LO INTEMPORAL



12/7/2019

¿Hay que tomarse en serio los denuestos contra el honor -contra el peso de lo que entonces se entendía por "honor"- que contienen tantas obras de Lope? Los hubo en La dama boba, sonaron con gravísimas resonancias en El castigo sin venganza. Y ayer los volvimos a oír, de labios de la protagonista, en El perro del hortelano; que trata, recuérdese, de una "dama muy principal" -así se describe ella a sí misma- que se enamora de su secretario, Teodoro, quien, a la vez que se deja querer, está en amores con una criada. Diana, la dama en cuestión, se impone a sí misma el deber de no ceder a sus sentimientos, porque ella misma encuentra degradante haber hecho objeto de los mismos a un inferior; pero, al mismo tiempo, no se resigna a dejar que éste se case con la criada. De ahí el título. referente a ese perro proverbial que "ni come ni deja comer". Pero lo curioso del caso es que, apenas un malicioso criado urde una treta para hacer pasar al secretario por el hijo, desaparecido y ahora hallado, de un conde tronado, la dama en cuestión, a quien el enamorado pone al tanto del engaño, lo da por bueno y se vale de él para hacer público su enamoramiento y presentarlo como acorde con su presuntamente alto concepto del honor; que aquí no es, como hubiera proclamado el alcalde Pedro Crespo en versos de Calderón de la Barca, "patrimonio del alma", sino una mera fachada que puede ocultar una realidad personal contraria a las exigencias de tan oneroso código.

¿Era Lope un cínico? ¿Un subversivo para su época? Más bien, como ya vimos que transparentaban las melancolías de El castigo sin venganza, un hombre temperamental que no puede dejar fuera de su escritura sus propios conflictos personales, a despecho de que éstos puedan contradecir el mensaje nominal que el teatro de la época estaba destinado a transmitir. Y lo que vemos en El perro del hortelano es una sincera, aunque un tanto desatinada, reivindicación de los sentimientos y aspiraciones del hombre de letras -aquí, el "secretario" Teodoro, a quien en un momento dado vemos rivalizar con su culta señora en la tarea de componer sendos sonetos cruzados en los que cada uno de ellos declara al otro oblicuamente su amor- a quien no adornan títulos de nobleza, pero que de algún modo abriga la convicción de que poseer educación y dotes artísticas supone también ser miembro de otra aristocracia, la del talento, digna de codearse con la de sangre. Y el resultado es que el espectador de hoy ve -¿lo vería mucha gente también en los tiempos de Lope?-, en lo que aparentemente no es más que una simple y divertida comedia de enredo, una especie de reivindicación del desclasado, del hombre -y la mujer, porque también Diana, la protagonista, parece obedecer a ese mismo impulso de íntima rebeldía- que se salta las barreras sociales y además, en este caso, triunfa, a despecho de las leyes divinas y humanas.

Hemos asistido a este despliegue ideológico y emocional de la mano de la Compañía Nacional de Teatro de México, que ha vestido a sus personajes con trajes de los años 30 y colocado al fondo del escenario un piano que desgrana sentidos boleros, acompañando en ocasiones las voces de los propios protagonistas. Ha sido nuestra última noche en Almagro. Tres obras de Lope y, a modo de interludio, un recordatorio de la materia picaresca. Al día siguiente, mientras recorremos en sentido inverso la solitaria carretera que cruza Sierra Morena entre Ciudad Real y Montoro, y nos detenemos en alguno de los contados ventorros que jalonan esa ruta, de algún modo sentimos que esa otra corriente que circula por nuestra sentimentalidad y que viene de ese esplendoroso fracaso que fueron los Siglos de Oro no resulta en absoluto anacrónica. Lope, como Shakespeare, hablaba en nombre de una humanidad intemporal, que no era sino trasunto de su propia pobre humanidad, llena de dudas y zozobras. En medio de las diáfanas extensiones del valle de Alcudia y las umbrías de Sierra Madrona, la vertiente manchega de Sierra Morena, todo eso nos parece de una absoluta obviedad. Si hubiéramos vuelto por la concurrida y rápida autovía, al ritmo de la acelerada modernidad, quizá no lo habríamos visto tan claro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

GASTRONOMÍA

ACEPTACIÓN

Bagajes