PALIQUES


9/4/2019

Al pie de mi ventana, en el embarcadero del club náutico asociado al hotel, un cormorán seca sus alas. Creo que nunca había visto uno tan cerca. En tierra, la elegancia de su silueta en vuelo se trueca en las hechuras un tanto desgarbadas de un pato, que se ponen aún más en evidencia cuando el animal da unos cómicos pasos para girarse o cambiar de posición. Tiene las alas desplegadas, como para secárselas con la brisa. Creo haber leído en alguna parte que el cormorán no dispone de esa especie de aceite impermeabilizante que tienen otras palmípedas, por lo que este rito de poner sus alas a secar es parte importante de su rutina. Yo también tengo la sensación de que llevo las alas cargadas y que tal vez debería extenderlas para que el viento las oree. Y por eso ya me siento un poco amigo de este pato con ínfulas que ha querido venir a acompañarme en estos días de forzosa estadía en un melancólico hotel junto al estuario de Waterford.

*

Las penas con pan son menos. Un tazón de fruta en almíbar (pomelo, melocotón, ciruelas), un huevo a la plancha, una salchicha, una loncha de morcilla blanca (lo que aquí llaman "white pudding"), unas cucharadas de judías estofadas, medio tomate asado, un par de rebanadas de pan, un scone con pasas, un par de vasos de zumo de naranja, una taza de té: éste ha sido mi desayuno de hoy. Espero que todo esto me aporte la energía positiva que necesito para pasar la mañana vagabundeando por las calles, a la espera de noticias.

Leo, en la introducción a los Collected Poems de Patrick Kavanagh, que este poeta pobre y en su día poco reconocido pasaba buena parte de su jornada vagabundeando por las calles y dando palique a las muchachas guapas y a los niños. Eso hago yo, si acaso cambiando a los niños por las simpáticas ancianas irlandesas, siempre dispuestas a sacarte de dudas cuando te ven parado frente al escaparate de una confitería o estudiando el horario de autobuses.

Para muchacha guapa, eso sí, la que me sirve mi té de media mañana en The Larder, en el paseo junto al río que previsiblemente llaman The Quay ("El muelle"). De ella he aprendido todo lo que uno quisiera saber de la repostería local.

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