GANAS

La primavera se afianza en sus tópicos. Al peso cierto de la astenia se unen las no menos manifiestas cuitas del alma encogida. Ritos de la estación: la conquista progresiva de los espacios abiertos, la creciente desinhibición corporal -ese frente de playa lleno ya de mujeres con los pechos al aire-, la pereza anticipada ante las obligaciones aparejadas a la fecha, desde el deber de rendir cuentas ante el fisco a la no menos obligada cita, para quienes todavía no hemos salido del medio académico, con los exámenes finales y la burocracia del fin de curso... También, para quien puede permitírselos o está en edad de ello, los amores y desamores primaverales, ese explosivo cóctel de sentimiento y hormonas, si es que ambas cosas no son lo mismo. Y la evidencia de que algunas de estas cosas -excluida, naturalmente, la cita con Hacienda- son hermosas principalmente sobre el papel, y puede que retrospectivamente, pero no tanto en el día a día. Quien lo vivió lo sabe.


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Leo o me llegan al oído diversos testimonios (unos cuantos más) de la amplia gama de vanidades crecidas, desmesurado cálculo de las capacidades propias e infinita tontería que se concita en torno a la actividad literaria. Siempre he pensado que el origen de todas estas confusiones está en la radical e indisoluble polisemia de la palabra "literatura". No, no es lo mismo -y no hablo ya de méritos- lo que hace el íntimamente obligado a rendir cuentas de sí mismo y de su mundo más o menos propio ante una pantalla en blanco que quien se sienta ante esa misma pantalla para pergeñar una nueva aportación a la industria del ocio; pero tampoco se asimilan fácilmente a una u otra categoría las aspiraciones del listillo que, en estas procelosas aguas permanentemente revueltas, cree que siempre es posible pescar algo. 

Y ya sólo faltaban las "redes sociales": nunca la tontería contó con un altavoz tan adecuado.


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No gozan de ningún crédito, sí. Pero cuando se ponen detrás de un micrófono y dicen que la situación está controlada y que los problemas terminarán por resolverse, uno tiene ganas de creerlos. Y mira que es difícil. 

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