HOMOFONÍAS

Noche de reyes. No sé, no sé: nunca he distinguido bien la "ilusión", que parecía ser el estado de ánimo característico de esta jornada, de la mera avidez, que es el sentimiento que mejor se corresponde con su exacto reverso, el que suele experimentarse al día siguiente: la decepción. En términos "educativos" -entendiendo por educación, en fin, el mero entrenamiento para lo que nos espera en la vida adulta-, se entiende mal este pretendido fomento de la "ilusión": como adultos nos hacemos pocas ilusiones, y éstas, en general, son poco útiles; pero, en cambio, abrigamos ambiciones y deseos que no siempre se corresponden con nuestras verdaderas posibilidades, pero que, de todos modos, son los acicates más eficaces de nuestra actuación en sociedad. Y el que hayamos acertado a reunir en una misma jornada el fomento de la avidez y el aprendizaje de la decepción dice mucho de nuestra complicada -y, a la vez, simplísima- constitución moral.

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No diré nada de esta otra clase de decepción, a la que me está abocando la lectura de los cuentos de R.B. Tal vez no sepa explicarla, en fin, porque no sé formular en términos precisos en qué consistía la avidez que me llevó a ellos.

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Cuasi-homofonías. Esta lasitud más o menos postvacacional, que tanto se parece a la laxitud prelaboral. Esta falta de ilusiones, que no implica en absoluto carencia de avidez. Y esta ansiedad, que tan claramente anticipa la decepción.

Comentarios

Tomás Rodríguez ha dicho que…
En la última reflexión me volcaría como un animalillo en la arena. Salud.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

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