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Mostrando entradas de enero, 2009

MADE IN SPAIN

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Algún que otro ministro, y hasta el propio presidente, han sugerido que debemos comprar productos españoles. Lo que me deja pensativo. ¿No habíamos quedado en que la llamada “globalización” era la panacea para todos los males del mundo? ¿No se decía que, gracias al desarrollo del comercio global sin trabas, todos los países se beneficiarían, especialmente los más pobres, los que nos envían remesas de emigrantes y generan la mayoría de los conflictos que nos preocupan? Pero llega la crisis y, en ese reflejo del tacaño que espeta: “los míos primero”, se nos dice que, antes de comprar un producto, comprobemos que la etiqueta dice “made in Spain”. Lo que es complicado, claro, porque ya hay empresas indudablemente españolas que manufacturan sus productos en China, por ejemplo. ¿Son menos españolas las prendas de cierta famosísima multinacional textil de origen gallego, hasta hace poco considerada modelo de eficiencia empresarial, si se han cosido en un taller asiático? También se decía, me

CACERÍAS

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Igual que la economía de lector de la que hablaba ayer, habría que tener una economía sentimental bien organizada. O, al menos, un libro de contabilidad bien atendido, en el que uno anotase correctamente en cada columna los cargos correspondientes a: a) lo realmente importante (digamos, lo que afecta a las personas queridas y a los intereses y dedicaciones que dan sentido a la propia existencia), b) lo necesario pero ajeno (pongamos, lo relativo a nuestro modo de ganarnos el sustento), y c) lo accesorio (y aquí podríamos incluso hacer una subdivisión entre aquello de lo que nos costaría prescindir, por estar muy unido a nuestro modo de vida, y aquello a lo que podríamos renunciar de inmediato). Sería importante no confundir los apuntes, para evitar que lo perteneciente a una cuenta terminara descuadrando las otras. Y ese esmero, en fin, fue el que me faltó ayer para ubicar en su lugar exacto cierto sinsabor que, bien mirado hoy, no era para tanto. *** Decía ese profesor mío que un

UPDIKE

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A John Updike, como a otros, lo leímos un tiempo y luego dejamos de leerlo: hay un principio de economía lectora que nos lleva a no volver a ciertos autores una vez que consideramos que sabemos lo que nos van a ofrecer. No es que hayan perdido nuestra estima; simplemente, ahora son otros los que ocupan el primer plano de nuestra atención. De este cruel principio sólo quedan excluidos, en fin, esos pocos maestros que uno siente la necesidad de releer periódicamente. La muerte suele ser el aldabonazo que nos lleva a reflexionar sobre la inevitable injusticia de este modo de administrarse: repaso hoy algunos poemas del recién fallecido Updike (hay una buena antología en Pre-Textos, traducida por José María Moreno Carrascal) y revivo el placer que en su día me produjeron, primero, los encuentros esporádicos que fui teniendo con su poesía; y luego la lectura de una porción de la misma lo suficientemente representativa como para hacerme una idea de su valía, que creo que es mucha. Updike, c

ANTESALA

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Ya que hablamos del principio de economía por el que han de regirse estos cuadernos, anotemos éste: cuando uno se da cuenta de que lo que está escribiendo no tiene el tono adecuado, ni la necesaria inmediatez, quizá lo mejor sea remitir lo escrito a otro negociado: al de los artículos en ciernes, quizá. O al de apuntes de poemas. O al que hace las veces de antesala de la papelera. *** (No confundir, en cualquier caso, la papelera con este cuaderno.) *** Ah, el síndrome Obama. Ese constante repetir: "Le agradezco su pregunta"; ese reiterado condolerse de la desgracia sociológicamente fundada (que es la menos empática, en fin, de las desgracias); esa cercanía impostada...

ENSALADA WALDORF

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No hay traductor o editor de Emily Dickinson que no mencione su peculiarísima puntuación y, sobre todo, la proliferación de guiones (que en español equivaldrían a puntos suspensivos). Lo que casi ninguno dice, en fin, es que, cuando se leen en voz alta sus poemas, esas pausas normalmente resultan muy pertinentes, y le dan al texto una cualidad especial de..., no sé, de susurro muy meditado, dicho casi al oído. *** A la ensalada Waldorf (básicamente apio, manzana y mayonesa, a los que se puede añadir una infinidad de ingredientes opcionales) le pasa lo que al haiku : es sencillísima de hacer, pero no todo el mundo sabe darle el punto. *** No, amigo Romeo, no todos los escritores hablan de dinero: algunos dan por sobreentendida la minuta que creen merecer.

USUARIOS AVENTAJADOS

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No hace mucho, un conocido novelista se despachaba, desde su columna de El País, contra la proliferación de los blogs o "bitácoras" de escritores. No es el único profesional de la escritura al que he oído criticar este fenómeno; ni el único, en fin, que señala los que, según él, son los dos "peligros" que comporta. El primero es evidente: cualquiera (incluyendo, en fin, los desaprensivos que insultan o esparcen infundios) puede escribir y hacer públicos sus pareceres. Menos clara me parece la segunda objeción; que, sin embargo, es la que subyace a muchas de estas críticas; la idea de que un escritor que se precie no debe dispersarse en estos juegos, ni desperdiciar su talento en lo que, al fin y al cabo, no genera beneficios editoriales ni, por lo extendido del fenómeno, redunda en un mayor prestigio de quien lo cultiva. No deseo entrar en esta polémica; sobre todo, porque estoy convencido de que el fenómeno es irreductible a denominadores comunes; y, por tanto, l

OBRAS COMPLETAS

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A estas alturas, ya deben de haberle llegado a la diputada deslenguada que se ha permitido burlarse del acento de cierta ministra los envíos de las obras completas de Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y otros escritores que le han remitido diversas instituciones andaluzas; pues andaluces eran el acento y la ministra, y las solidaridades regionales funcionan de este modo: si se ofende a quien comparte el gentilicio de uno, uno debe darse también por ofendido y obrar en consecuencia. El caso es que a la diputada de marras le han hecho llegar las obras del nobilísimo Juan Ramón, del luminoso Federico. Y es que los escritores lo mismo valen para un roto que para un descosido. Se ha pretendido hacerle saber a la ofensora que a los andaluces no hay quien pueda darnos lecciones de corrección lingüística, puesto que andaluces fueron los susodichos escritores. Lo que, después de todo, no deja de ser una generalización abusiva. Pero resulta, además, que tan peregrino argumento bien pud

PAMPAS Y DESIERTOS

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Cosas que lo fuerzan a uno a la humildad: un catarro inoportuno; la corrección de pruebas de un libro propio; el reconocimiento de las propias limitaciones. Y hay días en que se junta todo. *** La primera impresión de España que recibe Morla Lynch, el chileno amigo de Lorca: "El campo austero nos infunde la sensación de ser más socorrido y menos solitario que los caseríos". Y eso que venía de una tierra de pampas y desiertos. Pero pasando antes por París. *** Esa precisión de la Dickinson, al filo de la agramaticalidad. No hay traductor que no meta la pata con ella. Hay que presuponerle la intención y restituir la sintaxis elíptica. A veces cuesta, supongo que incluso para los hablantes nativos de su idioma. Pero, una vez se hace la luz, qué claridad meridiana, qué sensación de que lo dicho no podría haber sido expresado de otro modo. En eso sólo tiene un parangón en lengua hispana: el JRJ más desabrido; el que no duda en retorcer una obviedad, que el lector rechaza ha

MÁRMOLES MUÑOZ

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Me inquieta haber encontrado en el buzón este anuncio de "Mármoles Muñoz". Y, sobre todo, esta ominosa advertencia: "Realizamos todo tipo de trabajos". *** Obama: lo más curioso, esa inaudita unanimidad de la clase política española en congratularse de su elección, como si la derecha le pasase por alto el componente socialdemócrata de su programa económico y la izquierda hiciese la vista gorda respecto al tradicionalismo y la constante apelación a los "viejos valores" que enaltecen la retórica del nuevo presidente. Sea. Pero lo más gracioso, quizá, fue el resumen que este viejo escritor portugués, de notorias simpatías estalinistas, hizo de su discurso; según él, podía condensarse en cuatro palabras: Otro mundo es posible. *** Había intentado leer a esta poeta en otras ocasiones y siempre se me había caído de las manos. Hasta hoy. Ya estoy maduro para Emily Dickinson.

PAÑOS MENORES

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En una de las marismas que sobreviven junto a la carretera distingo, desde el autobús, una garza común y un pato de plumaje verdigrís (seguramente un azulón), cada cual a lo suyo: el pato en plena laguna, cabeceando contra las olillas que forma el viento en la superficie, la garza entre los juncos de la orilla, abatiendo de tanto en tanto la cabeza, como movida por un resorte, para atrapar con el pico alguna de esas presas inconcebibles que sólo ellas ven, y que tienen más de hallazgo etéreo, como los que podrían colmar de felicidad a un publicitario o a un poeta, que de bocado palpable... Han pasado ya casi tres lustros desde que vivo en este entorno, y todavía me sorprenden, en medio de su desamparo suburbano, estas escenas de naturaleza plena, que parecen ignorar el trasiego cotidiano de personas y vehículos y el avance imparable de las construcciones. Una a una, estas imágenes sorprendidas, a veces más intuidas que realmente vistas, constituyen el testimonio más convincente que pos

CONNIVENCIAS

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Tal vez la verdadera naturaleza de los recuerdos viejos sea la de los trastos viejos: conforme uno los va redescubriendo (como hoy, mientras limpiamos el trastero casi impracticable), va uno descartando su pertinencia, las buenas intenciones que los justificaban, su necesidad. Lo mejor sería hacer una gran hoguera con todos ellos, trastos y recuerdos. Pero como uno no deja de ser un buen ciudadano ni siquiera en estas circunstancias, los va arrojando (los trastos, no los recuerdos) ordenadamente a diversas bolsas, destinadas a sus respectivos contenedores de residuos. A la de desechos eléctricos, por ejemplo, va el teclado de mi primer ordenador, con el que escribí mis dos primeras novelas (¿debe ir uno pensando ya en su museo póstumo?), el amplificador de señal que hizo posible la recepción de las ondas televisivas en nuestra primera casa en el casco viejo, varias lámparas inservibles, una maraña de cables y clavijas. Cualquier registro mantenido durante un tiempo lo suficientemente l

DIOS EN LOS AUTOBUSES

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Si Santa Teresa decía que Dios también estaba entre los pucheros, no hay nada que oponer a que lo anuncien en los autobuses, ya sea para negar su existencia o para afirmarla. Se está haciendo ya en varias ciudades españolas, siguiendo el ejemplo de una polémica campaña que se inició en Londres. Allí fue un grupo agnóstico el que decidió patrocinar un anuncio en el que se hacía saber a los viandantes que Dios probablemente no existe, y se les exhortaba a vivir sin esa preocupación. Cuando la noticia llegó a España, parecía una muestra más de ese humor entre cínico y nihilista que se gastan los ingleses de hoy, tan de vuelta de todo. Pero no han tardado en surgir imitadores, e incluso una animosa campaña de signo contrario; con lo que la verdadera noticia, en España, no es ya que cada cual ejerza su libertad de expresión como le venga en gana, sino que haya un nuevo motivo de disputa pública, y que los contendientes estén dispuestos a ventilar sus diferencias en debates más bien poco edu

CONTESTATARIOS

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James Stewart, Strother Martin, George Kennedy y Anne Baxter, todos muy viejos ya, en Cerco de fuego (The Fools' Parade) , una película del esforzado Andrew V. McLaglen: todos, director incluido, venían de unos tiempos en los que los modos expresivos del cine eran muy distintos a los que comenzaron a imponerse con el cambio de década. Se nota el peso, por ejemplo, de Bonnie and Clyde , que se estrenó en 1967. Y se anticipan no pocos rasgos de La huida (The Get Away) de Peckinpah, que se estrenaría al año siguiente. La película, como las mencionadas, trata de unos delincuentes (ex-delincuentes, más bien, pues acaban de cumplir condena) acosados por representantes corruptos o degenerados de un sistema legal anquilosado y falto de reflejos... Ya se sabe cuánto tardaron esos aires libertarios del cine de la nueva década en convertirse en puro cliché. Pero en esta película todavía conservaban la suficiente fuerza como para determinar el trabajo de este simpático grupo de abueletes, to

PIEDRA DE TOQUE

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Termino de leer los Cuentos de Roberto Bolaño (Círculo de Lectores, 2008) con sentimientos encontrados. Tal vez la causa sea haberlos leído en mis trayectos en autobús, a razón de un cuento o dos por día, lo que me ha dejado durante tardes enteras a merced de la impresión particular causada por el último; impresión que muy bien podía quedar anulada o desmentida por el leído al día siguiente. Por eso quiero curarme en salud: cuántos juicios pretendidamente críticos no serán el resultado de las condiciones particulares de lectura en las que fue abordado el libro en cuestión. Aunque también podría argüirse lo contrario: si un texto literario se impone a las condiciones accidentales en las que es leído, es que sin duda cuenta con poderosos atractivos intrínsecos. Tal ha sido el caso, hay que reconocerlo, de un buen puñado de cuentos incluidos en esta recopilación. Algunos ya los he mencionado en este cuaderno: "El retorno", por ejemplo, perteneciente a Putas asesinas , en el qu

CARÁCTER

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Tres situaciones que llevan a sentirse objetivamente desgraciado: no haber dormido lo suficiente, tener frío y llevar las perneras del pantalón mojadas por la lluvia. Ya sé que no es para tanto. Pero esta clase de hechos objetivos, por insignificantes que sean si se toman aisladamente, actúan, por así decirlo, por acumulación. *** Al intentar extenderme sobre el comentario de ayer me sale... un artículo, que inmediatamente traspaso de las sentinas de este cuaderno a la carpeta correspondiente, a la espera de enviarlo al periódico dentro de unos días. Lo que me lleva a pensar en las consideraciones de economía literaria que anoté también en este cuaderno no hace mucho: no se puede volcar aquí todo, algo hay que dejar para esos otros compromisos de escritura a los que uno se ha ido atando. Aunque lo que, finalmente, fuerza la decisión a favor del aplazamiento es la evidencia de que lo que me ha salido era, indudablemente, un artículo, como decía antes, y no un apunte diarístico. Y no

ACENTOS

No he oído las declaraciones de esa diputada de la oposición que presuntamente se he burlado del acento andaluz de cierta ministra. Sí he oído los doloridos golpes de pecho y las manifestaciones de agravio con que ha reaccionado ante esas declaraciones la práctica totalidad de la clase política andaluza: unos, los del partido gubernamental, encantados de que se lo hayan puesto tan fácil; otros, los de la oposición, a regañadientes, pero temerosos de que, si no se suman a la jeremíada, pueda ponerse en duda su celo patriótico-regional... Lo que cada vez está más claro, en fin, es que el prurito de convertir cualquier cosa en signo identitario no es en absoluto un gesto inocente, y que su verdadera función no es otra que levantar cortinas de humo que oculten o posterguen los verdaderos problemas; en este caso, la manifiesta incompetencia de esa ministra, responsable, entre otros muchos desaguisados, de la situación de caos en la que se encuentra, desde hace semanas, el transporte aéreo.

INTEMPERIES

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Sólo los días soleados de invierno alcanzan esta transparencia, que uno no puede dejar de asociar al frío, y que parece una forma extrema de la intemperie, física y anímica. *** No es que a K. le atraiga el frío: todo lo contrario. Pero en la insistencia con que golpea con sus patas alzadas la puerta del balcón hay toda una declaración de fe: esa certeza, tan gatuna, de que donde hay sol, por mucho frío que haga, siempre será posible encontrar unos rescoldos de calor reconfortante. Basta con saber arrimarse a la pared apropiada. *** En ese círculo del infierno donde están todos los pintores de vanguardia todavía hay quien se ríe de estos atardeceres tan... decorativos.

BOLETINES VIRTUALES

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No dejo de buscar entre las noticias recientes alguna que justifique el pomposo título de “Año Nuevo” que automáticamente atribuimos al recién comenzado. Y sólo encuentro, entre informaciones de guerras viejas y vetustos enredos políticos y económicos, esta modesta novedad: desde el uno de enero el B.O.E. ha dejado de existir físicamente; es decir, ha desaparecido su edición en papel, por lo que a partir de ahora el órgano en el que se hacen explícitas las decisiones del Estado, grandes y pequeñas, sólo será accesible a través de Internet. Es una novedad a medias, claro, porque ya hace años que las consultas por Internet han sustituido la molesta necesidad de desplazarse hasta una biblioteca pública y manejar la engorrosa pila de boletines, con su correspondiente carga acumulada de polvo, ácaros y lepismas golosos de papel. Supongo que tarde o temprano algún aficionado a la sociología recreativa nos explicará la diferencia que este cambio supone en nuestras relaciones con el poder. I

ALGO QUE DECIR

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La situación me trae a la memoria esa escena cómica de Avanti! en la que el funcionario encargado de certificar la muerte del padre de Jack Lemon se presenta en el depósito de cadáveres, se abre la chaqueta negra y enseña los sellos, tampones, estilográficas y demás aditamentos burocráticos que lleva colgados del forro, en panoplia, y de los que se sirve para cumplimentar y sellar in situ los distintos impresos. En la que acabo de presenciar, el protagonista es el hombre que me antecede en la cola que se ha formado ante la mesa de "Atención personal" del banco, a la que el común de los mortales suele acercarse normalmente solamente para pedir aclaraciones sobre cobros presuntamente erróneos o indebidos. Ése es mi caso. Pero él no: él va allí, por lo que se ve, para despachar la contabilidad completa de su negocio. Cuando llega su turno, los demás comprendemos que es una temeridad seguir esperando, y nos pasamos a otra cola. Por el rabillo del ojo veo como este hombre, ya s

INCÓGNITAS

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Jubilados con niños. Las dos mitades ociosas de la población, excluyendo, claro está, a los desempleados y a quienes nos dedicamos a la enseñanza, que también hacemos vacación en días como hoy. Ahora que nos quejamos tanto del abandono de la economía productiva , sería oportuno hacer un censo de quienes verdaderamente trabajan en estos días ambiguos. Descartando, claro está, a todos aquellos que, pudiendo haberse dado de baja por enfermedad o canjear el día por otro, se reservan para mejor ocasión. *** La industria editorial, al fin y al cabo, no es más que el medio del que se vale la literatura para llegar a un público más o menos amplio, como las botellas y los tetrabrik s son los medios de los que se vale la leche para llegar a quienes la consumen donde no hay vacas a mano. Pero a nadie se le ocurriría pensar que entre un litro de leche de vaca y ese extraño híbrido de cartón, plástico y metal del que están hechos los tetrabriks haya alguna afinidad esencial; ni que, a falta de

COCINA PARA IMPOSTORES

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Veamos: este cinturón de excursionista, que incluye una especie de kit de navaja y cubiertos plegables, una linterna, una brújula, unos prismáticos... Quien me lo ha regalado sabe que probablemente jamás me veré en ocasión de usarlo; pero que, por eso mismo, quizá lo necesite más que cualquier otra cosa. *** ¿Y qué decir de este Manual de cocina para impostores que me ha regalado M.A., en clarísima alusión a mis recientes devaneos con los fogones? Claro que lo mismo podía ser una referencia malintencionada al conjunto de mi carrera literaria. O, ya puestos, a la literatura en general y a quienes la cultivan. *** Yo, por mi parte, le he regalado a ella un juego de cuchillos, un frasco de Chanel número 5 y el Arte de la guerra de Sun Tzu, entre otras cosas. Juro que sin haber tenido en cuenta las posibles relaciones que puedan llegar a establecerse o imaginarse entre tales objetos.

HOMOFONÍAS

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Noche de reyes. No sé, no sé: nunca he distinguido bien la "ilusión", que parecía ser el estado de ánimo característico de esta jornada, de la mera avidez, que es el sentimiento que mejor se corresponde con su exacto reverso, el que suele experimentarse al día siguiente: la decepción. En términos "educativos" -entendiendo por educación, en fin, el mero entrenamiento para lo que nos espera en la vida adulta-, se entiende mal este pretendido fomento de la "ilusión": como adultos nos hacemos pocas ilusiones, y éstas, en general, son poco útiles; pero, en cambio, abrigamos ambiciones y deseos que no siempre se corresponden con nuestras verdaderas posibilidades, pero que, de todos modos, son los acicates más eficaces de nuestra actuación en sociedad. Y el que hayamos acertado a reunir en una misma jornada el fomento de la avidez y el aprendizaje de la decepción dice mucho de nuestra complicada -y, a la vez, simplísima- constitución moral. *** No diré nada d

EL LIMBO

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La niebla, alternando con la lluvia, ha sido la nota dominante en estos diez días que he pasado fuera de casa. Sensación de haber estado en un lugar sin coordenadas geográficas ni referencias temporales. A algunos les he oído quejarse del mal tiempo. Pero, ¿es que hay mejor sitio que el limbo para pasar unas vacaciones? *** Películas vistas estos días: la negrísima Deseos humanos , de Fritz Lang, la luminosa Los niños del paraíso , de Marcel Carné, la encantadora El amor llamó dos veces , de George Stevens, la cínica Bésame, tonto , de Billy Wilder, que todavía no había visto C... También el cine en blanco y negro, que para quienes tienen la edad de C. es una auténtica rareza, empieza a presentar todos los atributos de lo perteneciente al limbo. Un arte clausurado, como lo es el cine mudo o la gran ópera clásica. Y, por eso mismo, una cantera inconmensurable, sí, pero limitada, donde uno se sumerge con la esperanza algo ilusa de llegar a agotarla. *** Y esta extraña e insospecha

EFECTOS MORALES

Mientras escribo esta cuartilla, veo pasar al pie de mi ventana a decenas de viandantes cargados con las consabidas compras navideñas. Resulta una imagen tranquilizadora: pese a la crisis, pese a los pronósticos catastrofistas, los comercios venden sus mercancías y la gente las compra, lo que significa que la maquinaria económica, mejor o peor, sigue funcionando. No dudo de que se repondrá: desde los inicios del capitalismo, tanto sus partidarios como sus detractores han estado de acuerdo en que una de las características de este sistema económico es que alterna periodos de expansión con periodos de recesión, y que unos son consecuencia de los otros y viceversa. Lo que es nueva, quizá, es la tesitura. La recién adquirida conciencia ecológica, por ejemplo, nos dice que el consumo de bienes no puede seguir creciendo de modo exponencial, so pena de agotar los recursos del planeta y alterar su equilibrio ecológico, lo que puede traducirse en devastadoras catástrofes naturales y humanas…

SERPIENTE

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Con las últimas lluvias, el cauce de este arroyo, habitualmente seco, lleva un nutrido caudal. Salta con coquetería entre las piedras y se remansa plácidamente en los hondones, como queriendo aprovechar bien las posibilidades que le brinda su breve ocasión de lucirse. Es una visión única, que apenas dura unas pocas semanas al año. Y mientras la disfruto desde un recodo, oigo que en el puentecillo próximo unos mocosos desconsiderados andan acarreando piedras grandes arrancadas del cauce y dejándolas caer en el remanso que se ha formado justo a los pies del puente, sólo por el placer de ver las salpicaduras. Me asomo, veo las heridas sanguinolentas que las piedras arrancadas han dejado en el cauce, el remanso revuelto y el lugar, por así decirlo, profanado y sucio. Me siento en el puentecillo, con la esperanza de que mi presencia desanime a los desaprensivos. Éstos se refrenan unos instantes, pero enseguida interpretan mi gesto como una especie de desafío, y veo que están dispuestos a