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Mostrando entradas de noviembre, 2008

UN GOYA PARA FRANCO

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A este Franco, de nombre Jesús, le ha concedido la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España el Goya de Honor 2008; es decir, ese premio que se da a los cineastas ancianos, y que tiene inevitables visos de despedida. Al leer la noticia, me he acordado de que, en su día, a modo de broma que no lo era del todo, me gustaba contraponer las películas de este singular director con las que veía en los ciclos del Cineclub Universitario o en las retrospectivas de Alcances, la muestra cinematográfica gaditana. “Algún día veremos aquí una película de Jesús Franco”, decía. Lo que se cumplió, por cierto, cuando Alcances proyectó Killer Barbys en 1996. Era mi modo de justificarme: yo veía las ínfimas películas eróticas de Jesús, o Jess, Franco que programaba de madrugada la televisión autonómica, en una época en que los canales públicos creían labrarse así un certificado de osadía democrática. Y la verdad es que, desvergüenzas aparte, había algo que me atraía muchísimo de ell

PIJOAPARTE

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Quizá el motivo por el que a Juan Marsé han tardado tanto en darle el Cervantes ha sido eso que ahora llaman incorrección política y antes se llamaba desviacionismo o, simplemente, inoportunidad; y que, dicho como Dios manda, no es otra cosa que independencia y libertad de criterio. ¿A quién se le podía ocurrir presentar ante la intelectualidad cejijunta de 1965 una novela tan corrosiva como Últimas tardes con Teresa , en la que se ponía en solfa el progresismo superficial de cierto sector de la burguesía y el mito obrerista en el que se sustentaba? Cuando la leí, yo ya había visto la película Grease , y no pude evitar ponerle al Pijoaparte, el protagonista de la novela, los rasgos de Travolta. Y creo que no iba descaminado: como el macarrilla sin sustancia de la película de Randal Kleiser, el Pijoaparte había salido del extrarradio, no para encabezar la revolución con que soñaban los señoritos insatisfechos, sino con el exclusivo fin de follarse a la rubia perfumada y rica, que es con

NEGOCIOS

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Todavía bajo los efectos del viajecito Cádiz-Santander-Cádiz efectuado entre anteayer y ayer en menos de veinticuatro horas. "Hemos hecho un viaje de ejecutivos", dice J., mi acompañante, refiriéndose a la premura con que se ha cumplido el programa previsto. Tal vez por ello, cuando uno de esos inevitables encuestadores que aprovechan los tiempos muertos de los aeropuertos para sonsacar a la gente nos preguntó por el motivo de nuestro viaje, no dudamos en contestar: "Negocios", no sin que inmediatamente nos asaltara una reconocible sensación de impostura. Vaya negocios los nuestros. De hecho, el propio encuestador no supo qué decir cuando, a la pregunta sobre nuestra profesión, dije yo: "Escritores". "Yo digo siempre "periodista", me comenta luego J., más fogueado que yo en estos menesteres. Le contesto que, por decir eso mismo, a mi mujer la llevaron a una dependencia aparte en el puerto de Tánger y la sometieron a un largo interrogatorio.

PONERSE BURROS

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La sala en la que se celebra esta mesa redonda está decorada con cuadros y fotografías de artistas locales, que le dan un aspecto algo desasistido, un cierto aire de quiero y no puedo que refuerza aún más si cabe el propio desamparo de quienes venimos a oficiar aquí. A algunos de estos artistas los conozco, e incluso los admiro, pero al conjunto le pasa lo que a los escritores de provincias cuando comparecen a mogollón: a los mejores se les contagia un poco la pobreza y falta de recursos de los peores, sin que suceda lo contrario; y el efecto total es más bien descorazonador. Pero yo no quería hablar de las vicisitudes del arte en provincias, sino de una de las obras expuestas en esta sala. No llegué a acercarme lo suficiente para leer la firma, porque, de haberlo hecho, mi excesiva cercanía a la obra en cuestión hubiera sido mal interpretada, y entre el público había algunas señoras mayores de aspecto notablemente intimidatorio. Se trataba de una fotografía; de un impresionante desnu

PARIENTES

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No hay página del Henry Brulard en la que Stendhal no manifieste su desconfianza del género que está intentando cultivar."¿Necesito advertir que esbozo el carácter de estos personajes tal y como los he visto posteriormente?". No, amigo Beyle, no necesitas advertirlo: el lector sospecha ya que una autobiografía o unas memorias se componen necesariamente de impresiones mixtas, en las que se funde la impresión primera que se trata de evocar con conocimientos que sólo pueden haberse obtenido posteriormente. Esa advertencia no va dirigida, por tanto, al lector, sino al propio escritor, y no es más que una constatación de una más de las muchas convenciones que forzosamente ha de adoptar quien se expresa por escrito. Ojalá todo se redujera a contar ... Pero la prosa moderna nace en el momento en el que el escritor constata que contar no es suficiente; y que incluso es lo de menos. *** A algún jefecillo se le ha ocurrido pasar a los empleados la comunicación del descuento de hab

ALMENDRAS

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Una mujer partiendo almendras al pie de mi ventana. Sin saberlo, le pone música de otoño a este divagar de mañana de domingo. Igual que los castaños pelados y los chopos amarillos le ponen la adecuada nota de color. *** Esta velada de amigos ha alcanzado el punto exacto en el que el logro de la intimidad compartida se percibe como una rara flor que no hay que tocar demasiado, como la rosa de J.R.J. Por eso nos despedimos como en susurros y sin mencionar siquiera lo sucedido, no vayamos a estropearlo. *** Este último cuadro de J.A.M.: un hortelano de cuerpo entero, entre dos hileras de tomateras. El verde hondo del suelo ensombrecido, del que casi se percibe el olor; los verdes chisporroteantes de las hojas encendidas; un hueco de luz y aire en el que apetece abrirse paso y quedarse a vivir.

LA CÚPULA

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Se siente uno siempre un poco perdido en estas polémicas que mezclan arte y política. La última ha sido la provocada por la cúpula que el artista Miquel Barceló ha ¿pintado? para el palacio de las Naciones Unidas en Ginebra, sufragada en parte por el gobierno español con fondos, dicen, que tenían que haberse dedicado a ayuda al desarrollo… No sé. Quizá lo primero que habría que hacer es mirar bien esa cúpula. ¿Es bonita? ¿Es fea? Yo me inclinaría por lo segundo, pero sé ya por experiencia que una opinión de esta clase, emitida a distancia y sin conocimiento directo de los hechos, no va a ninguna parte. En cuanto me tropiece con alguien que haya visto in situ la dichosa cúpula, me replicará con el más irrebatible de los argumentos: “¿Y tú qué sabes? ¿La has visto acaso? Yo sí…”. Con este mismo argumento me dejaron sin palabras, en su día, cuando uno se atrevió a dar su modesto parecer sobre el Museo Guggenheim de Bilbao o sobre la Ciudad de las Ciencias de Valencia. “Visto de cerca es

LA GATA

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Me llegan noticias de estas dos personas a las que traté por separado y por motivos distintos hace algún tiempo. Compartían despacho, por esos azares que llevan a la administración a ubicar en puestos de no demasiada responsabilidad a quienes, después de haber servido al partido gobernante en diversos cargos electivos, han dejado de ser útiles en sus respectivas circunscripciones. Yo los veía con regularidad, por separado, ya digo, aunque cada uno de ellos tenía noticia de mis tratos con el otro. A pesar de ello, jamás se refirieron al otro en mi presencia; y si alguna vez yo traté de llevar la conversación por esos derroteros, la eludían cortésmente. Se veía que se odiaban; o, al menos, que se estorbaban, y que querían evitar a toda costa cualquier sospecha de confluencia entre sus respectivos negociados. Qué pena que la administración no tenga despachos para todos. Por suerte para ellos, los dos fueron pronto promocionados a otras esferas. Irónicamente, del mismo rango, con lo que si

FACTORES DE RIESGO

Como cualquier otro experimento literario, éste de escribir un diario íntimo a la vista de todos plantea no pocas dudas y alguna que otra paradoja. Ayer, por ejemplo, en un arranque de inseguridad, suprimí dos entradas anteriores (mejor dicho, dos fragmentos de entradas múltiples) que no terminaban de gustarme: un apunte paisajístico que no expresaba lo que yo pretendía, y cierta escena escatológica que no había podido quitarme de la cabeza, después de habérsela oído en el autobús, el pasado viernes, a una chica que se la contaba a otra en tono de justa indignación... La suprimí porque terminé cediendo a ciertos reparos de buen gusto que ahora no sabría explicar: en mis novelas y cuentos hay escenas peores, que no me han planteado nunca la más mínima inquietud; y no pocos lectores de mi Sexteto de Madrid me han reprochado una cierta afición a lo que a ellos les parece sordidez ambiental, y yo no considero más que una fiel trasposición de escenas y ambientes que a un estudiante con po

LECTORES

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En la parada del autobús, a primera hora de la mañana, la brasa de los cigarrillos es el único punto de calor que cabe apreciar en muchos metros a la redonda. Por eso algunos, al fumar, parecen hacerse un ovillo sobre ella, como para calentarse. *** Esto escribía Stendhal en 1835 sobre la gloria literaria: "En cuanto a mí, me limito a jugar un billete en una lotería cuyo premio gordo se reduce a lo siguiente: ser leído en 1935". Pero no creo que quisiera decir que el hecho de que determinadas obras sean leídas y estimadas cien años después de haber sido escritas se debe únicamente al azar. Parece más bien una queja por la tardanza con que el premio se hace efectivo. Y ya se sabe que una queja de esta clase sólo puede suscribirla quien da el premio por ganado. *** Tampoco entiende uno la ojeriza que suelen tenerse quienes escriben, o creen escribir, para la posteridad y quienes lo hacen para conseguir un triunfo inmediato. No cabe concebir un mejor reparto de las recompe

EL LEGADO

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Este hombre de aspecto patibulario con el que me cruzo por una calleja a eso de las siete y media de la mañana. En la cuenca de la mano izquierda va desmenuzando lo que parecen ser unas briznas de tabaco y, seguramente, un poco de hachís. Su desayuno, entiendo, dado lo intempestivo de la hora. Se me queda mirando con una expresión que quiere ser intimidatoria, pero él y yo sabemos que a estas horas las estadísticas dicen que no se cometen más crímenes que el perpetrado por quienes disponen los horarios laborales. El caso es que me hago el valiente y le sostengo la mirada. Nos cruzamos perdonándonos la vida. Y, apenas lo he perdido de vista (quiero decir, apenas dejo de escuchar sus pasos, pues no me he vuelto a ver cómo se aleja), pienso que la jornada que tiene por delante este individuo me es tan desconocida como el día de caza de un hotentote en la selva africana; tan absurda e incomprensible, como mínimo, como la mía ha de resultar para él. "Ahí va un buen personaje para una n

VENUS

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Venus, engastada en este cielo extraordinariamente cristalino. Desnuda, descarada, sola, muy en su papel. Y esas otras estrellas que van congregándose poco a poco a su alrededor, como mirones en torno a una turista hermosa que acaba de quitarse el sujetador en una playa poco acostumbrada a esas libertades. *** Cuando el viento ulula en las ventanas de este modo es que los fantasmas de la casa han salido a pasear y se han dejado las llaves dentro.

TURISTAS DE OTOÑO

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Leo que el muelle comercial de la ciudad ha registrado un lleno la semana anterior. Uno mismo ha podido corroborar el dato: bastaba salir a la calle a media mañana, a la hora del café, para cruzarse con grandes rebaños de turistas, benévolamente pastoreados por sus guías. En medio de lo que dicen que es una de las mayores crisis económicas que se han conocido, confortaba ver ese indicio favorable. Pasaba uno ante una terraza y veía a dos docenas de ancianos centroeuropeos consumiendo sus paellas y raciones de pescado frito a las doce de la mañana; y, a pesar de la repugnancia que experimentaba ante lo intempestivo de la comilona, no dejaba uno de alegrarse por los camareros y por el dueño del bar: conservarán su empleo este invierno, pensábamos. Y casi sentía deseos de que alguno de esos turistas otoñales me preguntara por una calle o por un monumento, para poder aportar así mi granito de arena a la buena impresión que la ciudad había de causarles. Los miraba con envidia: ojalá no fuer

LICANTROPÍA

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Luna llena perfectamente centrada entre las dos hileras de tejados que definen la calle, a las siete en punto de la mañana, cuando salgo de casa. ¿Puede la negrura ser tan absolutamente transparente? Lo es, en este caso, con esa perla gorda engastada encima. A mí mismo me sorprende mi propia exaltación ante esta primera imagen que me depara el día. ¿Me estaré volviendo licántropo? *** Siempre me da que pensar que esta transparencia del aire venga frecuentemente asociada al frío. Como si un cielo absolutamente puro fuera la mejor imagen posible del desamparo. *** Con esta nubecilla de vapor que exhalo con la respiración parece que se me van las ideas.

MIRADAS

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K. es la que más ilusionada parece cuando se recibe un paquete en casa: se acerca a la caja, la olisquea, arrima peligrosamente el hocico al precinto mientras lo voy cortando con unas tijeras y mete la cabeza entre las solapas en cuanto hay espacio suficiente. No importa que dentro no haya nada que ni remotamente pueda interesar a un gato. Ya quisiera uno recibir cajas de sardinas o de bogavantes. Pero, ay, en esta casa no se recibe más que papel. Y el envío de hoy pertenece a la clase más desazonadora: libros propios, de los que de vez en cuando pido a mis editores unos cuantos ejemplares, de los muchos sin vender que tienen en los almacenes, para cumplir con amigos y conocidos. Bendita K.: ojalá todos los destinatarios de estos papeles malgastados mostraran la misma curiosidad. *** No puedo evitar levantar la mirada de mi lectura cuando el autobús se detiene en una parada. Naturalmente, miro a los que suben. Siempre los mismos: este horario inclemente no admite adhesiones espontá

LAVORARE STANCA

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Me aburren las teorías conspirativas de la Historia, incluidas aquellas que puedan tener una mínima parte de fundamento. O tal vez lo que me aburre de ellas son sus partidarios: con qué seguridad aseguran que tal o cual trama o grupo o sociedad secreta maneja los hilos del poder. Lo malo no es que tengan esa susceptibilidad, que en algunos casos puede estar hasta justificada. Lo malo es que, por tenerla, piensan que tienen cubierta la cuota de rebeldía con que creen conveniente presentarse al mundo. Con cuatro gritos a la hora del café ya han cumplido. En todo lo demás suelen ser absolutamente convencionales y conformistas. Y, encima, se creen excusados. *** (¿Acaso ciertas ideologías no son sino teorías conspirativas de la Historia convenientemente disfrazadas de discurso racional?) *** Lavorare stanca , que decía Pavese. Incluso los trabajos más insospechados cansan. Escribir un poema, por ejemplo. A ver quién es capaz de redactar luego, pongo por caso, un simple artículo. (Sin

NO ES VIDA

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Ocurre que, después de haber trabajado sin parar durante una mañana entera, llega uno ante este cuaderno y constata que no tiene absolutamente nada que contar; mientras que, después de un periodo similar de ocio, suele ocurrir justamente lo contrario: basta haber tenido los ojos bien abiertos para que ese tiempo fructifique en infinidad de observaciones que a uno le apetece traer a colación aquí, siquiera sea como testimonio de ese tiempo vivido. De lo que cabe decir que lo otro, estrictamente hablando, no es vida. *** Me cuentan que la apertura de un nuevo centro del Instituto Cervantes en algún país exótico depende de una comisión de la que forman parte representantes de tres ministerios: Cultura, Asuntos Exteriores y... Defensa. Y no porque la difusión del castellano en el mundo se considere una baza ideológica favorable, como puede ser el caso del inglés para los Estados Unidos; sino porque la creación de tales centros, me aseguran, suele ser una de las contrapartidas previstas

A GALERAS

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Hay arquitectos que, una vez vistas sus obras, deberían ser enviados directamente a galeras. Por ejemplo, ésos que, cuando diseñan un bloque de viviendas sociales, se aseguran de que el resultado deje bien clara la condición de sus futuros moradores; es decir: que baste ver el edificio para que todo el mundo sepa que allí vive gente sin redención posible. Lo hacen a propósito. Porque supongo que, dentro de ciertas proporciones, cuesta lo mismo levantar un edificio decente que uno de aspecto acanallado y siniestro. Por ejemplo, éste ante el que paso con cierta frecuencia, y que no está lejos de donde vivo. Es un bloque de viviendas; pero, como está construido en una calle en cuesta, han aprovechado la altura ganada en el extremo inferior de la misma para poner unos almacenes que alquilan a los tenderos de los alrededores. A ellos se accede por un portalón grande, como de nave industrial; y eso es lo que parece el edificio visto desde ese lado: una nave con oficinas, pues eso es lo que

SILENCIOS Y DESLICES

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Es cierto que a los reyes lo que mejor les cuadra es el silencio. En general, pasa con todo el mundo: cuando uno calla persistentemente, y en lo demás mantiene una conducta respetable, a la larga alcanza consideración de sabio. También una imagen consecuente ayuda lo suyo. Todo el mundo conoce a ese ministro con barbas venerables y discurso sobrio que, después de haber hecho un papel más bien discreto en gobiernos anteriores, y tras unos años de aún más discreta carrera internacional, volvió a la política interna con aureola de lumbrera. Esa reputación en nada se ha visto disminuida por el hecho de que, ante los inminentes indicios de una devastadora crisis económica, negase la evidencia. Había callado tanto que una metedura de pata bien podía perdonársele. El caso de los reyes es distinto. Su silencio nunca podrá ser contradicho; entre otras razones, porque sus palabras no están sujetas a la corroboración de los hechos. Los reyes constitucionales no mandan ni deciden. Y, si alguna v

CRISTALINO

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Primeros días reconociblemente invernales por la tonalidad del cielo y el modo de manifestarse esa singular transparencia de los días soleados propios de la estación. El mar, el cielo, los objetos lejanos tienen una textura cristalina. También el ánimo, ay, anda quebradizo. *** ¿Por qué goza de tan poco prestigio hablar del tiempo? Bien llevada, una conversación de esta índole puede decirnos mucho de nuestro interlocutor. Esta mañana, sin ir más lejos: lo insólitamente despejado del día me llevó a recordarle a este compañero las lluvias pasadas. Asintió educadamente, como si mi comentario, hecho únicamente con la intención de romper el silencio mientras compartíamos trayecto de autobús, realmente mereciera ser secundado. Pero las lluvias nos llevaron a las contrariedades que éstas han causado en el lugar donde trabajamos, y éstas a nuestras opiniones respectivas sobre otras cuestiones de más amplio calado, relacionadas con las condiciones generales del trabajo. Por lo que acabé sabi

ANZUELOS

No lo digo por cinismo: es bueno que todo cambie para que lo esencial siga igual; es decir, para que se mantenga la pura ilusión del cambio. Hoy Obama, mañana... quién sabe. El ritual es estimulante por sí mismo. Es la gran virtud de la democracia: haber creado un mecanismo por el que la comunidad representa inocuamente los ritos consecutivos de la entronización del poderoso de turno y su posterior defenestración. Pero las emociones que se suscitan son hondas y verdaderas. Que un negro haya llegado a presidente en un país en el que hace cuarenta años a los de su raza no se les permitía usar el mismo urinario que a los blancos no deja de tener una gran carga simbólica. Se dirá que este simbolismo se explicita demasiado tarde, y acaso cuando ya no era del todo necesario. Pero el hombre necesita, para convencerse de sus logros, elevar a símbolo solemne lo que acaso no se puede constatar por la mera evidencia de los hechos. *** (Cuando me tomo en serio la política, sea la que sea, no de

CASI

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Esta generalizada simpatía acrítica europea a favor del candidato negro en las elecciones norteamericanas, ¿no es también una forma de racismo? (Y que conste que yo tampoco votaría por McCain.) *** Stendhal, otra vez: "No hay grandes éxitos sin un cierto grado de impudicia y hasta de verdadero charlatanismo". Y otra más: "Liberal yo mismo, encontraba a los liberales insoportablemente estúpidos". Póngase "de izquierdas" en vez de liberal y casi lo firmo. Casi. *** La crisis ya llega a las editoriales. Y, como en cualquier otro ámbito, la pagamos los de siempre: "Tu novela va a salir, por supuesto, pero la cosa está muy mala y no puedo darte fecha". Bien mirado, publicarle un libro a alguien es como concederle un crédito que no se sabe si se va a amortizar. Otra cosa es hacerlo con subvenciones. En eso, las editoriales les han abierto el camino a los bancos.

MUJERES VIKINGAS

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A este hombre el materialismo dialéctico que aprendió en su juventud, y del que ha hecho una seña de identidad, lo mismo le sirve para pregonar la revolución que para diseccionar la última jornada de la Liga de fútbol. Y es que hay doctrinas que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Y qué desamparados e indefensos nos sentimos a veces los que no disponemos de doctrinas de esa clase. *** No encontraba el teléfono móvil, así que le dije a M.A. que me llamara, para localizarlo por el pitido. Y ahí estaba, debajo de la mesa del televisor, justo donde la noche antes oímos a K. trastear con un objeto pesado, que pensamos que sería alguno de sus juguetes. No quiero imaginar con qué idea lo empujó hasta allí. Y no sé si tomarlo como una indirecta. *** Cuando uno no tiene ganas de ejercer la menor actividad mental, una película de Corman. Por ejemplo, Las mujeres vikingas y la serpiente de mar ( The Saga of the Viking Women and Their Voyage to the Waters of the Great Sea Se

QUE ES EL MORIR

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Me costaron caras, sí, pero bien que las he amortizado: me han durado, calculando por lo bajo, seis años; quiero decir, seis inviernos tomados por largo, de finales de octubre a principios de mayo. Me han acompañado a todas partes: con ellas me he pateado la sierra de Cádiz y he subido a alguna recóndita ermita de los Picos de Europa. Conocen las rúas de Évora, las callejuelas de Pamplona, las largas calles paralelas de Santander, las aceras sucias de Madrid. Con ellas me he calzado cuando vestía de chaqueta y corbata y cuando llevaba unos pantalones raídos y un jersey viejo. Mis pies, algo blandos y propensos a doblarse (ya una vez lo hicieron, y me partí un metatarsiano), se han sentido con ellas bien sujetos y firmes. Nunca había tenido unas botas como éstas. Y ayer, cuando me las puse por vez primera este año, noté, nada más salir a la calle, una acusada sensación húmeda en la planta del pie derecho. Pensé que no era más que aprensión, de andar sobre el pavimento encharcado. Pero,