EL BAÚL

4/6/2019

Me alegra haber aceptado un encargo de traducción que me mantendrá apartado de otros ajetreos hasta finales de 2020: todo un descanso de ciertas cosas que, si bien mantienen la máquina en movimiento, también van añadiendo a sus engranajes una arena inconsútil que no deja de hacer su efecto corrosivo. En dos años, ay, ninguna otra gestión editorial, ninguna presentación, ninguna expectativa de que un libro nuevo tenga mejor o peor acogida. Y todo, gracias a la sombra protectora de EBB, a cuya poesía dedico ahora lo mejor de mi tiempo. 

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Hay también en mí síntomas de cansancio, que se traducen, quizá, en una cierta acritud desengañada... Asisto con impaciencia, por ejemplo, al bombardeo de noticias autogeneradas al que mis queridos colegas someten a su público potencial. Ya sé que lo otro, la actitud solipsista, no lleva a ningún sitio. Pero ¿de verdad la escritura, ese refugio de solitarios, requiere luego de ese despliegue de actividad pública y autopromoción? No es eso lo que uno busca, desde luego. ¿Me planteo, quizá, retirarme? Es una posibilidad. Estos diarios, de todos modos, siguen sumando páginas, y ahí están, todavía abiertos a posibles reescrituras, una novela inédita y un libro de relatos, amén de un cierto número de poemas más o menos recientes. Pero quizá lo mejor sea dejar todo eso en un baúl, como Pessoa, y que otros se ocupen de ello, si es que el esfuerzo les merece la pena.

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Comprar unas sandalias. He ahí algo en lo que merece la pena ocupar los crecientes huecos que el final progresivo del curso escolar va dejando en mi horario. Estar aquí tecleando estas líneas va quizá en detrimento de esos otros placeres elementales.

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