LO DIVINO Y LO HUMANO


28/2/2019

En Barcelona. Hemos llegado al hotel un poco antes de las siete, después de un trayecto de casi dos horas en metro desde el aeropuerto. A las seis terminaba oficialmente la huelga parcial de los transportes públicos que ha tenido lugar estos días, no sé si por motivos estrictamente laborales o como protesta por el juicio a los políticos catalanes responsables de la fallida declaración de independencia de octubre de 2017. En todo caso, se ve que los retrasos han hecho que el público se haya acumulado en las estaciones y los trenes vengan atestados, por lo que resulta muy incómodo arrastrar además nuestras maletas. Aún así, encontramos espacio para comentar las incidencias del viaje, que hemos hecho en compañía de una pareja amiga con la que casualmente hemos coincidido en el aeropuerto. Él es también escritor y se muestra muy interesado cuando le digo que una de las cosas que me dispongo a hacer en Barcelona es presentar un libro, el último mío de poemas. De inmediato, me dice que irá. Pero luego se acuerda de que tienen entradas para el teatro y que seguramente no les dará tiempo a todo. Y como ve que tengo una bolsa de mano con libros, me pregunta si llevo el que voy a presentar. Le digo que sí y se lo presto. Lo ha leído durante el vuelo y luego me lo ha elogiado mucho y me ha dicho que se lo va a comprar y que incluso va a proponer su reseña en cierta revista literaria... Uno sabe ya -lo digo sin la menor acritud, desde luego- que estas efusiones no suelen conducir a nada. Pero me alegro de que el vuelo haya procurado un lector más a mi libro, aunque sea de prestado. 

Y en ese ánimo bienhumorado estoy, a pesar del cansancio del viaje en metro y de lo intempestivo de la hora -no puede decirse que hayamos almorzado-, cuando un cartel escrito en un folio en la baraja echada de un local comercial me hace sonreír: "Cerrado por tema de obras". No se podía decir peor, ni más castizo. Luego, cuando C. me comente, en un bar de barrio la avenida de Maragall, las ideas sobre pintura que anda madurando estos días, y su convicción de que el arte tiene alguna relación con lo divino -yo le aconsejo que utilice las palabras "trascendente" o "sagrado", menos comprometedoras-, me acuerdo del brutal y rebuscado vulgarismo al que me he referido antes e inevitablemente me siento resbalar como por una especie de tobogán en espiral: de lo divino a... lo puramente humano, si es que ambas cosas pueden distinguirse netamente. 

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