Nieblas móviles


25/10/2019

Durante el almuerzo improvisado con estos amigos el televisor, como es costumbre en ellos, permanece encendido. En principio no molesta: el volumen está muy bajo y las imágenes amables de un cocinero haciendo lo que le es propio armonizan bien con los comentarios que nosotros mismos hacemos sobre la exquisita comida compartida. Pero luego empieza el boletín de noticias, que en el canal que ven mis amigos es de carácter sensacionalista. No oímos apenas al locutor, pero la naturaleza de las imágenes no deja lugar a engaño. En pocos minutos, todos los miedos e inseguridades de la clase media han sido despertados: en tal sitio unos okupas desaprensivos han desalojado a una anciana y el barrio entero ha tenido que salir a la calle para revertir la situación. En otros sitios ha habido otros sucesos igualmente alarmantes y de la misma naturaleza. Miro a M.A. Nosotros no vemos nunca estos programas alarmistas que tanto predicamento parecen tener entre la mayoría de la población. No es que no demos crédito a esta clase de noticias: por desgracia, sabemos que obedecen a realidades bien patentes, que afectan sobre todo a las clases populares. Pero nos negamos a que nuestro balance diario de la realidad se apoye exclusivamente en esta clase de sucesos. Nuestros amigos, a pesar de que es evidente que se someten diariamente a esta especie de incitación abierta al más negro pesimismo, también parece que saben relativizarla y en gran medida se la toman a broma. Pero no creo que esa actitud sea la norma. Y no quiero ir más allá porque tampoco creo que ciertas preocupantes manifestaciones del ánimo colectivo, que se traduce en actitudes cada vez más crispadas e intolerantes, obedezcan a esta única razón.


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Nieblas móviles: o cómo el paisaje juega a probarse ante el espejo toda una variedad de chales de distinta textura y color, aunque siempre dentro de una elegante gama de grises.

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