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Mostrando entradas de julio, 2010

LA RED

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“La red” no era hace cuarenta años lo que hoy. Internet no existía, ni se intuía. “Niño, coge la red y ve a comprar una casera ”, me decía mi madre. Y uno no se decidía, porque le daba mucha vergüenza lucir por la calle ese objeto de uso casi exclusivamente femenino, y pasar en actitud de recadero delante de los grupos de chiquillos desocupados y malintencionados que campaban por la barriada. La red, se entiende, no era sino la bolsa de malla de nailon en la que se llevaba la compra. Daban mucho de sí esas redes. En una sola red cabía la provisión diaria de frutas y verduras, los pequeños envoltorios sanguinolentos que contenían los alimentos de mayor enjundia, la botella de vino, la lata de atún. Las economías domésticas eran transparentes: veía uno pasar a la vecina con su red repleta y sabía qué se iba a comer ese día en esa casa. Otra cosa, ya digo, era que a uno le asignaran la tarea de salir a la calle con la red, que solía ser verde o azul e ir rematada por grandes aros de plást

PAUSA

Todo ha de tener una pausa en esta vida. Cierro este cuaderno durante un mes, aproximadamente, que es el tiempo que espero descansar de estas rutinas que también son trabajo, y que en las últimas semanas han ido unidas muy significativamente al trabajo propiamente dicho. Terminada la novela, bien puede uno prescindir de los rituales de calentamiento a los que ha recurrido para ponerse en situación de escribir. Volveremos a finales de agosto.

BENÉFICOS

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Ser “justos y benéficos” era una de las obligaciones que la constitución liberal de 1812 imponía a todos los españoles. Y no otro podría ser el objetivo de cualquier legislación progresista: lograr un mundo de hombres buenos, para sí mismos y para el prójimo. No es tarea fácil, y muchos diríamos que ni siquiera parece factible. Otros, más desengañados respecto a la condición humana, dirían incluso que esa meta ni siquiera es deseable, porque el resultado se parecería mucho a esas frías utopías en las que la libertad humana no cuenta. Que el hombre no es siempre benéfico, ni para sí ni para los demás, parece un hecho probado. Y también, que de esta desalentadora evidencia se derivan consecuencias positivas y negativas. Entre las primeras, la infinita capacidad del hombre para transformar sus debilidades en otros tantos estímulos para la innovación y la creatividad. Un hombre sano, como seguramente lo eran los de Neandertal, caza un mamut a garrotazos y lo devora a bocado limpio. Un homb

PUNTO FINAL

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Punto final a la novela. Es la segunda entrega de la trilogía que empezó con Vacaciones de invierno y de la que ya sólo me queda por escribir la tercera. Tres episodios cerrados, ligados sólo por una muy lasa continuidad (auto)biográfica y por un similar planteamiento en cuanto a la relación que se establece entre la historia personal/familiar que se cuenta y los aconteceres externos, situados en ese confuso periodo histórico que llamamos "Transición"... Anoto aquí el propósito, que hasta ahora sólo había figurado en mi cabeza, y me doy cuenta de que las intenciones no terminan de materializarse hasta que no se encuentran las palabras justas con que expresarlas. Iré afinando, claro. Tampoco tengo aún el título de la trilogía, y a lo mejor ni siquiera lo necesita. Sí el de ésta segunda novela: Vida nueva . Y un esbozo ya de la tercera, cuya escritura no comenzará ni hoy ni mañana, porque hay que darse un respiro, y quizá discurrir por otros pagos durante semanas o meses, y at

ALUVIÓN

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Una vez más, en el "mercadillo de intercambio" que organiza la biblioteca municipal para deshacerse de los fondos descatalogados. Lleva uno un par de libros de reciente publicación y puede canjearlos por otros dos de los allí expuestos. Y como en esta casa hay permanentemente una población flotante de varias decenas de libros que uno no cree que vaya a leer jamás, formada sobre todo por los que me envían del suplemento, doy por bienvenida la ocasión de deshacerme de algunos. No es fácil: en las primeras ediciones de este mercadillo todavía podían encontrarse pequeños tesoros, que no se explicaba uno cómo habían sido objeto de expurgo. Tengo entre mis libros más preciados, por ejemplo, la Antología de poesía norteamericana de Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho, de la que encontré un ejemplar en excelente estado en la primera edición. Podría enumerar otros títulos igualmente inencontrables, felizmente hallados en esta mesa de desahuciados. Ya no. Ya los hallazgos, si se

SUPERVIVENCIAS

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Siempre que vengo a esta playa gaditana, a la que se accede a través de una conocida urbanización, me acuerdo de la primera vez que me trajeron a ella, hace -¿lo diré?- unos cuarenta años, cuando yo era un niño y nuestra distracción dominical consistía en hacer largas excursiones en un Simca 1000 en el que nos apretujábamos dos familias enteras con sus respectivos enseres. La urbanización no existía entonces, y en su lugar se extendía un frondoso pinar que alcanzaba el borde mismo de la playa, consistente en una sucesión de pequeños acantilados de arena compactada, consolidados por una abundante vegetación de enebros y otras plantas propias del entorno. Acostumbrado a las extensas playas llanas características de la provincia, aquel litoral abrupto causaba una desusada impresión de lugar salvaje, que en esa primera visita quedó reforzada -me parece estar viéndolo- por la aparición de un enorme lagarto sobre un promontorio. Era la primera vez que veía uno, la primera que tenía conocimie

EL REPORTAJE

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No ha sentado muy bien por estos pagos el breve reportaje de la BBC en el que Cádiz aparece como ejemplo de ciudad depauperada por la crisis. Eso sí: nos lo hemos tomado con deportividad, porque, a diferencia de otras ocasiones, en las que una crítica externa ha sido recibida con cajas destempladas y su autor poco menos que declarado persona “non grata”, a la BBC no le ponemos cara, ni acertamos a adivinar qué oscuros intereses han llevado a esa empresa pública británica a denigrar nuestra alegre ciudad, en la que tan bien se vive, pese a todo, y en la que, a falta de pan, sobran otros alicientes para preferirla a cualquier otro rincón del planeta… ¿Será que el gobierno británico está interesado en que la situación empeore todavía más, para que sus conciudadanos puedan comprar segundas residencias en la costa gaditana a precio de saldo? ¿Será un mensaje en clave dirigido a la ciudadanía gibraltareña, para que vea qué mal se vive en la otra ciudad semiinsular con la que cuenta la provi

SEÑUELOS

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Marea alta; o, como decimos en Cádiz, marea llena , que se traduce también en una reducción de la superficie de playa sobre la que se distribuyen los bañistas. Resultado: sensación de indeseada promiscuidad. Desde mi posición puedo leer el título del libro que lee una muchacha situada frente a mí (el último de Dan Brown), oír la conversación de los dos matrimonios que tengo detrás, asistir -del todo involuntariamente, y haciendo verdaderos esfuerzos para que mi mirada distraída no se dirigiera a ese punto- a los retozos de una de esas parejas que cree que la posibilidad de desprenderse de determinadas prendas en estos espacios de tolerancia supone la desaparición de toda reserva respecto al uso que se da a las partes que han quedado descubiertas: ella no lleva sujetador y él se aplica a lamerle laboriosamente los pezones, lo que hace que la chica se retuerza literalmente de placer sobre la arena... El mar ruge, como corresponde al estado de la marea. No he traído lectura, para no ca

AUTOMAT

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Releo el artículo de Camba del que me acordaba ayer a propósito de mi apunte sobre Easy Living, la estupenda comedia de Mitchell Leisen con guión de Preston Sturges. Artículo y película, decía, coincidían en dedicar una misma mirada de divertido asombro a una realidad cuya rareza seguramente pasaba desapercibida a sus usuarios inmediatos. O, como lo explica Camba: lo asombroso es que muchos neoyorquinos no van al Automat, al "restaurante automático", a divertirse, sino... a comer. Previamente, para que entendiéramos de qué estaba hablando, describió cumplidamente el restaurante y su funcionamiento: " A todo lo largo de las paredes, los manjares más diversos y las comidas más varias yacen en unas urnas de cristal. En una sección de quince pequeños departamentos hay un letrero que reza: "Panes". En otra de treinta se lee: "Pastelería"(...) Yo voy, vengo, doy vueltas y más vueltas, y cada vez que una cosa me apetece echo en la ranura los níqueles necesar

EASY LIVING

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Intento cubrir en una piscina abierta la misma distancia que habitualmente recorro en mis sesiones de natación en piscina cubierta. Y, para mi sorpresa, me agoto mucho antes. Se lo comento a mi monitora, que me explica que la musculatura se contrae ante la frialdad del agua, por lo que, en una piscina no acondicionada, nadar requiere un esfuerzo mucho mayor. Pero lo curioso del caso es su traducción a meras sensaciones: la de que el agua fría resulta mucho más dura que el agua templada, y que, por tanto, ofrece mayor resistencia al avance. También ocurre con el aire: la sensación, algunas mañanas de invierno, de que éste es una sustancia sólida que opone resistencia a nuestro paso. Y las consecuencias morales de todo ello: la impresión de que algunas veces el propio medio físico en el que nos movemos nos resulta tan hostil como el medio humano. *** Por lo mismo: la sensación de plenitud que se experimenta después de nadar cuarenta y cinco minutos, tras varias horas de atadura al banc

FUGITE HINC

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El menudeo literario, que casi nunca da ni para comer: "Tengo tarifa de puta un poco vieja", dice Horacio Quiroga en una de sus cartas, a propósito de lo que cobra por sus colaboraciones en la prensa. Incidiendo, de paso, en otra de las descorazonadoras paradojas de este oficio: se pasa de ser un escritor "prometedor" a uno al que se da por acabado. No se puede generalizar al respecto, pero uno diría que, en el caso de aquellos escritores que han podido desarrollar una obra literaria larga y abundante, extendida en el tiempo, los mejores frutos han llegado en la madurez. En ese momento, en fin, en que uno no puede aspirar a otra cosa que a merecer "tarifa de puta vieja". Y si fuera sólo cuestión de tarifa, la cosa no tendría tanta importancia. *** "Para una hormiga el día es más largo, ¿verdad?", me dice E., de seis años. Lo contrario que para un hombre de cuarenta y siete, para el que una hora perdida o aburrida puede resultar eterna, pero al

BANDERAS

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Durante las últimas semanas hemos asistido a una proliferación de banderas nacionales en balcones y azoteas, con motivo del mundial de fútbol. Resulta extraño, porque aquí las efusiones patrióticas suelen ser escasas y no están del todo bien vistas. En eso diferimos de la mayoría de nuestros vecinos, que lucen con orgullo su bandera y no consideran que su exhibición les comprometa o les adscriba a algún sector particular del espectro político. Nuestros sentimientos al respecto son más bien tibios. La mayoría aceptamos respetuosamente los símbolos nacionales vigentes, pero casi nadie se anima a hacer un uso espontáneo de ellos en su vida cotidiana, para sumarse de ese modo a los grandes acontecimientos colectivos, sean éstos gozosos o dolorosos. El fútbol, a lo que se ve, es una excepción. Pero no se ven banderas para celebrar una efeméride patriótica, o para manifestar adhesión a los valores constitucionales cuando éstos son atacados. Lo contrario nos haría sospechar: si vemos una conc

CARA DE PÓKER

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No es lo mismo escribir en este cuaderno a primera hora de la mañana, como hago ahora, de vacaciones, que por las tardes, como suelo hacer cuando trabajo. La diferencia estriba en el modo de considerar la realidad: por las tardes pesa más el día cumplido -del que, no obstante, queda excluida la tarde-noche, que en estos días apretados puede ser una parte importante-; por la mañana, en cambio, uno suele inclinarse a las expectativas del día por venir, y, si escribe sobre el anterior, lo hace en tono de balance, porque ya entre ese día concluido y el que empieza media toda una noche. Si uno viviera solo y más o menos libre de consideraciones horarias, acudiría a éste diario justo antes de acostarme, al filo de la madrugada, a modo de éxamen de minuit baudeleriano, y daría cumplida cuenta en él de un día del que no faltaría siquiera el epílogo reparador, casi siempre dedicado al cine o a la lectura, que precede la hora del sueño. Pero eso también sería demasiado mecánico. Una de las func

ESCRUTINIO (y 3)

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Termino este escrutinio, que ya se alarga demasiado. Y que, en realidad, no tiene fin: ayer mismo recibí otra remesa de ocho libros, entre ellos varios de poesía. Uno de ellos, premiado en un certamen literario, se lo regalaré a un amigo mío que todavía concurre a premios. Los demás, una vez leídos, pasarán al montón de los que esperan relectura, impresión última y acomodo en las estanterías. Serán carne de otro escrutinio, no de éste. Que ya remato. Mencionaba ayer alguna editorial nueva, y hoy he de referirme a otra, la Compañía de Versos Anónimos, al que pertenecen dos libros recibidos y leídos este curso, a los que ahora asigno ubicación más o menos definitiva: Juguetes de Dios , de Rosario Troncoso, y El exilio de las alas , de Manuel Bernal. Este escrutinio no puede ser otra cosa que la constatación de los vínculos que me unen a los escritores que voy mencionando, o a sus editoriales, y que explican por qué llegan a mi casa estos libros, casi siempre bienvenidos, pero muchos de

ESCRUTINIO (2)

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Sigo con el escrutinio de los libros de poesía leídos en los últimos meses y todavía sin colocar en sus respectivos estantes. Uso este cuaderno para anotar una última impresión de lectura, o una simple huella mnemotécnica a la que poder confiarme cuando el tiempo haya obrado su efecto. A ello añado el gesto burocrático de ponerles mi ex-libris . No deja uno de ser, al fin y al cabo, un bibliotecario vocacional. Mi casa es una biblioteca. Y la certeza de que estos libros han de sobrevivirme, y que su destino, como el de todas las bibliotecas que ha juntado la vanidad humana, es la dispersión, no deja de resultarme algo contradictoria en relación a estos afanes. ¿Qué manos volverán a sostener, por ejemplo, este tomito de poesías de Maragall que tanta ilusión me hizo encontrar en una caseta benéfica de la Feria del Libro de Cádiz esta primavera? Tendrá que ser alguien que lea catalán al menos en la intimidad , como decía hablarlo aquel político; porque lo que son las traducciones, confiad

ESCRUTINIO

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Intento reducir un tanto la montaña de libros acumulados en los últimos meses, y que por falta de tiempo y espacio no he ubicado aún en las estanterías correspondientes. Y comienzo por los de poesía, que son los que más puntualmente leo, y los que más tardo en guardar, porque, cuando me parecen lo bastante interesantes, siempre pienso que merecen una relectura antes de que les llegue esa especie de condena al ostracismo que supone alinearlos en un estante con otros centenares de libros y confiar esa segunda o tercera lectura que seguramente merecen al azar de que un día yo pase los dedos por sus lomos y me detenga en alguno de ellos. Pero es inevitable. Así que pongo manos a la obra. Quizá el más antiguo de los que he tenido amontonados hasta hoy sea Alianza y condena de Claudio Rodríguez, en la hermosa y oportuna reedición que hizo Cálamo. Merece la pena tenerlo a mano. Y le hago hueco junto a Desde mis poemas , el muy frecuentado tomito que le hizo Cátedra y que recogía sus cuatro

SEGUNDO Y ROSITA

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Pasé yo también ante el escaparate de Segundo y Rosita, el centenario establecimiento fotográfico gaditano. Y me detuve, como tantos, ante las viejas fotos que el dueño del negocio ha decidido exponer en sus escaparates para despedirse del local que ha ocupado hasta hoy. Se muda de allí, sabemos, por discrepancias con el titular de la finca, que no es sino la Junta de Andalucía. Llama la atención la cantidad de infortunios que el ciudadano particular, e incluso el ciudadano con una historia notable a sus espaldas, debe a las administraciones públicas... Pero este artículo no quería referise a eso, sino al material expuesto en dichos escaparates que no son tales, sino ventanas ordinarias convertidas en vitrinas, porque el local en cuestión data de cuando el comercio no lo fiaba todo sólo a las apariencias, y no recurría, por tanto, al exhibicionismo chillón al que se ve obligado hoy. En esas ventanas-vitrina ha colocado el dueño algunas fotos espigadas de sus archivos. Vistas de la ci

ELLA LO LLEVA BIEN

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Me despierto justo un segundo antes de que suene el despertador; que hoy, como las campanas fúnebres del célebre poema de Donne, no suena por mí... Remoloneo, doy algunas vueltas en la cama, y termino levantándome una media hora después. No es que las vacaciones que inauguro con este horario intempestivo vayan a ser totalmente improductivas. En mi cartera tengo anotados, además de los artículos semanales, los dos que quiero dejar adelantados para agosto, una reseña y un prólogo. Eso, sin contar la novela que tengo ya escrita y que debo revisar a fondo antes de entregarla el 31 de julio. Con los años he ido descubriendo que el trabajo literario tiene también un ritmo estacional: a julio le corresponde la terminación de los trabajos pendientes y, en el caso de quienes escribimos en periódicos, el adelanto de las colaboraciones de agosto. Me gustaría pensar que en este oficio, como en todos, habrá privilegiados que se libren de estos trabajos a destajo. Pero creo que es más bien al revés: