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Mostrando entradas de marzo, 2008

MI PREFERIDO (2)

Finalmente, esto es lo que les respondí a los chicos del colegio Reggio, que me preguntaban por mi poema preferido del 27: No es fácil para mí decidir cuál es el poema que más me gusta de la Generación del 27. El primer poema que aprendí de memoria fue "Nanas del marinero" de Rafael Alberti, cuando estaba en 2º de E.G.B. (equivalente al actual 2º de primaria); es decir, que he crecido con estos poetas y, según mi edad, mis estados de ánimo, mi nivel de conocimiento, etc., mis preferencias por unos u otros poetas o por unos u otros poemas han ido cambiando. Con vuestra edad me gustaban mucho los poemas que conocía de Marinero en tierra , de Alberti, y del Romancero gitano , de Lorca. Luego, entre los 17 y 20 años, más o menos, mis inclinaciones fueron hacia Sombra del paraíso , de Vicente Aleixandre, y Retornos de lo vivo lejano , de Alberti: eran libros nostágicos y neorrománticos, muy acordes con la sensibilidad que se puede tener a la edad que yo tenía entonces. Luego des

MISERIAS DE LA CRÍTICA

Todas las citas que este crítico incluye del libro reseñado pertenecen a las primeras cien páginas del mismo. De lo que bien puede deducirse que no se ha leído las setecientas restantes. *** "El mejor prosista español desde la muerte de Umbral". Hombre, yo no sé si eso es un elogio o un dardo envenenado. En todo caso, encierra una idea muy pintoresca de la literatura: a la muerte de Fulano o Mengano, determinados puestos del escalafón quedan libres, por lo que cabe postular posibles candidatos a ocuparlos. Hubiera sido más exacto, y más elegante, afirmar simplemente: "Uno de los mejores prosistas españoles de las últimas décadas". Pero se ve que al crítico en cuestión le cuesta enunciar un elogio que, de puro sencillo, resulta casi tópico. Y que, en este caso, además, es estrictamente verdadero. *** "No es necesario estar de acuerdo con él para señalar sus virtudes". Pero eso sólo se dice cuando a uno le interesa mucho, pero que muchísimo, dejar clar

MUDANZA

Día de semimudanza. El transportista llega puntualmente a las ocho y media. Cargamos los muebles en el furgón y nos lanzamos alegremente a la carretera, que hoy se anuncia repleta de motoristas que acuden a ver el campeonato de motos de Jerez. Nunca he entendido este ritual de ir en moto a un campeonato de motociclismo. Es como si, para presenciar una pelea de gallos, hubiera que ir disfrazado de pollo. En fin. Como el conductor del furgón es un hombre prudente y comedido, no se deja impresionar por los enjambres de motoristas que lo adelantan. Pocos, todo hay que decirlo: se les nota un tanto acojonados por el despliegue policial, helicóptero incluido. Por cierto: un guardia con malas pulgas nos hace aspavientos, para que nos pasemos al carril derecho de la autopista; íbamos por el izquierdo para evitar la más que probable desviación obligatoria del flujo de tráfico a alguna de las rutas alternativas que se han habilitado. No hay tal: conseguimos enfilar la autovía sin dificultades. H

EL ESTADO

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Tiene uno a veces la impresión de que lo que se llama “actualidad” se reduce a dos clases de historias: las que tratan de quienes quieren que el Estado intervenga a su favor, y las que se ocupan de quienes desean que el Estado los deje en paz. Al primer tipo pertenecería la de la ciudadana francesa, enferma de un horrible cáncer facial, que deseaba que las autoridades le facilitasen una muerte digna; al segundo, la de los padres sanluqueños que se declaran “objetores” a la escolarización obligatoria y reclaman su presunto derecho a educar a su hijo en casa. La moraleja es simple: hagamos lo que hagamos, deseemos lo que deseemos, el Estado anda por medio. No concebimos felicidad que no implique que el Estado efectúe algún movimiento en relación a nosotros, ya sea para ayudarnos, ya para inhibirse. No es fácil establecer una doctrina general que valga para todos estos casos. Está claro que el Estado debe intervenir en todo aquello que suponga facilitar el acceso de los ciudadanos a cie

MI PREFERIDO

Ahí donde me ven, esos dos chicos del colegio Reggio que dejaron ayer una carta en la sección de comentarios de este "diario abierto" me han puesto en un aprieto, y de los gordos. ¿Cuál es el poema que más me gusta del 27? Si me hubieran pillado con el ánimo displicente, o si hubieran sido mayores y uno no temiera desilusionarlos, les hubiera dicho que, a mis años, ya casi no me gusta el 27. Pero hubiera sido mentira. No es eso. Es que con esa dichosa Generación tiene uno esa especie de relación resentida que algunas personas mantienen con sus padres. Eran el horizonte de los libros de texto de mi infancia. El primer poema que aprendí de memoria fue la "Nana del marinero", de Rafael Alberti, en 3º o 4º de lo que entonces se llamaba E.G.B. Es decir, que, mal contados, llevo cuarenta años leyéndolos. Conozco bien, casi al dedillo, la obra de Cernuda y Alberti. La de Lorca la tengo excesivamente focalizada en torno a un par de hitos que admiten pocos matices, es decir

GESTOS MINIMALISTAS

Los puestos de poder sólo deberían aceptarse in extremis ; y, por lo mismo, deberían abandonarse a la primera oportunidad. *** Lo mejor de ser gato es poder dar cuenta de la presencia de otro con sólo reorientar una oreja, sin volver la cara ni mover ningún otro músculo del cuerpo. Pero mejor no contar con ese recurso, del que nuestra K. hace un uso tan ostentoso: cuántas ofensas infligiríamos, no siempre involuntarias, si diésemos cuenta de los otros con ese gesto minimalista; y qué engreídos acabaríamos volviéndonos. *** Amanece Vetusta con una nueva polémica; que, mira por dónde, ha tenido repercusión regional (aparece en la edición andaluza de los dos periódicos nacionales que he ojeado hoy) y no sé si nacional: las enfermeras de una clínica privada andan a la greña con la dirección porque les han descontado 30 euros del sueldo por no vestir el uniforme reglamentario, consistente en una falda rodillera y una blusa, amén de un delantal blanco y la consabida cofia. Algún peri

AZCONA

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La democracia, como decía Abraham Lincoln, es seguramente el menos malo de todos los malos sistemas de gobierno. Pero quizá lo peor que tiene (por inevitable) es el espectáculo que ofrecen quienes se autopostulan para ocupar un cargo. Para todo hay que servir. No sé, habría que verse en el caso. Pero creo que ni la visión de una multitud enfervorecida aclamándome al pie de mi balcón bastaría para convencerme de que "me debo a mi país", como suele decirse. Mucho menos, la llamada de un poderoso. Dicen que Fritz Lang salió huyendo de la Alemania nazi cuando le ofrecieron dirigir la cinematografía del régimen. Quizá eso sería lo más digno cuando a uno le ofrecen un cargo. En fin. *** Afirma Trapiello en La manía , la última entrega de sus diarios, que ninguna de las grandes editoriales españolas aceptaría editar El Quijote si Cervantes viniera a ofrecerles el manuscrito. Y creo que tiene razón. Pero, ojo: a ver si va uno a creer que cada una de las obras que le rechazan las

PLOMO EN LAS ALAS

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Las cosas son lo que son ... Y qué melancolía causan estas afirmaciones de Perogrullo. *** Una sola hora de trabajo tiene la virtud de anular cualquier efecto desintoxicante que haya podido tener toda una semana de vacaciones. No, no viene uno "con las pilas cargadas", como quisieran los biempensantes. Viene uno, en todo caso, con la escopeta cargada. O, ya que hablamos de plomo, con una considerable cantidad de ese metal en las alas. *** Y me acuerdo ahora de un artículo de Vicente Verdú que leí en El País el viernes pasado, sobre la mala calidad del tiempo ("tiempo basura") que dedicamos a la vida íntima: las peores horas del día, aquellas en las que estamos agotados y resentidos tras una agotadora jornada de trabajo. Tiene razón. Pero quizá no haya alternativa, como no sea ser rico de nacimiento o declararse indigente. Aunque también me vienen a la memoria, al hilo de lo mismo, las palabras del soneto de Quevedo: En fuga irrevocable huye la hora; / pero aqu

TAGARNINAS

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Como para no dejarnos en mal lugar delante de estos amigos que vienen por vez primera a visitarnos, el tiempo ha desplegado todo su repertorio: ha llovido, ha soplado un vendaval, se ha levantado niebla... También ha habido, en el cielo nocturno, intervalos en los que una luna histérica comparecía entre nubes desbocadas... Y hasta ha estado a punto de nevar, según dicen los que entienden de esto: el termómetro bajó ayer bruscamente en cuestión de horas y rozó el límite por debajo del cual en estos pagos la lluvia deja de oírse, transfigurada en copos blancos. *** En medio del brusco descenso térmico, preparativos para una corrida de toros en el modesto coso de piedra con que cuenta esta localidad a la que hemos llegado como excursionistas, después de una caminata de dos horas a campo traviesa. El pueblo entero parece invadido por los implicados en el espectáculo. En el mejor hotel almuerzan los toreros. En una placita, cerca del cementerio, descansan los caballos. Las gitanas que ve

PECADOS

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La Iglesia, leo, ha dado a conocer una lista de nuevos pecados, que complementa los famosos siete pecados capitales de toda la vida. No entro a discutir el fondo de la cuestión, que atañe exclusivamente a la institución eclesial y a sus fieles. Pero hay un par de aspectos colaterales, digamos, de esta noticia que me han hecho pensar. El primero es: ¿realmente hemos inventado pecados nuevos? Uno creía que, en lo concerniente a estas cuestiones, no quedaba nada por inventar. Y, efectivamente, si se examinan a fondo los nuevos pecados propuestos –dañar el medio ambiente, drogarse, acumular excesivas riquezas–, no parece que éstos se salgan de la severa tipología establecida en el famoso septeto. No parece, en efecto, que la “acumulación excesiva de riquezas” diste mucho de la avaricia; ni que el consumo de drogas no sea una mezcla explosiva de soberbia (por lo que tiene de afirmación del capricho frente al instinto de conservación) y lujuria o gula (por lo que tiene de gratificación pla

ONASSIS

Ayer, por despiste (no vi el billete que había debajo de la calderilla), dejé una propina desmesurada en el bar donde almorzamos. Y no me dolió tanto el dinero malgastado como la sensación de ridículo ante lo que supongo que debió de pensar el camarero: "Mira éste, dándoselas de Onassis". Sabiendo cómo tratan aquí a los primos, queda descartado cualquier trato de favor en alguna ocasión futura. No, no me recibirán con reverencias. Más bien me temo lo contrario: que me den la peor mesa y me pongan de comer alguna fritura recalentada de ayer. *** Por este barrio, me dice M.A., nostálgica, no ha pasado el tiempo. Los chicos son como debieron de ser nuestros padres, que se criaron aquí hace casi tres cuartos de siglo y todavía gastan, a sus años, esa especie de desfachatez pundonorosa que es norma en estos pagos. Viendo todas estas caras conocidas, algunas de notorios golfillos, arrobadas ante la salida del Cristo, no tengo más remedio que darle la razón a M.A.. A medias, cla

CONSUELOS

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Cuando, por algún motivo, es necesario cerrar la puerta de la habitación en la que se encuentran sus cuencos de comida y agua, K. se muestra inquieta, aunque esté recién comida y pueda suponérsele ahíta. Husmea con gesto preocupado la puerta cerrada, pega el hocico a la junta, tantea el obstáculo y, al cabo, maúlla en un tono en el que se mezclan perfectamente el desconsuelo y la protesta. Cuando le abrimos la puerta se dirige rápidamente a sus cuencos, bebe un sorbo de agua, mastica ruidosamente su pienso. Y luego se vuelve, satisfecha de haber podido constatar que, pese a la crisis pasajera, los grandes referentes en los que fía su supervivencia siguen intactos. Qué humanos me parecen esos desesperos, esos desconciertos, esa ufanía tan inmotivada como los sentimientos de angustia que la precedieron. *** Ayer, después de terminar de ver América, América , me acuerdo, no sin motivo, de M. También él, como el protagonista de la película de Elia Kazan, llegó a España huyendo de la m

REALISMO MÁGICO

Extraña irrupción de lo fantástico en la conversación de ayer. O, quizá, de lo que hace unos años se llamó "realismo mágico": cuenta A. que, después de un chaparrón, la carretera quedó completamente cubierta de caracoles; su coche avanzaba despacio sobre ellos, y se oían los crujidos de los caparazones aplastados. Aunque más angustiosa y opresiva es la anécdota que narra JL, también relacionada con la conducción: después de rozar la línea continua, tras un adelatamiento, sintió un poderoso estruendo cerniéndose sobre su coche; levantó la cabeza y vio un helicóptero de la Guardia Civil, desde el que le hacían señas para que se detuviera. La primera podría pertenecer a Cien años de soledad -algo así como "el día en el que el coronel Aureliano Buendía vio la carretera cubierta de caracoles"-; la segunda, a 1984 , la opresiva novela antitotalitaria de Orwell. (Y casi me dejo en el tintero ese fragor de ranas que precede, según JA, la llegada a cierta charca situada

EL SALERO

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El Ministerio de Sanidad, leo, se ha propuesto que quienes se ven obligados a comer frecuentemente fuera de casa encuentren menús sanos y razonables en los restaurantes. Que, además de las consabidas frituras y carnes grasientas, haya oferta de ensaladas, verduras y pescado. Y que exista la posibilidad de tomar fruta fresca en vez de los indigestos postres dulces. No dicen nada las autoridades de la copita de coñac u orujo con que intentamos favorecer la digestión de esos azúcares y grasas, pero es de suponer que, en consonancia con el menú, será sustituida por una infusión de menta-poleo. Me parece bien, tanto por lo que respecta a la salud de los trabajadores como por lo concerniente a la calidad del trabajo que se realiza después de las comidas. Cuántos expedientes no se habrán resuelto mal porque quien los tramitaba lo hacía en medio de una digestión dificultosa. Cuántos clavos no habrán entrado torcidos porque quien los clavaba no disponía de la necesaria firmeza de pulso para sos

LAS NIEVES DE ANTAÑO

Leo, en Vida y destino , las páginas que Grossman dedica a la contraofensiva soviética en Stalingrado. A estas alturas de la novela, nadie duda del propósito del autor de desenmascarar la grotesca mascarada estalinista. Pero aquí se impone el reportero de guerra, y una genuina admiración ante la complejidad y grandiosidad de la operación militar acaba ganando al lector. Experimento la misma emoción que cuando, de niño, veía pel ículas como Objetivo Birmania o Destino: Tokio . No me engaño, ni, en caso de que fuera propenso a hacerlo, la lucidez de Grossman me lo permitiría. Pero la artillería abre una brecha, el comandante de la columna de tanques demora el ataque, luego se lanza contra las posiciones enemigas... Y el comisario político, que vigila de cerca al comandante, desliza una insidiosa acusación al mando... *** Esa mugre de los edificios públicos. Por limpios que estén a primera vista, surge de los recovecos en cuanto uno mueve un tablero o tantea debajo de una mesa. La des

RABO Y BIGOTES

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Teoría de los problemas cotidianos: unos se enquistan (y, por lo tanto, deja de tener sentido preocuparse por ellos), otros (los más) caducan, algunos se renuevan (lo que, después de todo, no es malo: supone una segunda oportunidad de enfrentarse a ellos y resolverlos), la mayoría sólo son problemas si se les presta más atención de la debida... Sólo así se explica que un tipo puntilloso como yo, que no deja jamás cabo sueltos, tenga sus asuntos tan enrevesados como el más descuidado y negligente . *** El miedo a la hoja en blanco (he vuelto a constatarlo hoy) sólo afecta a dos categorías de ciudadanos: a los poetas y a los semiletrados que tiemblan cuando se les pide que redacten una simple nota para la asistenta. *** Viendo a K., su bendita elasticidad, sus movimientos silenciosos, la maravillosa candidez y simplicidad de sus instintos, piensa uno que, como prototipo para una creación futura, no estaría mal el modelo antropomórfico que sugieren cuentos como "El gato con bot

PECADOS

Quizá donde la Iglesia dice "pecado" los laicos deberíamos decir, simplemente, "responsabilidad". Así se entiende mejor qué se quiere decir cuando se proclama que tomar drogas, por ejemplo, es pecado. Habría que preguntar, para empezar, de qué drogas estamos hablando, y en qué contextos sociales y culturales. ¿Es pecado que un minero boliviano masque hojas de coca? Pero lo que está claro es que, si ese hábito lo trastorna o lo incita a incurrir en conductas reprobables, la responsabilidad es suya y de nadie más, y sobran todas las excusas socio-sanitarias a las que tan aficionadas son la medicina, la pedagogía y la criminología modernas. *** Cuántas cosas se pierde uno por querer preservar su tiempo contra viento y marea. Qué atareado está siempre quien es avaro de su tiempo. Y cómo les cunde, por ejemplo, a ésos que se pasan la tarde mirando escaparates, dando una vuelta a la manzana para comprar un poco de fruta, sacando a pasear a los niños. *** En medio de

EXTREMOS

Nuestros políticos están tan poco acostumbrados a asumir responsabilidades y a dimitir que, cuando lo hacen, el gesto parece impostado, falso; como si esperasen que, en el último momento, un clamor popular los devolviese a la poltrona tan trabajosamente abandonada. En vano: lo que ocurre, más bien, es que son empujados sin miramientos por los que se disputan el sitio que acaba de quedar libre. *** De todos modos, no acabo de entender el recelo que provocan los partidos que deberían ocupar los extremos del espacio electoral. Tal vez si existiera un partido ultraconservador sin tapujos, el espacio de centro-derecha propiamente dicho sería más transitable. Lo mismo digo de la izquierda. Si para algo sirve un partido de extrema izquierda es para que la socialdemocracia no olvide lo que no es, lo que no puede ser, por mucho que le convenga electoralmente en determinadas coyunturas. En España no hay extrema derecha propiamente dicha, y la extrema izquierda está en proceso imparable de ext

LA OFERTA

No suscribo las cursiladas que habitualmente se dicen al final de una jornada electoral: "el pueblo ha hablado", "ha ganado la democracia", etc. Pero, mientras sigo el recuento de votos, me asalta, como ya me ha ocurrido otras veces, una ola de desacostumbrado optimismo: la gente, dentro de lo que le ofrecen, suele votar con criterios bastante razonables. Si se confirma lo que dicen las encuestas y los primeros resultados (escribo esto a las 9.30 de la noche), parece que el cuerpo electoral se ha sacudido muchos de los molestos parásitos que aguijoneaban a los partidos mayoritarios. Caen espectacularmente los nacionalismos, se afianza la tendencia (que es un deseo compartido de muchos españoles, independientemente de su opción política) a que el partido más votado goce también de una mayoría suficiente para gobernar sin hipotecas. Y entra en el parlamento (insisto, si los resultados definitivos no lo desmienten) una voz discordante, la de UPyD. Un buen observador de

ARTISTAS

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Anda fastidiada la derecha por el apoyo que numerosos artistas e intelectuales han dado a la opción contraria, y anda susceptible la izquierda por las descalificaciones que, por este motivo, esos intelectuales y artistas han cosechado al otro lado del espectro. Ambas reacciones están fuera de lugar: tan libres son los unos de mostrar sus preferencias como los otros de criticarlos. Lo preocupante, en fin, son las generalizaciones abusivas. Y, sobre todo, el efecto que éstas puedan tener sobre las condiciones en las que se realiza el trabajo artístico e intelectual en España. Parece abusivo, en efecto, dar a entender que todos los creadores y pensadores notables de este país son de izquierdas. Y, aunque así fuera, no por ello cabría deducir que las obras –es decir, los libros, canciones, películas, ensayos, teorías, etc.– de esos creadores suponen otros tantos argumentos a favor de una política de izquierdas. Igual de abusiva sería la suposición contraria, por lo que tampoco me parece

INTELIGENCIA OFENDIDA

En el transcurso de un acto escolar, escucho un par de comentarios displicentes de un chico. Acierta a poner el dedo en la llaga, a captar las debilidades y contradicciones en las que incurre el discurso biempensante de los adultos. Pero peca, como es evidente, de intolerancia e impaciencia, así como de esa clase de malestar con uno mismo que se trasluce en acritud hacia los otros. Una mezcla que conozco bien, ay. Y también sé lo que puede salir de ella. Un discurso más templado y lúcido, dentro de algunos años. O una variedad envejecida del resentimiento y de la inteligencia desaprovechada y ofendida... A algunos se les ve venir desde chicos. Y no hay nada que hacer, no. *** A estas horas, y con este viento desabrido e intempestivo, el autobús, más que recoger a la clientela, la va barriendo de las paradas. *** No es que me parezca para tirar cohetes el que una sentencia judicial a favor de un particular haya conseguido poner en un brete el sistema educativo. Pero que el periódi

GOURMETS

¿Y si la opción más correcta, ante tanta duda y tanto ruido, fuera simplemente no votar? No una abstención que sumar a los inexistentes votos de los que no tienen posibilidad de ganar por métodos democráticos, como propugnan algunos nihilistas sin escrúpulos, ni una abstención por desinterés o desinformación o pereza; sino, simplemente, el acto libre de mirar a otra parte cuando aquello a lo que nos convocan no nos gusta, ni nos interesa, ni reúne los suficientes alicientes como para movernos a participar. Es sólo una especulación, claro. *** Gente desastrada en un supermercado venido a menos. Su dinero vale tanto como el de quienes lo gastan en los hipermercados de las afueras. Pero, por algún motivo, lo que les dan por el mismo (esas bolsas de mortadela, esas redes de naranjas descoloridas) parece rancho. *** En este restaurante japonés al que hemos venido para gratificarnos en medio de una larga jornada completa de trabajo, los bocados son demasiado grandes para ser tomados de

MI VOTO

Me pregunta un compañero, un tanto a bocajarro, qué voy a votar. Y, mientras le contesto, y le razono la respuesta, me percato de que la práctica totalidad de las personas con las que me relaciono diariamente evita cuidadosamente referirse a ese tema, como si se tratase de una cuestión vergonzosa u obscena. Incluso aquellos que tienen una militancia política clara han evitado mostrar una simple pegatina alusiva a sus simpatías. No creo que sea por miedo, ni por discreción. Más bien, porque se tiene, en general, la sensación (perceptible incluso en los columnistas cuya adscripción política no ofrece dudas) de que, se vote lo que se vote, o incluso si no se vota, nos estamos equivocando, o estamos apostando por un mal menor. *** Lo que no puedo admitir, de todas formas, es la falacia del "voto útil". Y no me vale lo que me espeta el compañero antes aludido, que alega que el voto que le he declarado es un voto tirado a la basura. No, amigo J.: los que me parecen directamente

IF YOU GET LOST

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K. se encarama a la pila de leña y mira con ansia el borde de la tapia que separa nuestro patio del vecino, donde pían los pájaros. Creo que he llegado a tiempo de impedir que salte; lo que nos hubiera puesto, a ella y a nosotros, en una situación complicada, ya que la casa de al lado permanece casi siempre deshabitada. Yo mismo habría tenido que saltar la tapia (y allanar, por tanto, la propiedad del vecino) para rescatar a la gata. La saco del patio, entre maullidos de protesta, rebajo la altura de la pila de leña, me aseguro de que una mezcla tan peligrosa de circunstancias no se pueda volver a repetir. Mientras, al otro lado de la tapia, tentadores, siguen piando los pájaros. *** Para pasar el rato durante este prolongado puente festivo, hemos estado filmando un corto. Lo mejor, la sensación de estar embarcados en un juego perfectamente serio. Sin seriedad (eso lo saben bien los niños) un juego no es nada. Contábamos con un guión bien estructurado, un plan de rodaje tan razonab