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Mostrando entradas de mayo, 2010

LEVEDADES

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La levedad del caldo de caracoles, según lo hacen en mi tierra: infusión de hierbas, más que caldo. Y con un sabor muy peculiar, que no tiene parangón en ningún otro plato que yo conozca, ni de aquí ni de ningún otro sitio. Un punto oriental, quizá -algunos añaden un poco de jengibre al paquete de hierbas-. En ningún otro sitio comen estos caracoles pequeños, de indisimulada textura invertebrada. Alimento de nómadas hambrientos, de cazadores-recolectores de alguna remota edad de la humanidad... Ya casi nadie los prepara en sus casas, por lo que su consumo, en esta época del año, se asocia a la eclosión del buen tiempo y a la posibilidad de pasarse la tarde sentado en una terraza, al aire libre. Son también, por ello, un símbolo del ocio. Y uno, que suele andar bastante atareado en estas fechas, sólo los come en ocasiones contadas, aunque tampoco deja pasar la temporada sin probarlos. Comerlos es más un rito que otra cosa. Sientan bien, quizá por la sugestión de que, al ingerirlos, está

PALOMAS

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Ha pasado casi desapercibida la noticia de la única reducción efectiva de personal llevada a cabo hasta el momento por la administración en estos tiempos de crisis. No es, como muchos anhelan, un recorte en el número de altos cargos, ni la supresión de algún que otro ministerio. No. La medida se tomó hace dos meses y ha entrado en vigor hace unos días. En cumplimiento de ella, el ejército –que, al fin y al cabo, es una rama de la administración– ha licenciado su cuerpo de palomas mensajeras… Mal año para estas aves. A comienzos del mismo, recuérdese, un ayuntamiento anunció su propósito de multar a todos aquellos que les dieran de comer por las calles. Ahora se han quedado sin trabajo. O, como eufemísticamente se ha dicho, “han sido puestas bajo la tutela de entidades deportivas”, que es la fórmula que se ha empleado para anunciar que las mandan al asilo. Bien mirado, se agradece que no las hayan sacrificado sin más, como hacen con los perros de caza que dejan de cumplir su función, o

CLAÚSULAS

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Paso toda una hora oyendo a una empleada de una compañía de seguros, a la que he acudido a pedir unos presupuestos. He sido yo quien, al mirar el reloj, le he dado a entender que tenía prisa. Pero mi premura se debía simplemente a que tenía otros compromisos, y no a que me aburriera esta simpática muchacha que, en estos tiempos de desconfianza y desorden, hace la apología de un mundo regido por instituciones sólidas y solventes, en el que incluso cabe confiarle a un incauto como yo que no todas las compañías tienen esa solidez y solvencia, y que, ¿sabe usted?, algunas dan gato por liebre... Eso me dice. Escucha uno esa música celestial como quien oye llover. Pero la oficina es limpia y fresca, la muchacha rebosa eficiencia y simpatía, y uno se halla en la tesitura de vender su alma a quien esté dispuesto a gastar en la transacción unos cuantos cumplidos y unas pocas atenciones: la calderilla mínima en la que se tasa la sociabilidad elemental. Ya habrá tiempo para las decepciones. No ac

BAAL

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La transparencia de los primeros días de primavera ha sido sustituida por una turbiedad que es del aire, sí, pero que parece más bien del ánimo. Tiene uno intervalos luminosos y transparentes, como el aire a primera hora de la mañana; y momentos de nerviosa imprevisibilidad, como los que anuncian esas nubes rápidas que empuja el viento sur, y que no se sabe si van a pasar de largo o a descargar lluvia. *** Lo de Hacienda es más bien religioso, en el sentido degradado que tiene esa palabra en determinados contextos -no, evidentemente, en su significado primigenio de religio o lazo espiritual entre el hombre y lo sagrado-. El Estado es la única realidad ominosa que pesa sobre el presuntamente libérrimo hombre moderno. Le abonamos el equivalente de tres o cuatro meses de nuestro trabajo, como campesinos obligados a la gleba. Asistimos pacientemente a sus arbitrariedades. Y encima, en el caso que nos ocupa, asumimos como normal el deber de confesarle detalladamente nuestros ingresos, q

SANGRE

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Me piden que pose para unos "recursos", que es como llaman los de la televisión a esas imágenes con las que acompañan las partes de una emisión en las que suena música de fondo o una voz en off , antes o después de entrar en la materia propiamente dicha. Y me filman mientras ando bajo las arcadas de un patio porticado, meditativo y serio, parándome a veces a mirar al tendido o a hojear el libro sobre el que acaban de entrevistarme... Cómo salir airoso de estos trances, cómo aparentar en ellos una mínima naturalidad. No sé lo que parezco: un impostor, seguramente. Y es que hay una distancia entre haber escrito libros y hacer esas cosas que se esperan de los escritores: que aparenten estar siempre absortos en elevadísimas preocupaciones, por ejemplo. Aquí puedo anotarlo (para eso es un diario íntimo): mi máxima preocupación en ese momento era disimular una mancha de sangre en el puño de mi camisa. Y no es que hubiera matado a nadie: simplemente, me herí en un dedo esa mañana -

PUNTO DE VISTA

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Con C. en el concurso de pintura rápida de Benaocaz, en el que participa. La ayudo a llevar los bártulos y a encontrar un lugar en el que plantar el caballete. No es fácil: sopla un levante racheado, muy capaz de tumbar o llevarse por delante los endebles trebejos de la pintura. De hecho, los pocos pintores que hemos visto en faena a esta hora temprana han instalado sus avíos en la parte trasera de sus furgonetas o en los pocos lugares resguardados que ofrece la complicada orografía de este pueblo literalmente encaramado a la ladera de una montaña. Noto el desánimo de C., su impaciencia adolescente, que es también una modalidad temprana de una autoexigencia quizá algo excesiva. Probamos en varios sitios, en vano: o bien no ofrecen suficiente protección del viento, o bien el panorama abarcado no es del agrado de la pintora. Seguimos nuestros tortuoso camino, ella con la voluminosa bolsa en la que lleva las pinturas y yo con el caballete a cuestas... Hay expresiones metafóricas de cuyo

LA POBREZA

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Parece definitivo que todos seremos más pobres. A quienes ya lo eran por efecto de los vaivenes de la economía (parados, empresarios arruinados, etc.) se unen ahora quienes cobraban del estado (pensionistas y funcionarios), cuyos estipendios se verán reducidos. No entro ahora a discutir si la medida es acertada o no. Tampoco si es justa, porque entiendo que de lo que se trata en este momento es de salvar la coyuntura, y no de crear doctrina. Sí, sería bueno castigar a los financieros sin escrúpulos que han provocado la crisis, y propinar un severo correctivo a la clase política que tan mal la ha administrado. Pero no está uno muy seguro de si quienes eventualmente pudieran aplicar tales medidas justicieras no terminarían siendo más onerosos para la ciudadanía que esos financieros y políticos. Ya ha ocurrido en Grecia: se le prende fuego a un banco (lo que, como símbolo, sin duda resulta grandioso) y termina ardiendo en ese fuego un pobre que pasaba por allí. Desconfío de quienes se car

EN CIERNES

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"Son cosas mías antiguas", me dice. "De cuando tenía catorce años". Se refiere al grueso cuaderno de poemas que ha puesto en mis manos. Paso las hojas con cuidado, como si estuvieran hechas de un material muy quebradizo. Y lo están: ese papel intangible en el que las emociones adolescentes se transfiguran en suspiros más o menos becquerianos. "¿Qué edad tienes ahora?", le pregunto. "Dieciséis". Le recomiendo que lea, que persevere en la escritura, que no se avergüence de ella. Le pongo en las manos un ejemplar de Veinte poemas de amor ..., insistiéndole sobre todo en la lección rítmica que encierran. "Su autor no era mucho mayor que tú cuando los escribió". Le leo incluso alguna tirada, recalcándole los acentos y el cómputo silábico. "Puedes prescindir de estas cosas si quieres, pero al menos debes conocerlas, como cualquier artesano conoce las herramientas de su oficio". Parece que asiente. Y entonces me animo a decirle: &quo

NOVELA

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Papeles. Aprovecho la ocasión de cumplimentar la declaración de la renta para revisar los acumulados a lo largo del último año. Inútiles casi ellos. Contienen la suficiente información sobre mí, sin embargo, como para que con ellos uno de esos pulcros biógrafos anglosajones compusiera un detalladísimo relato de mi vida. Más completo, incluso (mucho más, diría yo) que este diario. Mis idas y venidas, mis gastos, mis aficiones. La ligera trama social de la que dependo... Les dedico apenas una mirada y los descarto inmediatamente. Apenas guardo un puñado de extractos bancarios, relativos a algunos aspectos de la declaración, y poco más. De las muchas novelas que pueden salir de una sola vida, a Hacienda sólo le interesa una, y ésa es la que ahora debo escribir. Uno se debe a su público. Las otras -como ocurre, en fin, siempre que uno se decanta por una línea argumental, en detrimento de otras- van a parar directamente a la papelera. *** El lamentable espectáculo de una clase política de

RETRATO

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Finalmente, la temida "firma de ejemplares" de Diario de Benaocaz se convierte en una especie de tertulia por turnos, en las que unos interlocutores -amigos y conocidos- relevan a otros y me mantienen distraído y feliz (¿acaso no desearía uno otra cosa que disfrutar de una eterna sucesión de momentos amistosos, en un ambiente educado y distendido?) a lo largo de las dos horas que dura el compromiso. Firmo, si no he contado mal, doce libros, entre ellos algunos ejemplares de Vacaciones de invierno , Sexteto de Madrid y -sorprendentemente- Gigantes y molinos , mi libro casi secreto sobre el Quijote . El demonio pesimista que llevo dentro me susurra que, para ese viaje, no hacían falta tales alforjas. Y que estos ejemplares despachados, unidos a los pocos que se vendieron en la presentación, no justifican el esfuerzo y la tensión a los que he sometido a mi familia, a las personas implicadas en la organización y desarrollo de estos actos y a mí mismo. Puede ser. Entre estos aje

FALAR PORTUGUÉS

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El presidente de la comunidad autónoma andaluza ha estado en Portugal y ha anunciado allí su propósito de implantar el estudio de la lengua lusa en todos los colegios andaluces en los próximos cinco años. Es, que yo sepa, la primera medida en que se concreta el impulso que este político dice querer dar a la educación. Y se adopta, dice, porque el portugués se habla “en cuatro continentes” y su conocimiento abriría, por tanto, un gran campo a la economía andaluza. No me atrevo a poner en duda tan excelentes propósitos. Y menos, cuando se refieren a una lengua que aprecio y a un país que conserva mucho aún de lo que España ha perdido en nombre de una malentendida modernización. Menos entiendo que se pretenda justificar esta medida con razones pretendidamente utilitarias. Porque, aparte del gigante brasileño (en el que, por cierto, el español gana terreno a gran velocidad) y del propio Portugal, no sabe uno en dónde están esas otras oportunidades de negocio. ¿En Angola, Mozambique, Timor

PUESTA DE LARGO

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Una presentación de libros se parece más, en efecto, a una "presentación en sociedad" o a una puesta de largo, que a un bautismo. A partir de aquí, se siente uno como el padre que, después de haber hecho todo lo posible por su hijo, se resigna a que éste dé por el mundo los bandazos que tenga que dar, y ya rara vez se avendrá a soltarle un sermón o a darle un consejo... Él sabrá ingeniárselas para llegar a los lectores a los que esté destinado, sean éstos cincuenta o... doscientos, porque tampoco hay que esperar más de un libro de poemas, y ya sería todo un triunfo tener asegurados esos doscientos. En esta primera fase, sin embargo, todavía cuenta algo la sombra tutelar del padre. Leo lo que los periódicos locales han extraído de lo que dijimos mi editor, M.B., y yo en el acto de presentación de mi Diario de Benaocaz . Por ejemplo, la cumplida crónica de Virginia León, en Diario de Cádiz . ¿De verdad ha podido uno hablar tanto de sí mismo, de los castillos en el aire que se

ANACOLUTO

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A propósito del difunto J.C., de quien hablaba el otro día: me cuentan que era fácil encontrarlo en las bibliotecas de los pueblos adyacentes, siempre leyendo cosas que denotaban que estaba bien informado y tenía un gusto exigente y exquisito. Lo que me lleva a pensar en algunas personas que conozco, que han hecho un arte del cultivo personal, y que, en contra de lo que suele ser la norma, no dirigen este cultivo a alimentar sus propios intereses creativos; es decir, no son escritores, ni pintores, ni músicos, ni tienen afán por llegar a ser ninguna de esas cosas. Si disfrutan de una obra de arte, no es porque esperen aprender nada de ella, ni contrastarla con las propias pesquisas, sino simplemente porque les entretiene y divierte. Los envidio. En mí conviven ambos personajes: el dilettante entregado al disfrute de las obras de arte y el aspirante a creador que las somete a escrutinio y espera obtener de ellas estímulo e inspiración para el propio trabajo. El segundo es con frecuenci

LA PULSERA

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Anda uno un poco desinformado en esto de los campos de energía y las fuerzas cósmicas. Lo que sí está claro es que por algún lado se me van las pocas que tengo. O lo que es lo mismo: tengo la sensación de que las que confluyen en mi humilde persona no circulan por donde debieran, y un día me cargan un músculo y otro se me acumulan en el entrecejo o en las órbitas oculares. Anda uno, en fin, como casi todo el mundo, absorto en sus neuras, sin que le sirva de consuelo saber que éstas tienen causas generales de fácil diagnóstico, y que su solución dependería de una simple concertación de voluntades. ¿Seré uno de esos siete de cada diez españoles sometidos a un exceso de ruido? Es posible. ¿Estaré afectado por ese pesimismo crónico que lleva a muchos a dar por seguro que dentro de unos meses la cifra de parados alcanzará los cinco millones? ¿Vivo atenazado por los fantasmas del pasado, como todos esos españoles empeñados en sentirse herederos de uno de los dos bandos en liza en la última g

MARIPOSAS

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Se me va una hora larga en instalar (desembalar, leer las instrucciones, conectar cables, etc.) una nueva impresora. Sustituye otra que tenía una pequeña avería que, al parecer, no merecía la pena reparar, porque hubiera costado más el palio que el santo. Cosas de la cultura de usar y tirar. En fin. Instalo el nuevo armatoste. Ha costado el equivalente a una cena informal en pareja; es decir, no mucho; y, en todo caso, una cantidad que podría equipararse con facilidad a cualquier pequeño gasto de los que se hacen a fondo perdido... Anoto esto para aclarar que los temores e inseguridades aparejadas, en mi caso, a la manipulación de esta clase de aparatos no se corresponde con el valor real de los mismos. Que no se juega uno nada importante ni arriesga nada valioso en el proceso. Y, sin embargo, nada más ponerme manos a la obra, e incluso antes, se me acelera el pulso, siento mariposas en el estómago, me sudan las manos. No soy torpe, contra lo que pueda parecer. Sé solucionar más o meno

ESPEJISMO

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De pronto, en medio de la avenida, un inexplicable intervalo de casi absoluto silencio. Un largo tramo de semáforos cambió al rojo al unísono y la especial sonoridad del aire en estos días de clima cambiante hizo el resto. A lo lejos, como desde el interior de un túnel, voces de chiquillería, con algo de coro oído en una pesadilla no del todo ingrata, pero sí inquietante. Al cambiar los semáforos el espejismo sonoro desaparece. En vano trato de auscultar el estruendo, buscando al fondo del mismo algún vestigio del intervalo que acaba de transcurrir. Y que, sin embargo, parece ya muy lejano.

ESTADO DE LA NACIÓN

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Desacostumbrada conversación casual en el trabajo sobre lo que podríamos llamar "el estado de la nación". Y constatación inmediata de que ningún otro tema de conversación podría ser menos grato, menos acorde con la sociabilidad general que aquí se practica, menos favorable a la distensión que se pretende en estas pausas laborales. *** Primeras páginas de Money , de Martin Amis. Primeros pasos (cautos, aún) en un universo desquiciado. No estoy muy seguro de querer acompañar al escritor hasta el final del viaje. Del que, por otra parte, sé que no podré zafarme. *** Ráfagas de aire frío al mediodía. Recordándonos, quizá, que el invierno queda todavía cerca, y que, como algunos feroces enemigos en retirada, a veces vuelve grupas y dispara.

LA SELVA DESNUDA

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¿Qué clase de pasado hemos tenido que ya ni somos rojos ni hemos muerto? Traduzco estos versos del poema inicial de Epitaphs and occasions (1949) de Roy Fuller. Que, no sé por qué, me recuerdan el título y estribillo de aquella canción de Jethro Tull: Too old to rock and roll, too young to die . No hay generación que no sienta, en un momento dado, que se ha sobrevivido a sí misma, y que se ha dejado en el camino todo lo que en su día consideró esencial para reconocerse y diferenciarse. O lo que es lo mismo: no hay generación que no perciba que alcanzar la madurez es sumarse a una especie de mayoría moral desengañada, precisamente aquella contra la que se alzaron en su momento. Claro que el proceso tiene a veces sus complicaciones. ¿Y si uno viene de una generación que se quiso prematuramente escéptica y desengañada? ¿Cuál es la estación de llegada en este caso? *** Primer día de playa. El espectáculo siempre renovado de la desnudez. Ahora, si acaso, más acusada que nunca, porque