mínimo control supone un factor añadido de fragilidad. El día menos pensado, Google y otras empresas se sacudirán de encima la responsabilidad y la carga de prestar soporte tecnológico a esta flor de un día de la sociabilidad contemporánea: significativamente, todos los que la cultivamos sospechamos que será una moda pasajera. Pero, mientras dure, resulta tremendamente divertido ver cuánto miedo le tienen (lo pude comprobar el otro día, en una mesa redonda) quienes sirven a los intereses de los grand

SÍMBOLOS

Muy aburridos debemos de andar para que nos haya dado por discutir sobre los símbolos: la bandera, el himno, la monarquía… En otros países más civilizados (o más atareados, en fin) la discusión quedaría zanjada con el recordatorio de que esos símbolos han sido establecidos por la Constitución, y debería bastar el respeto debido a la misma para que nadie los pusiera en cuestión de manera ofensiva o agresiva. Otra cosa son los sentimientos de cada cual. A unos les emociona todavía el recuerdo de que, hace años, en España ondeó la bandera tricolor y el estado tuvo otra forma y encarnó transitoriamente las ilusiones postergadas de amplios sectores de la población. Esa emoción es legítima, y a nadie debería asustar el hecho de que sea todavía cultivada por algunos. Lo mismo puede decirse de la forma del estado. A muchos (me incluyo entre ellos) nos parece que no sería ningún despropósito que la jefatura del estado fuera electiva, y no hereditaria. Pero eso no resta ni un ápice de legitimida

JAVIER MOLINA

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El mar embistiendo contra una estructura rocosa; la luz de un atardecer urbano; una torre azulenca destacándose contra la negrura; una acera disolviéndose en la lluvia... Enunciar lo que contienen estos cuadros de Javier Molina (Cádiz, 1961) equivale a traicionar su misterio: el pintor ha querido abordar la realidad en esas confluencias de líneas y formas en las que ésta deja de ser explícita. Algunos lo llaman “abstracción”. Pero lo que en muchos es una huida hacia adelante, en Javier Molina es un modo de abordar directamente la carga emocional de esos lugares, de esa luz, de esas formas. Quiero decir que Javier, a estas alturas, se nos ha vuelto un pintor introspectivo e intimista. Estos cuadros cuentan una vida, y lo que tienen de misterio, de trampa pictórica, no es sino la necesidad de ocultar lo que acaso no puede ser dicho. ¿A qué tiempo pertenecen esos azules desolados, esa luz descorazonadora? A la infancia, claro. Al tiempo del que nada se puede decir, porque nos arrolló

SARDINAS Y RATONES

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Tres hermosas sardinas en el suelo del andén de la parada de autobuses. Hermosas de verdad: sus tonos verdinegros brillan al sol, la carne se muestra todavía tersa, aún no castigada por ningún pisotón o por la mera exposición a la intemperie. No comprendo cómo han llegado hasta aquí. La explicación más obvia (que se le han caído a alguien de la cesta de la compra) es difícil de aceptar en un lugar donde siempre hay gente aburrida que capta cualquier gesto extraño de los demás, y que, con su mera presencia, hubiera forzado al descuidado a recoger sus desechos y arrojarlos a una papelera. A no ser, claro, que el descuidado (o descuidada) tuviera la presencia de ánimo necesaria para contrarrestar dos docenas de miradas acusadoras. Sea como sea, ahí están: como si el mar se les hubiera secado de repente y por el fondo ahora enjuto no parasen de desfilar extrañas criaturas bípedas, tan propicias al asombro y a la indignación como a la indiferencia. *** Lo asombroso, en fin, no es que un

NO SÉ EXPLICARLO

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A propósito de lo que decíamos ayer: tal vez ser un autor "poco dotado para la novela", como decía Sanz Villanueva de Juan José Millás, no sea exactamente un demérito, sino una simple inadecuación entre vocación y exigencias del mercado. Y juzgar a un escritor por no estar a la altura de esas exigencias sería tan injusto como restarle méritos a un buen cocinero porque no sabe preparar una cena para trescientas personas. No quiero decir con ello que entre quienes preparan cenas multitudinarias no haya excelentes cocineros; pero lo que está claro es que también puede haberlos que no dominen los secretos y técnicas de la cocina industrial. Tampoco quiero decir que todas las novelas que se escriben respondan a esas intenciones y expectativas. Pero sí que las editoriales, en general, se sienten más cómodas con cierto tipo de novela más o menos convencional; y que incluso los editores que blasonan de una alta exigencia literaria, en realidad lo que buscan es buen estilo puesto al

DEJACIONES

Certero "faldón" de Santos Sanz Villanueva en El Mundo a propósito de los últimos premios Planeta. Llama la atención sobre la reciente moda de premiar, en este tipo de certámenes, a un doblete formado por un escritor "reconocido" (en este caso, Juan José Millás) y a lo que se viene llamando una "figura mediática" (aquí, el histrión televisivo Boris Izaguirre). Incide Sanz Villanueva en el hecho de que el primero es, ante todo, uno de esos estilistas enamorados de los "primores de lo pequeño": lo que -añado yo- le ha llevado a cultivar una literatura de la extrañeza que funciona bastante bien en los formatos breves (la columna periodística, por ejemplo), pero que da poco juego en las narraciones extensas. Del otro no hay datos. Lo que sí es seguro es que, sólo con su nombre, atraerá una legión de compradores, entre no-lectores (que adquirirán el libro para ponerlo en las estanterías del salón, o para regalarlo) y desertores de la buena literatur

VELOS

No hace mucho coincidí en un tren de cercanías con un alegre grupo de muchachas a las que, de no ser porque una o dos llevaban el tradicional hiyab o pañuelo alrededor de la cabeza, nadie hubiera identificado como magrebíes. Salvo este detalle, vestían a la occidental: vaqueros, camisetas ajustadas y esas inútiles chaquetillas de punto que sólo cubren los hombros. Tampoco había diferencias palpables entre el comportamiento de, digamos, las que llevaban velo y las destocadas: todas exhibían la misma inabarcable mezcla de gestos descarados y misteriosos mohínes que caracteriza a todas las adolescentes… Debo confesar, antes de seguir, que padezco arraigados prejuicios, digamos, teóricos sobre la cuestión del velo, y no puedo evitar sentir cierta irritación al ver cómo algunos sectores de la población inmigrante mantienen sobre la mujer imposiciones claramente discriminatorias. Pero esa tarde, en aquel tren, no experimenté ninguno de los sentimientos de rechazo acuñados en la fría digest

K.

En las carreteras estrechas la humanidad se divide en dos categorías: la de quienes avanzamos pegados a la cuneta, para dejar pasar a los que vienen en sentido contrario, y la de quienes van tranquilamente por el centro de la calzada, confiando en que quienes vengan de frente se pegarán cuanto puedan a la cuneta... Ni que decir tiene que cada uno de estos grupos tiene muy mala opinión del otro; pero la verdad es que se complementan perfectamente. *** Para rematar el día, vemos Más allá del Edén , una de las bobadas nihilistas del sobrevalorado fotógrafo y desnortado cineasta Larry Clark . Mientras, la gata K. persigue una sombra que, de vez en cuando, cruza por delante de la pantalla. Por fin se posa en ella: es una polilla. K. se sube a la mesita del televisor y trata de atraparla, pero el centelleo de la pantalla la desconcierta, y sólo acierta a alargar zarpazos temerosos, que no consiguen inmutar al insecto. Me acerco al televisor, hago resorte con los dedos y le suelto al bichej

CASA EN CONSTRUCCIÓN

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Casa en construcción [Itinerario poético 1984-2007] Renacimiento, Sevilla, 2007. Colección "Antologías" “La realidad está ahí, y yo formo parte de ella, y a mí me parecen bastante misteriosas la realidad en sí y mi posición en esa realidad, de modo que voy a intentar explicaros las razones de ese doble misterio”, parece decirnos Benítez Ariza. Y entonces fluye el verso, sereno y sin sobresaltos, aunque con encabalgamientos abruptos y expresiones anticlimáticas, con voz muy clara y precisa, y los misterios modestos de la conciencia se iluminan de pronto, aunque no para dejar de ser misterios, sino para ganar en extrañeza, ya que, al fin y al cabo, y por la ley inflexible de la paradoja, no hay nada más misterioso que el resultado del análisis de un misterio. (Del prólogo de Felipe Benítez Reyes) Las antologías poéticas tienen siempre algo de atajo, de muestrario apresurado, de catálogo de piezas cobradas: entiende uno que les sean útiles a los escolares y a todos

LA VERDADERA FIESTA

(A las siete) A esta hora sólo hay vida en los alrededores de la plaza de abastos. No es que no haya gente en otro sitios. Pero no puede decirse que estén precisamente vivos. Quienes venían conmigo en el autobús, por ejemplo: todos callados, pensativos, obscuri sub nocte sola . Incluso las mujeres parecían un tanto apagadas: llevaban encima sus abalorios, lucían sus escotes, exhalaban sus perfumes; pero todo esto parecía, a esa hora, como esos disfraces que se ven a destiempo en carnavales, cuando la gente pasa por la calle con ellos en dirección al lugar donde empezará más tarde la verdadera fiesta. *** Este hombre no piensa: suda. Y el sudor es su discurso. *** Esas noches en que el viento finge tormentas que, cuando abres la ventana, ves que no han tenido lugar más que en tu imaginación.

CORRE

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Como he tenido que dejar el coche en el taller, en un polígono industrial de las afueras, me veo obligado a coger el autobús en una de esas paradas extremas en las que casi nunca sube o baja nadie. De hecho, soy el único que espera, y el autobús llega vacío. Le pregunto al conductor dónde puedo hacer transbordo a la línea que me deja en el trabajo. "En la parada X", me dice. Y, como se me ve en la cara que no estoy muy familiarizado con esta ruta, ni muy seguro de reconocer esa parada, me anima, confianzudo: "Siéntate cerca, que yo te aviso". Obedezco, y todavía no he terminado de acomodarme (de sacar mis papeles, para distraer un trayecto que adivino largo y aburrido), cuando espeta: "¿Qué? ¿Hace frío?". Tardo unos segundos en entender que se refiere al aire acondicionado, que lleva puesto al máximo. La verdad es que lo he notado, pero, como hoy no me siento con ánimos de contradecir a nadie, le digo que está bien. "Es que fuera hace calor", arg

GEOMETRÍA

Dejamos el coche junto a las instalaciones del antiguo cámping abandonado y recorremos con cierta aprensión el tramo de camino que las atraviesa, dejando atrás el barracón que hacía las veces de comedor, la clausurada casa de los dueños, la piscina llena hasta la mitad de agua verdosa de lluvia. Enfilamos el camino. A nuestra izquierda, montañas, entre las que distinguimos una honda garganta; a la derecha, un encinar desbrozado a conciencia, las manchas negras de sombra limpiamente recortadas sobre la tierra pelada. El camino empieza a empinarse y C. empieza a respirar con dificultad. La esperamos en la segunda cancela. Al poco nos adelanta, a toda velocidad, una furgoneta cargada de ovejas muertas. A su paso queda en el aire un insoportable tufo, que tarda en amainar, aunque es posible que no proceda sólo de la macabra carga: a la vuelta del siguiente recodo, en la cuneta, encontramos más animales muertos. La furgoneta no ha tenido tiempo de parar y desprenderse de su espeluznant

RANAS TRANSPARENTES

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Un equipo de científicos de la universidad de Hiroshima, leo, ha conseguido crear una rana transparente. A través de la piel del pobre bicho pueden verse sus órganos internos y observarse sus funciones vitales. El siguiente paso, dicen, será dotar a este animal de proteínas fluorescentes, que brillen en la oscuridad… Debo advertir, antes de continuar, que siempre he seguido con curiosidad los logros de los muchos émulos del doctor Frankenstein que campan en los medios científicos contemporáneos. Las noticias que deparan lo mismo me ilusionan que me entristecen, según. A veces parece claro que, más pronto que tarde, los autores de estas llamativas manipulaciones llegarán a doblegar los grandes males que afligen a la humanidad; que acabarán con el cáncer, el sida y otras graves enfermedades; y que lograrán, incluso, arrojar alguna luz sobre lo que ocurre en esa penumbra que unos llaman “alma” y otros, más redichos (por eso de recurrir a un término griego), simplemente “psique”. Aunque la

CORRESPONDENCIA

Digerir bien un rechazo es parte de la educación sentimental. Y ello se aplica también a la clase de sentimientos implicados en la creación literaria. En ese sentido, espero que el autor de la carta que reproduzco a continuación no se ofenda ni me atribuya mala intención si, por casualidad, descubre este atenuado acto de indiscreción: sólo quiero anotar en este cuaderno un vaivén poco glorioso de mi carrera literaria. La carta (cuyos referentes concretos enmascaro, como no podía ser menos) decía así: Qdo. José Manuel, para comunicarte que [la editorial X no] va a publicar tu novela XYZ. Quería comentarte que la novela tiene un toque "infantil-juvenil" que podría hacer que lo deriváramos a nuestro nuevo sello en este ramo editorial... Eso sí, con un retoque algo severo de adaptación. Ellos quieren sacar también narrativas de corte cercano, realista... Si así lo quieres, te diría que, de mi parte, te dirijas a... Creo que en este sello tienes más posibilidades de aco

ZARPAZO

Como ando delicado, me siento especialmente vulnerable a todo lo que me saque de mi precario equilibrio. En el autobús llevaban hoy el aire acondicionado a toda potencia, pese a que las temperaturas en la calle han bajado notablemente. Noto ese frío artificial en la garganta y en la espalda. Para colmo, intento leer, pero el conductor ha decidido que a los viajeros de este trayecto les conviene más escuchar la radio. Llego a casa bastante descompuesto. Y, como suele pasarme siempre que experimento alguno de mis ataques de desacuerdo general con el mundo, encima me siento culpable. *** El ronroneo de los gatos: una expresión de placer egoísta que llega a confundirse fácilmente con una manifestación de afecto. Ojalá todo fuera tan sencillo. *** También quisiera uno para sí esa imprevisibilidad de los gatos: soltar un buen zarpazo a quien te pasa la mano por el lomo. *** Envidia del lector indiferente: ése que trasiega novelones, uno tras otro, sin sentirse en absoluto afectado

SABOTAJES

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(Para una teoría del sabotaje) Lo que quizá no dejó del todo claro Larra en "Vuelva usted mañana" es que la desidia burocrática es, ante todo, un acto de afirmación de poder. El de la ventanilla no hace más que proyectar sobre el público las mismas demoras puramente coercitivas que, seguramente, le aplica a él su propio jefe de negociado. Y así gira el mecanismo, seguro de que ningún particular es lo bastante fuerte para introducir un poco de arena en su engranaje. Ni siquiera si el particular pertenece al propio engranaje y sabe perfectamente cuáles son sus puntos débiles. *** No me cabe la menor duda de que a K., la gata, le produce una gran alegría verme cuando vuelvo del trabajo. Lo que no entiendo muy bien es su modo de manifestar su alegría: primero, a saltitos tras de mí; luego, dejándose acariciar la barriga, para, después, devolverme la caricia en forma de lametones y mordiscos no siempre inocuos. Termina acechándome desde las esquinas de algún mueble, como si yo

FIEBRE

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Las presuntas "cuestiones candentes" de la política española, que vuelven con cíclica monotonía: los separatismos, el debate monarquía-república, etc. Cuestiones en las que, la verdad sea dicha, si no suscitasen de vez en cuando mi indignación por la forma en que suelen plantearse y las pasiones casi siempre innobles que desatan, no consigo encontrar ni un solo argumento por el que deban interesarme, ni que afecte mi modo de vida o el de los míos, ni mi visión del mundo . Cuestiones meramente nominalistas, propias de una raza de dómines pedantes con cierta propensión a la violencia, soterrada o abierta. Y que, eso sí, facilitan enormemente la vida de los periodistas, que no tienen más que tomar nota del último episodio dialéctico para rellenar la página del día. *** Bajo los efectos de unas décimas de fiebre producidas por un catarro que agarré el viernes pasado, tras quedar empapado por un inesperado chaparrón. Hipersensibilidad, morbidez, lentitud de reflejos, sensació