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Mostrando entradas de diciembre, 2010

FIN DE AÑO

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Redacto en la tarde del jueves la que seguramente será mi última anotación del 2010. En algún momento de este año me he planteado que este diario, que ya tiene una entrega publicada en libro y otras dos en imprenta, y material para otras dos, también tendría que tener fin. Pero no me atrevo a ponérselo ahora, no, precisamente cuando me está mostrando, a través del trato que en él adquiero con mi cotidianidad presente, algunas maneras de abordar literariamente la cotidianidad ajena o pasada, de cara a mis novelas, y muy especialmente la muy complicada que ahora tengo entre manos. Así que amenazo con seguir llenando cuartillas -pantallas-. Es decir: año nuevo, hábitos ya viejos. *** Y puede que ese ánimo retrospectivo tenga algo que ver con el pequeño ciclo dedicado a Neville con el que me he regalado últimamente. Domingo de Carnaval, El crimen de la calle Bordadores, La torre de los siete jorobados ... Neville es, sin duda, un caso aparte en el cine español, y casi diría en el europeo

FONTANERÍA DEL ALMA

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No estoy escribiendo una novela: estoy, literalmente, viviendo en ella. Y lo que parece borroso, imaginado, apenas pergeñado, es la realidad. No sé si eso es bueno o malo. *** En cuántas presentaciones de libros míos me hubiera dado por satisfecho si hubiera firmado tantos ejemplares como comprobantes de compras con tarjeta bancaria firmé ayer, en una apresurada ronda de adquisición de regalos navideños, en la que iba sin dinero en efectivo. "Esto lo guardo para cuando seas famoso", me dicen algunos amigos a quienes he dedicado un libro de puño y letra. Pero qué duda cabe de que el verdadero valor contante y sonante de mi firma es el otro. *** "No le diga usted a la compañía que le he recogido las juntas de la cocina", me dice este fontanero que me ha enviado el seguro para instalarme un grifo y hacer algunas reparaciones menores". "¿Por qué no?", le pregunto. "Porque las juntas cuya reposición incluye la póliza son sólo las del baño". M

BASURA

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Un amigo músico, Juan Antonio Verdía, ha armonizado uno de los poemillas navideños con los que suelo felicitar a los amigos. Lo "estrenó" el día 26, en un concierto navideño que ofreció al frente de una coral polifónica. Asistió uno con humildad, asumiendo la doble extrañeza de aparecer implicado en el más improbable de los géneros músico-poéticos con el que se me pudiera relacionar, y de que una pieza mía figurase al lado de otras procedentes del acervo popular, aquilatadas éstas por el tiempo y el favor de quienes las han cantado, mientras que la mía, pese a estar escrita en verso de arte menor y cumplir externamente las convenciones rítmicas necesarias, presentaba, digamos, una cierta incompatibilidad de pensamiento y espíritu con las demás. No ya por evitar intencionadamente toda referencia religiosa y sustituirla por una reflexión poética más acorde con las que suelen expresarse en mis otros poemas, sino por estar ésta plasmada en una dicción y un fraseo no del todo com

CRÍMENES NAVIDEÑOS

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Durante tres días seguidos, la misma imagen al amanecer: el cielo despejado; y a nuestros pies, encajada en el valle, una nube densa, que nos hace pensar que cuanto queda por debajo de la cota que ocupamos está sumido en una espesa niebla. Por un raro privilegio, pues, habitamos el trozo de mundo que queda por encima de esa niebla, nos pertenece el sol, la gélida transparencia de estos días claros de invierno, los perfiles nítidos de las montañas circundantes, el azul apenas manchado aquí y allá por un girón de nube -algunos, prendidos de la falda de Sierra Alta, semejan humaredas inmóviles, procedentes de otros tantos vivaques improbables diseminados por la pared rocosa-. Sensación de naufragio, de estar rodeados por un mar encrespado y algodonoso, cuya apariencia blanda no nos engaña, pues sabemos que por debajo anida la oscuridad y el frío húmedo. Luego, hacia el mediodía, cuando no nos queda más remedio que descender a ese abismo -nuestro fin de semana ha terminado- la nube se ha d

UN CRIMEN

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Es difícil escribir sobre un crimen, y más construir sobre él la clase de argumentación algo capciosa que a veces utilizamos los articulistas para sacar punta a un suceso. Un crimen deja siempre su estela de dolor, no sólo en los allegados de la víctima, sino también en los del propio criminal, que han de bregar en adelante con ese difícil parentesco con alguien marcado por la terrible singularidad que proporciona haberse manchado las manos de sangre. Por eso mediré mis palabras… ¿Cómo diré, en fin, que los comentarios que he oído respecto al cuádruple asesinato de Olot denotan, digamos, una cierta comprensión? Matizada, claro, porque nadie compromete sin más su escala moral para alinearse con un asesino, por humanamente comprensible que resulte la desesperación que llevó a este hombre a disparar contra un antiguo jefe que le debía el sueldo de varios meses, y contra el hijo de éste, y contra dos empleados de un banco al que juzgaba cómplice de su ruina... Una tragedia común, sobre la

A UN RÍO PINTADO

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(Mi villancico laico del año pasado; el de éste ha salido ya por correo. Felicidades a todos.) A UN RÍO PINTADO Sobre un cuadro de J.A.Martel Crece el río en la pared y se desborda en los ojos. –Con papel de plata un día yo también trazaba arroyos sobre un país de cartón con horizontes de corcho. Son historias del invierno: Mientras tú pintas yo pongo argumento a tu pintura, como un niño pone asombro a las figuras inmóviles en el belén silencioso. Suena el río en la pared. Yo lo miro y me emociono. Benaocaz, diciembre 2009 (Viñeta de C.B.)

ECLIPSE

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Cuando salimos de casa, la luna está oculta tras un jirón de nube: no se ve más que una difusa mancha luminosa. Sin embargo, a los pocos minutos nuestra perspectiva ha variado: ahora la vemos nítidamente dibujada en un claro abierto en el cielo nuboso. Le falta un pedazo: el eclipse que la ha afectado esta noche, total desde otros puntos de la tierra, aquí se ha quedado en un mordisco dado en su parte superior izquierda. Parece una galleta a la que le hubiesen asestado un bocado. Pero lo que cuenta es el vértigo, la constatación de que es la esfera sobre la que estamos asentados la que proyecta su sombra sobre otra esfera lejana, al privarla de la luz proyectada por una tercera esfera, que ahora queda a nuestras espaldas. Tres pedruscos flotando en el vacío, y dos seres -M.A. y yo, en nuestro coche, antes del amanecer, atravesando la Bahía gaditana- moviéndose sobre uno de ellos y constatando su propia insignificancia entre grandes sombras estelares... Y no abruma tanto el fenómeno, co

NUECES

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Bueno, he perdido otra vez el sombrerillo de pescador con el que me protejo de la lluvia. Me lo he dejado en el autobús. Lo que también podría consignarse de este modo: Los sombreros olvidados en el tranvía -diríamos, por situarnos en los años veinte, que es el tiempo que conviene a las greguerías- son como las cáscaras secas de una nuez que alguna vez contuvo una idea. Pues eso. *** Sigo con la lectura de Peatón de Madrid . Me consuela, en cierto modo, de mis torpezas de provinciano, a lo Paco Martínez Soria -actor, por cierto, que también menciona el autor de este libro-. Todos hemos incurrido en los mismos malentendidos, en las mismas admiraciones, en los mismos obligados lugares de visita, en las mismas decepciones. Es esta cercanía lo que más me fascina de este libro. Y, también, su tono de monólogo un tanto desbocado, a duras penas ceñido a un guión que tampoco ciñe demasiado, por no ser más que una serie de epígrafes generales. Pero suena a sincero, a dictado por una concien

SEÑORES PECES

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"Señores pájaros", llama José Jiménez Lozano a los susodichos en un poemilla que encuentro en la hermosa antología de poesía para niños que acaba de publicar Siltolá. Y no me parece nada forzado el apelativo, tan parecido al "señores peces" ( zeñoreh pejeh ) con el que oí una vez a un niño dirigirse a los barbos que se escondían bajo las piedras de cierto remanso del arroyo Bocaleones, en Zahara de la Sierra. *** En el mismo envío, que incluye el último número de la revista que edita dicha editorial, encuentro un poema de Pedro Sevilla dedicado a los burrillos de Fez, que al poeta le recuerdan los de su infancia en Arcos de la Frontera, con su "rastro de olor a pan y madre". También este poema cumplimenta, como el anterior, esa función de la poesía consistente en dar carta de fe de ciertas impresiones que, sin ayuda de la formulación memorable que les proporciona el lenguaje poético, parecen condenadas a la insignificancia o al olvido. ¿Quién, sin la ay

ILUMINACIONES

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Si la función natural de una lámpara es iluminar, cabría preguntarse: ¿qué iluminan las luces navideñas? No soy yo el único en plantearse esta cuestión: en muchas ciudades españolas, leo, se ha discutido ampliamente sobre la oportunidad de gastar sumas importantes en este exorno público, cuando las arcas municipales están vacías. Y en otras, en cambio, por eso de que en tiempos apurados lo mejor es tirar la casa por la ventana, han decidido emplazar dichas luminarias incluso antes que otros años, y alargar con ellas esa melancólica temporada en la que las calles aparecen consteladas de guirnaldas luminosas que representan cirios y campanillas, trineos y siluetas de renos, coronas de rey mago y estrellas de Oriente, cuando no, en las ciudades más avanzadas y cosmopolitas, minimalistas cascadas de escarcha luminosa. Pasea la gente bajo esas luces con una sensación de empequeñecimiento: ¿por qué la ciudad resplandece –se dirán– mientras yo aquí abajo tiemblo de frío y corro abrumado por m

RICO

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Ritmos vitales algo descontrolados: el sueño, la digestión. Me digo que puede deberse al mes pasado fuera de casa, y a que el regreso ha coincidido con fechas que no ayudan precisamente a recuperar las viejas regularidades: un puente festivo, seguido de días de estrés y de doble jornada laboral; noches dormidas aquí y en la sierra, en camas de distinto tacto y bajo coberturas de distinto peso... Sólo unas pocas presencias y sensaciones me salvan de la absoluta dispersión: entre ellas, amén de las que se refieren a los seres queridos, la escritura, que es ahora, más que nunca, el único cauce seguro de un pensamiento que, privado de él, parece condenado a girar en círculos, como el agua bajo determinadas confluencias de fuerzas. Y también, curiosamente, algunos hábitos de disciplina impuesta, como las horas de natación, en las que el pensamiento se subordina a las necesidades del ejercicio y el cuerpo recupera una especie de preeminencia primaria. También la compañía de la gata K., que p

NOSTALGIAS

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Fin de semana sin pisar la calle, y, por tanto, sin nada que contar de esa realidad "objetiva" que depara lo visto y oído por ahí. Lo otro, la rutina doméstica, no cuenta para este diario. Quizá esto sí, el bullebulle interno, o lo que de éste logra uno encauzar a través de esos trasuntos de la locura que hemos convenido en llamar "vida intelectual", y que no es más que el ordenado sucederse de las pesadillas; eso sí, convertidas en lecturas, en películas vistas, en páginas escritas. Echa uno de menos el aire libre. No, eso de ahí fuera -ese cielo plomizo, esas nubes paradas- no lo es. *** Jugando con una vieja fotografía de los dos altos chopos que sitúan Casa Fardela -otra nostalgia del aire libre, en fin-, dibujo la torpe viñeta con la que quiero ilustrar mi poemilla navideño de este año, el villancico "laico" con el que felicito a los amigos. Intencionadamente -nadie podrá echármelo en cara, tan palpable es el homenaje y la diferencia de resultados-

CHICLES

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Quiero pensar que, si la noticia no ha sido más comentada, es porque a veces los columnistas que se ocupan de cosas importantes tienen la deferencia de dejarnos las minucias a los otros. No seré yo quien discuta este sensato reparto: hablen otros de la economía, de la política internacional, de las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad doliente; que uno, consciente de sus limitaciones, se ocupará de noticias como… la decisión del gobierno de autorizar un cambio en la composición de los chicles, con objeto de que éstos sean menos pegajosos. Se conoció esta medida hace apenas unos días, justo antes de que comenzara una de las semanas más aciagas sufridas en los últimos tiempos por la economía española. Y quizá sea eso lo que ha impedido que se hable de ella; y que no haya habido manifestaciones de agradecimiento por parte del gremio de los barrenderos, por ejemplo; o que el simple viandante, resignado a llevar en su suela tan incómodo residuo, no haya podido hacerse una idea

PARENTESCOS

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En el magazine del periódico El Mundo leo un reportaje sobre los worst sellers , es decir, sobre aquellos libros de los que las editoriales esperan un gran éxito de ventas -y en los que, consiguientemente, invierten grandes sumas en concepto de adquisición de derechos, promoción, etc.-, y que luego no cumplen esas expectativas. Las razones de estos garrafales errores de cálculo son variopintas, pero no del todo imprevisibles: a veces la apuesta se decide porque el libro en cuestión ha sido un gran éxito en otros países -sin tener en cuenta, en fin, que las razones idiosincráticas de ese éxito pueden no regir para el público hispano-, o porque otros libros anteriores de ese autor han sido grandes éxitos -sin considerar la posibilidad de que el público se canse, o las endebles razones coyunturales de esos éxitos anteriores-... Lee uno el reportaje con cierta satisfacción maligna. Se lo merecen, pienso. Por idiotas, por hacerle a la literatura los grandes menosprecios que se le hacen en

IRLANDA

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Desde luego, algún mérito habrá que reconocerle a la República de Irlanda: para ser un pequeño país de apenas cuatro millones y medio de habitantes, que no participó en la última guerra mundial, ni ha tenido imperio colonial, ni una economía destacable (salvo la efímera burbuja de prosperidad que acaba de liquidar), ha dado mucho que hablar en los últimos cien años. Y creo que es justo recordarlo, en la actual situación de descrédito que atraviesa. Un país no es sólo una cuenta de resultados. Un país es un accidente de la Historia. Pero en esa comunidad más o menos accidental suceden cosas que terminan proyectando al exterior una imagen más o menos certera de sus aspiraciones y logros. Irlanda fue siempre un país pobre y castigado. Las hambrunas, las guerras de conquista y exterminio lanzadas por su poderoso vecino inglés y las sucesivas oleadas de emigración diezmaron su población e imposibilitaron su desarrollo económico hasta tiempos muy recientes. Sin embargo, ese pa

EN CASA

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En casa. Después de un mes fuera, las cosas que me rodean me resultan extrañas y cotidianas a un mismo tiempo. Sólo una cosa se resiste a esta imprevista sensación de novedad: la rutina. Apenas me incorporo a ella, es como si el lapso transcurrido no hubiera tenido lugar. Lo que, después de todo, tampoco me desagrada. *** Esa hoja que sigue pegada a la rama más alta del árbol pelado, en estas mañanas frías: un pájaro rezagado; o, peor aún, congelado. *** ¿Te ha cundido?, me preguntan. Y cómo decir que lo más rentable de este periodo han sido, precisamente, las horas muertas, las tardes paseadas, la charla intrascendente (o demasiado trascendente, quizá) ante un gin-tonic ... Lo otro, las mañanas de escritura casi febril, las horas pasadas en bibliotecas y archivos, también lo han sido, pero menos; y de un modo que quizá no resulta del todo indispensable al propósito que me llevó a emprender el viaje.