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Mostrando entradas de junio, 2009

ELOGIO DE LA BIBLIOTECONOMÍA

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Última jornada como encargado de esta biblioteca. Para celebrarla, decido fichar los libros que, por pereza, desidia o desinterés, he ido postergando hasta hoy. Es un material humilde: esos desechos que llegan por aluvión a los asilos de libros, porque entre quienes los compran y leen, y luego deciden deshacerse de ellos, rige aún el piadoso principio de no tirar jamás ninguno a la basura, o usarlos para encender la chimenea en invierno. Miro sus portadas: una obra de ese conocido polígrafo revisionista que da todos los años a la imprenta varios tomos de erudición histórica, algunos tomos de sendas colecciones de "grandes" del cine y la pintura, unos panfletillos de la izquierda local sobre la crisis industrial que atenaza a la comarca... Llama la atención que, incluso entre estos detritos (como sucede, en fin, en ciertas capas de la población especialmente proclives al encuadramiento político extremista, de uno u otro signo), se establezcan estas apolilladas beligerancias

CANGREJOS

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Como no había aparcamiento, he llegado hasta ese extremo de la playa que suelo evitar, porque es el más concurrido (cuenta con una amplia explanada para coches) y hay rocas en la orilla que, cuando las cubre la marea, dificultan notablemente el baño. Era también el tramo al que, precisamente por esos motivos, me llevaban mis padres cuando niño: era fácil aparcar y las rocas, cuando la bajamar las descubría, proporcionaban horas de distracción a los pequeños, que nos distraíamos cazando cangrejos o recolectando lapas y burgaos. Ya no está uno para esos trotes; y esas lapas, cangrejos y burgaos (o "burgaíllos", como preferimos decir en Cádiz) ya no son tan abundantes como entonces; o eso me parece a mí, que lo juzgo todo con la escala cambiada del adulto. Pero el caso es que, para distraerme, me calzo unas chanclas de goma y me paseo por las piedras. Están, como entonces, llenas de niños, cada uno con su redecilla y su cubo, en el que echan el producto de su recolecta. No parec

EL EDIFICIO

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Ahora que el edificio ha sido indultado, hablaré del edificio. Le gusta a uno tener opiniones inocuas, que tengan el menor efecto posible sobre la realidad, ya de por sí muy complicada. El edificio en sí –el de la Aduana, situado delante de la recién restaurada fachada de la Estación Vieja, y ocultándola– me parece un adefesio; como me lo parece, en general, toda la arquitectura que se cultivó en España en los años que siguieron inmediatamente a la Guerra Civil. Hubo entonces quienes pensaron que el nuevo régimen venía a restaurar las glorias de los Siglos de Oro, cuando sobre el Imperio no se ponía el sol. Y, consecuentemente, se aplicaron a remedar la arquitectura de entonces, igual que los malos poetas remedaban los sonetos de Garcilaso. Y debía de producir cierto estupor ver cómo, en medio de la penuria generalizada, la administración se permitía construirse esos edificios un tanto intimidatorios, a los que invariablemente se les añadía un pórtico de columnas, un frontón, unos chap

AMBIGÜEDADES

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En la biblioteca pública al final de la mañana. Nada más opuesto al trasiego laboral que este silencio vagamente matizado por el runrún del aire acondicionado, que aquí adquiere sonoridad de brisa. Como a los usuarios de la hemeroteca nos colocan en una mesa cercana al mostrador, ante la que forzosamente han de pasar quienes entran o salen, distraigo lo arduo del cometido que aquí me trae con rápidas ojeadas a los que van y vienen, la mayoría estudiantes. También yo estoy en una situación especialmente conspicua, por lo que nada más entrar fija en mí su mirada un viejo conocido, que me presenta a alguien con quien, al parecer, había comentado mi último artículo en el Diario , y que resulta ser un antiguo profesor mío y creo que ex sacerdote, ahora reciclado en alto funcionario autonómico. Éste repara en que estoy ojeando un tomo de periódicos antiguos. "Yo también soy lector de periódicos viejos", me dice. "Me gustan más que los del día. Éstos los lee uno con el corazón.

CRÓNICAS DE MADRID

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Estos artículos de Umbral ("Crónicas de Madrid") que leo en un tomo de prensa local de hace treinta años: incomparablemente mejores, en fin, que los últimos que publicó en El Mundo, por los que muchos lo recordarán y algunos lo habrán aborrecido... Quien tuvo retuvo, claro. Pero entre estos artículos breves (no creo que tengan más de un folio) de hace seis lustros los hay dignos de González-Ruano: éste, por ejemplo, en el que cuenta una conferencia que dio sobre Larra a un público universitario entre el que abundaba el elemento femenino; o este otro en el que glosa uno de esos calendarios de desnudos que se estilaban por aquel entonces... Eso tan español de la satiriosis elevada a melancolía, y que tan buen resultado da cuando quien lo maneja sabe, además, reírse de sí mismo.

CARAS

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Darse un baño de caras extrañas como quien se lo da de agua limpia. *** Quizá lo más curioso de la madurez de los gatos sea su pérdida progresiva de curiosidad. Quedan lejos ya los días en que a K. le bastaba oír la llave o el pestillo para acudir a la puerta. Ahora hay que llamarla, e incluso a veces asegurarse, al salir, de que no se ha quedado encerrada en un armario o en el balcón, y que por eso no acude. O a lo mejor ella también necesita ver caras nuevas. *** A esta impresión de melancolía ha contribuido no poco la relectura, a una hora propicia, de "El vell i la mort / El viejo y la muerte", de Margarit. Uno de esos poemas insidiosos (por lo eficaces) que acaban sonando dentro de uno como si los dictase el propio pensamiento en un infrecuente estado de exaltación, mientras el resto de las capacidades intelectuales se retrotrae a una pasividad meramente receptiva... No sé si lo he explicado bien.

HERMÈTICS

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Els poetes hermètics tenen por , dice Joan Margarit en uno de los poemas de su último libro. Y suena más contundente aún en el castellano del propio autor: "Hay tanto miedo en un poeta hermético".

APRENDIZAJES

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Un viento sur suave, el mar un tanto revuelto, pero de ese modo desordenado que ofrece, a quien busca lo suficiente, inesperados remansos de transparencia en los que ni siquiera se arremolinan las algas. Todos los años este primer día de playa pone a prueba expectativas y aprensiones que, en algunos casos, se remontan a la infancia. No es poco aprendizaje encontrar en este espacio público un hueco que se ajuste a esas expectativas, que mantenga a raya esas aprensiones. Un hueco entre las olas en el que no temer a las medusas, en caso de que las haya. Una parcela de arena todavía no hollada por las multitudes insatisfechas que van y vienen. Y la distancia justa respecto a la sombrilla más cercana, bajo la que dormitan una siesta eterna, ajenas a todo el mundo, dos mujeres semidesnudas. *** No he leído periódicos este fin de semana, pero me imagino que alguno habrá al que no se le haya escapado lo que, para mí, es una clarísima secuencia de acontecimientos. Hace meses fue elegido, par

PARAÍSOS PRIVADOS

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No siente uno la menor simpatía por Silvio Berlusconi, ni por su manera de entender la política como una simple extensión de los negocios privados, ni por sus apelaciones populistas a los bajos instintos de la masa que lo vota. Me cuesta incluso nombrarlo aquí, porque es norma de este columnista rehuir el nominalismo vacuo al que se pretende reducir la actualidad política por estos pagos, y buscar siempre lo que pueda haber de general en las pequeñeces del día a día… No, no quería yo hacer un artículo sobre S.B. Pero también es cierto que uno debe escuchar su corazoncito, y si éste se muestra indignado por el desafuero que le hacen a un impresentable, habrá que indagar en las razones de esa indignación; y calibrar, sobre todo, si ese desafuero aparentemente merecido no podría convertirse en precedente de otros que ya no requerirían siquiera las excusas biempensantes y justicieras que parecían motivar el primero. O, dicho de otro modo: si nos congratulamos de que la prensa presuntamente

WC

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Lo único que no ha cambiado de esta facultad en los veintitantos años que hace que salí de ella es el inenarrable estado de los servicios: esa suciedad que, más que consecuencia del uso, parece fruto del ensañamiento; y esas pueriles batallas entre presuntos extremistas de ambos signos que se libran en las paredes... Cuesta pensar que quienes hacen estas cosas son los mismos que luego encuentra uno en las aulas o en la biblioteca, aprendiendo lenguas muertas o estudiando a los clásicos. Así luego sale lo que sale. *** Sin embargo, algo habrá que decir de estos servicios. Cuando yo estudiaba en la vieja facultad de letras, solía hacer a pie el camino de ida y vuelta, para ahorrarme el autobús. Era una caminata de una hora; que, a primera mañana, recién levantado y sin haber rendido aún la inevitable visita al baño (uno siempre ha sido duro de vientre), terminaba por aflojarte las tripas y hacía que llegaras a tu destino cuando ya no podías aguantar más; por lo que lo primero que hacía

INOCENCIA

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Si viviera exclusivamente de la literatura -digo, es un decir-, posiblemente muchas de mis jornadas se parecerían a la tarde en la que anoto esto: puro trabajo a destajo, en el que paso, sin solución de continuidad, de la correspondencia más o menos comercial, que es imprescindible mantener al día, a los trámites de intendencia, pasando por la ejecución de unas pocas, pero necesarias, páginas de encargo. No sería, pienso, una vida mucho más despejada o cómoda que la que llevo ahora, alternando enseñanza con literatura; ni tampoco, entiendo, permitiría dedicar a esta última, en su aspecto estrictamente creativo, un espacio mucho mayor. Pero no lo digo para consolarme: también, supongo, debe de resultar muy satisfactorio ganarse el sustento con este mero destilar de la inteligencia, aunque sea aplicado a despachar una reseña o un artículo. Digo yo. *** En estos tiempos tan poco convencionales, el papel de la ropa -y muy especialmente, y espero que nadie se ofenda por ello, el de la ro

APRENSIONES

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Primero me besa, luego me cuenta que tiene una gripe de caballo, y que debe de estar subiéndole la fiebre. Ha salido a la calle, dice, para hacer una gestión inaplazable. No soy aprensivo: si lo fuera, hubiera esgrimido cualquier excusa y me hubiera apartado de ella. Pero tengo imaginación. Y, mientras me hablaba (y se veía que la fiebre le había dado habladora), casi me parecía ver a los virus cruzando el espacio que mediaba entre nosotros, y aterrizando en mis mucosas bucales y nasales, y estableciendo cabezas de puente, y cargando contra mis defensas... *** Me enseñan la carta de colores de este modelo de coche y veo en ella un "azul borrasca" y un "rojo Lucifer". Entre la cursilería y el malditismo, como los poetas malos. *** Esas estudiantes que, para sentirse seguras en un examen, se visten del modo más seductor posible: muy escotadas, con la espalda descubierta, con falda corta... Como para enamorar, no al profesor, que suele estar curado de espanto, si

ALGUNAS POSIBLES BUENAS NOVELAS

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Anoto aquí algunas posibles buenas novelas que menciona Jesús Pardo en el rápido repaso que hace de algunos escritores que trató a mediados del siglo pasado, la mayoría de los cuales frecuentaba el café Gijón y militaba en la entonces algo venida a menos bohemia madrileña. Y digo "posibles" porque no he leído ninguna, ni tengo otra referencia de ellas que las que da el propio Jesús Pardo. Ahí va la lista: Perdimos la primavera , de Eugenia Serrano ("narra, brillantemente y de primera mano, la vida bohemia del Madrid de entonces"); Las últimas horas , de José Suárez Carreño ("retrato descarnado, y no malo, aunque pedestremente escrito, de aquel deshonesto y frenético Madrid nocturno"); Diana o la causalidad y El empleado , de Enrique Azcoaga ("de ellos puedo decir que merecen mejor anaquel que la papelera"; Estiércol , de Juan Guerrero Zamora ("merecedora de resurrección"); Calle Echegaray , de Marcial Suárez ("una buena novela&quo

UN PREMIO

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Día de la Pintura en B. Las beneméritas señoras que lo organizan se quedan un poco extrañadas de la aturullada explicación innecesaria que les doy al inscribirme: me apunto, les digo, pero no pienso pintar, sino sólo dibujar por ahí, curiosear, disfrutar del ambiente. Y, por supuesto, no pienso mostrar a nadie los bosquejos resultantes. También he apuntado a C.; y ésta, gracias a Dios, no viene con reservas de ninguna clase; aunque, a decir verdad, tampoco ha venido con lo mínimo necesario. Sólo dispone de una caja de pasteles. Le dicen que vaya al "todo a cien" del pueblo y pregunte si tienen cartulinas. Las hay: una de color azul turquesa y otra de un naranja rabioso... Un pintor amigo le recomienda que se lleve esta última: aportará un punto de calor a su cuadro. C. instala su tenderete -mesa y silla plegables, sus pasteles, sus avíos de pintar- frente a un rincón pintoresco, con muchas macetas y geranios florecidos... Aquí se agradece el toque costumbrista. Y allí la dejo

HÉROES

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Acaso como hubiera deseado, el monje errante Kwai Chang Caine encontró la muerte en Asia, aunque puede que no en las circunstancias más convenientes para su personalidad adusta y filosófica: David Carradine, el actor que interpretaba a este personaje en la serie Kung Fu , amaneció muerto en un cuarto de hotel de Bangkok, en circunstancias poco claras… Van muriendo poco a poco los héroes de la infancia de uno. Y ha muerto ya, también, la propia capacidad de uno de creer en los héroes, por más que no faltan, en nuestro entorno, quienes se postulan como tales, y también quienes los ensalzan y jalean, porque en este perro mundo hay gente para todo y muy poco respeto, en general, a la inteligencia y capacidad de discernimiento del prójimo. Con todo, a veces no hay más remedio que asentir a determinadas heroicidades, como la de ese joven chino que, según hemos recordado estos días, al celebrarse el veinte aniversario de los disturbios de la plaza de Tiannamén, se plantó delante de un tanque

BAGAJES

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Como tocaba "definirse" , así lo hemos hecho. *** Última reunión de trabajo con el equipo de la biblioteca escolar de la que aún soy responsable, y de la que dejaré de serlo en unos días. Ambiente de despedida, incluso con algún que otro toque de emotividad. Ha sido hermoso haber creado una biblioteca donde no la había y haberla hecho funcionar, y que los libros llegaran a usuarios que, en su entorno cotidiano, no están demasiado habituados a tratar con ellos. Y ha sido estimulante encontrar a otros convencidos de la pertinencia de este esfuerzo. Con algunos incluso ha llegado a fraguar una amistad, o al menos una abierta confianza, donde antes sólo había un frío trato profesional. Decir adiós a todo esto no es fácil. Pero también pesan en la decisión consideraciones, digamos, de índole enrevesadamente personal, de las que difícilmente puedo dar cuenta en este diario abierto. Lo mismo que, a los cuarenta y tantos, hay quien se enamora de una jovencita, porque de pronto oye

PISCINA

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La crueldad con que están concebidos estos hoteles que tienen salas de reuniones de trabajo con vistas a la piscina donde se solazan los turistas. Y todo esto, en este día casi ágrafo, en el que escribo estas pocas líneas apresuradas, ya de noche, por tal de que quede algún resorte al que asirme cuando trate de recordarlo.

CALADEROS

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Las contradicciones más flagrantes son las más difíciles de disimular, y las que antes te ponen en aprietos ante los extraños; incluso literariamente, como cuando cierto crítico me reprochó, en una reseña, que en un mismo libro dedicara un poema a la siesta y otro al insomnio... *** Hoy El País y yo hemos coincidido en dedicar sendas columnas (la mía, en Diario de Cádiz) a la muerte del actor que protagonizó la serie Kung Fu. Y no sé si es que, por una vez, mis ocurrencias coinciden con las grandes líneas de la actualidad palpable, o si, por el contrario, lo que sucede es que hasta los periódicos importantes pierden a veces el norte y terminan pescando en los modestos e intrascendentes caladeros donde pesca uno. *** No, la indefinición no gusta a nadie. Ni tampoco la definición en la indefinición, no sé si me explico.

FILIACIONES

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Pese a la inevitable tosquedad del mecanismo, los resultados de unas elecciones democráticas siempre dan que pensar. La población castiga, en general, a los malos gobernantes, a quienes retira su confianza; pero tampoco premia gratuitamente al primero que se postula como sustituto. Y, dentro de lo que hay, escarba hasta dar con la opción que permita añadir un matiz diferencial a lo existente, para que, al menos mientras dura el recuento, exista la ilusión de un cierto cambio. No se puede hacer más con menos. Ya es algo. *** Un cuestionario, de ésos que se rellenan para entrar en ciertas "redes sociales" de Internet, me pide mi filiación política. El dato, naturalmente, es voluntario. Pero, como uno todavía no es muy ducho en las cautelas y disimulos que hay que guardar en estos medios, escribo cándidamente: "liberal progresista"; e, inmediatamente, la página me responde que no se ha encontrado a ningún otro asociado con semejante filiación... Y mira que intenté e

OTRA FERIA

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Hay quien lleva a su espalda una fantasía totalitaria (ésos que visten camisetas con siglas o consignas) , y hay quien, simplemente, se ha hecho trazar en ella el recorrido que deben seguir las miradas, como esos mapas que, de puro obvios, disuaden para siempre de emprender el viaje, o invitan a darlo ya por hecho. *** Todos esos muñecos colgados de las tómbolas han sido previamente juzgados, y condenados, por un tribunal de niños. *** Cuando una mujer se inclina a atarse un zapato posa, involuntariamente, para un cuadro de Dégas. *** Acaso lo verdaderamente incitante de esos vasos grandes de los que beben varios, cada uno por su pajita, sea esperar a que se termine el contenido para, aspirando con fuerza, ver quién es capaz de absorber el pensamiento de los otros. *** La luna de las ferias ya no se asusta de nada. *** Y ese viento enloquecido de las ferias, al que, de puro desastrado, no dejan entrar en ninguna caseta, y tiene que conformarse con enredar los hil

HILO MUSICAL

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Le digo al conductor de este autobús interurbano que hace su servicio entre las poblaciones de la Bahía de Cádiz: “¿Sería usted tan amable de bajar la radio? Es que ahí atrás las paredes retumban…”. Y el conductor tarda en entenderme; tal vez, me parece, porque el estruendo también es considerable en esta zona del autobús. Pero no: por su cara, sé que me ha oído, e incluso que les ha encontrado sentido a mis palabras, y que lo que le resulta incomprensible es mi pretensión. Lleva años conduciendo, parece querer darme a entender, y jamás nadie le ha protestado por el volumen de la radio. ¿Qué pasa? ¿Acaso no me gustan los “40 principales”? ¿Preferiría escuchar la tertulia de la COPE? Y yo casi lamento haberle dicho nada, porque sé que un conductor de autobús, como la mayoría de quienes trabajan para un público aleatorio, ha de soportar diariamente su porción de maniáticos y protestones; y que, en días de viento de levante, como el de hoy, esa proporción de locos se dispara. Sin duda, de

CARETA

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La mujer que llevo sentada a mi lado en el autobús huele a pulpa de coco. *** En esa furgoneta que acaba de adelantarnos, el que ocupa el asiento del copiloto lleva puesta una careta de cartón, de las que usan los niños y van sujetas a la cara por una goma elástica. No he alcanzado a ver si el conductor y quienes ocupaban el asiento trasero iban también de esa guisa. Por un momento, pienso en los protagonistas de Atraco perfecto , con sus máscaras de personajes de dibujos animados. Quién sabe. O lo mismo se trata de una apuesta, o de uno de esos curiosos rituales de grupo que se efectúan en las despedidas de soltero. El caso es que, en su paso por la avenida, han dejado una estela de irrealidad. *** Mis expectativas electorales (que la candidatura a la que voto saque al menos un escaño, y, preferiblemente, ninguno más) se parecen mucho, pienso ahora, a mis expectativas respecto a casi todo. *** Como algunos amigos me han preguntado, pongo aquí esta relación de librerías de Mad

HUMOS

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No es que uno sienta especial entusiasmo por el sistema económico que ha llevado a la actual crisis. Pero a quienes parecen alegrarse tanto de que ésta se haya producido habría que recordarles que, antes de que quebrara la GM, ya quebró la URSS. *** K. estreñida. Lo que, en ella, es una forma de retraimiento. *** Y, no sé por qué, me acuerdo ahora de ese hombre que, según me cuenta mi padre, ocupa siempre el mismo lugar en la playa, y fuma grandes puros, y hay que saber de dónde sopla el viento para elegir la posición relativa en la que situarse respecto a él, para no tragarse sus humos.

AQUELLOS LODOS

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Me asegura este hombre que, mientras yo aparcaba mi coche en el hueco que él acababa de dejar, y él intentaba con el suyo dar un giro de ciento ochenta grados en la misma calle, los parachoques de ambos vehículos se han rozado levemente (tan levemente, en fin, que yo ni lo he notado). Ha parado su coche junto al mío, interrumpiendo el tráfico, y me hace bajar para ver que su parachoques trasero tiene, en efecto, una ligera rozadura, igual que la tiene el mío delantero... Yo juraría que ha sido él quien me ha rozado a mí, puesto que era él quien reculaba, y además en un lugar donde no se podía girar, pues había una línea continua que lo impedía. Pero, en medio del monumental atasco que se ha formado por causa de la protesta, comparece la policía. Que, ostentosamente (no son fantasías mías), se dirige al otro conductor -joven, bien vestido y dueño de un coche flamante- para preguntarle si sucede algo, mientras que a mí apenas me dirige una mirada de soslayo, la justa para tasar mi coche

MAÑANA

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Tras una curva, una patrulla de la Guardia Civil haciendo indicaciones a los vehículos para que moderen su velocidad a la hora de sortear un inesperado obstáculo: una moto destrozada en la cuneta, un cuerpo tendido en el arcén, envuelto en una sábana. Un par de kilómetros más adelante nos cruzamos con el furgón del tanatorio... Guardamos silencio. Ese extraño silencio que se hace en una sala cuando en ella se celebra un sorteo, y los bombos giran. *** A Alfonso Sastre lo conocí hace unos veinticinco años, cuando mi amigo P.B. y yo le hicimos una entrevista para la revista Fin de Siglo . P.B. y yo éramos entonces dos pipiolos, a los que nos confiaban encargos de esta clase porque habíamos mostrado algunas ínfulas literarias y parecía, a quienes nos hacían el encargo y a nosotros, que a un escritor en ciernes cualquier oportunidad de escribir y verse publicado es buena... P. B. se preparó la parte documental (lo que todavía tenía su miga, en una época en que no existía Google) y yo la