MALA CONCIENCIA



25/9/18

Siete de la mañana. De noche todavía, el olor de los jazmines de la esquina es la primera impresión que recibo al salir de casa y enfilar la calle oscura camino de la parada del autobús. He necesitado años de preparación para llegar a apreciar en lo que vale un don tan simple. Pienso en todas las mañanas en las que he doblado esta misma esquina como si me llevaran los demonios. El jazminero posiblemente estuvo siempre ahí, pero la persona que pasaba a su lado era insensible a su presencia, y no porque entonces tuviera menos capacidad olfativa o fuera más reacio a acusar el efecto de una impresión agradable, sino quizá porque la ceguera que entonces me dominaba era de alcance general y me impedía percibir incluso cosas más tangibles que el perfume de un puñado de jazmines diluido en el aire. Pero quizá era una simple cuestión de obcecación: ¿Tanto me costaba dedicarles un segundo, formular al pasar un pensamiento agradecido? Pero sí: se necesita a veces toda una vida para reparar en lo que siempre estuvo ahí. Y todavía tengo que estar contento: hay quien se muere, supongo, sin llegar a percibirlo.


***

El autobús lleva las luces apagadas y, por tanto, resulta imposible intentar aprovechar el trayecto para leer algunas páginas del libro que llevo en la bolsa. Quizá esta penumbra convenga a quienes prefieren mejor descabezar un último sueñecito antes de llegar al trabajo. Si fuera sí, uno estaría incluso agradecido a la compañía de autobuses, si no fuera por el hecho, para mí inexplicable, de que, como complemento de esta atmósfera mortecina, el conductor lleve puesta la radio a todo volumen, que ya a estas horas emite esa clase de música con la que atormentarán nuestras almas en el infierno.


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¿Por qué esta mala conciencia cuando, a la hora del café de media mañana, declino sumarme a las mesas en las que otros discuten de asuntos de trabajo y me siento a solas a leer un libro?  

Comentarios

Sandra Sánchez ha dicho que…
Querido José Manuel, tengo algún amigo a quien la hora del café con los compañeros se le hace, muchas veces,insoportable por el tipo de conversaciones que mantienen. Yo, afortunadamente, no tengo ese problema pero, sin duda, la opción del libro me parece la mejor (eso sí, siempre que te sea indiferente que te califiquen de ser asocial).
Respecto al jazmín, sí, es un milagro que de repente se nos abran los ojos a ciertas sensibilidades. Es para dar gracias,sin duda.
Saludos y un abrazo.

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