UN DÍA EN SOLEDAD


19/7/19

Es curioso que el ocio en soledad se traduzca, en mi caso, en una especie de hiperactividad: leo, pinto, escribo, pongo una película, ordeno los libros, miro el teléfono móvil. La verdadera inacción, en mi caso, requiere compañía. Mirar y escuchar a otro, en vez de buscarse a uno mismo en una multitud de espejos. Y qué descanso.

*

Un hombre sólo en una terraza despierta desconfianza. Y, si pide de comer, la impresión de que quizá está usurpando el lugar que correspondería a una mesa llena de comensales. La soledad, mal negocio.

*

Y si a la soledad se le une la condición del desocupado, mucho peor. De un desocupado se sospecha siempre que, en la economía general del universo, aquello que ha dejado de hacer de algún modo repercute en la parte de actividad que toca a los ocupados. Y si, encima -como fue ayer el caso, cuando fui a visitar a un amigo que labraba su huerta-, vienes a proponer que compartan contigo un rato de tu ocio, les parece qe lo que deberías hacer es ofrecerte a tomar la azada y ponerte a trabajar con ellos, hombro con hombro. Y no es el caso. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

GASTRONOMÍA

ACEPTACIÓN

Bagajes