¿SON USTEDES MÉDICOS?



15/2/2019

Se nos ha descontrolado la conversación durante el desayuno: este compañero mencionó sus aprensiones respecto a la Dormidina, de la que se declara semiadicto, y yo acabo mencionando la afición que le he ido tomando a lo largo del último catarro al jarabe de codeína. Y de ahí, sin que sepamos cómo, la conversación ha pasado al vampirismo y a la posibilidad de que la seguridad social lo considerara una enfermedad... ¿Qué tratamiento daría el sistema público de salud a los vampiros? ¿Les proporcionaría sangre procedente de las transfusiones? Somos cinco en la conversación y parece que estamos en una competición para ver quién dice el disparate más gordo. Y no nos hemos dado cuenta de que en la mesa contigua desayuna una silenciosa pareja de ancianos que deben de haberse enterado de todo. Cuando se levantan para irse, la mujer, que debe de rondar los setenta años, nos pregunta si somos médicos. Uno de mis compañeros titubea: "Sí, bueno...". Pero ella no parece advertir la vacilación: "No, ya me lo había parecido, por la conversación. Pues verán, sólo quería decirles que mi padre -y señala al otro anciano, del que ahora percibimos que debe de ser mucho más viejo que nuestra interlocutora- se operó del corazón hace treinta años y desde entonces está como ustedes lo ven: como un roble". Y, efectivamente, el anciano que ahora nos sonríe y que declara tener noventa y cinco años luce un inmejorable aspecto. "Sólo quería que ustedes lo supieran". Y se van, dejándonos sumidos en cierta divertida confusión. "Se correrá la voz entre el resto de la clientela", dice uno de mis compañeros, el mismo que respondió afirmativamente a la pregunta sobre nuestra profesión. "Mañana, cuando nos vean entrar, dirán: "Ahí están los médicos"."

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