VENENOS

3/9/2019

Vuelta al trabajo. Sensación de embotamiento y de que todo lo que habitualmente uno hace sin dificultad hoy requiere ímprobos esfuerzos que no dan el resultado esperado. Para colmo, he olvidado las claves de mis cuentas de internet y de los repositorios en los que guardo el material que necesito. Y me digo, para no desanimarme del todo, que no es que me esté volviendo torpe con la edad, sino que me he levantado a las seis y media, después de llevar dos meses haciéndolo entre dos y cuatro horas más tarde, y lo que me pasa es que me caigo de sueño. Esta noche supongo que me será posible conciliar el sueño un poco antes y mañana me levantaré mejor. Y así iremos sobrellevando la condena bíblica otros diez meses... Me avergüenza un poco dejar aquí constancia de todos estos sentimientos negativos: a otros compañeros, por lo que he podido comprobar, se les ve más frescos y animosos. Yo no quiero ni pensar en la impresión que doy. ¿Tengo ojeras? ¿Voy lo bastante bien vestido? ¿Debería haberme cortado el pelo y recortado las barbas antes de volver al trabajo? Y se me ocurre ahora, cuando ya voy buscándole el remate al párrafo, que quizá lo que también me falta, además de algunas horas de sueño, es... convicción para interpretar un año más el personaje que llevo más de treinta haciendo.

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Hablar de lecturas con otros, se me ocurre, exige el mismo grado de intimidad que hacerlo de, por ejemplo, idiosincrasias sexuales. De lo contrario, corre uno el riesgo, o bien de ser malentendido, o bien de parecer un panoli al que todo le parece bien. Hoy acaban de endosarme el título de un libro que no tengo el menor interés en leer, y yo, a cambio, he endosado otro que seguramente a mi interlocutora tampoco le dice nada, pero creo que el resultado de esta vana transacción de alguna manera me ha sido desfavorable, quizá porque la susodicha mostraba, al hacer su recomendación, una seguridad de la que yo carezco en casi todo lo que afirmo; de lo que deduzco que no es del todo improbable que me preste el libro en cuestión y me ponga en el compromiso de leerlo... No se me malentienda: no es que sea reacio a que me hagan recomendaciones de lectura; pero sé, por experiencia, que, a estas alturas de mi vida, sólo un puñado de personas no me decepcionan cuando me mencionan autores o libros a los que debería asomarme. 

Ahora que lo pienso, lo que acabo de anotar, con todas estas prevenciones y cautelas, no se refiere sólo a la lectura, sino a casi todas las facetas de la propia vida que quedan expuestas a la influencia ocasional de los demás. Como lector no es uno muy distinto del personaje civil que se ocupa de otras cosas distintas a la lectura al cabo del día. Tal para cual.

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Los consejos higienistas en los periódicos y otros medios de comunicación han conseguido inocularnos la convicción de que casi todo lo que comemos es veneno. Y debe de serlo, porque ya se sabe que no hay dieta que no desemboque... en lo que sabemos que desembocan todos los hábitos humanos al cabo de los años.

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