EL VICIO



(18/03/2019)

En Grazalema. Pasamos por delante de una talabartería y por instinto los ojos se me van, a pesar de la semipenumbra en la que está sumido el local, hacia una estantería llena de libros, al fondo. Me asomo a echar un vistazo. Son ejemplares muy baqueteados de ediciones populares de novelas de cierto prestigio, todas en inglés, que denotan que quien las reunió tenía buen gusto como lector o al menos estaba bien informado. Las miro a mi sabor, porque en el local no hay nadie. Al rato, entra un muchacho y me mira con el gesto de decepción de quien comprueba al instante que el presunto cliente no está prestando la menor atención a las carteras o los bolsos, sino a ese irredimible estante con libros desahuciados. Le pregunto si están en venta. Me dice que no, que puedo llevarme los que quiera y, si acaso, dejar un donativo para no sé qué oenegé: tal fue la voluntad, me explica, de la señora inglesa que dejó allí aquellos libros. "Tenía muy buen gusto", le digo, dándome cuenta al instante de que el tiempo verbal que estoy utilizando tiene resonancias ominosas. El dependiente no parece reparar en ello. "Sí", me responde. "Eso me han dicho otras personas que han pasado por aquí y han visto los libros". Me repite que yo también puedo coger los que quiera y que no hace falta que dé nada a cambio. Mecánicamente, casi sin pensar, tomo de la estantería 21 stories de Graham Greene, Slaughterhouse 5 de Kurt Vonnegut, Go Tell It in the Mountain de James Baldwin y The Book of Evidence de John Banville. Me hago el propósito de dejar un euro por cada uno -el estado de los libros, por lo demás, es lamentable-, pero lo más pequeño que tengo en la cartera es un billete de 5 euros. "¿Le parece bien?", le digo al dependiente, que me dirige un gesto de asentimiento a la vez que toma el billete de la mesa. Mis acompañantes, que han venido a este animado pueblo de la sierra gaditana a gozar de la mañana espléndida y a tomar un refresco en alguna de las innúmeras terrazas, no entienden muy bien qué ha sucedido. "¿Ya tienes tu dosis?", me dice M.A., que sí sabe de lo que va esto. Yo ya estoy casi arrepentido de haber cedido de ese modo al vicio, y delante de amigos que nunca habrían adivinado lo que tiene de adicción. Pero sí: parece que vuelo. 


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