MUSARAÑAS

No hay poeta que no haya escrito alguna vez un poema en el que no se reproche perder el tiempo en los menesteres y obsesiones propios del oficio, mientras la vida, la vida "verdadera" (entiéndase, la vida exterior, en compañía, plena en placeres y logros tangibles), bulle en otro lado... Aparte de la cursilería narcisista que encierra, este peculiar lugar común incurre en un evidente contrasentido: los muertos, que se sepa, no escriben poesía, así que difícilmente podrá decirse que ese menester, u otros parecidos, no sean propios de la vida plena. Porque, ¿acaso podrían serlo de la muerte? Y es que una proposición no puede ser cierta si la contraria también lo es. Es decir, la afirmación: "No vivo, porque dedico todo mi tiempo a escribir poesía", que es a lo que se reducen tantos poemas dedicados a este asunto, no puede ser verdadera si también lo es esta otra: "Si no estuviera vivo, no podría dedicar mi tiempo a escribir poesía".

(Aunque, ¿qué me dicen de lo contrario? ¿De esa sensación de vida perdida cuando los asuntos meramente prácticos no dan lugar a un mínimo de vida interior, aunque no sea más que un rato dedicado a pensar en las musarañas?)

Comentarios

Mery ha dicho que…
Hablando de las musarañas, por cierto, encontraron el amor cierta pareja de famosos. Pero no entremos en cotilleos...
Anónimo ha dicho que…
Reflexión que se presta como pocas a hablar de los conceptos de actividad y pasividad de Spinoza, según el cual, sería mucho más vivir el escribir poesía que, por ejemplo, ir a ver una película de cine (o muchas otras actividades de la vida exterior).

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