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Mostrando entradas de octubre, 2009

EL PIRATA

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Hemos capturado a un pirata y no sabemos qué hacer con él. En esto, como en otras cosas, somos víctimas de un error de perspectiva: el creer que, por vivir en un mundo que se ha concedido a sí mismo demasiadas bulas de modernidad y progreso, el resto del planeta avanza en esa misma dirección; y que, si no ha llegado a las confortables metas que creemos haber alcanzado, es sólo porque les han faltado tiempo y medios: con unas ayuditas aquí, un empujón allá, e incluso alguna que otra salvadora intervención militar por nuestra parte, pronto todos esos lugares del mundo en los que suceden cosas que creíamos propias de las novelas de aventuras se convertirán en emporios de progreso. Lamentablemente, no es así. Unos vivimos en el siglo veintiuno, otros en el dieciséis. También en tiempos del Imperio Romano coexistían sobre la tierra el civilizado ciudadano de la Urbe, acostumbrado a pasear por su imponente ciudad, y el bárbaro que desconocía la existencia de Homero y Virgilio o las implica

CARO DIARIO

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Yo creo que el correo electrónico se ha inventado para satisfacer nuestra vanidad. Lo abre uno a media tarde, pongo por caso, y se encuentra con que se han acumulado una docena de mensajes que contestar. No es que sean urgentes ni importantes: naderías amistosas, inoportunidades profesionales. El correo ordinario nunca nos había dado motivos para sentirnos tan solicitados. Y se pone uno a contestar esos mensajes con el aplomo y soltura con el que se suponía que Rebecca , la primera señora De Winter, se sentaba ante su escritorio a despachar su correspondencia, según la malvada ama de llaves se encarga de hacerle saber a su nueva señora, que no consigue imaginar de qué demonios podían tratar las cartas de su predecesora... Mantener una correspondencia no era moco de pavo. Había que tener fincas que administrar, lejanos proveedores a los que hacer encargos, amantes solícitos, asociaciones cívicas que esperasen nuestro voto o nuestro consejo como agua de mayo, sesudos corresponsales con

MAR ABIERTO

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Entre los del solar frontero al cementerio hay un gato que se parece extraordinariamente a K. Sólo que es más grande, más esquiva, más sucia. Su reverso en la escala social de los gatos, por así decirlo. Algo así como ese doble golfo que todos quisiéramos tener, y que a lo mejor llevamos dentro. *** Tiempo de vendaval otra vez. Noche mal dormida. Ánimo de vendaval. *** Y ahora me dispongo a escribir mi reseña mensual. Ya sé del prestigio que goza la espontaneidad, la falta de ataduras y obligaciones a la hora de escribir. Pero uno tiene un natural perezoso; por eso ha hecho de la rutina su mejor aliado. Por eso alimento, como a una planta anémica, ese débil deseo de escribir "lo mío", lo que nadie me ha encargado, que sólo surge mientras tiro de remo en esta singular galera a la que me ato con rigurosa regularidad. Qué ganas entonces de atender a ese endecasílabo que te nace entre renglón y renglón de esforzada prosa periodística, de acabar ese cuento nacido de una fras

BOMBONES

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El tiempo libre tiende a compactarse. No hay modo de abrir un hueco en él. El otro, en cambio, el de las obligaciones, suele estar lleno de respiraderos. Este cuaderno, y casi todo lo aparejado a él, pertenecen más a lo segundo que a lo primero. Dedicar una parte de una mañana de domingo, por ejemplo, a anotar algo en él me suena a escamoteo. Dedicarle, en cambio, unos minutos de estas tardes previamente asignadas a mil cosas me resulta de lo más natural. No hay nada tan urgente que no puede demorarse media hora, hasta que no haya puesto al día mis cuentas personales. Ni nada tan superfluo, en fin, que no parezca más insoslayable que cualquier cosa que pueda anotar aquí en una mañana festiva. *** En una mañana festiva me leí el libro de Olga Bernad, Caricias perplejas . La lectura de poesía, digan lo que digan los panegiristas del género (entre los que no me encuentro, pese a cultivarlo), es siempre superflua. Por eso es un lujo y un placer. Luego puede tener otras utilidades añadida

A POCO

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Catorce horas fuera de casa, salvo el hueco del almuerzo. No he leído, no he escrito nada. A mi favor puedo anotar que, con lo acumulado -anécdotas, encuentros, impresiones de gente vista- podría nutrir este diario durante días. Pero esa clase de material caduca en cuanto algo más urgente se le pone por delante; o, simplemente, cuando el tiempo transcurrido lo enfría, lo vuelve contingente y olvidable. En esto de mantener un diario pasa lo mismo que con el vivir propiamente dicho: de nada sirve haber vivido mucho si lo de hoy, la vida sentida en su inmediatez, sabe a poco.

CAMBIO DE HORA

Hoy la entrada tiene carácter de hemeroteca: este recorrido por la sierra de Cádiz , que ha publicado el suplemento El Viajero, de El País; y el texto completo de la reseña que hice de las memorias de Medardo Fraile en El Cultural, y que salió con algunos cortes. Qué mal me ha sentado el cambio de hora.

RIQUEZAS

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Obedeciendo a una iniciativa legal del propio gobierno, se han hecho públicos los patrimonios de todos y cada uno de sus miembros. Y se ha dado publicidad al hecho, al parecer tranquilizador, de que, salvo un caso o dos, ninguno de ellos es llamativamente rico, aunque tampoco ninguno es más pobre de lo que cabría esperar. De quienes declaran tener más de lo que se considera “normal” (si es que, en estas cuestiones, cabe hablar de normalidad) se dice que lo deben a haber heredado esas riquezas. Y como en democracia no se debe juzgar a nadie por lo heredado, ya sean riquezas o apellidos, la posesión de esas fortunas se considera una eventualidad poco o nada significativa. Con lo que el nivel de riqueza y la posición social de los actuales gobernantes se identifican con los que imaginariamente se atribuyen a sí mismos la inmensa mayoría de los españoles, que no dudan en definirse como “de clase media”. En estas cosas los españoles siempre hemos sido así de voluntaristas, y si, en los Si

CONVALECENCIA

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Lo que creía gripe -malestar general, dolor de huesos, destemplanza- se ha quedado, al parecer, en un simple amago de faringitis, que ha remitido con una tarde de descanso y mimos. Y en la que, para distraerme, me he visto todos los "extras" que incluía el deuvedé de Hondo . Hay algo en todas estas películas del círculo Ford-Wayne-Bond-etc. que trasciende a juerga de hombres solos. Y entre los recuerdos y comentarios que recogen algunos de estos pequeños documentales los hay, en fin, que recuerdan a la clase de maledicencia misógina que a veces cunde en esas reuniones. Los que se refieren, por ejemplo, a la pobre Geraldine Page. El choque era previsible: una actriz de teatro de Nueva York frente a una caterva de golfantes y borrachos. Wayne llegó a decir que la actriz, de naturaleza bohemia, no se lavaba el pelo y los dientes con la frecuencia deseable, y que las escenas de amor con ella..., bueno, resultaban difíciles (léase esto a la luz de lo que decíamos anteayer de los o

BERKELEY

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El malestar metafísico de ayer se concreta en síntomas físicos tangibles. Debe de ser la gripe. O algo peor: la confirmación de las teorías de Berkeley, por las que la realidad física no es más que una proyección de una monstruosa y única mente pensante. Y acatarrada.

OLORES DE MUJER

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Las transiciones suelen durar poco. Y más las meteorológicas. Sueña uno con un entretiempo infinito, sin frío ni calor, en el que vestir ropas ligeras y cómodas, a la vez que elegantes. Pero no existe la primavera perpetua: el año pasado, sin ir más lejos, pasamos en apenas un mes de los fríos extremos a las temperaturas veraniegas. Tampoco hay otoños que, meteorológicamente hablando, tengan carácter propio, y no sean la suma antinatural de días veraniegos que se repiten hasta bien entrado octubre y esa especie de invierno anterior al invierno que suele darse en noviembre. El otoño es más bien una cuestión de luz, no de temperaturas. Tengo la vista puesta en el temporal que entra. El viento sur golpea las ventanas y en la piel se siente la humedad. Ayer todavía era verano. Mañana, en cuanto nos echemos encima el jersey, nos abriguemos la garganta (mi punto débil) y nos cubramos con alguna prenda impermeable, nos sentiremos en pleno invierno. El inminente cambio horario, que acortará la

SEÑALES DE VIDA

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A veces da cierta pereza defender lo obvio; que frecuentemente es también, por serlo, lo más necesitado de defensa. Por ejemplo, que lo que llamamos poesía tradicional, o popular, o de arte menor (sé que son cosas distintas, pero el área de superposición entre las tres es muy amplia) sigue siendo un modo de expresión vivo, flexible y vigente; como lo demostró no hace muchos años la publicación de uno de los libros de poesía más hermosos de las últimas décadas: Canciones , de José Mateos; y como viene a reafirmarlo ahora la aparición de Señales de vida , el librito de Juan Antonio González Romano que me mueve a escribir estas líneas. Lo leí en una tarde de domingo: quiero decir, en uno de los momentos de la rutina semanal en que el ánimo se muestra más tornadizo, más reconcentrado en sus reconcomios narcisistas, menos generoso, en suma. No sé por qué anoto estas manías: a nadie pueden importarle. Pero quizá respecto a este libro tengan alguna relevancia: la falta de engolamiento de la

AVISOS A LOS NAVEGANTES

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Despacho varios encargos a lo largo del fin de semana. Soy básicamente un jornalero de la literatura. Con muy anchas espaldas, además. Y lo peor de todo: disfruto con ello. *** Entra uno en este recinto en el que al cuarto de los trastos lo llaman "pañol" y se le dispara la imaginación. Me acuerdo de mis bregas con el Diccionario de términos marítimos del almirante Barbudo, mis idas y venidas a diversas bibliotecas -entonces no había Internet, o yo no lo tenía- para enterarme de qué era una regala, por ejemplo, cuando traducía a Conrad; o mis consultas a mi amigo y pariente J.R., marinero en tierra, para que me explicase qué demonios es "fondear a muerto", entre otros detalles que daban vida a los poemas marinos de Melville que traduje hace un par de veranos... La literatura del mar, por así decirlo. Pero me bastan unos minutos en este lugar para convencerme de que aquí hace tiempo que se inmunizaron contra el lado poético del asunto. Con todo, cultivan una muy

NOBELES

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Como casi todas las noticias, las relacionadas con los premios Nobel hay que juzgarlas en caliente, aun a riesgo de equivocarse. Y a lo mejor me equivoco con lo que voy a decir, pero lo cierto es que los premios Nobel sobre los que puedo permitirme una opinión me parecen, digámoslo ya, aburridos, previsibles (incluso cuando recaen, como ocurre este año con el de Literatura, en una desconocida), y rodeados de esas justificaciones que más parecen destinadas a ensalzar las elevadas miras de la institución que los concede, que a reconocer los méritos de los premiados. No dudo, en fin, de que la escritora rumana a quien le han dado el de Literatura (del de la Paz, concedido a Obama, hablaremos otro día) lo merezca. Incluso cuando a alguien le toca la lotería, basta escarbar un poco en su vida e ilusiones para llegar a la conclusión de que merecía ese premio azaroso, porque pocas personas hay a quienes pueda negárseles el derecho a levantar un poco el vuelo por encima de sus ataduras mater

QUIENES SÍ

Los discursos puramente mentales del insomnio suenan siempre mejor que cualquier posible equivalente escrito. Lástima de no contar con un mecanógrafo a quien dictárselos. O con una impresora enchufada al cerebro. *** Recibo, vía correo-basura, una oferta laboral que pide un "Técnico Especialista en Acción Social y Solidaria", cuya función sería "gestionar programas de Cooperación al Desarrollo, Género, Discapacidad, Interculturalidad, Participación, Voluntariado...". Todo mezclado. Una especie de entendido en las desigualdades humanas, las evitables y las otras. No creo que les sea difícil encontrarlo. De boquilla, al menos, conozco a varias docenas de personas que se creen capaces, no ya de solucionar los graves problemas asociados a estos enunciados, sino de cambiar incluso la naturaleza humana. Aunque mucho me temo que el propósito no es tanto encontrar a la persona adecuada, como anunciar a bombo y platillo que a la institución convocante le preocupan estas

DANS MON LIT

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Mar rizada. Pero, sobre todo, despeinada. *** Me piden mi parecer sobre los abucheos al presidente del gobierno durante el desfile de la Fiesta Nacional. Y creo que decepciono a mi interlocutor cuando le digo lo que pienso: que no me parece bien que se abuchee a nadie en una ocasión institucional, que se supone que comparten y respetan todos los asistentes. En caso contrario, basta con quedarse en casa (lo que decía Brassens: Le jour du 14 Juillet / Je reste dans mon lit douillet... ), que es lo que hago yo. Puede que el de abuchear sea un derecho democrático. Pero, sobre todo, es una muestra de mala educación. *** Me hacen un encargo periodístico. Y me dan la medida que ha de tener: 5.600 caracteres, con espacios. Como no tengo dónde apuntarlo, pongo un billete de autobús en la página 560 del tocho de Morla, a modo de recordatorio. Y me siento tontamente ufano de esa invención, que me parece digna del más avezado de los periodistas. Inútil, por otra parte: desde el momento mismo e

TRAMA

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El silencio en campo abierto es menos un vacío que... una trama. *** C., que ha pasado la mañana pintando en el estudio de J.A.M., me cuenta que un gato ha dejado sus huellas en un lienzo que el pintor había puesto a secar al aire libre, después de darle una imprimación. Estoy por llamarlo para aconsejarle que no lo toque, ni limpie la mancha... Una tela blanca con unas pisadas de gato: con poco más que esto, algunos se han ganado un hueco para siempre en el Reina Sofía. *** A mediados de 1938 (sigo con los diarios de guerra de Morla Lynch) todas las posibilidades estaban abiertas, incluida la de una salida pactada al conflicto. ¡Franco como jefe supremo del ejército en un gobierno de Negrín! Creo que fue la diplomacia inglesa la que llegó a sugerir esta componenda. Y no hay que hacerles demasiado caso a los desmentidos contundentes de la Historia: lo mismo hubiera funcionado.

219 MINUTOS

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No me cuento entre quienes se escandalizan por el modo que cada cual tiene de pasar su tiempo libre. Y no lo hago, en fin, porque no comparto la moralina que subyace a esta clase de juicios de valor, y que lleva a dar por sentado que quienes leen libros, por ejemplo, son mejores personas que quienes se pasan el día viendo la televisión, o viceversa. No es verdad. Y si alguna vez se me nota alguna parcialidad a favor de los libros, será exclusivamente porque considero que encierran posibilidades de diversión a las que resulta un poco incomprensible negarse, y menos en una sociedad donde casi todo el mundo aprende a leer a edades muy tempranas y existen toda clase de facilidades para acceder a los libros. Pero a lo que iba: cada cual es muy dueño de dedicar su tiempo a lo que le venga en gana, y no voy a ser yo quien se dé golpes de pecho porque un organismo del ramo haya registrado el dato de que el pasado mes de septiembre los españoles pasamos doscientos diecinueve minutos diarios a

ACUSE DE LECTURA

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Desde el primer día, ya lejano, en que alguien (a quien, por cierto, hoy cuento entre mis mejores amigos) se me presentó y me dio conversación por el mero hecho de que sabía que yo escribía, siempre me han causado una cierta extrañeza las relaciones personales que uno establece a través de la literatura. En la mayoría de los casos son relaciones que conocen un breve periodo de intensidad, lo que pueda durar el deslumbramiento mutuo, y luego decaen, para entrar, con el tiempo, en un limbo difícil de definir, en el que uno tiene la sensación de andar en tratos inciertos con un desconocido al que, en cierto modo, conoce demasiado bien... Suelen ser relaciones inestables, un tanto demasiado expuestas a la decepción. Por lo mismo, cuando una de estas relaciones no sólo no degenera hasta ese estado de incomodidad, sino que se asienta en un trato mutuamente gratificante, basado en el respeto mutuo y la confianza, uno debe darse por afortunado. Ése es mi caso respecto a este JLP, cuyo último

FOXÁ

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La concejalía de cultura del ayuntamiento de Sevilla denegó anteayer, a última hora, el permiso concedido varias semanas atrás para celebrar en un local municipal un homenaje al escritor Agustín de Foxá, con motivo del cincuenta aniversario de su muerte. Cuando quienes iban a participar en dicho acto llegaron al local, se encontraron con que apenas dos horas antes se había recibido allí una carta de la concejala del ramo revocando el permiso ya concedido. Los motivos, según se ha contado en la prensa, fueron "sanitarios": temor a que el acto se convirtiera en una apología del franquismo... Bueno, si así fuera, se me ocurre una buena cantidad de celebraciones que habría que prohibir, por existir la fundada posibilidad de que en ellas se congreguen personas de ideología reaccionaria; y entre esos actos habría que incluir muchos partidos de fútbol, por ejemplo. Pero no es cuestión de dar ideas. En el otro extremo, por cierto, también se celebran numerosos actos en los que acaban

PELOS

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De los diarios de Carlos Morla Lynch: "En la habitación [en el hotel Regina, en Barcelona, 25 de enero de 1938], Bebé consulta las camas, las toca, las huele y encuentra hasta un pelo rizado. (...) el camarero (...) nos cambia las sábanas". Me resulta conmovedor ese escrúpulo por parte de la mujer de Morla, en medio del caos de una guerra civil. Y me acuerdo de que yo también me encontré un pelo de esa clase en un compartimento de un coche-cama de Renfe, la primera vez que usé ese servicio, hará unos veinte o veinticinco años. Claro que a mí, entonces, me faltaba aplomo para llamar al camarero y hacer que retirara las sábanas. Tampoco me importó demasiado, la verdad. No soy escrupuloso, sólo fantasioso. Y esa noche no pude dormir. *** Voy a esta armería, que es también tienda de artículos deportivos en general, a comprar unas antiparras para nadar. Y me veo en medio de un corro de hombres que sopesan escopetas (Remington, Winchester) y compran cajas de cartuchos. Con la tro

YOU ARE THE ONE

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Vimos por segunda vez, en un intervalo de muy pocas semanas, De-Lovely , la muy simpática biografía fílmica de Cole Porter. Fue en la noche del domingo, y la verdad es que pocas películas resultan tan adecuadas como ésta para conjurar el peculiar estado de ánimo que se tiene en esas horas finales del fin de semana. La escenografía -París, Hollywood, Venecia, años veinte, joyas de Cartier, trajes de Chanel, etc.- ayudaba no poco, como también contribuía lo suyo el planteamiento de la película, que es también un homenaje a los viejos musicales de Hollywood. Pero el ingrediente principal, como no podía ser menos, eran las canciones de Porter: inteligentes, divertidas, ambiguas, escritas en ese prosiverso cargado de referencias cotidianas que a la poesía culta le ha costado tanto asimilar... Oía uno Let's Misbehave , por ejemplo, o el descacharrante Let's do it, let's fall in love , y experimentaba el, para mí, más enigmático de todos los sentimientos que produce el arte: la no

COSA MENTALE

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No soy del todo ajeno a los sábados marcados por la penosa recuperación de algún exceso cometido el viernes. Pero lo que es nuevo para mí, y he experimentado por vez primera este fin de semana, es que ese exceso fuera de naturaleza... deportiva. Primera sesión de piscina, con resultados desastrosos: dolor de espalda, estómago revuelto, insomnio como consecuencia del malestar... Uno de mis compañeros de martirio me dice que él lleva siete años en esto y que el primer día también se siente fatal. Es un consuelo. La monitora -una muchacha animosa, dotada de una bella y proporcionada musculatura- me dice que en cuestión de semanas me sentiré mejor. Ya veremos. Lo mejor de todo es que este mundo me resulta absolutamente nuevo, y que su novedad armoniza extrañamente con otras que ando experimentando estas semanas (nuevo destino laboral, nueva novela en taller, nuevas rutinas). Parece que me estoy aplicando las lecciones de algún enojoso libro de autoayuda, de ésos que invitan a renovarse. Y

FAMILIA

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No, no es que uno, a la vejez, vaya a salir en defensa del gobierno. Uno no ha estado nunca a favor de ninguno de los gobiernos que ha tenido este país desde que uno tiene uso de razón, pero eso es harina de otro costal. A lo que iba: es que hay ataques al gobierno de turno que exceden claramente los límites del sentido común y de la experiencia. Se ha hablado mucho, por ejemplo, de cierta sospechosa moción de censura municipal que, en contra del criterio del partido gobernante, ha sido apoyada nada menos que… por la madre de la secretaria de organización de dicho partido, que es –la madre, no la hija– concejala del municipio afectado… El sentir general parece ser: si la influyente hija no controla a su madre, qué autoridad tiene para llevar las riendas del primer partido político del país. Pero resulta que, si en algún sitio no vale nada la autoridad del prócer más encumbrado, es en su propia casa. Y si hay algo que nadie puede evitar es que su madre o su padre, mientras sean dueños

UN REINO AFORTUNADO

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El lugar no puede ser más desolado: una plazuela sucia y mal pavimentada, delimitada por la tapia del antiguo cementerio, todavía no del todo desmantelado, algunas casas viejas de una planta, la mayoría en ruinas, con los techos hundidos y el zaguán y los patios invadidos por los hierbajos, y la parte trasera de los tampoco demasiado airosos edificios modernos de la avenida que hace de eje de esta zona de la ciudad. La presencia de este único espacio abierto en muchas manzanas a la redonda, no obstante, me permite utilizar su diagonal para acortar camino, a una hora en que unos minutos de retraso podrían suponer la pérdida del autobús. Y así lo hago, sorteando los coches aparcados y, entre ellos, los únicos seres que podrían ser felices en un sitio como éste: los gatos. Los hay a decenas, y éste es uno de los puntos de la ciudad en los que puede decirse que existe una república felina bien asentada, segura de sí misma y relativamente libre de molestias y amenazas. De hecho, yo debo de