SHOSHONES


7/6/2019

Vientos de noreste y de poniente, que aplacan un poco las ínfulas del verano adelantado, pero no aportan exactamente frescor, sino... un punto de escalofrío sobre un fondo tórrido que ya no parece tener vuelta atrás. Cuesta adaptarse a esta especie de íntima discrepancia entre los factores que hacen el tiempo: en mangas de camisa se pasa frío, la chaqueta o el suéter pesan... Y está uno en el clima como en todas partes: inadaptado, incómodo, queriendo agradar sin conseguirlo. Y sólo la nota persistente de los pájaros, que cantan según el calendario y no según los caprichos del clima, aporta un poco de estabilidad al panorama, como esos otros pájaros que cantan dentro de ti y te proporcionan la música a la que debieras atenerte para ahorrarte otras desarmonías.

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Erudiciones de andar por casa. Oigo a esta compañera explicar a otra qué es el "chochonismo ilustrado", aquella etiqueta estética que pusieron en circulación los Costus y otros pintores cercanos con la exposición de igual título que inauguraron en la galería Vijande en octubre de 1981. Esta compañera asocia la palabreja -que no es ningún prodigio de invención verbal, todo hay que decirlo- a la acepción que tienen en el lenguaje popular la palabra "chochona": algo así como una mujer convencional, avulgarada, descuidada y conformista, aunque quizá dotada de cierta involuntaria capacidad de resultar cómica a quienes la miran desde una posición de superioridad... Había algo de todo esto, quizá, en la estética de los Costus; pero a lo que aludía su acuñación del año 81 no era a este insalvable fondo de su educación sentimental andaluza, sino al mundo de los shoshonis -por los indios norteamericanos del mismo nombre- de la movida madrileña, los indios de la noche, con sus crestas y tupés, sus hábitos salvajes -por lo anticonvencionales- y su punto de afectación hortera, en el que los Costus supieron ver lo que aquellas criaturas del Madrid modelno tenían en común con los viejos iconos de la España cañí...  

Intento explicar todo esto a mis dos interlocutoras, la que preguntaba y la que ha respondido.Y no sé si las he convencido, pero al menos, y a despecho de que ambas tienen mi edad, me siento como un superviviente de un tiempo periclitado que explica a los de éste las extrañas formas de vida que conoció y ya se han extinguido, quizá sin pena ni gloria.

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Y vuelve a mi memoria otro fantasma de esos tiempos: el de la locutora y efímera pianista de ocasión, hoy olvidada, Mari Cruz Soriano, que hacia finales de los 80 o principios de los 90 presentaba un programa de sobremesa en el que los Costus -debió de ser poco antes de la muerte de ambos- presentaron su exposición "Valle de los Caídos", en la que premonitoriamente hicieron figurar a toda una serie de personajes de la modernidad de entonces que no tardarían, como ellos mismos, en morir por las causas por las que morían entonces tantos jóvenes: el sida, las drogas, el deterioro prematuro que resultaba por los excesos, los accidentes absurdos, etcétera. Debió de ser una de las últimas intervenciones públicas del dúo. Y creo que explicaron en ella, entre otras cosas, la acepción dela palabra shoshoni expuesta en el párrafo precedente.   

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