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Mostrando entradas de noviembre, 2007

EL VENDAVAL

Sopló un poco de viento y derribó farolas, arrancó árboles, desgajó tejados e hizo volar alguna que otra cabeza de ganado. Las palmeras agitaban sus melenas, como bailarinas posesas; las marquesinas tableteaban, los charcos sobre el asfalto se erizaban como el lomo de un gato acariciado a contrapelo. Y las juntas de las ventanas modulaban el largo aullido del vendaval, como si éste, además de causar todos los efectos descritos, necesitara reafirmarse en su papel de malvado desatado y ensayase cómo asustar a los niños… Nadie recordaba nada igual en muchos años. El clima ya no es lo que era, decíamos, como si, en medio de tanto ruido, nadie fuera a llevarnos la cuenta de los tópicos. Es el cambio climático, decían los enterados. Y se quedaban tan anchos, como si saberse parte de una especie que es capaz de provocar semejante despliegue fuese un motivo secreto de orgullo. Y me acordé de un documental que vi no hace mucho, en el que se decía que, en algunas regiones de África, se tiene l

GATO POR LIEBRE

Voy a oír a Luis Mateo Díez y Manuel Longares en la UCA. Dedican buena parte de su amistoso mano a mano a deplorar el actual panorama editorial: "Hace veinte años -dice Mateo Díez- lo teníamos más fácil". Hoy, explica, las editoriales desatienden por igual "al autor que se plantea un reto literario" y al lector que responde a ese reto. Incluso las pretendidamente prestigiosas, remacha, "dan gato por liebre". El objetivo de las mismas, comentan ambos, es vender libros "al lector que no lee". Así nos luce el pelo. Después del acto, manifiesto a Luis Mateo mi coincidencia con su diagnóstico, y mi consiguiente desánimo. Que, según él, está más generalizado de lo que parece. Lo que no es un consuelo precisamente. *** Premio Cervantes a Juan Gelman. Lo tengo poco leído: sólo una antología que publicó Visor hace años, y que me gustó a ratos. Luis Antonio de Villena, muy diplomáticamente, comenta hoy en El Ojo Crítico, en Radio Nacional, lo llamativ

HABAS

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Al igual que El bucle melancólico , de Juaristi, el libro de Enrique Baltanás culmina con la constatación de la curiosa "mutación genética" (p. 11) que experimentan los loci literarios para convertirse en argumentos y justificaciones de un programa político: en este caso, cómo la llamada "materia de Andalucía", gestada en las literaturas europeas de los siglos XIX y principios del XX, se convierte en testimonio tangible de ese pasado más o menos mítico a cuya restauración propende un nacionalismo en permanente pugna con la modernidad. La conclusión podría ser: en todas partes cuecen habas, y las habas andaluzas no son, a estos efectos, menos indigestas que las vizcaínas. Especialmente curiosa resulta la indagación de Baltanás en algunos textos primigenios del nacionalismo andaluz: cómo éste, al igual que otros, incurre en el irredentismo, en este caso de ciertos territorios limítrofes a las actuales ocho provincias andaluzas, tales como Badajoz, algunas zonas de

FOSA COMÚN

Esas energías que se sacan del desánimo, y que te sirven para mostrarte diligente, activo, cuando tienes la íntima convicción de que toda esa diligencia y actividad no van a servir para nada... O, mejor dicho, que sólo sirven para una cosa: para demostrarte a ti mismo que sigues ahí... *** J. me da una caja de libros para la biblioteca del centro donde trabajo. No los he mirado aún: no experimento la curiosidad de otras veces. Bregar demasiado con libros puede tener estos efectos secundarios: verlos como morralla (lo que son, ay, en demasiadas ocasiones, cuando se presentan como montón informe de descartes y desechos); o, peor aún: como algo intermedio entre la morralla y lo aprovechable; algo que, sólo con infinita desgana y resignación, podría interesar a alguien, pero no tan claramente desdeñable como para despacharlos al basurero sin más. (La sensación contraria: cuando, en medio de una de estas fosas comunes de libros aparece uno vivito y coleando, que reclama de inmediato un

ROQUE SIX

Este sol que hiela los huesos. *** Roque Six no es una novela humorística, por más que insistan los manuales. A no ser que se tenga la falsa noción de que las "greguerías", las rápidas e inspiradas asociaciones metafóricas con que López Rubio acierta a darnos la atmósfera de su disparatada historia de reencarnaciones, sean consideradas ocurrencias graciosas o meros chistes. Tienen gracia, sí, pero no de la que hace reír, sino de la que conmueve por su acierto intuitivo, y deja un regusto tierno a realidades vistas por vez primera. Lo que sí es Roque Six es una novela... descoyuntada: más que nada, por su falso planteamiento fantástico, que no asume los costes y convenciones del género; y también, por su mezcla de tonos: de las seis reencarnaciones de Roque, algunas son bufas (el reverendo americano, por ejemplo), pero otras son claramente trágicas: el anarquista a punto de ser fusilado, o el niño que muere a las pocas semanas de nacer. El estilo, curiosamente, se cr

ALAS CORTADAS

¡Un féretro cubierto con la bandera anarquista en la portada de ABC! Decididamente, a este venerable periódico conservador le ha sentado muy bien distanciarse de la "teoría de la conspiración" y los catastrofismos de otros medios. Ya sólo falta que El País siga dando rienda suelta a la mal disimulada antipatía que manifiesta hacia el actual gobierno, y quizá lleguemos a un saludable punto de equilibrio. *** Arreglando el mundo con una botella de Cardenal Mendoza de por medio. Y como, incluso desde la confortable circunstancia en que discutimos, el mundo parece tener mal remedio, uno de los contertulios lanza esta pregunta: "Bueno, ¿y a quiénes hay que cortarles las cabezas?". Nos acabamos de conocer, por lo que hasta ahora habíamos medido cortésmente el alcance de nuestras afirmaciones. Intento una evasiva, que no da resultado. "No, no, a ver, a ver, ¿a quiénes hay que cortarles las cabezas?", insiste. A nadie, digo. En todo caso, bastaría con cortarles

UN CINCUENTENARIO

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Mortadelo y Filemón han cumplido medio siglo. En España, a excepción del patrimonio monumental y de nuestras peores inclinaciones, pocas cosas duran tanto: ni los regímenes políticos ni los prestigios literarios alcanzan esa longevidad, por lo que no deja de ser curioso que lo logren unos personajes de tebeo. Cabe preguntarse por las razones de la misma. Otros personajes de entonces, aunque no han sido del todo olvidados por sus lectores, tienen poco que decir a los jóvenes de hoy, a quienes seguramente les costará entender que sus padres y abuelos se divirtieran con las aventuras (desventuras, más bien) de las hermanas Gilda, dos solteronas un tanto antipáticas, o se relamieran con las hambres de Carpanta, o les resultaran entretenidas las vicisitudes familiares y laborales del atribulado Rosendo Cebolleta… Más que personajes de tebeo, parecían figuras de un martirologio contemporáneo, en el que estuviesen representadas las desgracias y tribulaciones que afligían al español medio. En

A LO BONZO

No aguanté más de media hora. Pero la impresión que me dejó esa especie de careo televisivo entre el presidente de la Junta y un grupo de ciudadanos fue que ambas partes se aburrían mortalmente de escucharse entre sí: al presidente le impacientaban las preguntas mal formuladas, indecisas, cargadas de casuística irrelevante, que le lanzaban los ciudadanos; y éstos a duras penas lograban mantener la cara de circunstancias ante las frases de discurso de investidura que les soltaba el mandatario. No había posibilidad de encuentro entre aquel inabarcable rosario de preocupaciones cotidianas (que si las pensiones, que si el precio de las cebollas en origen...) y las altisonantes abstracciones con que los políticos creen abarcar y (esto es lo peor) controlar la realidad. Sensación de que este tiempo, esta generación, este país, está desperdiciando algo, no sé exactamente qué. *** Lo que no me ha aburrido hasta ahora, y dudo que lo haga, es La materia de Andalucía , el lúcido y amenísim

HAIKU

El viento dobla las ramas de los árboles. Yo también cedo.

OBEDIENTE

A veces, la simple convocatoria de una cena de empresa suena a llamamiento totalitario. *** Estos dos guardias municipales, ella y él, interpretando entre los dos su coreografía entre cómica y absurda. Se me acerca primero ella y me pide que avance unos metros, porque estorbo. Resulta que me lo dice justo mientras aviso por el teléfono móvil a la persona que tiene que bajar a recoger el bulto que he venido a traer. Obedezco ( soy una persona obediente). Y es entonces cuando interviene el otro (él) para decirme que no se debe hablar por teléfono mientras se conduce, so pena de multa. Y todo se debe, en fin, a que el trozo de acera para carga y descarga que hay frente a este edificio público está ocupado por... el coche patrulla. *** Sientes que el libro se te acabe. Pero renuncias de antemano a volverlo a leer desde el principio. No ahora, al menos. Y es que hay placeres que no admiten repetición.

PAISAJES

Ese Dios cubista, consistente en un ojo inscrito en un triángulo. Y que, más que verlo todo, parece solamente verse a sí mismo. *** Casa Fardela, punto de destino de uno de los muchos senderos agrestes que parten de Benaocaz. La primera vez que quisimos llegar hasta allí, nos confundimos en una de las bifurcaciones y, después de avanzar y retroceder en vano ante diversos obstáculos, hubimos de volver sobre nuestros pasos. Esta vez no: el camino se muestra diáfano, inconfundible, y llegamos a la bella hondonada en la que se alza el doble edificio donde termina nuestra ruta. Estamos contentos, no tanto por haber rematado este modesto logro, como por tener la sensación, al haber llegado hasta aquí, de que se nos abre la amplia y algo enmarañada red de senderos que cruzan esta parte de la sierra. La verdadera urdimbre de la misma, si se prescinde de la elemental y artificiosa red de carreteras. Es más: la que comunica Benaocaz, Villaluenga, Grazalema, El Bosque y Ubrique, para volver ot

LA FOTO

Después de un puente festivo, y en medio de este otoño apacible, que todavía no ha obligado a las autoridades a abrir las estaciones de metro para que duerman los indigentes, resulta fácil dar crédito al espejismo de que somos un país rico. Lo somos, sí, las cifras no mienten. Pero con esto de la riqueza de las naciones pasa lo que con nuestras ideas sobre la felicidad individual: a veces, quienes más razones objetivas tienen para ser felices son quienes se sienten más desgraciados; con el agravante, además, de que esa aflicción difícilmente podrá ser explicada a quienes sí tienen motivos tangibles para el infortunio. Qué crédito pueden merecer las ansiedades y depresiones del rico sano y desocupado a los verdaderamente acosados por la enfermedad o la miseria. Pues eso mismo ocurre con la pobreza en los países ricos: parece un achaque, una mancha esporádica que puede eliminarse con una libranza del presupuesto municipal o un par de intervenciones de los servicios sociales, igual que la

PUNTOS DE VISTA

El tedio, más que un estado de ánimo, es un punto de vista.

IMPERTINENTES

Lo peor, en fin, no es que la monarquía puede caer por su propio peso; sino que, en treinta años de democracia, no se haya articulado, como una derivación natural de la propia democracia, un republicanismo de nuevo cuño, moderno, europeísta, desligado de mitologías revolucionarias y basado en razones tan sólidas como la evidencia de que, en unas elecciones presidenciales, los partidos nacionalistas, que tanto condicionan la vida política española en la actualidad, tendrían muy poco que hacer. Un republicanismo, digamos, a la francesa. Y no a la cubana. *** Que la gata, ya bastante crecida, haya aprendido a maullar como es debido es casi un motivo de orgullo. Lo malo es que, oyéndola, parece a veces que lo hace... en un tono muy parecido al de la recriminación. En esta casa todos acabamos por volvernos protestones e impertinentes. *** Posar para una foto es asumir una impostura. Que nunca es mayor que cuando consigues salir relajado y natural.

NEBLINA

Un monarca envejecido y balbuciente. Un presidente del gobierno titubeante, incapaz de hilar una frase contundente en respuesta a las bravuconadas de un sátrapa caribeño. Una oposición cuyo desprestigio empieza a redundar ya en demérito de toda la nación, aunque no haya más remedio, en determinados foros internacionales, que sacar la cara por defenderla... En el país de Goya, ciertas imágenes deberían hablar por sí solas. El ocaso de toda una clase política, o quizá de una generación, o de dos... Lo que no sé es si estos síntomas de decadencia son más o menos espontáneos o están siendo cuidadosamente cultivados por algunos sectores. *** A los sufridos usuarios de los trenes de cercanías de Barcelona los invitaba yo a probar las "excelencias" del transporte público en la Bahía de Cádiz. O de cómo se puede tardar una hora, y a veces más, en recorrer doce kilómetros. También esto es un síntoma de decadencia. Y no hay "estatut" que lo arregle. *** Esta neblina, de

UNA VELADA

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Una de esas veladas en las que, previa renuncia a la televisión, se siente uno en disposición de hojear, y casi leer, media docena de libros (y aligerar, un poco, esa preocupante pila de volúmenes no leídos que se va acumulando sobre la mesa). Repaso, para empezar (y concluyo), Puntos suspensi..., la breve antología del brasileño Mario Quintana que ha traducido Enrique García-Máiquez. Buen poeta menor -dicho sea lo de "menor" sin la menor intención depreciativa-, de ésos que parecen imprescindibles para vacunar a la poesía, en general, de ese enfermizo afán de expresarse sólo a través de las grandes individualidades más o menos recortadas según el patrón de los tiempos: es decir, para vacunarnos, a la poesía y a los lectores, de la tendencia a pensar que sólo hay que leer al Neruda de turno. No voy a citar aquí ningún poema ni aforismo de este divertido y certero Quintana -ya lo hace con cierta frecuencia García-Máiquez en su propio blog -. Pero sí quiero anotar, a modo

BLÚMER

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Aunque soy uno de esos hablantes que conceden valor normativo al Diccionario académico, y trato de seguir obedientemente sus indicaciones, no hay año en el que no viva un momentáneo ataque de rebeldía frente a las nuevas incorporaciones al mismo. Me pasa con ellas lo que con ciertas comidas exóticas: me gustan en su contexto, pero me cuesta aceptar que sus ingredientes pasen sin más a mi menú cotidiano, o se mezclen impunemente con los sabores que conforman lo que el paladar tiene de banco sentimental de sensaciones y recuerdos; es decir, que no me decidiría, por puro capricho, a sazonar una tortilla con salsa de soja, o a añadir al puchero unas briznas de jengibre… Lo mismo me pasa con las palabras: me encanta oír a esas rutilantes muchachas de los culebrones que llaman “bluyines” a sus pantalones vaqueros, o dicen quedarse “nocaut” cuando las mira uno de esos galanes patilludos que suelen traerlas a mal traer por los complicados laberintos del sentimentalismo iberoamericano... Pero p

QUÉ DESPERDICIO (Y 5)

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"¡El mar!" -hace decir López Rubio al protagonista de Roque Six - "¡Qué desperdicio de terreno!" *** El tedio de los aeropuertos pertenece al mismo género que el de los hospitales. Y los medios que se ponen para aliviarlo también son similares. ¡Esas tiendas-ratonera, llenas de baratijas más o menos prestigiosas! Y todavía hay quien dice que se divierte comprando en ellas. Es como si alguien dijera que va a las terminales de los aeropuertos expresamente a comer en las cafeterías que hay en ellas. *** A C. le ha gustado la colonia que le he traído. Y a K., la gata, el envoltorio de esa misma colonia. A decir verdad, K. le ha hecho más fiestas al regalo que la propia C.

CAMBIO DE LUZ (Cuaderno de Santander, 4)

Qué distinta nuestra actitud y nuestras expectativas cuando entramos en una librería de viejo y cuando lo hacemos en una "normal". En la segunda somos, simplemente, clientes. Si paseamos entre los expositores y estantes, es sólo porque damos por sentado que ciertos comercios (también los "bazares" de baratijas, por ejemplo) ofrecen, además de la mercancía, el servicio adicional de procurarnos una distracción, proporcionarnos un refugio contra el frío y la intemperie, depararnos un escenario para ese personaje metódico y vagamente peripatético que damos en representar cuando paseamos solos, con tiempo por delante. Pero en las de viejo sucede todo lo contrario. Cierta hosquedad de ambiente y trato les sienta bien. Y no acudimos a ellas a comprar, sino, más bien, a rastrear la pieza y, si merece la pena, cobrarla y echarla al zurrón. Entre las cobradas hoy en esta librería santanderina, Roque Six , de López Rubio. Hay que decir que uno de los requisitos que debe reun

SE ME OLVIDABA (Cuaderno de Santander, 3)

Olvide ayer anotar lo de las dos camareras, rubia y morena, como la buena y la mala de las películas. La buena -la rubia- atendía a todo el mundo con una solicitud maternal algo empalagosa. A quien dejaba un bocado en el plato lo animaba a comérselo: "Ande, que está usted muy flaco". A quien dejaba el plato limpio lo animaba a repetir, con un afán por cebar a su clientela digno de la más solícita de las madres. La otra se limitaba a cumplir su trabajo con fría eficiencia y distante cortesía. A veces se repartían los papeles. La rubia te sonsacaba para que pidieras un postre y la morena te ponía por delante, a los pocos minutos, la tajada de melón más artísticamente cortada del mundo. O le pedías la cuenta a la buena y era la mala la que te la llevaba y recogía, sin mirarlas, las monedas que habías dejado de propina, no sabes a cuál de las dos: si a la que, a poco que te descuides, te llevará al altar en cuanto acabe la guerra con los indios, o a la que te despedirá sin más co

LE HÉROS MÉTALLIQUE (Cuaderno de Santander, 2)

Balzac según Gautier (citado por Wilde): el autor de La comedia humana , que tanta importancia concedía al dinero en sus novelas, habría inventado un nuevo tipo de héroe: le héros métallique . *** D ía perdido entre el puente festivo y el compromiso que me obliga a permanecer en Cantabria, y que me tendrá ocupado a partir de mañana. Improviso una excursión al interior. El viaje de ida, inmejorable: la panorámica de San Vicente de la Barquera, antes de dejar el litoral, o el ajustado trayecto por el cañón del río Deva bastan para justificar el viaje. El lugar de destino, a diferencia de otros pueblos pintorescos, se presenta lo bastante vivo como para conjurar la maldición de este tipo de lugares: su reducción a mero decorado turístico. Paseo por los tres barrios históricos de la localidad, subo a una ermita cercana y sorprendo, en la lejanía, un panorama de los Picos de Europa que me resulta familiar: tal vez por parecerse bastante a alguno de los que pintó mi admirado Carlos de Hae

VER O VIVIR (Cuaderno de Santander, 1)

El curioso dilema del turista: el temor a que la ansiedad por verlo todo te impida vivirlo . ¡Ese afán por fotografiarlo todo, por confiarlo todo a una cámara de vídeo! O a una libreta, que, aunque menos frecuente, viene a ser lo mismo. *** Claro que, a veces, es mejor no ver más allá de la fachada. Ni atajar por callejones traseros, para no dar ocasión a visiones como la que guardo de esta bella localidad costera cántabra: nada más salir de su acogedora plaza porticada, abierta al mar y a la impresionante vista del puerto, dominado por una iglesia gótica, un castillo y un puente medieval, me veo en un sórdido callejón en medio del cual... hay una rata despanzurrada. De los balcones cuelgan cartelas que dan cuenta de las protestas de los vecinos, hartos de vivir tras las bambalinas de un portentoso decorado que oculta la más flagrante desidia municipal. *** Wilde (citado de memoria): La diferencia entre periodismo y literatura es que el periodismo es ilegible y la literatura no