Unos diarios





19/12/2019

Traigo del mercadillo un ejemplar de la edición que Ediciones del Cotal hizo en 1978 del Diario de Katherine Mansfield en traducción de Ester de Andreis. Lo he comprado precisamente porque me sonaba el nombre de la traductora, que también lo fue de los Sonetos del portugués de Elizabeth Barrett Browning y alcanzó, según leo ahora, cuando someto su nombre a la indiscreción de Google, algún reconocimiento como poeta al final de su vida. No es la primera vez que, rastreando el nombre de un traductor, descubre uno detrás a un escritor más o menos olvidado al que merece la pena dedicar siquiera unas horas de pesquisa y lectura. Y eso a pesar de que la traducción que ha motivado mi curiosidad está resultando más bien decepcionante; quizá por lo apresurada, o porque la traductora no dominaba lo suficientemente el inglés, aunque en estos casos casi siempre tiene más peso lo primero. Se debe a descuido, desde luego, el que, en muchas de las ocasiones en que la diarista se refiere a su condición de "escritora" o a su deseo de serlo, la traductora traduzca "escritor", obviando el hecho de que el término inglés correspondiente, writer, admite ambos géneros y es el sentido común de quien traduce el que debe elegir lo que corresponda al contexto... No entro ya en la abundancia de anacolutos o simples errores de ortografía, concordancia y demás. En ello seguramente tiene también parte de culpa la editorial. Que, sin embargo, hizo una estupenda labor en lo que a la maquetación del libro se refiere, a cargo del afamado Claret Serrahima... Contradicciones y carencias de la industria editorial de entonces; que siguen siendo, ay, los mismos que los de hoy.

Y qué tristeza desprenden estos diarios; involuntariamente realzada por los comentarios que intercala el marido de la autora y editor de los mismos, el crítico literario John Middleton Murry, que no puede dejar de dar la impresión de que, al mezclar su voz con la que suena en estos escritos privados de su mujer, parece ejercer una sutil vigilancia sobre su contenido, aunque sin conseguir  disimular del todo los laberintos sentimentales en los que andaba permanentemente perdida su poco convencional mujer. Da la impresión más bien, por el contrario, de que el marido pretende hacerse el desentendido respecto a cuestiones que claramente le concernían, lo que resulta en una muy inglesa afectación de cinismo... Por ejemplo, en todo lo referente a la relación de Mansfield con la amiga a la que suele referirse con las iniciales L.M., tras las que se oculta otro singular personaje, la también muy poco convencional Ida Baker, que conoció a la escritora en la escuela en 1903 y fue su inseparable compañera durante años, a despecho del matrimonio de su amiga con Murry en 1918.

Para compensar el efecto de la muy defectuosa traducción, busco el original en internet y compruebo que la prosa íntima de Mansfield tiene un nervio y una cualidad poética que sólo muy de cuando en cuando afloran en la versión española. Destacan, sobre todo, ciertos destellos de imaginación visionaria, por los que la mirada de la autora trasciende en ocasiones la mera realidad observada y alcanza raros pero muy bien captados y entendidos momentos de revelación, en los que la diarista logra elevarse sobre las dolorosas pequeñeces de su vida de enferma, escritora renuente y mujer infeliz. 
      

Comentarios

Entradas populares de este blog

GASTRONOMÍA

ACEPTACIÓN

Bagajes