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Mostrando entradas de febrero, 2008

EL COÑAC Y LAS RUBIAS

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Desde que empezó la campaña electoral una cuestión me preocupa: ¿será mi independencia puesta en cuestión por el hecho de que me guste más la rubia Scarlett Johansson que la morena Penélope Cruz, o porque me guste más el proletario y castizo coñac que el whisky capitalista y cosmopolita? Porque, de hacer caso a cierta encuesta que anda por ahí, ser partidario de las rubias lo hace a uno de derechas, mientras que preferir el coñac al whisky automáticamente lo encasilla a uno en las filas de la izquierda. Lo que precede no sería más que una broma, en fin, si no fuera porque, en los últimos tiempos, tiene uno la sensación de que hay una cierta presión ambiental para que creamos que la adscripción política es inmutable, y no algo que depende de la coyuntura y puede cambiar en función de determinados factores. Es una creencia que parecen fomentar los mismos partidos políticos, más interesados en conservar una clientela cautiva que en ganar adhesiones en un debate abierto. No les faltan

GRANDEZAS

Carta de Juan Goytisolo en El País, rebatiendo el calificativo de "gran escritor" que Rosa Montero aplica a César González-Ruano en una reciente reseña de París, suite 1940 , el libro que sobre éste ha escrito José Carlos Llop. A juicio de Goytisolo, Ruano no es más que un "cronista castizo, claro antecedente de Umbral, y un ignorante hasta la desfachatez". Bueno, no soy dado a mitificar a nadie, y mucho menos a este "cronista" tan transparente, pese a sus imposturas y disimulos... Pero sí tengo que reconocer que le debo algunas horas de muy grata lectura, en las que en absoluto me ha estorbado ni esa presunta ignorancia (acaso compensada por una mundanidad que ya quisieran para sí muchos apocados escritores de cámara) ni la posible pertenencia de Ruano a una categoría literaria inferior a la de "gran escritor" (a saber qué es eso). Barajen los nombres: Goytisolo, Montero, Umbral, González-Ruano... Construyan su propio orden de preferencias. En

ALIANZAS

Las convicciones de un tonto son siempre las más difíciles de contradecir; la inteligencia, en cambio, es siempre maleable a la crítica, incluso cuando ésta va en contra de lo que afirma la voluntad o la conveniencia. De ahí que el inteligente contrariado suela acabar en cínico: el cinismo es la única manera cómoda de sostener, e incluso defender, convicciones derrotadas. Y qué buena alianza establecen, a veces, los tontos y los cínicos. *** Ha aparecido esta reseña de mi traducción de La suerte de Jim , de Kingley Amis.

NAUFRAGIOS

A este gato lo han "operado" (valga el eufemismo) a los once años; es decir, a una edad que, en términos gatunos, roza la senectud. Al parecer, sus dueños se acaban de mudar de casa y el nuevo entorno abunda en gatos, lo que ha traído no sé qué promesas tardías de alegre promiscuidad al hasta entonces morigerado varón, que ha empezado a comportarse como un gato joven, a maullar melancólicamente y a mearse por los rincones, para hacer valer sus derechos territoriales... No se lo han consentido, claro. Ahora el ex viejo verde nos mira con sus ojillos anestesiados desde la puertezuela de su transportín. Nos hemos cruzado con él en el vestíbulo de la tienda de animales, a la que hemos venido a comprar comida para K. Tomo nota del castigo que merecen ciertas expansiones tardías. Y salgo corriendo de allí, con el rabo entre las piernas. *** Al salir de la ciudad el viernes por la noche nos adelanta un convoy formado por un coche de policía y tres lujosos coches oscuros, dos de

PAPELES

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Como se da en mí la triple coincidencia de que soy antiguo, me encantan los papeles y adoro los métodos de clasificación y archivo de documentos, de un tiempo a esta parte no hago otra cosa que lamentarme ante la inminente sustitución de los viejos fondos documentales por bases de datos informatizadas. Nada garantiza que éstas vayan a ser más duraderas que los archivos de papel: en un libro reciente, comentaba Alberto Manguel cómo la BBC, hace unos años, intentó remedar con recursos informáticos el viejo Domesday Book , un monumental censo medieval que es también un clásico de la literatura inglesa. La base de datos resultante, en la que se invirtieron enormes sumas, en menos de una década quedó inservible: los programas utilizados para su elaboración habían caído en desuso y nadie sabía reactivarlos. En cambio, el Domesday Book medieval, escrito sobre pergamino, sigue en perfecto estado de revista... Si aplicamos la lección a otros muchos casos de la vida cotidiana, es fácil llegar a

MOSQUITO

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¿De dónde sale este mosquito zumbón, que comparece en medio de mi insomnio y parece empeñado en impedirme recuperar el sueño? Del mismo insomnio, claro: es uno de los fantasmas emanados de éste, y su propio vuelo alrededor de mi oreja responde a la perfección a los movimientos circulares de mi pensamiento desbocado. Y el caso es que, a fuerza de zumbar, consigue dormirme. *** Currito de la Cruz (1948), de Luis Lucia, o las desventuras del cine español. Una buena secuencia inicial, en la que el director juega a contraponer los sueños de gloria del torerillo inclusero con la dura realidad que vive en sus comienzos. Y un fallido planteamiento "artístico", que cualquier mediocre director de westerns hubiera sabido resolver mucho mejor: el empeño de convertir la película en un vehículo para explicarnos algunos rudimentos del toreo y la cría de toros. En los westerns estas cosas pasan como de refilón: mientras la historia avanza, no dejamos de ver la pradera, los toros, el v

EL TENEDOR DEL DEMONIO

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Castro, en las últimas. Ambiente conspirativo, tanto entre sus partidarios como entre sus detractores. Unos, a voces, como curándose en salud del inminente juicio que pronto les hará la Historia; otros, casi a susurros , y en un tono que, por lo que tiene de poco piadoso, tampoco me resulta del todo grato. Las reacciones más significativas son las de los propios cubanos: esta camarera, por ejemplo, que, al terminar su turno de trabajo, se acerca a nuestra mesa a saludar a un conocido y, al ser preguntada, responde con una mezcla de cautela y exaltación. Como hablaba mi madre, en fin, en aquellos benditos días en que Franco agonizaba y todo un mundo de posibilidades, buenas y malas, parecía abrirse ante nosotros. *** (Casi me imagino lo que me dirá este conocido mío, bastante exaltado, cuando le refiera este mismo comentario mañana: "¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo?". No voy a decírtelo, amigo P. Porque ya sé que, en ciertos ambientes, las noticias vuelan y tienen consecuencias in

ABUSOS

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Poco a poco la corrección política se va convirtiendo en criterio estético. ¿Cómo, si no, entender esta frase: " Lolita es una historia de abuso, no de amor"? La encuentro en un abyecto artículo dominical firmado por alguien que se dice escritora... Y que conste que no soy un gran entusiasta de esa novela. Pero entiendo, como entienden los niños a propósito de los cuentos, que lo que narra sucede en un plano de especulación y fantasía, donde, gracias a Dios, no es aplicable el código penal. Es decir, no lo es de momento . Porque, a este paso, ocurrirá con esa y otras novelas (y con Shakespeare y Dante y otros conocidos panegiristas del abuso a menores) lo que sucede ahora con las caricaturas de Mahoma.

ANTOLOGÍA DE FIN DE SEMANA

(Fin de semana, gripe de M.A., reclusión, lecturas desordenadas...) *** "El amor se parece al carbón: cuando está candente, quema; cuando está frío, ensucia". ( Vida y destino , Vasili Grossman) *** "Mis sueños andan últimamente poblados de piscinas". ( La prosa del mundo , Luis Antonio de Villena) *** "En la guerra literaria dijo lo que le mandaron decir o lo que malamente entendió que tenía que decir". ("Vidas paralelas", José Luis García Martín, en el suplemento literario de ABC) *** (Y no quiero reproducir aquí los terribles versos campoamorinos que encuentro en el último libro de cierto coeténeo mío afectado de misticismo de andar por casa.)

MORFOTIPOS

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La verdad es que las conclusiones alcanzadas por el famoso estudio antropométrico del ministerio de Sanidad no sorprenden a nadie. Ya sabíamos que hay tres clases de mujeres, según su aspecto físico. La única novedad estriba en las metáforas utilizadas para describirlas: “cilindro”, para las que en la calle se llaman lisas o sin forma; “diábolo”, para las que antes se decía que tenían talle de avispa; “campana”, para las que también han sido poco galantemente comparadas a una pera. Tales “morfotipos”, dicen, habrán de ser tenidos en cuenta para la elaboración de un futuro sistema de tallas, que se adivina complejo. No hemos adelantado mucho, aunque sí se ha dado proyección pública, como en tantas ocasiones, a una buena intención ministerial: la de ahorrar a muchas españolas una humillación a la hora de elegir una prenda de vestir; y la de preservarles la autoestima, amenazada cada vez que alguna empieza a sospechar que es su persona, y no la prenda, la que está mal hecha. No ocurre sól

CANÍBALES

Se diga lo que se diga, las contradicciones son una fuente de debilidad. Quisiera uno ser un asceta apartado del mundo y, al mismo tiempo, ser parte activa y decisoria en todos y cada uno de los campos que le conciernen. Y el resultado es que ni se logra ese bendito distanciamiento del que, dicen, nace la sabiduría, e incluso la felicidad, ni se implica uno lo suficiente en aquellas cuestiones que le afectan. Y es justo en ese término medio donde más se acusan las insatisfacciones y decepciones. *** Riquezas de la necesidad. Este vecino llamó a mi puerta el otro día para ver si yo tenía losas sobrantes de las que se usaron en la construcción del piso, ahora inencontrables. Le digo que guardo algunas, pero no tantas como necesita. A los pocos días, este vecino vuelve a llamar para decirme que, finalmente, ha tenido que sustituir todas las losas, y que pone las que ha quitado a disposición de los demás vecinos. Con lo que quedamos a cubierto de cualquier reparación doméstica que exija

VIENTOS

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A veces, un demonio me susurra al oído que obtendría grandes beneficios con sólo aprender a callar ciertas cosas. Y supongo que la sola conciencia de este hecho, y los interesados cálculos que implica, resultan envilecedores. Pero el remedio está hecho de la misma medicina: mi incapacidad para callar oportunamente, para disimular lo que pienso, para deslizar un elogio a tiempo. No hay mayor mérito en ello: se es así, y basta. *** En Vida y destino , de Vasili Grossman, leo unas dolorosas páginas sobre las prevenciones que toman los personajes cuando se expresan en público, por temor a que sus palabras lleguen a oído de los agentes estalinistas. En el mismo libro, leo otras páginas igualmente terribles sobre el nazismo. Ambos totalitarismos están captados con lucidez y con un mismo sentimiento de horror moral. Lo que supongo que se le escapaba a Grossman es el efecto que estas páginas, publicadas póstumamente, tendrían en el lector de hoy. El universo enrarecido del nazismo sigue mere

IN MEZZO...

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De un tiempo a esta parte, recurro a un sencillo artificio para restarles contundencia a los cumpleaños: multiplico por dos la cifra de años cumplidos, y me consuelo al comprobar que, por alta que ésta sea, todavía se sitúa en lo que, sin abusar de la estadística, podemos denominar il mezzo del camin ... Hasta ahora; porque, en los últimos cumpleaños, el resultado de esa operación consoladora empieza a resultar poco consolador, y es necesario recurrir a un alarde de optimismo adicional para convencerse de que todavía se tiene por delante un trecho vital tan prolongado como el ya agotado. Ayer, sin ir más lejos, cumplí cuarenta y cinco. Multiplicar por dos la cifra, para situarse de nuevo en un hipotético punto medio de la vida, me remite a los noventa. En mi familia, constato, no ha habido jamás ningún nonagenario. Aunque, quién sabe, alguien tendrá que ser el primero. *** Pequeño disgusto doméstico, que abunda en ese mismo clima de constatación de la propia fragilidad y la inconsi

MÁS ALTOS

Siempre abusamos un poco al hablar en plural. Si decimos, por ejemplo, que los gaditanos tienen un gran sentido del humor, seguramente estamos prestando una generosa cobertura a los que son (somos) manifiestamente sosos e incluso antipáticos. Lo mismo ocurre con las generalizaciones estadísticas: ¿me creerán si les digo que el otro día, al leer que, según un reciente estudio, la estatura de los españoles se iguala ya a la media europea, olvidé mi condición de hombre bajito y me sentí elevado (nunca mejor dicho) a la categoría de los que no tienen que hacerse arreglar el largo de los pantalones? Por una vez, acogerse a la denominación genérica de “español” no implicaba figurar entre los europeos peor pagados o menos dados a la lectura, por no nombrar sino dos estadísticas recientes en las que no hemos salido muy bien librados. Iba yo por la calle como si, de verdad, me hubiera encaramado a ese punto ideal desde el que el europeo medio ve la realidad. Casi sentí un poco de vértigo. La ca

LOS DE LA PARADA

Lo mismo podrían tener treinta años que cincuenta. Aunque quizá lo más apropiado fuera decir que la clientela de este bar junto a la parada de autobuses es intemporal. Se siente uno tentado de tildarlos de supervivientes de algo: de los tópicos y expectativas de la Transición (aunque quizá no sean lo suficientemente viejos), de la heroína (aunque quizá, después de todo, tampoco hayan llegado demasiado lejos en sus garbeos por el wild side ), de las reconversiones industriales (aunque quizá no hayan trabajado nunca). También podría uno atribuir el recelo que causan a una cierta atmósfera general de ilicitud, aunque lo más posible es que no hayan cometido más que alguna que otra infracción de poca monta. El caso es que están ahí: con sus pelambres desgreñadas, sus atavíos imposibles (sandalias con calcetines, pantalones de chándal, jerseys descatalogados bajo los que asoman los faldones de una camisa...), sus rostros invariablemente huidizos y atravesados. Dan más miedo que lástima. O a

MAUS

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Termino de leer Maus , el magno tebeo de Art Spiegelman sobre el Holocausto judío. Spiegelman no sólo pone en imágenes los recuerdos de su padre, superviviente de Auschwitz, sino que aprovecha para poner sobre el tapete su propia herencia familiar como hijo de alguien marcado por tan terrible experiencia. Tal vez sea esto lo mejor de la historia: la renuncia a idealizar a la víctima, que se nos presenta como un viejo neurótico, avaro, intratable y racista, con el que su propio hijo tiene dificultades para entenderse. Por si cabía alguna duda, Spiegelman tampoco se conforma con sugerir que este carácter poco grato de su padre es producto de las terribles experiencias sufridas por éste: de joven también nos lo presenta como un calavera inconsciente, con quien tampoco terminamos de simpatizar. No se trata, por tanto, de presentar el Holocausto judío como una especie de martirologio; ni de sugerir que la mera condición de víctimas proporciona a los supervivientes una cierta aura indeleble

SÍNTOMAS

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Ante los persistentes síntomas de un catarro insidioso, que parece anunciar gripe, formula uno diariamente, y casi hora a hora, el voto de resistir hasta finalizar una más de las muchas tareas pendientes. Se engaña uno con la sensación de que, con esos aplazamientos parciales, arrancados de no se sabe qué diosecillo maléfico y caprichoso, uno va descartando otras tantas ocasiones de rendirse a la enfermedad. Como coadyuvantes, se encomienda uno a las virtudes de la vitamina C (mandarinas, naranjas), mejunjes balsámicos (miel con limón, caramelos) y los poderes mágicos de la homeopatía... Y así vamos cubriendo, trabajosamente, las diversas etapas de esta carrera hacia ninguna parte que mantenemos día a día, como si los compromisos que tenemos asignados fueran en verdad inaplazables o irrevocables, y la simple y cómoda decisión de quedarse en casa y meterse en la cama, que es lo que tendríamos que hacer, supusiese una imperdonable dejación de responsabilidades. *** Los comentarios de

RETABLO

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Finalmente, el tiempo no impidió que el santo bailón saliera a la calle. Lo sacaron a los sones del himno nacional (en una versión poco solemne, todo hay que decirlo, y un tanto "siciliana", interpretada por una charanga que bien pudiera haber podido figurar en el elenco de El Padrino ) e, inmediatamente, en cuanto vio la luz del sol, lo pusieron a bailar al ritmo de un pasacalles bullanguero. Era la primera vez que lo veíamos (M.A., C. y yo), y nos quedamos bastante asombrados de ver aquella figurilla episcopal presa de pronto de una especie de ritmo epiléptico, que agitaba sus ropas talares y convertía su mitra y su báculo en otros tantos atributos festivos, algo así como cascabeles o maracas. Pero nadie tomaba aquello como una manifestación bufa o una muestra de irrespetuosidad. Asistíamos al cumplimiento de un rito. Eso sí: como todos los ritos, suscitaba distintos grados de adhesión. A una señora que pasaba a mi lado le oí decir que había pedido no sé qué don al santo.

CONDENAS

Quienes odiamos el ruido, y creemos que deberían tomarse medidas para evitar que éste nos atormente hasta lo indecible, podríamos pensar que algo se mueve últimamente a nuestro favor. No hace mucho, los tribunales daban la razón a un cuidadano de Barcelona que denunció a su incívico vecino por el ruido insoportable al que éste lo sometía; y ahora, de nuevo, un juez falla a favor de un vecino de El Puerto de Santa María que denunció a su ayuntamiento por la “pasividad” de éste ante los ruidos provocados por la concentración de motoristas que la ciudad acoge todos los años. Podría pensarse, ya digo, que se avecinan malos tiempos para los ayuntamientos amigos de derrochar decibelios con el propósito de estimular la venta de cerveza y bocadillos, y para los vecinos desconsiderados, y para los médicos que nos someten a la tortura de soportar, en sus salas de espera, el “hilo musical” o algún vídeo promocional sobre los milagros de la cirugía o la ortodoncia… También, puestos a no olvidarno